AÑO XII. NÚMERO 11 ISSN
2444-1333
VERBEIA
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JOURNAL OF ENGLISH AND SPANISH STUDIES
REVISTA
DE ESTUDIOS FILOLÓGICOS
FACULTAD DE
EDUCACIÓN
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ISSN 2444-1333
Verbeia®
Journal of
English and Spanish Studies
Revista de Estudios
Filológicos
AÑO XII. NÚMERO 11
ABRIL 2026
Lugar de edición:
UNIVERSIDAD CAMILO
JOSÉ CELA
Facultad de
Educación
Urb. Villafranca del
Castillo
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Alarcón, 49
28692 Villanueva de
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Juan José Magaña Redondo (UNED, España)
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Raúl Ruiz Cecilia (Universidad de Granada, España)
Silvia Sánchez Calderón (Universidad de Valladolid, España)
Virtudes Serrano (Asociación de Autores de Teatro, España)
Silvia Sánchez Calderón (Universidad de Valladolid)
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Henares, España)
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of Jerusalem, Israel)
Simone Trecca (Università degli
Studi Roma Tre, Italia)
Carmen Valero Garcés (Universidad de Alcalá de Henares, España)
NÚMERO 11.
Palabras preliminares
Con este volumen 11, Verbeia alcanza su número 22, sumando
entregas anuales y monográficas que dan cuenta de un recorrido sostenido en el
tiempo y del compromiso compartido con el estudio, la reflexión y el diálogo
académico. Llegar hasta aquí no es solo una cuestión de continuidad editorial,
sino el resultado de una red de personas que hacen posible que cada número vea
la luz.
Este volumen cuenta con las valiosas aportaciones de Francisco Rafael
Alcalá Moreno, Inmaculada Caro Rodríguez, Camilo Esteban Goelkel Medina, María
Jesús Martínez-Alfaro, María de Marcos Alfaro y Marta Miquel-Baldellou, cuyas
investigaciones enriquecen el conjunto y reflejan, una vez más, la pluralidad
de enfoques y miradas que caracterizan a Verbeia. El número se completa
con dos reseñas firmadas por Óscar Ruiz Hernández y Mónica Velasco Martín, que
contribuyen de manera rigurosa y atenta al necesario diálogo crítico entre
obras y lectores.
Queremos expresar nuestro más sincero agradecimiento a quienes confían en
Verbeia como espacio de difusión y debate: a las autoras y autores que
comparten su trabajo, a los lectores que nos acompañan número tras número, y
muy especialmente a los miembros de los comités editorial y científico, así
como a las revisoras y revisores, cuyo trabajo silencioso, generoso y exigente
garantiza la calidad y el rigor de la revista.
Este volumen es, en definitiva, fruto del esfuerzo colectivo y de la convicción
compartida de que el conocimiento crece cuando se construye en común.
A todos los que formáis parte de este camino, gracias por hacerlo
posible.
Sonia Sánchez
Martínez, Editora de Verbeia.
Introductory Remarks
With this Volume 11, Verbeia
reaches its 22nd issue, bringing together both annual
and monographic publications
that reflect a sustained trajectory over time and a shared commitment to scholarly
study, reflection, and
dialogue. Reaching this point is not
merely a matter of editorial continuity; it is the
result of a network of people
whose collective efforts make each
issue possible.
This volume includes valuable contributions by Francisco Rafael Alcalá Moreno, Inmaculada Caro
Rodríguez, Camilo Esteban Goelkel Medina, María Jesús Martínez-Alfaro, María de
Marcos Alfaro, and Marta Miquel-Baldellou, whose work enriches the
issue and once again highlights the diversity of approaches
and perspectives that characterise Verbeia. The volume
is completed by two book
reviews by Óscar Ruiz
Hernández and Mónica Velasco Martín, which offer rigorous and thoughtful contributions to the essential
critical dialogue between texts and readers.
We would like to express our
most sincere gratitude to all those
who place their trust in Verbeia
as a space for dissemination and debate: to the authors who
share their research, to the readers
who accompany us issue after issue, and especially to the members
of the editorial and scientific committees, as well as to the
reviewers, whose often unseen, generous,
and demanding work ensures the quality
and academic rigour of the journal.
This volume is, ultimately, the result of a collective
effort and the shared conviction that knowledge grows when it
is built together.
To all who are part of this
journey, thank you for making
it possible.
Sonia Sánchez
Martínez, Editora de Verbeia..
ÍNDICE
DIDÁCTICA
Interculturalidad en Educación Primaria: Explorando la Cultura Anglosajona
y su Impacto Futuro con TAD
Interculturality in Primary Education:
Exploring Anglo-Saxon Culture and Its
Future Impact through DAT
Paula Buil-Beltrán.................................................................................................................8
LITERATURA
Influencias religiosas en La habitación de Giovanni de James Baldwin
Religious influences in James Baldwin’s Giovanni’s
Room
Francisco Rafael Alcalá Moreno......................................................................................33
Víctimas del ideal amoroso: representación de la dependencia emocional
femenina en Laurela y Miss Havisham
Victims of the Romantic
Ideal: Representation of
Female Emotional Dependence
in Laurela and Miss Havisham
Inmaculada Caro Rodríguez.............................................................................................54
The Libro del Caballero Zifar: Literature, Power and Cultural Domain of
the Castilian Mentality of the
Late 13th and Beginning of the 14th Century
El Libro del Caballero Zifar:
literatura, poder y dominio cultural de la mentalidad castellana de finales del
Siglo XIII e inicios del XIV
Camilo Esteban Goelkel Medina…………………………………………………………………..79
El resurgir del pasado: una introducción a los estudios y la literatura del
Holocausto
The Resurgent Past: An Introduction to Holocaust Studies
and Holocaust Literature
María Jesús Martínez-Alfaro............................................................................................97
El décimo Quevedo de Tomás Borrás Bermejo
The Tenth Quevedo of Tomás Borrás Bermejo
María de Marcos Alfaro…………………………………………………………………………...…126
El espectro latente de la vejez en la ficción breve de Flannery O’Connor:
nostalgia, otredad y la alegoría del envejecimiento prematuro
The Latent Specter of Old Age in Flannery O’Connor’s
Short Fiction: Nostalgia, Otherness,
and the Allegory of Premature Aging
Marta Miquel-Baldellou..................................................................................................142
RESEÑAS
Reseña del
libro: Innovación y nuevos enfoques en la enseñanza de la lengua, la
literatura y la cultura hispanas: experiencias prácticas para llevar al aula,
Teresa Fernández Ulloa y Elia Saneleuterio (eds.), Universitat
de València, 2025
Book
review: Innovación y nuevos
enfoques en la enseñanza de la lengua, la literatura
y la cultura hispanas: experiencias prácticas para llevar al aula, Teresa Fernández Ulloa y Elia Saneleuterio (eds.), Universitat
de València, 2025
Óscar
Ruiz Hernández ……………………………………………………………………………….164
Reseña del
libro: Oxford Circus, de Gerardo Rodríguez
Salas. III Premio de Poesía Marpoética. 2025
Book
review: Oxford Circus, by Gerardo Rodríguez Salas. III Marpoética Poetry Prize. 2025
Mónica
Velasco Martín ……………………………………………………..……………………….169
·
VERBEIA· JOURNAL OF ENGLISH AND
SPANISH STUDIES · VERBEIA·
REVISTA DE ESTUDIOS FILOLÓGICOS
DIDÁCTICA
VERBEIA JOURNAL OF ENGLISH AND
SPANISH STUDIES
REVISTA DE ESTUDIOS
FILOLÓGICOS
2026
ISSN
2444-1333
Año XII, Número 11
Interculturality in Primary
Education: Exploring Anglo-Saxon Culture and Its Future Impact through DAT
Paula Buil-Beltrán
Universidad Zaragoza
https://orcid.org/0000-0002-2283-9507
Recibido. Received
30/03/2025
Aceptado. Accepted
08/04/2026
Publicado. Published
30/04/2026
ABSTRACT
The increasing need for language teaching
methodologies that foster both linguistic and cultural competence has been
highlighted by globalisation. Yet the perception of
cultural knowledge among prospective English language teachers remains largely centred on British culture, to the detriment of other
English-speaking cultures. This mixed-method study aims to examine through
quantitative and qualitative data the self-perception of undergraduate primary
education students in relation to their knowledge of different English-speaking
cultures. Surveys and a placement test were used to identify significant
discrepancies in student perceptions, with a tendency to overestimate their
knowledge of English-speaking culture. The findings of this study underscore
the necessity to integrate an innovative methodology such as didactic
audiovisual translation (DAT) into teacher training, to diversify cultural
content in the curriculum and promote a more inclusive approach to English
language teaching, embracing the richness and diversity of English-speaking
cultures.
KEYWORDS: Cultural awareness, DAT,
English teaching, Primary Education.
Interculturalidad en Educación Primaria: Explorando
la Cultura Anglosajona y su Impacto Futuro con TAD
RESUMEN
La globalización ha puesto en manifiesto que cada
vez más son necesarias metodologías en la enseñanza de idiomas que fomenten
tanto la competencia lingüística como la cultural. Sin embargo, la percepción
del conocimiento cultural entre los futuros docentes de inglés sigue estando
mayoritariamente centrada en la cultura británica, en detrimento de otras
culturas angloparlantes. Este estudio mixto examina a través de datos
cuantitativos y cualitativos la autopercepción de los estudiantes del Grado en
Educación Primaria respecto a su conocimiento de diversas culturas
anglosajonas. A través de encuestas y una prueba de nivel se identifican
discrepancias significativas en la percepción del alumnado, con una tendencia
generalizada a considerar que poseen mayor conocimiento sobre la cultura
anglosajona. Además, estos hallazgos subrayan la necesidad de integrar una
metodología innovadora como la traducción audiovisual didáctica (TAD) en la
formación docente, diversificando los contenidos culturales en el currículo y fomentando
un enfoque más inclusivo de la enseñanza del inglés, que abarque la riqueza y
diversidad de las culturas angloparlantes.
PALABRAS CLAVE: Conciencia cultural, TAD, enseñanza del inglés, Educación Primaria
Cómo citar:
Buil-Beltrán, Paula. “Interculturalidad en Educación Primaria: Explorando la
Cultura Anglosajona y su
Impacto Futuro con TAD”. Verbeia, 11, 2026, pp. 8-31.
1. INTRODUCCIÓN
En el contexto actual de la
enseñanza del inglés se reconoce que dominar una segunda lengua va más allá de
la mera competencia lingüística y exige una profunda comprensión cultural. Tal
y como afirma Rodríguez-Arancón y Tinedo, dominar una
segunda lengua se extiende más allá del mero dominio lingüístico, implicando la
comprensión y la negociación efectiva del contexto cultural relativo a esa
lengua (36).
Sin embargo, a pesar de la
incorporación de elementos culturales en el currículo, no existen estudios
suficientes que relacionen la capacidad de dominio cultural anglosajón que los
futuros docentes de Educación Primaria creen poseer con una demostración real
de su conocimiento, especialmente cuando se trata de contextos culturales
distintos a la cultura británica o estadounidense. Esto explica la necesidad
crucial de abordar esta brecha con el objetivo de formar a estos futuros
docentes de inglés en la capacidad de transmitir a sus estudiantes una visión
intercultural real.
A partir de este contexto,
este estudio preliminar nace de la necesidad de corroborar tres hipótesis:
o H1: Los alumnos del grado de
magisterio de primaria no saben lo que es realmente la cultura dentro del aula.
o H2: La enseñanza de la cultura
anglosajona se centra mayoritariamente en Gran Bretaña y EE. UU., olvidando
otros contextos culturales.
o H3: La traducción audiovisual
didáctica puede ser un gran recurso educativo para el aprendizaje de cultura e
inglés en contextos de educación Primaria.
De esta manera, el objetivo
principal del presente artículo es analizar las percepciones culturales de los
futuros docentes con el fin de evaluar el potencial que puede llegar a tener la
traducción audiovisual didáctica (TAD) para cerrar la brecha percibida entre la
autopercepción del alumnado y el conocimiento real. Para ello el artículo se ha
dividido en tres apartados: definición del marco teórico, instrumento análisis
y discusión y futuras perspectivas de la cultura y la TAD.
2. MARCO TEÓRICO
2.1. Definiendo
cultura
De acuerdo con el
Diccionario de la Real Academia Española (DRAE)[1] se define cultura como el
“conjunto de modos de vida y costumbres, conocimientos y grado de desarrollo
artístico, científico, industrial, en una época, grupo social, etc.” Sin
embargo, este término que proveniente del latín cultus
participio del verbo colere (cultivar, hablar) (Diccionario
Etimológico en línea, n.d)[2] ha evolucionado
de manera considerable a lo largo de los siglos. Esto puede apreciarse a través
de la evolución en la propia definición del término con autores como Seeley que
recogen hasta más de 150 explicaciones de este. Sin embargo, y a pesar de todos
los intentos de delimitar este concepto, la cultura sigue siendo un término
amplio con interpretaciones bastante dispares.
Este artículo va a
tomar como referencia la definición propuesta por White en la Enciclopedia
Británica, ya que hace referencia al lenguaje como uno de los elementos
integrales de la cultura cuando dice que la cultura incluye lenguaje, ideas,
creencias, costumbres o técnicas entre otros elementos que la acercan al
comportamiento peculiar que tiene el Homo Sapiens (White, párrafo. 1)[3]. Es decir, lenguaje y
cultura están inherentemente interconectados (Byram 52), y a esta interconexión se le denomina lingüística
cultural o etnolingüística. De acuerdo con Sharifian la etnolingüística es,
entonces, una subdisciplina de los estudios culturales que desde un marco
teórico y analítico investiga la interrelación entre cultura y los lenguajes
humanos.
Esto, a su vez,
desencadena en la definición de Competencia Comunicativa Intercultural (CCI).
De acuerdo con el British Council, la CCI
evalúa la capacidad de una persona para atender su propia cultura y la de otras
personas, así como la capacidad de usar esta comprensión para comunicarse con
éxito con personas cuya cultura es diferente a la suya. De acuerdo con Byram,
la CCI requiere varias actitudes entre las que se encuentran la curiosidad, la
franqueza o la disposición a ver las culturas de manera subjetiva (56). En este artículo la cultura anglosajona es entendida y
estudiada por sujetos externos: estudiantes de magisterio de Primaria, es
decir, futuros docentes de inglés. Y es por esto, que entender la CCI es
fundamental a la hora de crear unidades didácticas que ayuden a estos alumnos a
entender la cultura anglosajona.
2.2. Conciencia
cultural: estereotipos y cultura en la clase de inglés
A su vez, es
necesario comprender la cultura evitando estereotipos y prejuicios. Según
Allport, los estereotipos normalmente están basados en percepciones
simplificadas o exageradas, por lo que propone fomentar la comprensión y el
aprecio genuino a las personas. De este modo, introduce a través de sus
investigaciones la “hipótesis de contacto”, sugiriendo que al aumentar las
interacciones significativas entre diferentes grupos se romperían los
estereotipos y promovería la comprensión.
Hoy en día, debido
a la globalización, el contacto entre personas y por consiguiente entre
culturas es cada vez más evidente. Y es por esto que
la hipótesis de Allport se ha visto forzada en muchas ocasiones, lo que ha
hecho que ciertos clichés y estereotipos se refuerzan en lugar de desaparecer. Es por esto
por lo que autores como Anderson y Boylan
defienden que los profesores de segunda lengua tienen hoy en día una de las
tareas más arduas como es hacer que los estudiantes quieran entender otras
culturas.
Además, el Marco
Común Europeo de Referencia para las Lenguas (MCER)[4] en Europa destaca de manera
similar el papel que el aprendizaje integrado de lenguas y culturas puede
desempeñar en la creación de una Europa multilingüe y multicultural, que
mantenga la rica diversidad de la vida cultural europea, que fomente la tolerancia
y el respeto de otras culturas e identidades y facilite la movilidad y la
cooperación en educación, cultura, ciencia y comercio e industria, tal y como
analizan Chang, et al. (2). Razón por la cual la interculturalidad en el aula
se hace indispensable.
2.3. La integración de
la cultura en la clase de inglés como lengua extranjera
A lo largo de la
historia, son muchos los métodos de enseñanza que se han ido
desarrollando. La enseñanza del latín, basada en la traducción extensiva de
textos, sirvió como base para desarrollar los
primeros métodos de enseñanza, como el método de gramática-traducción (Richards
& Rodgers). Este método consistía en dotar a los
estudiantes de reglas gramaticales y de la
memorización de vocabulario que pudieran perfeccionar a través de la traducción
de textos realizando ejercicios escritos, es decir, era un método adaptado del
conocido método clásico (Brown). Sin embargo, este método no tardó en tener
detractores, lo que se tradujo en una proliferación de métodos comunicativos
desarrollados en Inglaterra como el método directo.
A su vez, y a lo
largo de las últimas décadas, este método ha ido desarrollándose, dando lugar a
métodos cada vez más innovadores desde la Suggestopedia
hasta Whole Learning
o el método silencioso o el enfoque comunicativo. Este último nace de la
necesidad observada por la que una persona, a pesar de tener conocimiento de un
millón de palabras, no consigue nada si no es capaz de ponerlas juntas y
usarlas para lo que sirven, comunicarse (Brumfit y
Carter). Con este propósito, y tal y como recoge el
Instituto Virtual Cervantes[5], este método busca que
durante el proceso instructivo se emplean textos, grabaciones o materiales
auténticos para que las actividades planteadas imiten la realidad fuera del
aula.
Además, con el
auge tecnológico todos estos métodos se han ido reestructurando, y la
innovación en el campo de la educación de lenguas extranjeras ha pasado a otro
nivel. En los 90 surgió el Aprendizaje Basado en Tareas (Danan), método que tal
y como afirma Nunan pedagógicamente ha fortalecido los siguientes principios y
prácticas (14):
· Un enfoque de la selección de
contenidos basado en las necesidades.
· El énfasis de aprender a
comunicarse a través de la interacción en la lengua meta.
· La introducción de textos
auténticos en las situaciones de aprendizaje.
· Oportunidades para que los
alumnos se centren no sólo en el lenguaje sino también en el propio proceso de
aprendizaje.
· La potenciación de las
experiencias personales del alumno como elementos importantes que influyen en
el aprendizaje en el aula.
· La vinculación del aprendizaje
del lenguaje dentro y fuera del aula.
Sin embargo, y a pesar del
creciente desarrollo metodológico hay que tener en cuenta que para dominar una
segunda lengua es imprescindible ir más allá del mero perfeccionamiento
lingüístico y acompañarlo de la negociación y el entendimiento del contexto cultural
asociado al lenguaje (Rodríguez-Arancón y Tinedo). Es
por esto por lo que es imprescindible aunar estas metodologías introduciendo la
cultura en el contexto de la enseñanza de lenguas extranjeras.
Es por todo esto por lo que
durante los últimos años con el objetivo de ofrecer a los alumnos una
experiencia educativa completa, se está fomentando la inclusión de la cultura
en el aula, de manera que los alumnos puedan experimentar la cultura anglosajona
sin necesidad de viajar, pero de manera muy directa en el mundo globalizado en
el que vivimos actualmente. Autores como Byram creen que no se puede tratar a
los alumnos como si fuesen entes que no son capaces de pensar por ellos mismos.
Es por esto por lo que este autor propone dos enfoques: el uso de la primera
lengua como medio de estudio e interpretación etnográfica de una cultura
extranjera y la integración de lengua y cultura, usando la primera como medio
de socialización entre los alumnos. Además, este autor cree que lengua y
cultura han de proporcionarse a los alumnos desde las etapas iniciales para que
estos tengan la experiencia de la lengua que producen los hablantes nativos. Esta es una de las razones por las que se ve fundamental
el implemento y el estudio de la interculturalidad en el aula de Magisterio
tanto de Primaria como de Infantil. Sin
embargo, los estudios a este respecto todavía son escasos, a pesar de que la
competencia intercultural viene marcada en el currículum y la Unión Europea la
recoge en su última actualización junto con la mediación. Tal y como recoge la
UNESCO: “La cultura es lo que somos y lo que conforma nuestra identidad. Situar
la cultura en el centro de las políticas de desarrollo es la única manera de
garantizar un desarrollo centrado en el ser humano, integrador y equitativo.”[6]
Otro de los
académicos en hablar de lenguaje y cultura dentro del aula fue Stern. Este autor plantea varios
escenarios en los cuales la cultura puede ser integrada en el aula. Para
este autor es esencial crear un aula auténtica y brindar información cultural
mediante cápsulas o situaciones problemáticas a las que el hablante podría
enfrentarse. Stern también recomienda
dramatizaciones, juegos de rol y el uso de la literatura. Además, destaca la
importancia de la exposición real a la cultura del idioma, ya sea a través de
intercambios, viajes, inmersiones lingüísticas o visitas de hablantes nativos
(Stern). Y es aquí donde las nuevas tecnologías y el uso de una metodología
innovadora basada en traducción audiovisual podrían funcionar.
De esta manera es
todavía largo el camino que queda por recorrer a este respecto y es fundamental
la creación de nuevos estudios que llenen este vacío en la investigación entre
cultura y lenguaje en el aula de inglés. Y, es que, es importante
enseñar a los alumnos que el tapiz cultural de expresiones idiomáticas,
metáforas y convenciones sociales es una parte indivisible dentro de la
adquisición eficaz de la lengua y de una comunicación significativa, lo que
hace que el aprendizaje de una lengua vaya más allá de las palabras (Kramsch).
3. METODOLOGÍA
El siguiente artículo mixto
tiene su foco en el inicio de un estudio piloto que se está llevando a cabo
actualmente en la Universidad de Zaragoza. Este curso nace de la necesidad
observada de implantar mediación y cultura en el aula de inglés, desde los cursos
más tempranos hasta la universidad. Para ello se han diseñado cuatro unidades
didácticas que se están llevando a cabo en la actualidad, cada una centrada en
uno de los países de habla inglesa que se espera que los alumnos lleguen a
conocer en profundidad, combinando interculturalidad junto con traducción
audiovisual didáctica. Así pues, las hipótesis presentadas en la introducción
de este artículo formulan las preguntas de investigación (PI) del mismo, que
subrayan lo siguiente:
PI1. Los alumnos del Grado en
Educación Primaria creen tener un nivel mayor de cultura anglosajona del que
después pueden demostrar.
PI2. Los alumnos del Grado en
Educación Primaria creen tener mayor nivel de conocimiento sobre la cultura
británica que otras culturas anglosajonas como la sudafricana, neozelandesa o
irlandesa.
PI3. Los alumnos del Grado en
Educación Primaria reconocen que en ciertas ocasiones han demostrado tener
conceptos erróneos o estereotipos sobre una cultura en particular.
3.1. Participantes
El curso se
implantó en la Universidad de Zaragoza en la mención de inglés en el Grado de
Educación Primaria, en la Facultad de Ciencias Humanas y de la Educación del
campus de Huesca. Dicha mención se cursa en cuarto año de la carrera y en el
curso 2024-2025 se encuentran matriculados en la mención 20 alumnos, de los
cuales 15 se interesaron en ese curso externo a sus clases. De estos, 7
completaron el inicio del curso, y todavía hoy siguen terminando las demás
tareas asociadas al curso. De estos alumnos, cabe destacar que comenzaron el
curso al terminar todas las asignaturas de la carrera, por lo cual los
conceptos que el curso aportaba tenían que serles de alguna manera conocidos.
Tal y como se
aprecia desde el principio existió un alto grado de abandono. El principal
motivo de esto puede ser que al ser un curso externo a sus estudios que no les
daba ningún tipo de recompensa sea algo que vean como algo negativo (Hornero et
al.). Por lo cual en un futuro se espera poder realizar el curso dentro de una
de sus asignaturas o como un curso específico que les proporcione créditos ECTs o algún incentivo de cara a unas futuras oposiciones,
por ejemplo.
3.2. Instrumentos
Para este artículo
hemos centrado la atención en el inicio del curso, ya que los alumnos tenían
que rellenar un cuestionario y una prueba para ver su conocimiento inicial en
la cultura anglosajona. Los datos obtenidos forman parte del porqué de la
necesidad de un curso como el que se plantea más adelante en este mismo
artículo. Estos datos, una vez recogidos, han sido analizados desde un enfoque
mixto, ya que se obtuvieron tanto respuestas cuantitativas como cualitativas.
En consecuencia, el diseño del estudio ha combinado herramientas de análisis
estadístico y de contenido: se utilizó el software SPSS para el tratamiento de
los datos cuantitativos y QDA Miner Lite para el análisis de las respuestas
cualitativas.
Por un lado, el
cuestionario inicial, distribuido en inglés, sirvió como punto de partida del
curso. Se trata de un análisis de necesidades donde se indaga en la percepción
de los alumnos sobre su nivel de inglés y cultura (Basturkmen).
Para ello, el cuestionario contaba con tres secciones (Tabla 1). En la primera,
la introductoria, se les preguntaba a los alumnos nombre, apellido, email y
género. La segunda sección constaba de tres preguntas de opinión del 1 al 6,
siendo 1 totalmente en desacuerdo y 6 totalmente de acuerdo. La tercera
sección, cultura anglosajona, contaba con 7 preguntas, una de ellas de
respuesta abierta, sobre las cuatro culturas que se iban a tratar a lo largo
del curso (Sudáfrica, Nueva Zelanda, Irlanda y Gran Bretaña).
Tabla 1. Cuestionario inicial
|
Sección |
Preguntas |
Respuestas |
|
1 |
Email |
Abierta |
|
Apellido,
Nombre |
Abierta |
|
|
Género |
Masculino Femenino Otro |
|
|
2.
Cultura y mediación |
I know what linguistic
mediation is. |
Rate the following items (1- Totally Disagree; 2- Strongly Disagree; 3- Disagree; 4- Agree; 5- Strongly Agree; 6- Totally Agree) |
|
Audiovisual
translation tasks (subtitling, dubbing, etc.) can contribute to my ability to
convey accurately (in
English or in my mother tongue) what I hear, read or
watch in English (my mediation skills). |
||
|
Audiovisual
translation tasks (subtitling, dubbing, etc.) can contribute to improving my knowledge of English culture. |
||
|
3.
Cultura Anglosajona |
I consider my knowledge
of the Anglo-Saxon
culture to be |
Basic Low Intermediate High Very high |
|
Have you ever actively
challenged stereotypes or misconceptions about a particular culture? |
Yes/No |
|
|
If the answer is
yes, please provide an example |
Respuesta
abierta |
|
|
On a scale of 1 to
10 how would your rate your
own cultural awareness on South African culture |
Escala
del 1 al 10 |
|
|
On a scale of 1 to
10 how would your rate your
own cultural awareness on Irish culture |
Escala
del 1 al 10 |
|
|
On a scale of 1 to
10 how would your rate your
own cultural awareness on Neozelander culture |
Escala
del 1 al 10 |
|
|
On a scale of 1 to
10 how would your rate your
own cultural awareness on Anglo-Saxon culture |
Escala
del 1 al 10 |
La prueba inicial,
por otra parte, contaba con 9 preguntas cuya finalidad era comenzar a trabajar
con los países anglosajones que después se iban a encontrar durante el módulo,
activando su conocimiento previo y sirviendo como comparación con el nivel estimado
que creían tener los propios alumnos de las distintas culturas. Estas 9
preguntas estaban todas abiertas a excepción de la pregunta 6, pregunta de si o
no acompañada de una pregunta abierta, y para valorarlas se utilizó una rúbrica
(Tabla 2) para asignarles una nota. Las preguntas eran las siguientes:
· What do you know about
New Zealand?
· What do you think are the
benefits of living in New Zealand?
· What do you know about
South Africa?
· Can you name any
tourist attractions in
South Africa
· What do you know about
Northern Ireland?
· Do you know the
legend of the Giant's Causeway?
· If your answer was
"yes", can you summarize
the story?
· Can you name the
constituent countries of the United
Kingdom?
·
Can you name any regional accents of British English? (you can answer with the name
of the accent
or the name
of the region).
Tabla 2. Rúbrica cuestionario inicial cultural
|
Preguntas abiertas (5 puntos
- 1 punto cada una) |
Preguntas cerradas (3 puntos
- 1 punto cada una) |
Nota |
|
Muestra un gran control sobre el tema y las
respuestas están meditadas. |
Preguntas 4 y 9: Puede nombrar una gran parte
de las atracciones turísticas o de los acentos y regiones. Pregunta 8: Sabe nombrar los cuatro países de
Gran Bretaña. |
1 |
|
Muestra un buen grado de control del tema. |
Preguntas 4 y 9: Puede nombrar alguna de las
atracciones y los acentos británicos y las regiones. Pregunta 8: Sabe nombrar al menos tres de los
países constituyentes de Gran Bretaña. |
0,5 |
|
Muestra muy poco control sobre el tema. |
Preguntas 4 y 9: solo sabe nombrar una
atracción turística y o un acento Británico o
región. Pregunta 8: Solo sabe nombrar uno o dos países
que constituyen Gran Bretaña. |
0 |
A través de esta
recogida de datos se ha realizado un análisis cuantitativo y cualitativo,
analizando las respuestas dadas por los alumnos en el cuestionario y
comparándolas con una prueba de nivel cultural que los alumnos tomaron tras la
realización del cuestionario en la que todas las preguntas eran cerradas a
excepción de una. Para los datos cuantitativos recogidos en el cuestionario se
ha utilizado SPSS, mientras que los datos cualitativos de una de las preguntas
se han analizado con QDA Miner Lite. Por otro lado, la prueba inicial se ha
valorado usando una rúbrica (Tabla 2) para poder corregir y otorgar una nota
cuantitativa a cada una de las respuestas de los estudiantes que luego se han
comparado con sus respuestas en el cuestionario a través de un análisis
cuantitativo con SPSS.
Todos estos datos buscaban contestar las preguntas de investigación planteadas
en este artículo.
4. ANÁLISIS
El análisis
cuantitativo se ha llevado a cabo, tal y como se ha mencionado, con SPSS. Tras
introducir todos los datos, primero se realizó un test
de normalidad de los datos junto con un P-P Plot Test
para corroborar si los datos estaban distribuidos con normalidad. Los
resultados obtenidos resaltan que los datos no estaban distribuidos con
normalidad ya que todos ellos tenían una desviación estándar hacia la derecha o
la izquierda de la gráfica. Esto da como resultado que todos los datos deben de
ser analizados con una prueba no paramétrico, para datos semejantes ya que no
disponemos de grupos si no que todos los alumnos pertenecían al mismo curso y
realizaron el mismo tipo de prueba.
La Tabla 3 nos
muestra los datos analizados con estadística descriptiva de la nota final que
los alumnos obtuvieron en la prueba inicial. En estos datos es posible observar
que la Media de 3,143 y una Mediana de 2,800. Por otro lado, la Tabla 4 nos
muestra la percepción de los alumnos sobre su nivel de cultura anglosajona. Tal
y como se muestra en la tabla, la Media obtenida de la respuesta de los
estudiantes es de 2,29 mientras que la Mediana es de 2,00.
|
Tabla
3. Cultural test nota final |
Tabla
4. Percepción cultura anglosajona |
|
|
|
Si comparamos ambos resultados con Wilcoxon Signed Rank test, un test no
paramétrico debido a su naturaleza de no normalidad para muestras relacionadas,
se puede observar que la hipótesis nula que dictamina que la Mediana de
diferencias entre la percepción de los alumnos sobre su nivel cultural y el
test cultural es igual a 0 debe de ser retenida, ya que p>0,5. Sin embargo
si observamos con detenimiento la Figura I puede verse como cinco estudiantes
mostraron una diferencia significativa entre ambos resultados.
Figura 1. Related-Samples Sign Test nivel
cultural
Así pues, la
gráfica muestra que a pesar de que dos estudiantes (barras rojas) tenían una
percepción de su nivel de cultura anglosajona menor de lo que podían demostrar,
la gran mayoría (barras azules) mostraron tal y como se supuso un nivel
cultural menor del que ellos percibían en un primer momento, demostrando que,
aunque creen tener un buen nivel cultural ciertas preguntas, especialmente las
relacionadas con países menos conocidos todavía no las controlan.
Por otro lado, la
Tabla 5 nos muestra los datos analizados con estadística descriptiva de las
preguntas de escala Likert en la que se preguntaba a los alumnos que pusieran
una nota numérica del 1 al 10 sobre su conciencia cultural en cultura
sudafricana, irlandesa, neozelandesa y anglosajona. En la tabla es posible
observar como media (mean) y mediana (median) difieren entre las preguntas y
como los datos de desviación estándar y oblicuidad nos muestran distribución no
normal.
Tabla 5. Escala
Likert sobre conciencia cultural
|
Statistics |
|||||
|
|
SouthAfrican On
a scale of 1 to 10 how would
your rate your own cultural awareness on South African culture |
IrishCulture On
a scale of 1 to 10 how would
your rate your own cultural awareness on Irish culture |
Newzeland On
a scale of 1 to 10 how would
your rate your own cultural awareness on Newzelander culture |
AngloSaxon On
a scale of 1 to 10 how would
your rate your own cultural awareness on Anglo-Saxon
culture |
|
|
N |
Valid |
7 |
7 |
7 |
7 |
|
Missing |
0 |
0 |
0 |
0 |
|
|
Mean |
3,43 |
5,00 |
5,71 |
5,14 |
|
|
Median |
3,00 |
4,00 |
6,00 |
4,00 |
|
|
Std. Deviation |
2,370 |
2,236 |
1,976 |
2,340 |
|
|
Skewness |
1,386 |
1,127 |
,370 |
1,837 |
|
|
Std. Error of
Skewness |
,794 |
,794 |
,794 |
,794 |
|
Tras corroborar
esto, y con el fin de contestar a las preguntas de investigación, se han
analizado las tres primeras preguntas (relacionadas con Sudáfrica, Nueva
Zelanda e Irlanda) con la última sobre cultura anglosajona. Para analizar los
datos se ha realizado el test no paramétrico para
muestras relacionadas, el Wilcoxon Signed Rank
Test.
En un primer
lugar, a la hipótesis que subraya que la media de las diferencias entre las
percepciones del alumnado en cuanto a conciencia cultural sudafricana y la
anglosajona es igual a cero debe de ser rechazada ya que la diferencia
asintótica de 0,16 es mayor a 0,05, p>0,05.
Figura 2. Wilcoxon
Signed Rank Test cultura sudafricana y anglosajona
Tal y como se ve
en la Figura 2 todas las diferencias de opiniones de los alumnos son
diferencias positivas (barras azules). Esto quiere decir que todos los alumnos
dieron una mayor calificación a su conciencia cultural anglosajona que a la
sudafricana, con incluso 1 estudiante dándole tres puntos más, otro cuatro y un
tercero más de cuatro puntos de diferencia.
Por otro lado, a
la hipótesis que subraya que la media de las diferencias entre las percepciones
del alumnado en cuanto a conciencia cultural irlandesa y la anglosajona es
igual a cero debe de ser rechazada ya que la diferencia asintótica de 0,785 es
mayor a 0,05, p>0,05.
Figura 3.
Wilcoxon Signed Rank Test cultura irlandesa y anglosajona
La Figura 3 esta
vez demuestra que a pesar de que la mayoría de los estudiantes o bien tenían
una percepción de un mayor dominio de la cultura anglosajona (barras azules) o
pensaban que tanto su cultura anglosajona como la irlandesa era similar (dos
estudiantes). Sin embargo, es curioso observar cómo dos estudiantes (barras
rojas) le otorgan mayor puntuación a su conocimiento de cultura irlandesa, esto
puede deberse a la relación que pueden hacer entre Irlanda y Reino Unido y no
entre Reino Unido y anglosajón.
En tercer lugar, a
la hipótesis que subraya que la media de las diferencias entre las percepciones
del alumnado en cuanto a conciencia cultural neozelandesa y la anglosajona es
igual a cero debe de ser rechazada ya que la diferencia asintótica de 0,785 es
mayor a 0,05, p>0,05.
Figura 4.
Wilcoxon Signed Rank Test cultura neozelandesa y anglosajona
La Figura 4 nos
muestra como la mayoría de los alumnos (barras azules) creen tener un mayor
conocimiento de cultura anglosajona y de cultura neozelandesa. A su vez, dos
alumnos parece que tienen la misma percepción sobre su nivel cultural en ambos
idiomas mientras que un último alumno cree tener un punto menos de conocimiento
anglosajón en comparación a su percepción de la cultura neozelandesa.
Finalmente, se analizó las
respuestas obtenidas a la pregunta realizada en el cuestionario inicial sobre
si alguna vez se habían cuestionado de manera activa los estereotipos o las
ideas erróneas que podemos tener sobre una determinada cultura. Las respuestas,
de si o no, se convirtieron para analizarlas con la prueba de
Kolmogorov-Smirnov al tratarse de una muestra muy pequeña.
Figura 5.
Kolmogorov-Smirnov Normal Test estereotipos
Tal y como
demuestra la Figura 5, con solo 7 observaciones, la prueba puede ser poco
fiable. En muestras pequeñas, las pruebas de normalidad pueden dar falsos
positivos de no normalidad. Sin embargo, los datos observados nos dicen que la
variable de estereotipos sigue una distribución normal con media 2, que
equivale a no, y una desviación de 0,535. Pero como el p-valor (0,007) es menor
que el nivel de significación se rechaza la hipótesis, por lo que los datos no
siguen una distribución normal.
Junto con esta
pregunta los alumnos podían explicar qué tipo de comportamientos estereotipados
habían vivido de haberlo hecho. Tres de los alumnos contestaron que sí y los
tres dieron su explicación. Los datos cualitativos fueron introducidos en QDA
Miner Liter y se realizó un análisis categórico. Los datos fueron codificados
en dos: cuestionamiento de estereotipos y experiencia personal con
estereotipos.
Figura 6.
Análisis QDA Miner Liter estereotipos
Tal y como muestra
la Figura 6, los estudiantes reflexionaron de manera activa sobre los
estereotipos y dos de ellos mencionaron en sus comentarios un proceso de
cuestionamiento y diálogo abierto sobre los estereotipos, resaltando la
importancia del contacto intercultural para desmitificar conceptos errónos. Por otro lado, todos los comentarios mencionaron
algún tipo de experiencia personal con estereotipos. Además, uno de los
participantes ni siquiera indica si ha habido un cambio en su percepción antes
de comenzar el curso, mientras que otro destaca que los prejuicios pueden
también ser positivos y que la inmersión en la cultura es fundamental para
conocer mejor una lengua.
5. RESULTADOS Y
DISCUSIÓN
Los alumnos de
primaria de la Facultad de Ciencias Humanas y de la Educación de la Universidad
de Zaragoza corroboran a través de sus respuestas la primera pregunta de
investigación (PI1) que planteaba este artículo, ya que el análisis cualitativo
de datos demuestra que de algún modo la mayoría de los estudiantes que
participan en este estudio creen tener un mayor nivel de la cultura anglosajona
del que después son capaces de demostrar.
Estos datos, que
son muy subjetivos debido a la naturaleza reducida del grupo de muestra, nos
ayudan a entender que, aunque los alumnos hoy en día tienen una buena
percepción de su nivel cultural, lo que se debe principalmente a la
implementación de esta dentro del currículo o de que cada vez este término está
más presente en nuestras vidas, a la hora de poner su conocimiento realmente en
práctica los resultados no coinciden con sus percepciones.
Esto, además, se demuestra
todavía más si se analizan de cerca las respuestas, ya que existe una amplia
diferencia en el conocimiento entre las distintas culturas, lo que nos da las
claves sobre las respuestas obtenidas en la segunda pregunta de investigación
(PI2). Al ser preguntados sobre Nueva Zelanda, por
ejemplo, dos estudiantes demostraron tener cierto conocimiento sobre el país,
sacando en ambas preguntas 2 o 1,75 puntos sobre un máximo de 2. Sin embargo,
la gran mayoría de estudiantes no son capaces de demostrar su conocimiento
sobre el país.
Resultados
similares se encuentran en las respuestas sobre Sudáfrica. En este caso las
respuestas que más llaman la atención son la relacionada con las atracciones
turísticas sobre el país, con la gran mayoría de estudiantes solo siendo
capaces de nombrar los safaris y un estudiante incluso relacionando los
servicios de ayuda humanitaria con una atracción turística. Por otro lado, las
respuestas donde los estudiantes demuestran mayor conocimiento son las
relacionadas con Gran Bretaña, donde la gran mayoría de estudiantes son capaces
de nombrar los países que constituyen Reino Unido, aunque siguen mostrando algo
más de problemas cuando la pregunta es más específica y se les pregunta, por
ejemplo, sobre los distintos acentos y regiones del Reino Unido.
Los datos
extraídos en el cuestionario inicial indican que los alumnos de mención del
Grado en Educación Primaria consideran tener un mayor nivel de conocimiento
sobre la cultura anglosajona en comparación con la cultura sudafricana,
neozelandesa e irlandesa. Esto se refleja en las diferencias de medias y en los
resultados del Wilcoxon Signed Rank Test, que
muestran una tendencia general a puntuar más alto la conciencia cultural
anglosajona. Sin embargo, es importante resaltar que la oblicuidad positiva en todas
las variables indica que hay más respuestas concentradas en los valores bajos
de la escala, lo que sugiere una autopercepción relativamente baja en todas las
culturas evaluadas.
Al analizar las
distintas culturas por separado, es posible apreciar que, por un lado, en la cultura
sudafricana la diferencia de puntuación es clara y consistente, lo que sugiere
una menor exposición o interés en esta cultura o bien dentro del currículo
educativo o por parte de los alumnos. Además, este es un país que tendemos a
olvidar dentro de la enseñanza o adquisición del inglés como lengua extranjera
(Peirce).
Por otro lado,
tanto la cultura irlandesa como la neozelandesa muestran una tendencia similar.
Aunque la tendencia general en la comparación de la cultura irlandesa sigue
favoreciendo a la cultura anglosajona, algunos estudiantes puntúan más alto su
conocimiento de la cultura irlandesa, lo que podría deberse a la proximidad
histórica y cultural entre Irlanda y el Reino Unido. En cuanto a la cultura
neozelandesa, existe cierta paridad en la percepción de conocimiento entre la
cultura neozelandesa y la anglosajona en general, lo que puede indicar una
mayor visibilidad de esta cultura en los materiales educativos o en los medios
de comunicación.
Los factores para que se
produzca esta diferenciación, sin embargo, no están claros, ya que podemos
deducir que pueden ser o bien académicos o mediáticos o personales. Uno puede pensar y más teniendo en cuenta el tipo
de estudiantado que completó el cuestionario, que el contenido educativo se
centra más, todavía, en la cultura británica que en
otras culturas anglosajonas, y que los estudiantes realizan una conexión
directa entre anglosajón y Reino Unido. Asimismo,
la mayor puntuación de la cultura irlandesa puede deberse a que en ocasiones
los estudiantes relacionan Irlanda con el Reino Unido sin hacer distinción
entre norte y sur, y los alumnos piensan que la cultura anglosajona es del
Reino Unido. Además, parece ser evidente que una
mayor exposición a productos culturales británicos puede ser una de las causas de la percepción de conocimiento. Además, también podemos
dilucidar que algunos estudiantes pueden haber tenido un mayor conocimiento de Irlanda o Nueva Zelanda.
Con el fin de
responder a la tercera pregunta de investigación (PI3) se han analizado las
respuestas de los estudiantes que indicaron haber cuestionado de manera activa
los estereotipos sobre otras culturas. Tras analizar los comentarios
recopilados y teniendo en cuenta el tamaño tan reducido de la muestra, podemos
dilucidar que uno de los aspectos fundamentales que los comentarios nos
muestran es que alguno de los alumnos no solo es capaz de reconocer la
existencia de estereotipos, sino que también puede reflexionar sobre ellos. Uno
de los estudiantes incluso menciona haber participado en conversaciones sobre
el tema con personas de diferentes países. Esto hace que se reconozca de manera
explícita la presencia de prejuicios previos y se destaque la importancia de la experiencia directa para poder
combatirlos.
El análisis de
estas preguntas también demuestra que algunos estudiantes han sostenido
estereotipos sobre ciertos grupos culturales en el pasado. Un estudiante dice
que ha pensado que los ingleses son individualistas y poco amables, y aunque no
lo menciona, deja percibir cómo sus ideas preconcebidas sobre los habitantes de Inglaterra
pueden cambiar tras la interacción con otras personas o bajo el estudio de la
cultura de un país. Además, estos comentarios demuestran que los estereotipos no solo existen, sino que pueden
condicionar las percepciones iniciales sobre una cultura.
Por último, los
datos analizados para esta última pregunta de investigación sugieren que los
alumnos que han tenido contacto con personas de distintas nacionalidades son
más propensos a cuestionarse sus propios prejuicios o los estereotipos que nos
rodean. Asimismo, el último testimonio indica que los prejuicios pueden surgir
de cualquier cultura y que la clave para superarlos es el aprendizaje
intercultural. Esta es la razón por la que un estudio como el que se presenta
en la próxima sección es tan valioso.
En definitiva,
esta PI3 puede servir como base para explorar estrategias educativas que
fomenten la reflexión crítica sobre los estereotipos y promuevan experiencias
interculturales. Esto
es así, ya que, tal y como se ha demostrado, algunos estudiantes que se hayan
cursado este módulo reconocen haber tenido estereotipos sobre culturas y, tras
una valiosa reflexión, demuestran que la interacción directa con personas o con
la cultura sobre la que se tiene cierto prejuicio es un factor clave para la
deconstrucción de estereotipos.
6. PERSPECTIVAS
FUTURAS
Tal y como se ha
mostrado a lo largo de este artículo, la cultura es fundamental en el aula de
inglés, ya que lenguaje y cultura no se entienden el uno sin el otro. Este artículo trata de
mostrar, desde un punto de vista muy reducido, cómo, a pesar de haber recibido
una educación apropiada y haber tratado el tema de la cultura en el aula en
profundidad a lo largo de su año de mención, los futuros docentes de inglés siguen
mostrando una brecha de conocimiento cultural anglosajón.
Es por esto por lo que, tras observar estos resultados, se les animó a continuar realizando un curso piloto donde
la TAD se entrelaza con la interculturalidad
para fortalecer esta destreza y ampliar su conocimiento de la cultura
anglosajona. Además, esto se une a que, tal y
como destaca Gillespie, la conciencia intercultural y los
medios multimedia son temas que han recibido menos atención en lo que se
refiere al aprendizaje de idiomas asistido por ordenador (o Computer
Assisted Language Learning, CALL por sus siglas en inglés) y añade que la
traducción, la alfabetización digital y la literatura son temas sobre los que
apenas se ha publicado en este campo.
Este curso,
llamado Conciencia Cultural a través de TAD, junta CALL con la traducción
audiovisual con el objetivo de fomentar la interculturalidad entre estudiantes
de magisterio. Para ello se han creado cuatro unidades didácticas basadas en
doblaje y divididas en cuatro fases, tal y como proponen Talaván y Lertola (28):
· Warm-up: primera
fase de la unidad didáctica que sirve como introducción del tema, que puede
incluir tareas tanto de recepción como de producción.
· Video-viewing: Primera visualización del vídeo sobre el que
trabaja y segunda fase de la unidad didáctica. En este caso se comienza a
trabajar con el vídeo con ejercicios específicos para focalizar lo que se
quiera trabajar en cada unidad de manera más específica.
· DAT task: En esta fase los estudiantes tienen que realizar su
propia traducción del vídeo de un minuto seleccionado, de acuerdo con la
modalidad de TAD escogida (en nuestro caso doblaje) y la combinación
establecida (interlingual, intralingual
o creativa).
·
Post-viewing: Fase final de la unidad
didáctica para consolidar lo aprendido a través de la tarea de mediación
previa. Cuando las tareas de TAD sean de producción oral esta fase final
debería incluir mediación y producción escrita.
Así pues, tras los
resultados mostrados en este artículo los alumnos se aventuraron en un curso de
cuatro unidades didácticas de TAD. Durante la primera unidad, sobre Nueva
Zelanda los estudiantes tienen que hacer un doblaje creativo creando sus
propios diálogos que encajen con las dos protagonistas del vídeo. La segunda
unidad trata sobre Sudáfrica y como tarea de TAD los alumnos deben grabar un
vídeo promocional para una agencia de turismo sudafricano centrándose en las
imágenes. En la tercera unidad, sobre Irlanda, se les pide a los alumnos que
realicen un doblaje interlengua del español al inglés de un vídeo de Tik-Tok. Finalmente, en la última unidad, sobre acentos
ingleses los alumnos deben
de realizar un doblaje intralingual,
donde deben de imitar los distintos acentos (inglés, escocés y galés) que
aparecen en el vídeo.
Todo el curso se
basa en concienciar sobre la cultura anglosajona a alumnos de magisterio de
primaria de una manera novedosa y llamativa para ellos. Ya que, tal y como
apunta Tinedo las destrezas metalingüísticas e
interculturales se activan cuando los alumnos se enfrentan a un texto
multimodal, y además al participar repetidamente en este proceso tras una fase
de adaptación se espera que los alumnos seleccionen el lenguaje para sus
propios fines (5).
7. CONCLUSIÓN
Este estudio
preliminar proclama que, a pesar del conocimiento sólido sobre la cultura
anglosajona que creen tener los estudiantes de Magisterio de
Primaria, su desempeño en tareas específicas revela una brecha entre estas
percepciones y el conocimiento que realmente pueden mostrar. Esto,
además, se pone especialmente en manifiesto en lo que respecta a culturas menos
representadas en su educación, como la neozelandesa y la sudafricana. Además, el análisis de resultados también ha evidenciado
estereotipos y prejuicios sobre ciertos países, aunque los estudiantes también
muestran capacidad de reflexión crítica al respecto.
De esta manera, la
cultura británica sigue siendo la más reconocida por los estudiantes, siendo
además la que se relaciona directamente con la cultura anglosajona, tal y como
se ha evidenciado en la pregunta de investigación 1. Esto puede deberse a que la
enseñanza del inglés como lengua extranjera tiende a centrarse en la cultura
británica o en la estadounidense, creando una dicotomía entre ambas culturas e
influyendo en la percepción de los estudiantes. Todo esto evidencia la necesidad de diversificar la enseñanza de la cultura
anglosajona para que incluya otras variantes más allá del Reino Unido. Además,
esto junto con la presencia de estereotipos demuestra la necesidad de crear estrategias en
el aula para fomentar la conciencia cultural.
Es decir, a pesar
de haber recibido formación en cultura anglosajona, los estudiantes siguen
mostrando ciertas lagunas en su conocimiento. Esto justifica la implementación
de estrategias didácticas innovadoras en el aula, tales como la TAD, para
mejorar la competencia intercultural y fomentar la conciencia cultural. Así pues, la TAD se plantea
como un método innovador que, a través de la combinación de CALL y doblaje,
pretende potenciar la conciencia cultural a través de actividades prácticas,
multimodales basadas en tareas.
Sin embargo, este
estudio también muestra deficiencias ya que, en una primera instancia, es
evidente que los resultados deben de observarse con cierta precaución debido al
tamaño de la muestra. Este es un estudio preliminar en el que solo siete
participantes completaron los instrumentos del estudio, por lo que los
resultados no pueden usarse como una generalización. Además, uno de los
instrumentos de medición, el cuestionario, trata la autopercepción de los
estudiantes, lo que no puede reflejar el conocimiento real de estas
culturas. Finalmente, también es importante mencionar que en un futuro sería
interesante explorar cómo el contexto social y los medios de comunicación
influyen en la percepción de los estudiantes, en lugar de basarse solo en su
nivel educativo.
A pesar de esto,
los resultados denotan la necesidad de seguir innovando en la enseñanza de la
cultura anglosajona en el aula de inglés y la falta de cursos específicos, ya
que a día de hoy la innovación en este campo es
todavía insuficiente. Por esto, la TAD se presenta como una herramienta
innovadora y prometedora para fortalecer la interculturalidad a la vez que no
se deja de lado la competencia lingüística, que sale fortalecida tal y como han
mostrado numerosas investigaciones a lo largo de la última década. Todo esto
facilitará un aprendizaje dinámico, interactivo y acorde con las demandas del
mundo actual.
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Publishing Company. Reading, 1954.
Anderson, Peter, and Patrick Boylan.
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· VERBEIA· JOURNAL OF ENGLISH AND SPANISH STUDIES ·
VERBEIA· REVISTA DE ESTUDIOS
FILOLÓGICOS
LITERATURA
VERBEIA JOURNAL OF ENGLISH AND SPANISH STUDIES
REVISTA DE ESTUDIOS
FILOLÓGICOS
2026
ISSN
2444-1333
Año XII, Número 11
Religious influences
in James Baldwin’s Giovanni’s
Room
Francisco Rafael Alcalá Moreno
Universidad de Córdoba
l02almof@uco.es
https://orcid.org/0000-0003-0138-6083
Recibido. Received
18/09/2025
Aceptado. Accepted
08/04/2026
Publicado. Published
30/04/2026
ABSTRACT
This article examines the religious dimension of James
Baldwin’s Giovanni’s Room, a largely overlooked area in Baldwin studies. While
criticism has predominantly focused on sociopolitical, racial, and queer
perspectives, little attention has been given to the theological implications
of Baldwin’s fiction. Drawing on biblical texts, Thomist theology, and
Baldwin’s Pentecostal background, this essay argues that the novel discreetly
incorporates Catholic elements that stand in contrast to Protestant traditions.
In particular, the confessional tone of the narrative is interpreted through
the lens of Catholic sacramental practices, especially penitence, which reveals
a spiritual layer that has often gone unnoticed in critical discourse. By
highlighting these features, the article contributes to ongoing debates on
Baldwin by underscoring religion as a significant, though neglected, category
of analysis in Western literature and culture.
KEYWORDS: Baldwin, Christianity, literature.
Influencias religiosas en La habitación de Giovanni
de James Baldwin
RESUMEN
Este artículo analiza la dimensión religiosa de Giovanni’s Room de James Baldwin, un aspecto que ha sido
desatendido en los estudios sobre el autor, ya que la crítica se ha centrado
principalmente en las perspectivas sociopolíticas, raciales y queer. A partir
de textos bíblicos, la teología tomista y el trasfondo pentecostal del autor,
este estudio sostiene que la novela incorpora sutilmente elementos propios de
la tradición católica que contrastan con los fundamentos del protestantismo. En
particular, se interpreta el tono confesional de la narración a la luz de las
prácticas sacramentales católicas, concretamente la penitencia, lo que revela
una capa espiritual en la estructura narrativa que con frecuencia ha pasado
inadvertida en la crítica literaria. De este modo, el artículo contribuye al
debate actual sobre Baldwin al destacar la religión como una categoría
relevante, aunque poco explorada, para el análisis de la literatura y la
cultura occidentales.
PALABRAS CLAVE: Baldwin,
cristianismo, literatura.
.
Cómo citar:
Alcalá Moreno, Francisco
Rafael. “Religious influences in James Baldwin’s
Giovanni’s Room”. Verbeia, 11, 2026, pp. 33-53.
1.
INTRODUCTION
Due to the author’s sexual orientation and race, researchers have traditionally focused on themes
about either racial or sexual discrimination (Armengol's 2012 investigation is particularly noteworthy). Nevertheless, few papers have
been written concentrating on Baldwin’s system of beliefs (that
of his personal religious postures). Lynch was the first
author to mention how little
information there is about this
subject and the necessity of further
research on this issue (284). Later, other authors included
in this essay have also paid
attention to the religious aspect
in Baldwin’s works (Field,
2008; Hills, 2022). Thus, the main
purpose is to offer a profound
account of these matters, contributing to a new perspective that enriches the studies
about the novel and can provide a correct cultural background to explain
the book.
Thus, this study
attempts to analyse the theological
bases that structure the novel establishing three main objectives.
First, the aim
is to describe the treatment of
homosexuality in Christianity.
To do so, this paper takes
into consideration the Bible and the Summa
Theologiae by Saint
Thomas Aquinas and his criticism
towards the relevance of personal will in contrast to the importance
divine grace plays in salvation (which is known as “Pelagianism”,
a concept that will be elaborated on later).
Second, to assess
the importance of the role played
by the Pentecostal religion in Baldwin, as this is the Protestant
denomination in which the author was
raised. In his essays, Baldwin acknowledges the constant use of religious vocabulary
and the inability to abandon this
terminology regardless of his detachment
from any institutionalised religion and the way he creates
his own system
of beliefs. Consequently, it is worth noting
that this stems from his
early contact with religion as a child and teenager.
Third, to analyse
Baldwin’s subtle adherence to traditionally
Catholic ideas in this novel by
means of a confessional structure, the condemnation of Neo-Pelagian postures, the need
for God’s mercy to obtain
salvation and the Virgin Mary’s intercession, which are differential characteristics of this church in relation to main
Reformed denominations. This would open a whole new critical perspective on Baldwin’s works as research has conventionally concentrated on Protestantism when studying his literature.
2.
THEORETICAL
FRAMEWORK
This section is divided into sociopolitical,
where racial and sexual issues
are considered, and religious
works focusing on the Bible and Baldwin's personal theology.
2.1. Blackness and queerness
as factors of discrimination
First, Bercuci inserts
the novel within the category of
“white-life novels”, where the action
is performed by white characters
despite being written by Black authors (192). Moreover, the author highlights
the use of metaphoric language with the use of
the colours white and black to represent heteronormativity
and sexual ambiguity, respectively
(where desired behaviour is associated
with the first colour while
reprehensible actions belong
to the second
one). Another key aspect is
the appearance of the room
itself, which is claimed to
be a metaphor for prison, as the protagonist lives trapped in his own lie of being
heterosexual (203).
Considering Armengol’s article,
he supports the critique to the relations
of powers in the novel and claims that it was
written at a time when homosexuals and communists were considered as a threat to the
American identity (671). His analysis also points
at the dichotomy white against black,
associating moral connotations
such as “sin” with blackness whilst whiteness is considered
as “pure” and “innocent”. Then, sexuality
and morality are interconnected.
There is a depiction of how,
historically, white women have been
seen as symbols of purity (as well as mere objects to preserve white race by
marriage and, finally, reproduction) in opposition to Black races, who have been
the object of sexual desire on white privileged
men’s part in order not to
feel guilt, so a process of misogynistic
objectification occurs
(676). This mixture of sexuality and race is found in Giovanni, who is given
all the stereotypes
attributed to Southern Italians (considered legally as Black during the first decades
of the 20th century in the United States) and is used as a sexual object on David’s part
(678). The reason for this behaviour is said to
be an internalised way of homophobia
due to his
American background, which
leads him to identify manhood with heterosexuality and a feature to be proud
of (681). This all results in an authentic fear
of homosexuals and any kind of
what he considers to be gay acts (690).
Additionally, Kent relates homophobia to fear of
a weak reproductive drive (79). Then, she agrees with
Armengol in seeing heterosexual marriage
as a means, not as a way of love
or even a sacrament, but as the traditional form of creating
future citizens. On the contrary, the
result for those who do not
respect this convention is social ostracism. Such an idea leads her to establish a relation of social selflessness, a care for the community, who oppresses individual desire for the
general well-being (85). Kent also
considers that it is the
reason why David’s self-control is weakened in Paris, as American
restraint is far away and he feels his own
determination can change his life, dream
that finally leads him to disappointment
(87). This vision is quite interesting regarding this analysis as far as Pelagianism is concerned due to
its emphasis on individual means to obtain redemption,
which will be studied later. Wesling goes even further
and states this ideology has historical roots in the United
States identity (328). She studies
how the heteropatriarchal
order is linked to the
State itself, then assuring protection for those citizens
who respect the heterosexual enforced system, while abandoning
those who do not respect the
imposition. This is the fear
that prevents David from embracing who he really is
(332). Grandt also remarks that frustrated act of will,
although he rejects David’s behaviour by categorising him as a treacherous character and even “repulsive” due to his
lack of consideration
as well as constant manipulation concerning other characters (281).
The aforementioned social ostracism is central in Pearl’s paper. The author reflects on the delusional
nature of believing humans are in complete
control of their own lives (65). The fear of social punishment takes the form of
embarrassment and impedes action (71). That is why the
protagonist despises other homosexuals that he encounters in the novel. It is
by projecting his own sexual desire in others that he believes to be in control of the situation, considering how those people are not respected according
to male standards because there is
a connection between heterosexuality and masculinity, while homosexuality is misogynistically related to womanhood
(67). This vision is also shared
by Thomas, who relates effeminacy with cowardice (612). Continuing with Pearl, she examines the metaphor of
the closet (represented in the novel by the
appearance of the “room” ever
since the title). It is
there that sexual fantasies can take place and be fulfilled. Nevertheless, the restriction is patent, and the clear boundary
of the private
space shows the inability to
be made public. Consequently, the problem is not
to be gay (it can be exercised privately) but to be publicly
gay as that man will be automatically seen as effeminate (77).
As can be seen, the
American restrictive morals prevent
citizens from fulfilling their personal expectations. As a result, Roszak
claims that it is the
reason why an Italian character
that serves as a relief is employed (84). It has already been described how all the
stereotypes assigned to Italians are given to Giovanni. Traditionally, they have been regarded
as sensual and violent, which
is related to heteronormativity. These are characteristics that Giovanni possesses. Thus,
Baldwin reduces that country to
mere clichés, pointing out the lack of
civility and the presence of class
discrimination when stating that Giovanni comes from the poorer
South (94). This relation of power and racial privilege is studied
by Abur-Rahman, who
observes how the fact that Giovanni is sexually exploited
by the so-called “white characters”
is the consequence
of economic discrimination and vulnerability
(484). Scaccia delves into these stereotypes to conclude that
the process of blackening comes from the sexualisation
of Africans. It is said
that depending on which racial category the State assigned individuals to, they would
benefit from a series of privileges or
would be prevented from them (88). The civilisation reserved for the few
resulted in the invention of Black characters in literature to explore the possibilities of crossing the boundaries
of white citizenship so a clear animalisation and even reification of Black people was present
(92). Thus, the “Negro” is not a faithful representation of the race, but
a mere literary role that functions as a relief of the white
impotence (99). Then, Giovanni is
a tool to address taboo themes
at the time such as same-gender attraction (104).
The last article
concerning the materialist perspective gives a more benevolent view of David’s
attitude. DeGout admits David’s inability to maintain
a durable love relationship
as he cannot embrace his
true self, and this is the authentic
plot of the
novel (428). The outcome is
a prison-like lifestyle where David is enchained by his
own desires (432). However, he describes the two main characters
as innocent lovers whose social circumstances prevent them from
self-realisation (426).
Considering the above, it is necessary
to clarify the main aspects
that have been discussed so far about the
sociopolitical analyses.
David is mostly described as a person who lies to
himself by giving excessive importance to his
determination (Neo-Pelagian
perspective). Moreover, his internalised homophobia is the
product of society’s norms and conventions, where whiteness is related
to power and purity in a metaphoric way. The opposite is Blackness, which
has negative moral connotations (sinful,
dirty, and effeminate as well as coward in a misogynistic way) and is related to
the Black race, which is treated
as inferior economically and morally,
serving as a catharsis for the most
carnal desires experienced by white people.
2.2. Religious
background
2.2.1.
Biblical influence in
sexual discrimination
For a start, all
allusions to homosexuality in the Holy Scriptures condemn it as a sinful action that deprives
people of God’s favour, so they will experience
eternal suffering by not entering Heaven. The two oldest norms
that prohibit homosexual activity are in the Old Testament: “You shall not lie with
a male as with a woman; it is an
abomination” and “If a man lies
with a male as with a woman, both of
them have committed an abomination;
they shall be put to death,
their blood is upon them”
(RSV-CE, Lev. 18.22; 20.13 respectively). These texts consider
that same-sex encounters are against nature, and the violence present should be noted. It is said
that the only way to
amend this so-called fault is
by means of death, very
similar to a kind of martyrdom where
the lovers’ blood is a purificator.
The roots of this homophobic vision are found in the first book
of the Bible as follows: “So God created man in his own
image, in the image of God he created him; male and female he created them. And God blessed
them, and God said to them, ‘Be fruitful
and multiply, and fill the earth and subdue
it.’” (Gen. 1.27-28). To
continue with this supposed paradise, He orders them to
have offspring, and it can only be possible biologically by the sexual encounter
of a man and a woman. Therefore, the condemnation of same-sex encounters,
as it can be noticed, comes
from the inability to have
children and consequently not respecting God’s first desire
to humanity, so a utilitarian vision can be inferred here. As a result, the sexual encounter is only
a means, not a goal (the fact
that carnal desire is seen as a purpose
would not respect God’s desire,
either it is heterosexual or homosexual).
In the New Testament,
Saint Paul states that: “men committing shameless acts with men and receiving
in their own persons the due
penalty for their error” (Rom. 1.27). In this
case, earthly death is not considered
as important, not because of the
immoral connotations murder has as a crime against human dignity, but rather because
the “due penalty” that is
mentioned refers to eternal condemnation in Hell, which in Christianity is regarded as the authentic “death”, i.e., the impossibility of remaining in God’s company forever. He insists on this aspect in his later
letters. For instance, the apostle warns
the Corinthians by asking them: “Do not be deceived; neither the immoral, nor idolaters, nor adulterers, nor homosexuals, nor thieves, nor
the greedy, nor drunkards, nor revilers, nor
robbers will inherit the kingdom
of God.” (1Cor. 6.9-10).
Last, another authorised
text of the
Church, traditionally attributed
to Saint Jude Thaddeus, also supports Saint Paul’s hypothesis in his letter: “just
as Sodom and Gomorrah and the surrounding cities, which likewise
acted immorally and indulged in unnatural lust, serve as an example by undergoing
a punishment of eternal fire.” (Jude 7-8). He exemplifies how God had already punished
humanity for their immorality and carnal desire in the cases of Sodom and Gomorrah,
which function as cautionary tales that were well-known back then for a Jewish
audience.
Thus, homosexuality is
regarded as an explicit and voluntary refusal to divine will (which is
to say, augmentation
of humanity by means of
birth, so that sexual relations have not the purpose
of pleasure, but of reproduction)
as well as one of the gravest
sins, whose consequence is eternal separation from God and subsequent unbearable disgrace.
2.2.2.
Baldwin’s personal theological
system
Field points at how
little attention this aspect has had in literary research (437). He also mentions that Baldwin was raised in Pentecostalism
as a child preacher but in his adulthood,
he refused any religious institution and underwent a process of supposed secularisation,
which always had a spiritual preoccupation and
development (438). The author
argues the marginal status of the Pentecostal movement due to
their belief in glossolalia, divine signs (such as instantaneous healing, which were considered heretic by traditional
denominations) and individual experience
of God instead of the importance
given by more clerical groups to the
figure of the priest) influenced Baldwin’s independent attitude towards institutionalised religion, which destroys individuality (446). On the contrary, Baldwin seems to create
his own interpretation
of Christianity, where salvation can be attained by one’s
own means without authority figures, only by having
direct contact with the divine and reciprocating God’s love (447). This can only be achieved if sharing pain
with loved ones (450). The conception of physicality is fundamental because it stands against puritan prejudices that are based on shame and regret.
Thus, sex has as redemptive power
when done by love and not to
obtain merely pleasure, which obtains a spiritual nature and purity towards the Holy Trinity (452). As Hills claims,
this vision was not shared
by mainstream either white or Black churches, who fostered
disunion and a submissive attitude towards social injustices (2).
Lynch also underscores
the critical foundations of Baldwin’s personal theology, in opposition to a Christian world that had
corrupted the original message (285). Baldwin was disappointed about the fact that
the idea of love had disappeared
from established churches, while only promoting oppression. Hills explicitly refers to the
fundamentalist Black church
attended by Baldwin and how sexuality was
a taboo (4). Following with
Lynch, he notices how
Baldwin uses blasphemy in his
fiction to criticise that tyrannical vision of God (289). That is the reason
he considers Christ as the model for morality,
whose example of sacrifice must
be imitated in everyday life. Moreover, Lynch coincides with Field in the redemption brought by sexual encounters where respect for
the other is the rule (292). Consequently, a combination of the eternal and worldly happiness is present, with
attention to the individual action as it is the
only way to be saved (294). Last, the redemptive potential of suffering
is particularly important, especially when it is
experienced for the neighbour’s well-being (296). As Hills proves,
Black religious fundamentalism
was not in favour of such
an open-minded vision, but encourage
a self-restricted practice focused on a conservative morality (3).
As it has been
proven, Baldwin seems to have created
an autonomous theology based on the ideals
of love and respect. His past
membership to Pentecostalism, which was seen as marginal, served him as a base for his independent
views and direct contact with God, without external mediation. Moreover, social activism is patent
concerning racial status and
sexual orientation, which is defended in his vision against most widespread religions that are based on the
biblical references previously mentioned to condemn these
actions. Individual will is central in his theological system and that is why
this directly confronts with Saint Thomas Aquinas’s refusal of Pelagianism, which states that
in order to be saved one’s own
means are sufficient, which is heretical because grace is
not taken into account and then God’s influence
is not important
either (276).
Having said that, attention will be paid to Baldwin’s
own essays and their references to religion. In “The Male Prison”, he relates Protestantism
to trauma due to sexual orientation because religion forces believers to suppress what
is against the divine law (132). As a matter of fact,
religious prejudices alienate men, and the consequence is the inability
to lead a free life as repression is always
present (134). In addition,
self-deprecation results in
the incapacity to maintain authentic
relationships with one’s fellows, which leads to unhappiness and degrades human behaviour
by uncontrolled sexual desire that augments
increasingly despite human effort to repress
it (136). The suppression of inner desires
and feelings is an unnatural action
that only tries to obey social conventions. However, the consequences are fatal for human beings as it reduces one’s personality to a mere obedient servant in an impersonal structure that uses religion to spread sentiments of guilt and hatred.
Focusing on “Preservation of Innocence”, he
argues that the origin of this
suffering is found in social conventions, which confront nature and its impulses by subduing human desires (594).
Last, it is interesting that he mentions the Garden of Eden as an example
of the original nature of sexuality,
where sexual orientations did not exist
(596). Then, it can be noticed
the irony when he uses one of the traditional
sources that defends heterosexuality as an argument in favour of orientations
against heteronormativity.
For Baldwin, the Garden of
Eden would be a paradise but not in a religious
sense, but in a social one. Then, it would
be a state of liberation where the possibility of authentic, unprejudiced
love could take place regardless of social punishment imposed by the
powers that be.
Referring to the most recent warnings
against Neo-Pelagianism, the Dicastery for
the Doctrine of the Faith should be noted. In their letter, it is
said that uncontrolled individualism in society has made people believe their own will
and personal effort are the
main tools to succeed in any
purpose (1). Moreover, they warn against
the existence of excessive individual relation with God, which results in forgetting the objective of the
Incarnation, which involves sharing the message of
universal sainthood. This form of Neo-Pelagianism
creates selfish individuals that believe in their own personal strength as only way to
obtain salvation, so God the Father is
marginalised by not being considered
as supreme judge and Jesus’s
redemptory sacrifice is not respected
accordingly as maximum proof of God’s
love for humankind. This vision is reinforced
by what is
called in the letter as Neo-Gnosticism, where subjectivity and moral relativism enable humans to change
God’s will according to personal interests and historical circumstances, stating that salvation is an interior process, and no institution has anything to do in this world as a representation of God (2).
3. GIOVANNI’S
ROOM ANALYSIS
This part is devoted to specific
passages of the novel where religious themes are considered, either explicitly or in a more veiled manner, so an exercise of
inference and interpretation
is required.
First, the novel is
set in France and narrates the
affair between David, an American
citizen whose fiancée is in Spain deciding about their future marriage, and
Giovanni, a young Italian man who works
as a bartender in a gay bar in Paris. The whole novel is permeated by David’s
lack of decision
and refusal to embrace his sexual attraction towards men, despite
having had previous homosexual encounters.
David mentions that when he met her
fiancée, Hella, she was “very elegant,
tense, and glittering, surrounded
by the light that fills the
salon of ocean liner” (4). From the very first
pages the appearance of whiteness
represented by the presence of
light is mentioned. Authors, such as Bercuci, relate this with a symbol of heteronormativity (203). When it comes to Armengol’s
analysis, he already noted that in the
novel there is a connection between sexuality and morality, so that heterosexual behaviour is considered as “pure” whilst homosexuality (which is symbolised
as black) is sinful and despicable (676). Besides, he thought that “she would
be fun to have fun with”
(4). The last author also pointed out
that, traditionally, there has been a reification of women as mere objects of male carnal desire (676).
Then, David’s interiorised homophobia and reluctance to admit his
homosexuality leads him to be convinced that the sexual encounter with a woman (in this case, Hella) is a desirable and morally right action
as the appearance of light suggests. The important matter is that the
sexual encounter has a heterosexual nature, although he simply considers Hella as an object of
desire from which he can benefit and calm his sexual impulses. As a matter of fact,
in a tone of confession, he admits it when he says
that “I am not sure now, despite
everything, that it ever really
meant more than that to me. And I don’t think it
ever really meant more than that to her”
(4). His inability to acknowledge his selfishness and sexuality make him blame Hella as well, as a kind of distribution of blame to
comfort himself (i.e., a redistribution of guilt). He constantly tries to be convinced by his own
lies. When he proposed to her,
he mentions that “I told her that
had loved her once and I made myself believe it. but I wonder
if I had” and that “I suppose this was why
I asked her to marry me: to
give myself something to be moored to” (4). Thus, his only intention
was to manipulate
himself first to manipulate Hella later in an attempt
of self-denial. It is no wonder
Grandt considers these actions as “repulsive” and the character of David is described in the same terms
by this researcher
due to the
manipulation David exercises
over all characters throughout the novel in search of his own
interests (281).
His untrustworthy nature
is recognised by stating that
“one particular lie among the many lies
I’ve told, told, lived and believed” (5). It is interesting to note that this
behaviour leads him to suffering and interior repentance because he knows the wrongfulness
in his actions and how it has consequences
not only in him, but also
in those that surround him, so David only can say that
“I repent now” (5).
In contrast to
the previous purity represented by lightness; David also explains his
first homosexual encounter.
In this case, dark is the predominant
colour as it relates to sin and repugnance. The object of desire
in this case was a friend named Joey, who had “dark
eyes” (7). Moreover, his body was
“brown” and “suddenly seemed the black
opening of a cavern in which I would be tortured till madness came,
in which I would lose my manhood” and “I thought I saw my
future in that cavern”, which scared him
(8). To begin with, the
image of the cavern as an
dark place is very remarkable. That obscurity is disturbing because
what is inside
is unknown and the fact that
he can see his future in there disturbs him. This fear
is explained by Wesling when relating heteronormativity with the State because the institutionalised
power provides security and status only to those
citizens that respect social conventions while those who
are rebels suffer social ostracism (332). As a result, what scares David is the possibility
that he could lose his status as an American citizen. Wesling also notes how heteronormativity is rooted in American ideology due to
the Christian background this country has had ever since the
first colonisers (328).
Then, Wesling states that
Christian hegemony and its homophobia were interiorised in American culture and it
caused any sexual orientation different to heterosexuality to be legally prosecuted
as a crime during most of the
20th century, which
in male same-sex relationships
received the name of “sodomy”. These sociopolitical consequences make David continue being
manipulative and a liar to the
point of inventing “a long and totally untrue story about a girl
I was going with and when school
began again, I picked up with a rougher, older crowd and was very
nasty to Joey. And the sadder this
made him, the nastier I became.
He moved away at last” (9).
Once his sexual desire was calmed, he denied his encounter
with Joey and bullied him with his
new group of friends. The one who suffered was
Joey himself up to being practically obliged to move
from the city as he posed a nuisance to David’s
objective of preserving a false image of heterosexuality.
Considering what has been
analysed until now, lies are constant
in David, who does not hesitate to
take advantage of whoever surrounds
him to dispose
of them at will as if nothing
had happened. As a result, the lies
create a split in his self, between
public appearance and his hidden selves.
As a religious analysis, it would be pertinent
now to look
at what is mentioned in the Holy Scriptures about lies and abuse once some of the non-religious
sources have been considered. Focusing on abusive behaviour, it should
be borne in mind that:
Then
he will say to those on
this left, ‘Depart from me, you who are cursed,
into the eternal fire prepared for the devil
and his angels. For
I was hungry and you gave me nothing
to eat, I was thirsty and you gave me nothing
to drink, I
was a stranger and you did not
invite me in, I needed clothes
and you did not clothe me, I was sick and in prison and you did not look
after me.’ (Matt. 25. 41-43).
It is considered
that the repentance David shows has much deeper meaning
than a secular guilt. He is scared by
the possibility of being not
only condemned in this world, but
in eternal life as he has not
been righteous with those in need,
on the contrary,
he has taken advantage of everyone to
fulfil his desires without respecting the norms of fraternal charity. In addition, lies had been
related to evil and the Gospel explicitly remarks that “You belong to your father,
the devil, and you want to
carry out your father’s desires. He
was a murderer from the beginning,
not holding to the truth, for
there is no truth in him. When
he lies, he speaks his native language, for he is a liar and the father of
lies” (John 8.44). This depiction is perfectly
adequate for David as he is used to
telling lies which have painful
and serious consequences for others. It
is very possible
that Baldwin knew these passages and depicted his character
with those moral features as a kind of demon on
Earth or someone over whom the
Devil has either power or influence.
Additionally, lies work
as a kind of tool to control reality for
him. David believes that by his
own will, that take the
form of repetitive falsities, he can change reality and be saved
from earthly and eternal judgement. This serves as an example of
Neo-Pelagianism as the Dicastery for the
Doctrine of the Faith warns against because
of the hegemonic
form of extreme individualism that has been occurring ever since the
20th century due
to capitalism (1). David confesses that he was “one of
those people who pride themselves
on their willpower, on the
ability to make a decision and carry it through”,
adding that “People who believe that
they are strong-willed and the masters of
their destiny can only continue to believe this by
becoming specialists in self-deception” (18). He regretfully
admits his falsity in considering himself in control of his life, as Kent points out (87). Pearl also considers this to be a mere “delusion” whose outcome is frustration
and pain (65). David continues reflecting
on will and self-satisfaction admitting the presence of
“evasion” from reality because
of shame and fear (18). Pearl sees this in causal terms, by stating that
it is fear
itself that prevents action, leading events to happen as time goes on, while
personal inability to face the truth
produces shame and embarrassment
(71). It should be said that such
a fantasy is also experienced by Giovanni himself because David narrates that “he was trying,
with his own strength, to
push back the encroaching walls, without, however, having the walls
fall down” (102). Those walls of
the room are regarded as a prison, according to Bercuci,
which are not only constructed by bricks, but
also by David’s
lies (203). Even Hella tells
him off about his habit of
changing his mind and breaking promises: “Well, the fact that you’re
going to be married to me doesn’t mean you have to break your
word to your
friends” (117). It is noticeable that
their relationship has not been very
long, but the fiancée has already realised the unfair treatment
David has with his beloved ones, in this case, friends (specifically, the easiness with which
he disposes of everyone according to his interests
without concern for their feelings).
This behaviour, which
seems to be the result of
lacking morality and responsibility for his actions, takes
the form of a “prophecy” in David’s terms: “But it allowed all
of Hellen’s prophecies about me to come true. She had said that there
would come a time when nothing and nobody would be able to
rule me, not even my father. And that time certainly came” (14). The fact that the word
“prophecy” is employed is not
accidental. On the contrary, it involves
religious connotations and directly relates to the influence of
Pentecostalism in Baldwin’s
life. The role played by the individual relationship with God is one of
the key aspects
of Pentecostal theology, according to Field’s
article (446). Thus, it is through the
people around David and his personal experience that God (through the Holy Spirit) communicates with David and warns him against his
despicable attitude and unhappy future. Another very good example
of this prophetic
style takes the form as well
of what is
known as “word of knowledge”, when David looks at Giovanni and foresees the disgrace
that is about
to come: “I watched him as though I were watching an
imminent disaster from miles away” (114). This gift of
the Holy Spirit took place
as well in his first homosexual encounter and they both have
in common the atmosphere of disgrace,
fear and sadness.
The utilitarianism of
David’s behaviour is exemplified in his vision of
marriage and women. First, it has already been said that
in the Bible sexual activity
has the purpose of human reproduction (Gen.
1.27-28). Nonetheless, David says
that he “wanted a woman to be for
me a steady ground” (93). His wife would
simply be an object to secure
his privileges as a
heterosexual, male, American citizen. Moreover, he considers reproduction merely as a problem as it is
proven here: “I wondered if she
had done anything to prevent herself
from becoming pregnant; and the thought of a child
belonging to Sue and me, of being trapped
that way” (89). He does not respect
God’s will concerning human offspring through sex, but merely the satisfaction
of his ego and the fulfilment of his attempts
to prove his manhood and heterosexuality. Hella also breaks with the
original sense of marriage as she believes that “we might get
married now and stay married for
fifty years and I might be a stranger to you every
instant of that time and you might never know
it” (111). They cannot or refuse to
appreciate the supernatural
character of marriage as a divine order whose objective is the augmentation
of God’s creation. However, they merely reduce it to its
most carnal superficiality based on boredom
of each other
as time goes by. Consequently, their secular vision of marriage
does not relate to that of
the Italian woman who recommends
David to “go and find yourself another
woman, a good woman and get married,
and have babies. Yes,
that is what
you ought to do” (60). It should be clarified that the conservative perspective these quotations have might be considered certainly antiquated, but it must
be said as well that it is
the base on which Christianity has had its foundations
and the lack of consideration for these aspects
would entail a breaking with tradition
and impoverishment of the subject of
study and the sources. As a result, it cannot be criticised
that the character of this
old woman considers as desirable only heterosexual marriage, without considering the possibility of happiness in other sexual orientations, as her religious beliefs
sustain these recommendations.
A remedy that is given to
put confidence to God is the
prayer. While talking to the previously
mentioned old woman, David is asked if he prays,
to what the
answer is “No. Not often”. She also asks if he is
a believer, and the answer is a simple “Yes”. Last, the lady recommends him he must pray
as “Even just a little prayer, from time to time. Light a candle. If it were
not for the
prayers of the blessed saints
one could not live in this
world at all” (61). This Catholic woman (who seems to
be also a channel of the Holy Spirit talking through a human) gives him a piece
of advice that involves admitting
one’s own inability to stay
in charge of everything that happens in the world, an idea that David could not conceive
at all due to his confidence
in his own strength. Besides, just before saying
goodbye, she repeats her advice
again: “One must make a little
prayer from time to time” (62). The reinforcement of this idea that
Baldwin develops in this passage gives the
recommendation special importance although she was not
Pentecostal or from any other Protestant
denominations.
It is useful to seek for
the roots of his ideas now.
First, the passages of the Bible where homosexuality is condemned should
be recalled. The eldest is: “You shall not lie with a male as with a woman; it
is an abomination”
(Lev. 18.22). It regards homosexuality as a criminal action
against human nature, a perspective that is not shared
by Giovanni as he reproaches
David that he only wants “To find
out, to find
out, you keep saying, as though we were
accomplices in a crime”. Nevertheless, David argues that “it is a crime” (72). It is true that at first sight he only worries about
the social punishment that could come in the United States, but the reality is that the origins
of those homophobic measures are in the Christian foundations of the Western world, as the already
mentioned passages express. This interiorisation
of homophobic ideas leads him to moral suffering
in his life, and he complains that “then anguish and fear had become
the surface on which we
slipped and slid, losing balance, dignity and pride” (67). It is interesting how he describes his relationship (something with which he should
be comfortable and happy)
in metaphorical terms of loss of
balance that provoke humiliation and lack of respect concerning
one’s own value. Armengol remarks that the crime-like
nature of homosexuality was widespread in the USA during the Cold
War as they were considered a threat to the general well-being (671). Besides, the author states
that in the novel features such as heterosexuality and masculinity
are reasons to be proud of, which
directly relates to the mentioning of “pride” and “dignity” (681). This form of self-sufficiency
is also exemplified
by Jacques’ reproach to David when the
first one says that he should
stop pretending “that immaculate manhood that is your
pride and joy” (27). This obsession about appearance is perfectly explained
by Pearl, who points out how
the problem is found in being
publicly gay, which is to say,
as long as the person does not
prove his homosexuality outdoors, there is nothing
to be anxious about (77).
DeGout states in her
work that his inability to
embrace his true self prevents him from
loving authentically (428).
This might well explain his
lack of morality
in the decisions he makes throughout the novel. Additionally, as previously
explained, Pearl argues that
he tries to convince himself that the
others also feel the same
desires and impulses he suffers
from in order not to be the
only guilty one in his mind
(67). That is the reason why
he expresses disgust for people who
he considers inferior (inferiority
that comes from accepting their true homosexual nature and showing it without fear).
For instance, talking about his friend
Jacques, David acknowledges that
“I understand now that the contempt
I felt for him involved my
self-contempt” (21). It should be borne in mind that previously he characterised most people as “fool” or “cowards” and “most people are both” (20). It poses a confessional style where he is embarrassed
by his actions
and admits his guilt and cowardice. Another group he repudiated at first were “les folles” who were “always dressed
in the most improbable combinations, screaming like parrots the
details of their latest love-affairs
– their love-affairs always seemed to
be hilarious” (24). This is another proof
of the problem
he has with anyone who is publicly
homosexual. At the end of the day,
“les folles” were free of
social prejudices and did not care about public opinion, only about enjoying
themselves by accepting their nature and desires, what brought them
joy. His anguish comes to the point of
even feeling repugnance for Giovanni: “With this fearful intimation
there opened in me a hatred for Giovanni which was as powerful
as my love and which was nourished
by the same
roots” (75). Thus, intimacy
for David is a sign of weakness
and the recognition of his weakness
is intolerable, so his
interior reaction can only
be fury and hatred. Pearl remarks how David relates cowardice and weakness with effeminacy, something he cannot show at all, as he tries to maintain a surface
of strength and masculinity (67). As a matter of fact, when
Giovanni is exhausted and cannot continue any longer he bursts into tears but
David’s reaction is the following:
“while I felt his anguish entering
into me, like acid in his sweat,
and felt that my heart would
burst for him, I also wondered,
with an unwilling,
unbelieving contempt, why I had ever
believed him strong” (94). It is shocking how
in a moment of suffering, when his supposedly beloved one is
crying, he cannot avoid regarding him as weak and consequently effeminate. Without a doubt, for David, the expression of feelings
is an error that humiliates
people.
David’s inability of accepting reality
creates, in Giovanni’s terms, an “English melodrama” that only causes suffering (73). Unfortunately, the existence of
this melodrama is grasped by all
characters except David himself. For example, Guillaume warns Giovanni of the mistake he is making and the
consequences it will have: “he said that you
were an American boy, after all, doing things
in France which you would not dare
to do at home, and that you would leave
me very soon” (96). Guillaume’s hypothesis is defended by Kent, who argues in her research paper that the fact
of being in a foreign country is the reason why
David goes wild and does whatever he pleases (87). This directly relates to the previously
mentioned idea about
American homophobia and its
sociopolitical consequences,
which leads David to behave as an exemplary
citizen (i.e., heterosexual, as sexuality
and morality are interrelated),
as long as he is under the supervision
of American authorities. Therefore, such a situation, as DeGout defends, renders both David and
Giovanni victims of a lie from which they
cannot escape because of their inability
to realise what they are
going through (432). It is sad
that Guillaume’s “prophecy” also comes true at the end, which
causes outrageous pain in
Giovanni against David’s apathy: “If you
cannot love me, I will die. Before you came I wanted
to die, I have told you many
times. It is cruel to have made
me want to live only to
make my death
more bloody” (122). The way
David manipulates others’ destiny makes him
acquire a God-like nature as he seems to admit to
Hella when he argues that
Giovanni thinks of him as if he were
God (120). It is likely that he rejoices in that belief, as his Neo-Pelagian self-satisfaction and sufficiency as well as his impassivity towards the other
characters prove.
Next, the focus
is on the
fatal outcome of what has been depicted
until now. Here, the religious turn
that takes place in the last pages
is very significant.
To begin with, after having murdered Guillaume, Giovanni is reported in the newspapers to have
“repented, called on God, wept that
he had not meant to do it”
(135). It is remarkable how despite the general secular tone of the
novel up to that moment, when the
end is approaching,
Giovanni turns to God as his only hope (David’s divinity is replaced due
to the discovery
of his real weak and false essence). It is also
David who thinks of divine mercy and, quite interesting for a non-Catholic
novel, the sacrament of confession and the intercessory power of Virgin Mary (148). David
appears to admit the real power of penitence and the presence of
Jesus’s mother too. Besides, he continues with a reflection on God’s grace
and salvation in a prayer-like
style: “Yet, the key to
my salvation, which cannot save
my body, is hidden in my
flesh” and “I must believe, I must believe, that the
heavy grace of God, which has brought me to this place, is all that
can carry me out of it” (149). The first idea is directly
related to the warning
given by Saint Paul: “For this reason God gave them up to
dishonourable passions. Their women exchanged
natural relations for unnatural, and the men likewise gave
up natural relations with women and were consumed with passion
for one another,
men committing shameless acts with men and receiving
in their own persons the due
penalty for their error” (Rom. 1.26-27). David just
waits for his punishment, but not an
earthly one, but a divine penalty, as his selfishness and sexual
impulses have caused ineffable suffering and knows God condemns that kind of
attitude.
Field argues in his essay
that, for Baldwin, the only way
to obtain salvation was through
sharing pain with loved ones
and embracing God’s love (450). In addition, sex done
with love had supernatural effects and brings humans closer
to divinity (452). However, throughout the novel there are examples of banal sexual encounters where there is no love,
but merely desire. For instance, Jacques is said to
be incapable of “trusting a living soul” (21). Consequently, the fact that
he cannot rely on anyone prevents
him from establishing authentic love relationships and then obtain happiness
(the same can be said for David as it has been proven).
Lynch remarks how this earthly happiness
must be accompanied by divine joy, as they are both complementary
and need each other (294). Baldwin himself insists on his
essay “The Male Prison” on the importance
of love as a redemptory action. By means of
not embracing one’s true self, there is only
space for self-deprecation, anguish, sexual
obsession and unhappiness
(136). Those consequences
are perfectly relatable to David’s case as previously analysed. It should be said
that in “Preservation of Innocence”, Baldwin set the
Garden of Eden as a paradise
where there was no alienation nor prejudices as sexual orientation did not exist (596). It is precisely
this place that Jacques refers to in the
novel complaining about the fact that
“Nobody can stay in the garden of
Eden” (22). This prohibition
finds his roots in the expulsion
of Adam and Eve in the first place, but from a secular perspective (to which Jacques might be referring to) this ban comes from sexual prejudices found in society. Besides, this character
(who may well represent Baldwin’s own opinions)
admits that his happiness comes from the fact
that, when it comes to his
sexual encounters, “there is no affection in them, and no joy. It is like
putting an electric plug in a dead socket. Touch but no contact. All touch,
but no contact and no
light” (49). What a remarkable
simile as it expresses homosexual relation in terms of lightness.
As a result, Jacques/Baldwin states
that if carried
conveniently, a homosexual couple
can lead to sainthood as much as a heterosexual one (if love and mutual care are the pillars of
the relationship).
4.
CONCLUSIONS
The conclusions will
now follow the order of
the objectives. Firstly, there is no doubt the
original texts of Christianity condemn homosexuality as a sin against God’s will. The reason for this
stance resides in the inability to fulfil
God’s order to Adam and Eve in the Garden of Eden, which is to say,
that of preserving
humankind by means of reproduction.
This could only be obtained biologically by a woman and a man, so the fact that
same-sex couples have sexual relationships is infertile and, from a Christian perspective, useless. That is
the reason why later canonical texts also repudiate
homosexuality as a deviance,
as the maintenance of tradition plays
an important role in the Church.
Secondly, Pentecostalism is
not very present in the novel. As a matter of fact,
the only theological basis of this denomination that is constantly
present is the use of different
characters by the Holy Spirit to warn David and Giovanni, such as the old lady and quite remarkably Jacques’s case, who also seems
to be Baldwin’s narrative voice.
Thirdly, it can be concluded
that David meets the criteria to
be considered as a Neo-Pelagian
character from a Catholic point of view.
However, it is useful to
detail that his selfish and even cruel behaviour does not relate to this heresy,
but it is
simply a feature added to the
character by Baldwin. It has also been
demonstrated that his morality changes
as time passes in the
novel. Thus, he appears to reach the conclusion
that human beings are not self-sufficient and need God’s grace
up to the point of hinting
Catholic values after witnessing
Giovanni’s last moments in the quotes previously cited, such as the communication prayer poses, Virgin Mary’s intercessory power and the role of the
sacrament of penitence. It is
precisely this last example that
plays a major role in the novel structure as it is written
in a confessional style. There is no doubt
about the fact that David regrets his previous
behaviour, and he expresses
his sorrow as a confession, where he may well wait
not only for God’s absolution,
but also for the reader’s
pardon (at the same time that his intimate mea culpa serves
as a cautionary tale against
the dangers of not embracing
one’s true self). Then, what at first was
a profound belief in Neo-Pelagianism becomes an embrace of sorrow
and an acknowledgement of human weakness to act independently.
Last, it should
be clarified that the studies concerning
religious aspects in
Baldwin are not abundant. On the contrary,
sociopolitical themes are the vast majority.
It is precisely
the reason why this paper
encourages future research about the religion
in Baldwin’s fiction and essays.
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.
VERBEIA JOURNAL OF ENGLISH AND SPANISH STUDIES
REVISTA DE ESTUDIOS
FILOLÓGICOS
2026
ISSN
2444-1333
Año XII, Número 11
Victims of
the Romantic Ideal: Representation of Female Emotional Dependence in Laurela
and Miss Havisham
Inmaculada Caro Rodríguez
Universidad Internacional de La Rioja
(UNIR)
inmaculada.caro@unir.net
https://orcid.org/0000-0002-7753-7100
Recibido. Received
31/03/2025
Aceptado. Accepted
18/04/2026
Publicado. Published
30/04/2026
ABSTRACT
The idealization of romantic love as a cultural
construct has been the subject of literary criticism due to its effects on
female subjectivity, especially in contexts where women are linked to amorous
models that condition their identity and autonomy. Within this framework, a
comparative analysis is carried out of Laurela in Amar solo por vencer by María de Zayas
and Miss Havisham in Great Expectations by Charles Dickens, using a
comparative textual analysis with a philological approach. Common patterns of female
victimization and social marginalization are identified in both historical
contexts, arising from the internalization of idealized models of love and
emotional dependence on the other, which reveals the persistence of structures
that shape female subjectivity as dependent on a loving ideal and transform
romantic idealization into a mechanism of control and social exclusion of
women. To this end, patterns of social marginalization are identified in both
historical contexts, so that the comparison may reveal the persistence of
structures conditioning female emotional attachment.
KEYWORDS: Laurela, Miss Havisham, romantic love and dependence.
Víctimas del ideal amoroso: representación de la
dependencia emocional femenina en Laurela y Miss Havisham
RESUMEN
La idealización del amor romántico como constructo
cultural ha sido objeto de crítica literaria por sus efectos sobre la
subjetividad femenina, especialmente en contextos donde la mujer se ve sometida
a modelos amorosos que condicionan su identidad y autonomía. En este marco, se
analiza comparativamente a Laurela, en Amar solo por vencer de María de
Zayas, y a Miss Havisham, en Grandes esperanzas de Charles Dickens,
mediante un análisis textual comparativo con enfoque filológico basado en
parámetros comunes de marginación social en ambos contextos históricos,
derivados de la internalización de modelos amorosos idealizados y de la
dependencia emocional respecto al otro, que configuran la subjetividad femenina
como vinculada a un ideal amoroso y lo transforman en un mecanismo de control y
exclusión social de la mujer. Para ello, se identifican patrones de marginación
social en ambos contextos históricos con el fin de que la comparación revele
aspectos que aún condicionan la vinculación emocional femenina.
PALABRAS CLAVE: Laurela, Miss Havisham, amor romántico y
dependencia.
Cómo citar:
Caro Rodríguez, Inmaculada. “Víctimas del ideal amoroso: representación
de la dependencia emocional
femenina en Laurela y Miss
Havisham”. Verbeia, 11, 2026, pp. 54-78.
1. INTRODUCCIÓN
El amor romántico se ha construido
como baluarte de la mujer en la tradición literaria occidental, generando
representaciones en las que la idealización amorosa se relaciona con el
sufrimiento y la dependencia. Este estudio examina dos personajes femeninos,
separados por dos siglos y contextos socioculturales distintos: Laurela,
protagonista de Amar sólo por vencer
(incluido en Desengaños amorosos,
1647) de María de Zayas y Sotomayor, y Miss Havisham,
de Grandes esperanzas (1860-61) de
Charles Dickens. Ambas figuras femeninas encarnan las consecuencias
devastadoras de subordinar sus vidas al ideal de la perfección amorosa,
convirtiéndose en prisioneras de una idealización que las conduce a la
marginación social y, en última instancia, a la muerte.
La elección de estos personajes no es
arbitraria. Laurela representa la situación de la mujer en la España barroca
del siglo XVII, donde el honor familiar y la honra social determinaban
completamente el destino femenino, ofreciendo únicamente dos opciones
legítimas: el matrimonio o el convento. María de Zayas, escritora que participó
activamente en la denominada “querella de las mujeres” (Muñoz y von Tippelskirch 10) utiliza sus Desengaños amorosos como vehículo de
denuncia contra la opresión patriarcal, presentando casos extremos de
victimización femenina para evidenciar la necesidad de cambio social. Por su parte, Miss Havisham
se encuentra en el contexto de la Inglaterra victoriana, donde las expectativas
sobre el ángel del hogar, siguiendo la idea expresada por el poeta Coventry
Patmore en The angel
in the house, publicado
inicialmente en 1854 y ampliado en 1862, incide en cómo el entorno ideal para
la mujer es el matrimonio. Esta idea coexistía con una creciente autonomía
económica para algunas mujeres de clase alta. Dickens construye este personaje
como figura gótica que encarna los peligros del amor frustrado, aunque la
crítica feminista contemporánea ha reinterpretado su figura como símbolo de
resistencia ante las convenciones victorianas.
La distancia temporal de dos siglos
entre ambas obras plantea la pregunta fundamental que motiva este estudio: ¿por
qué la representación del amor idealizado como trampa destructiva para las
mujeres persiste a través de contextos históricos tan diversos? La comparación
entre el barroco español y la sociedad victoriana inglesa revela continuidades
en las estructuras sociales que condicionan la subordinación afectiva femenina,
pese a las diferencias sustanciales en organización social, marco legal y expresión
cultural.
Si bien el contexto barroco español
se caracteriza por el control familiar y un sentido comunitario del honor,
donde la transgresión femenina amenaza la reputación de un linaje en su
totalidad, el contexto victoriano inglés, aunque presenta un aparente mayor
individualismo, mantiene expectativas rígidas sobre cuál debe ser el
comportamiento femenino apropiado. Ambos sistemas, no obstante, comparten la
construcción del matrimonio como destino único legítimo para la mujer y
castigan con severidad la desviación de las estructuras sociales. La justificación académica de este
estudio radica en varios aspectos. En primer lugar, aunque existen numerosos
estudios sobre María de Zayas y abundante crítica sobre Dickens y Grandes
Esperanzas, la comparación específica entre Laurela y Miss Havisham
no se analiza de forma comparativa a nivel académico. En segundo lugar, el
análisis comparativo entre literatura española e inglesa, en base a períodos
históricos distintos, permite identificar patrones transnacionales y transtemporales en la representación de la subordinación
femenina. Finalmente, ambos textos ofrecen perspectivas diferentes sobre
posibles vías de escape: mientras Zayas vislumbra en la comunidad conventual
femenina un espacio alternativo de sororidad, Dickens resuelve la anomalía que
suponía Miss Havisham con su destrucción, restaurando
así el orden social victoriano.
2. OBJETIVOS
Todas esas peculiaridades hacen que
el objetivo general de este trabajo sea analizar las semejanzas y diferencias
en la construcción literaria de Laurela y Miss Havisham,
poniendo en diálogo los contextos históricos específicos y la crítica literaria
existente sobre ambos autores. A nivel específico, los objetivos son los
siguientes:
-Identificar los
mecanismos narrativos mediante los cuales Zayas y Dickens representan la
idealización del amor y sus consecuencias.
-Examinar cómo
cada autor contextualiza la situación de la mujer dentro de su marco
sociocultural específico
-Determinar qué
similitudes estructurales existen, pese a la distancia temporal, en la
representación del amor romántico como fuerza destructiva
-Evaluar las
diferentes propuestas de resolución que cada autor plantea para sus personajes.
3. MARCO TEÓRICO
El análisis comparativo de Laurela y
Miss Havisham requiere un marco teórico que articule
la construcción histórica del amor romántico como dispositivo de control social
y su impacto en la subjetividad femenina. Este marco se estructura en tres ejes
fundamentales: primero, la genealogía filosófica y religiosa que ha
naturalizado la dependencia emocional femenina; segundo, las aportaciones de la
teoría feminista sobre el amor como mecanismo de subordinación; y tercero, los
conceptos de honor, honra y emparedamiento como manifestaciones del control
patriarcal en ambos contextos históricos.
3.1. La construcción filosófica y religiosa del amor como destino
La idealización del amor como fuerza
que completa la existencia humana tiene sus raíces en la filosofía platónica.
En El banquete, Platón establece el mito del andrógino y la búsqueda de
la "otra mitad" para alcanzar la "belleza suprema" (16),
configurando así la idea de incompletitud que requiere ser subsanada mediante
la unión amorosa. Esta concepción filosófica resulta particularmente relevante
para comprender cómo tanto Laurela como Miss Havisham
interiorizan la noción de que su existencia carece de sentido pleno sin el amor
del otro. Sin embargo, el propio Platón advierte en Fedro que el amor
sometido a leyes sociales puede destruir su pureza ideal, precisamente lo que
experimentan ambas protagonistas cuando el amor se convierte en imperativo
social regulado por normas de honor y matrimonio.
La tradición cristiana refuerza esta
construcción al presentar el amor como virtud fundamental y mandato moral. San
Pablo, en su Primera Epístola a los Corintios, proclama: "Si no tienes
amor, la elocuencia de tu discurso se convierte en ruido" (1 Corintios
13:3), estableciendo el amor como condición esencial de la virtud. Más
significativo aún para comprender la trampa ideológica que aprisiona a los
personajes femeninos analizados es el versículo que establece: "Todo lo
sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta" (1 Corintios
13:6-7).
Esta definición del amor como
sufrimiento virtuoso y tolerancia infinita ha sido históricamente
instrumentalizada para exigir a las mujeres que soporten cualquier
circunstancia por amor, transformando la subordinación en deber moral. La
inclusión de estas referencias bíblicas no responde a un análisis teológico,
sino al reconocimiento de que estos textos constituyeron durante siglos la base
educativa y moral que configuró las expectativas femeninas sobre el amor,
especialmente en la España barroca de Zayas.
No obstante, la propia tradición
bíblica contiene advertencias sobre los peligros de dejarse guiar
exclusivamente por el sentimiento amoroso: "Engañoso es el corazón más que
todas las cosas, y perverso; ¿quién lo conocerá?" (Jeremías 17:9). Esta
tensión entre el mandato de amar y la advertencia sobre el engaño del corazón
refleja la contradicción fundamental que atrapará a Laurela y Miss Havisham: se les exige entregarse completamente al amor
mientras simultáneamente se las responsabiliza de cualquier error de juicio en
la elección o confianza depositada en el amado.
San Agustín sistematiza esta doctrina
en Sobre la doctrina cristiana, donde establece que vivir justamente
implica mantener un "amor ordenado" que ni ame lo que no debe amarse
ni deje de amar lo que debe ser amado (45). Esta jerarquización del amor
consolida la idea de fidelidad e indisolubilidad como valores absolutos,
especialmente vinculantes para las mujeres, quienes debían mantener lealtad al
amado incluso ante el engaño o abandono, como evidencian ambas protagonistas
analizadas.
3.2. La filosofía moderna y la naturalización de la diferencia
sexual en el amor
El pensamiento moderno profundiza la
construcción del amor como ámbito específicamente femenino mediante la
naturalización de la diferencia sexual. Descartes, al establecer la conexión
entre alma y cuerpo, distingue entre amor racional y pasional, concluyendo que
incluso el amor racional contiene pasión (Bosch et al., 2007). Esta aparente
universalización del sentimiento amoroso encubre, sin embargo, una división que
se consolidará en siglos posteriores. Pascal, por su parte, une amor y razón
mediante su distinción entre "espíritu de geometría" —lo palpable y
cuantificable— y "espíritu de finura" —lo intuitivo y sentimental—
(19), estableciendo así una dualidad que será posteriormente asignada a hombres
y mujeres respectivamente, haciendo del matrimonio la única unión legítima que
reconcilia ambas dimensiones.
Francis Bacon introduce la distinción
moral entre el amor virtuoso y el "Wanton love"
o amor desenfrenado (Eliot 37), categoría esta última que sirve para condenar
cualquier expresión del deseo femenino fuera de los cauces matrimoniales
establecidos. El pensamiento de Maquiavelo, aunque aparentemente pragmático,
refuerza esta estructura al considerar el matrimonio como estrategia de ascenso
social y estabilidad política, despojándolo de cualquier dimensión emocional
auténtica y convirtiéndolo en transacción que las mujeres deben aceptar como
destino natural.
Asimismo, la filosofía romántica del
siglo XIX, con Hegel, Fichte y Schopenhauer, consagra definitivamente la
división sexual: los hombres representan la razón, el espíritu y la acción en
el mundo público; las mujeres encarnan el sentimiento, la emoción y el cuidado
en el ámbito doméstico. Esta naturalización de la diferencia resulta
fundamental para comprender el contexto victoriano de Miss Havisham,
donde pese a la aparente mayor libertad económica de algunas mujeres, la
sujeción emocional permanece intacta.
Rousseau también proporciona el
fundamento educativo de esta división en Emilio o De la Educación
(1762), donde establece sistemas educativos radicalmente distintos para niños y niñas, preparando a estas últimas exclusivamente
para el matrimonio y la maternidad (Boros, 2007). Esta educación diferenciada
garantiza que las mujeres interioricen desde la infancia su incompletitud y la
necesidad del amor masculino para alcanzar plenitud, precisamente la trampa
ideológica en la que caen tanto Laurela como Miss Havisham.
Finalmente, el Romanticismo populariza el matrimonio por amor como ideal,
presentándolo como conquista de la libertad individual frente a los matrimonios
arreglados. Sin embargo, esta aparente liberación mantiene intacta la
subordinación femenina: aunque las mujeres pueden elegir al amado, siguen
confinadas a roles tradicionales en el ámbito privado, y el amor se convierte
en la cadena que ellas mismas forjan.
Como respuesta a estas estructuras
surgen voces críticas como la de Mary Wollstonecraft, quien en Vindicación
de los derechos de las mujeres (1792) defiende la educación igualitaria
como condición necesaria para la autonomía femenina. Thomas Carlyle, filósofo
influyente en la época victoriana, revela cínicamente el verdadero carácter del
matrimonio al afirmar: "la música en una boda me hace siempre pensar en la
que acompaña a los soldados que van a la guerra" (24), reconociendo
implícitamente el matrimonio como sacrificio y obligación social más que como
plenitud amorosa.
3.3. La crítica feminista del amor como mecanismo de
subordinación
La teoría feminista del siglo XX
desmantela sistemáticamente la naturalización del amor romántico, revelándolo
como construcción ideológica que perpetúa la subordinación femenina. Ortega y
Gasset, desde una perspectiva no feminista pero igualmente crítica, reconoce:
"El amor más que un poder elemental, parece un género literario"
(70), en otras palabras, una fantasía cultural materializada y proyectada sobre
personas concretas. Esta observación resulta crucial para el análisis literario
comparativo aquí propuesto; la idea del amor presentada por Zayas y Dickens no
refleja simplemente sentimientos individuales, sino estructuras narrativas
culturalmente codificadas que configuran las expectativas y experiencias
femeninas.
La filósofa Simone de Beauvoir
proporciona el marco teórico feminista al describir el amor femenino
tradicional como "amor enajenado y enajenante" que impide a las
mujeres vivir "el yo misma" (65), manteniéndolas perpetuamente
pendientes del otro masculino que las define y valida. Esta enajenación resulta
de la construcción de las mujeres como "el Otro" (70) en oposición al
sujeto masculino universal, configurándolas como seres relacionales cuya
identidad depende de su vínculo con el hombre. Tanto Laurela como Miss Havisham ejemplifican esta enajenación: al perder al amado,
pierden tanto una
relación como su propia identidad y posibilidad de existencia social legítima.
En la obra El contrato sexual
(1988) de Carole Pateman señala que la supuesta
separación entre esfera pública y privada encubre la continuidad del dominio
masculino: el contrato matrimonial, presentado como acuerdo entre iguales,
oculta un contrato sexual previo que establece el derecho de los hombres sobre
las mujeres. Esta perspectiva permite comprender por qué tanto en el contexto
barroco español como en el victoriano inglés, aparentemente tan distintos en
sus formas legales, las mujeres que fracasan en el proyecto matrimonial sufren
consecuencias devastadoras: no han incumplido simplemente un contrato individual sino que han amenazado el orden patriarcal que
sostiene todo el sistema social.
Siguiendo la perspectiva de Kate
Millet el amor romántico se contextualiza como "el opio de las
mujeres", en analogía con la crítica marxista de la religión, señalando
que el amor idealizado adormece la conciencia crítica femenina y perpetúa la
dependencia emocional al presentarse como aspiración natural más que como
mecanismo de control social. Esta perspectiva resulta pertinente para analizar
cómo ambas protagonistas, educadas en la idealización amorosa, carecen de
herramientas conceptuales para reconocer las estructuras que las subordinan,
experimentando su sufrimiento como fracaso personal más que como efecto de un
sistema opresor. Para Almudena Hernando la
distinción entre "sujeto de carencia" y "sujeto de interés"
(43) son conceptos muy apropiados para entender este tipo de amor; el
patriarcado construye a las mujeres como sujetos de carencia: seres incompletos
que necesitan del otro masculino para alcanzar plenitud. Simultáneamente, les
niega la posibilidad de constituirse como sujetos de interés, es decir, como
seres valiosos en sí mismo e independientes de su relación con los hombres.
Laurela y Miss Havisham encarnan perfectamente esas
características: educadas para entenderse como seres que requieren completarse
mediante el amor, carecen de espacios sociales que les permitan desarrollarse
como sujetos con autonomía existencial. Su aniquilación social al fracasar sus
respectivos intereses amorosos demuestra que, en ausencia del hombre que debía
completarlas, su existencia pierde legitimidad dentro del orden establecido.
3.4. Honor, honra y emparedamiento: el castigo a la transgresión
femenina
El análisis
comparativo requiere atender a las manifestaciones específicas del control
social en cada contexto histórico. En la España barroca de Zayas, el sistema de
honor y honra estructura las posibilidades vitales de la mujer. El honor,
dimensión privada vinculada a la virtud sexual y la honra, su manifestación
pública como reputación social, funcionan como mecanismos de control que
exceden al individuo para afectar al linaje completo. Una mujer deshonrada
arruina su propia y mancha la reputación familiar entera, justificando castigos
extremos como el emparedamiento que sufre Laurela. La muerte de Laurela bajo el muro que su
familia construye para emparedarla simboliza literalmente cómo el peso de las
estructuras patriarcales aplasta a quienes intentan transgredirlas.
En el contexto
victoriano inglés, el control adopta formas aparentemente más psicologizadas pero igualmente efectivas. El ideal del ángel
del hogar, popularizado por Coventry Patmore en The angel
in the house (1854),
establece expectativas rígidas sobre el comportamiento femenino apropiado,
presentando la domesticidad y la abnegación como naturaleza femenina. Miss
Havisham, al autoemparedarse voluntariamente en Satis House tras el abandono, no sufre
castigo físico impuesto externamente pero internaliza
tan profundamente el fracaso social que ella misma ejecuta su propia exclusión.
Esta diferencia revela la sofisticación creciente del control patriarcal:
cuando las estructuras ideológicas logran interiorizarse completamente, las
mujeres se convierten en guardianas de su propia subordinación, haciendo
innecesaria la coerción externa.
El marco
narrativo de Desengaños amorosos resulta significativo en este contexto:
las mujeres se reúnen en casa de Lisis para contarse historias de victimización
femenina, y la conclusión colectiva apunta al retiro conventual. Zayas
resignifica así el convento como heterotopía foucaultiana: espacio real que opera con lógicas
alternativas a las del mundo exterior, permitiendo a las mujeres existir fuera
de su definición como hijas, esposas o madres.
Este marco
contrasta radicalmente con la resolución dickensiana:
Miss Havisham debe morir para que el orden social
victoriano se restaure, sin que se vislumbre espacio alternativo alguno para
mujeres que no se ajustan a la norma. Este marco teórico, que articula la
genealogía filosófica del amor idealizado, la crítica de sus efectos
subordinantes y las manifestaciones históricas específicas del control social, proporciona las herramientas conceptuales necesarias
para el análisis comparativo de Laurela y Miss Havisham.
4.
METODOLOGÍA
Este estudio adopta un análisis textual comparativo con enfoque
filológico para examinar la construcción literaria de Laurela en Amar sólo por vencer de María de Zayas y
Miss Havisham en Grandes
esperanzas de Charles Dickens. La metodología se fundamenta en la
identificación de patrones comunes de marginación social y subordinación
afectiva femenina en ambos contextos históricos, derivados de la
internalización de modelos amorosos idealizados y de la dependencia emocional
respecto al otro.
El análisis se estructura mediante cuatro categorías analíticas
que permiten identificar tanto convergencias como divergencias significativas
en la representación de la sujeción sentimental femenina. En primer lugar, se
examina el contexto sociohistórico y la situación inicial de cada personaje,
considerando las estructuras sociales que condicionan el destino femenino en la
España barroca del siglo XVII y la Inglaterra victoriana del siglo XIX. Esta
categoría permite comprender cómo el honor familiar en el contexto de Zayas y
las expectativas matrimoniales en el contexto dickensiano
determinan las opciones vitales disponibles para ambas protagonistas.
Además, se analizan los rasgos de personalidad y las respuestas al
trauma, examinando cómo cada personaje procesa la frustración amorosa y las
estrategias de supervivencia que desarrollan frente a la exclusión social. Este
análisis contempla las diferencias entre la respuesta pasiva de Laurela,
caracterizada por la búsqueda de invisibilidad, y la respuesta activa de Miss Havisham, manifestada en su reclusión voluntaria y su
proyecto vengativo. Seguidamente, se relacionan a ambas protagonistas con la
vinculación emocional, identificando los mecanismos mediante los cuales la
idealización del amor romántico opera como fuerza destructiva en sus vidas y
cómo la transgresión de las normas amorosas conduce a consecuencias
devastadoras.
También se examina la evolución narrativa y el destino final de
cada personaje, prestando especial atención a las propuestas de resolución que
cada autor plantea. Esta dimensión del análisis resulta fundamental para
comprender las diferentes posiciones ideológicas de Zayas y Dickens respecto a
la situación de la mujer en sus respectivos contextos, así como las
alternativas que vislumbran o niegan a sus personajes transgresores.
El corpus textual primario está constituido por Desengaños amorosos (1647) de María de
Zayas, específicamente el Desengaño
número 6, y Grandes esperanzas
(1860-1861) de Charles Dickens. El análisis se complementa con fuentes
filosóficas y teóricas que permiten contextualizar la construcción histórica
del amor romántico como constructo cultural, incluyendo textos de Platón, San
Agustín, Descartes, Pascal, Rousseau y pensadores contemporáneos como Simone de
Beauvoir, Carole Pateman y Almudena Hernando. Asimismo,
se incorpora crítica literaria especializada sobre ambos autores y sobre la
representación de la subordinación femenina en la literatura.
La comparación transnacional y transtemporal
permite identificar estructuras ideológicas profundas más allá de contextos
específicos, revelando la persistencia de patrones de dependencia emocional
femenina a través de distintas épocas y marcos socioculturales. Este enfoque
comparativo es particularmente productivo porque, pese a las diferencias
sustanciales en organización social, marco legal y expresión cultural entre la
España barroca y la Inglaterra victoriana, ambos sistemas comparten la
construcción del matrimonio como destino único legítimo para la mujer y
castigan severamente la desviación de estas expectativas. El análisis se apoya en la
construcción de tablas comparativas que sistematizan las características de
ambos personajes según las categorías analíticas establecidas, facilitando la
identificación de patrones comunes y divergencias significativas. Esta
sistematización permite evidenciar cómo, pese a manifestarse mediante formas
contextualmente específicas, que la subordinación afectiva femenina responde a
estructuras ideológicas equivalentes en ambos períodos históricos, demostrando
la extraordinaria capacidad de adaptación del sistema patriarcal para mantener
sus fundamentos mediante mecanismos diversos de control y exclusión social.
4.1 LAURELA
Laurela es educada, como indica la
novela de Zayas, según su estatus social: "Ya se entiende que siendo sus
padres nobles y ricos la criarían y la doctrinarían bien" (169). Laurela
es víctima de concepciones idealistas sobre el amor en una historia paradójica
llena de sorpresas y contrastes. Don
Esteban se siente atraído por ella y decide hacerse parte del servicio de
criados bajo el nombre de Estefanía. El
uso del disfraz en sentido literal y figurado es recurso constante en Zayas, reflejando
el énfasis que la sociedad pone en lo percibido superficialmente, a través de
los sentidos, sin cuestionar si esa apariencia se corresponde con la realidad.
Es curioso que el interés y los sentimientos de Laurela se despiertan a través
de este disfraz. Entonces, hay atracción
de tipo lésbico, totalmente ilícita en la época: "sin advertir engaño,
creyó que era mujer" (173). Las relaciones aceptadas eran exclusivamente
heterosexuales; por ello, la autora recoge el pensamiento de Estefanía, siendo
en realidad Esteban: "sin hallar modo de cómo descubrir a Laurela quién
era, temiendo su indignación y perder los favores que gozaba", sugiriendo
posible actividad erótica entre ambos personajes (182). Delgado Berlanga afirma que las
relaciones entre mujeres en sus atenciones y elogios pueden equipararse a las
relaciones heterosexuales. Incluso Estefanía-Esteban parece defender el amor
con independencia de la heterosexualidad u homosexualidad siempre que se
encamine hacia un amor espiritual:
Pues para amar, supuesto que el alma es toda una en
varón y en hembra, no se me da más ser hombre que mujer: que las almas no son
hombres ni mujeres, y que el verdadero amor en el alma está, que no en el
cuerpo: y el que amare el cuerpo con el cuerpo, no puede decir que es amor,
sino apetito (Zayas 317).
Cuando finalmente revela su
identidad, Laurela se escapa con él, aunque después de pasar la noche juntos,
él decide dejarla. Estas circunstancias hacen que la vida de Laurela quede
totalmente destrozada a nivel familiar y a nivel social, al afectar la reputación de la
familia, al haber desafiado las normas con las que una dama se había educado y
en lo que respecta al matrimonio, resultaba imposible casarla con un hombre de
su mismo estatus social o superior teniendo en cuenta que, a su vez, mancha el
honor y la honra de otra familia más. El error de Laurela es enamorarse, pues
como afirma Borges: “enamorarse es crear una religión cuyo Dios es falible”
(Borges 44). No obstante, infringir las normas de esa manera era motivo de
castigo y estaba totalmente justificado y legitimado en su época al
identificarse el pecado con la sexualidad y siempre se culpaba a la mujer si se
habían roto los preceptos sociales. Sor Juana Inés de la Cruz define esta
situación:
Hombres necios que
acusáis
A la mujer sin razón
Sin ver que sois la ocasión
De la misma que culpáis
Cuando se produce esta situación,
Laurela consigue vivir con sus tíos, hasta que su tío y su padre deciden
derribar un muro con la intención de emparedarla como forma de ocultar los
perjuicios causados, pero nada de esto llega a producirse al caer el muro sobre
ella y su criada. Laurela estaba muerta ya desde el punto de vista familiar y
social, al tener únicamente la opción de dedicarse a la prostitución o entrar
en un convento.
Esos desgraciados acontecimientos
hacen que se creen otros muros: su madre y hermanas ingresan en un convento
constituyendo nuevos límites más allá de lo metafórico, dado que el convento
constituye el locus amoenus frente a un mundo en el que el hombre imponía sus
reglas, constituyendo esta situación una apología de las mujeres como las
únicas que pueden garantizar la estabilidad y la armonía. De hecho, era
habitual en esta época que muchas mujeres fueran a los conventos a visitar a
algunas monjas, porque podían hablar con tranquilidad de forma distendida sin
que se produjeran habladurías sobre su reputación como indica Isabel Allende en
su novela Inés del Alma mía (2006).
Incluso, Zayas parece sugerir que
adquiriendo una identidad de mujer: Esteban era, en teoría, Estefanía, la vida
de Laurela tenía estabilidad y cuando queda al descubierto su masculinidad se
produce el caos que lleva a su muerte Los que se disfrazan son los que
acaban teniendo éxito en una sociedad donde, mientras que se mantengan las
apariencias, todo funciona en apariencia. Una mujer como Laurela, que sigue lo
que sus emociones le indican, no tiene cabida en la sociedad descrita por
Zayas, y, aunque intenta ponerse el disfraz de la invisibilidad viviendo con
sus tíos, no es suficiente para que se busque la forma de condenarla al haberse
dejado llevar por lo que creía que iba a proporcionarle la estabilidad y
felicidad.
Esta ruptura con lo establecido, es
decir, poner sus instintos y sus sentimientos por encima del conjunto de normas
que tenía que haber mantenido en todo momento, constituía un grave delito. Su
creencia en la perfección del amor, la idealización de la persona amada es lo
que causa su tragedia. El mundo que se presenta en la novela es totalmente
pesimista, dominado por lo masculino, que prohíbe a las mujeres mostrar y
seguir sus emociones. Un mundo que las trata sin piedad a la mínima desviación
de lo que se espera de ellas desde la infancia sin dar cabida a segundas
oportunidades. A pesar de toda esta hecatombe, se puede encontrar una salida en
las mujeres en sí mismas: son ellas las que ofrecen estabilidad, pese a que el
lugar idóneo sea un lugar donde haya que generar nuevos muros: el convento,
lugar en el que la sororidad y la seguridad están presentes.
|
Laurela |
Características |
|
Aspecto |
Atractivo |
|
Contexto |
Su historia
está marcada por la añoranza de un amor perdido. |
|
Personalidad |
Sensible,
introspectiva y melancólica. |
|
Evolución en
la historia |
Aprende a
aceptar su destino sin dejarse consumir por el pasado. |
|
Relación con
otros personajes |
Mantiene
interacciones que reflejan su visión del amor y la nostalgia. |
Tabla 1:
Características de Laurela. Creación
propia
4.2 MISS HAVISHAM
Miss Havisham, uno de los personajes
de la novela Grandes Esperanzas de Charles Dickens, es una
heredera que está completamente libre de influencias familiares directas al ser
huérfana de madre y de padre, posee una gran fortuna y una
gran mansión llamada Satis House. A pesar de tener más independencia a
la hora de tomar sus decisiones, por sus circunstancias, es también víctima de
la concepción utópica del amor cuando conoce a Compeyson.
Ella se enamora completamente de él y pese a las advertencias de ciertos
familiares sobre su reputación como cazafortunas, acaba preparando su lujosa
boda para celebrar el día que en teoría iba a ser el comienzo de su felicidad
plena. Nada más lejos de la realidad: su muerte en vida había llegado; a las
nueve menos veinte recibe una nota de Compeyson
anunciando que no puede casarse con ella, al no amarla; únicamente amaba su
dinero.
Lejos de sentirse liberada, ordena
paralizar el tiempo dejando la hora en la que recibe la noticia de la ruptura
de su compromiso y decide dejar todo como está y vivir con su traje de novia.
No estaba vestida completamente, pues no se llegó a poner un zapato y se quedó
tal cual, a modo de eterna Cenicienta incompleta, debido a que aquel al que
creía su príncipe, nunca volvería y, además, la había decepcionado con el
disfraz del amor. Se queda incluso sosteniendo el ramo de flores que tenía
previsto lucir y que poco a poco se va marchitando siendo
una imagen de cómo el amor tuvo su esplendor y cómo se va desvaneciendo con el
paso del tiempo. En la novela dickensiana se califica
al amor como “devoción ciega que no tiene en cuenta la propia humillación”
(Dickens 55).
Ella es una metáfora del efecto del
amor en su interpretación más dañina del mismo, llegando al extremo de ser una
figura fantasmagórica o, más aún, se convierte en la muerte en vida, incluso se
la describe como “una figura de cera y un esqueleto” (Dickens 58), reflejando
su blancura extrema por vivir en penumbra y su delgadez por su escasa y mala
alimentación. Aunque para los relojes, el tiempo no deja de transcurrir,
haciendo que aquella escena del banquete tan impresionante e idílico se vea
afectada por el paso del tiempo y en la que ella acaba siendo una Cenicienta
esperpéntica y fantasmagórica que termina, de alguna manera, autoemparedándose en el momento en el tiempo que le hubiera
gustado vivir. Esa decisión la toma al no saber cómo
enfrentarse al desprestigio social que acababa de recibir. Este personaje está
basado como recoge Australia for everyone en Eliza Emily
Donnithorne, una mujer de Nueva Gales del Sur (Australia) que fue
abandonada en el altar por su prometido a la edad de 21 años. A diferencia de
Miss Havisham contaba con el agravante, desde la
perspectiva de la época, de estar embarazada del que iba a ser su esposo, un
hombre llamado George Cuthbertson, y su padre, para no levantar sospechas ni
que hubiera ningún escándalo, dio al bebé en adopción. Como consecuencia, Eliza
tuvo una fuerte depresión nerviosa y se quedó con su vestido de novia, autorecluida en su mansión.
Su padre no
quiso tocar nada del lugar por temor a que el estado mental de su hija
empeorase. Nadie se enteró del embarazo al estar ella recluida, de lo
contrario, hubiera sido un gran escándalo. Al poco tiempo, tras la muerte de su
padre, Eliza despidió a todo el servicio menos a dos sirvientas, ordenó tapiar
todas las ventanas, convirtiendo la casa en su propia tumba y jamás volvió a
salir. Aparte del servicio, solamente
tenía contacto con su abogado y un pastor de la iglesia anglicana hasta que
falleció al contraer una enfermedad cardíaca a la edad de sesenta años.
La actitud de
Miss Havisham es equiparable a las llamadas emparedadas las cuales eran una
realidad desde finales del XVII; se denominaba así a mujeres que decidían vivir
en unas celdas diminutas; algunas permanecían en dicha celda por unos años y
otras de por vida. Esta celda podía tener una ventana al exterior que les
permitía pedir limosna y otra a una capilla para poder rezar constituyendo una
forma ideal para aquellas que no querían ni casarse ni ingresar en un convento.
De hecho, incluso acaba aceptando sus sentimientos como una forma de
supervivencia. La propia Miss Havisham afirma: “La
agonía es exquisita, ¿verdad?” y “crees
que morirás pero sigues viviendo día tras día tras un
terrible día” (Dickens 65).
De esta forma, se observa que no
solamente es víctima de las circunstancias, sino de ella misma, pues no se
rebela ante ellas por haber sufrido la humillación, se deja desbordar por la
vergüenza, el sufrimiento y el dolor de forma desmesurada. El vestido de novia
que lleva constantemente acaba siendo un disfraz de la felicidad no alcanzada,
convirtiéndose en un sudario que simboliza su muerte en vida. A pesar de que se
queda estancada, emparedada en ese momento de su historia, decide adoptar a una
niña llamada Estella a la que educa para que no le ocurra como a ella, sin
embargo, la utiliza para inculcarle maldad y resentimiento hacia los hombres
fundamentalmente.
Esta circunstancia se vuelve en
contra de ella, porque genera desgracia en personajes como Pip, que tenía
buenos sentimientos hacia Estella y acaba siendo rechazado por ella. Devolver
mal por mal, es lo que causa la muerte física de Miss Havisham
cuando parte del vestido de novia empieza a quemarse y el fuego la destruye. El
uso del fuego es un símbolo que puede entenderse de varias maneras: como un
castigo por lo que ha ocasionado, dado a que, de forma indirecta, se ha
comportado de la misma manera que Compeyson, o como
una imagen de la acción destructiva de su manipulación hacia Pip y Estella. Tras prenderse el vestido de Miss Havisham con la llama procedente de una vela, su actitud
cambia al apartar sus deseos de venganza y viéndose cercana a la muerte, le
confiesa a Pip que la manipulación que ejerció con Estella era para evitar que
fuera tan desgraciada como ella (Dickens, 2005).
Una vez finalizada la vida esta
mujer, los personajes van adquiriendo gradualmente más independencia y van
forjando su identidad. Gioconda Belli define esta situación cuando hace
referencia a la “mujer habitada” (Belli 16) que ha perdido su individualidad,
y, después del amor, se queda vacía, porque el centro de su vida, pensamientos y afectos los ocupaba
otra persona y no ella, que es precisamente el caso de Miss Havisham.
Actualmente, su nombre se utiliza para denominar un trastorno
psicológico llamado “Efecto Miss Havisham” o
“Síndrome de Miss Havisham”, como indica Gaby Vargas,
que se aplica a las mujeres que tienen una reacción similar a la que presenta
este personaje.
|
Aspecto del
amor romántico |
|
Ejemplo en el
texto |
|
Interpretación |
|
Idealización |
|
Miss Havisham
planeando su boda antes de ser abandonada. |
|
Muestra cómo el amor se puede ver
como un sueño perfecto hasta que se destruye. |
|
Desilusión |
|
Miss Havisham
permanece vestida de novia en una casa en ruinas. |
|
Refleja el impacto emocional de la
traición y la obsesión por el pasado. |
|
Consecuencias |
|
La educación de Estella sin amor ni
compasión. |
|
El resentimiento hacia el amor
puede generar una cadena de dolor. |
|
Transformación |
|
El arrepentimiento final de Miss Havisham. |
|
El amor puede causar sufrimiento,
pero también permite el crecimiento personal. |
Tabla 2:
Características de Miss Havisham. Creación
propia
4.3 COMPARACIÓN DE MISS HAVISHAM Y LAURELA
Para el análisis comparativo entre Laurela y Miss Havisham se establecieron cuatro categorías analíticas que
permitieron identificar patrones comunes y divergencias significativas en la
representación de la sujeción sentimental femenina. Primeramente, se examinó el
contexto sociohistórico y situación inicial de cada personaje, observando que
Laurela habita en la España barroca del siglo XVII, donde el honor familiar
determina completamente su destino, ofreciendo únicamente el matrimonio o el
convento como opciones legítimas, mientras que su vida queda marcada por un
amor frustrado tras ser abandonada por Don Esteban, quien se había disfrazado
de mujer (Estefanía) para acercarse a ella. Por su parte, Miss Havisham se sitúa en la Inglaterra victoriana, donde goza
de mayor independencia económica al ser heredera huérfana, sin embargo,
permanece igualmente sometida a las expectativas del matrimonio como destino
ideal, originándose su trauma cuando Compeyson la
abandona minutos antes de la boda, dejándola vestida de novia.
A continuación, se analizaron los rasgos de personalidad y
respuesta al trauma y mientras que Laurela se caracteriza por su
sensibilidad, introspección y melancolía, de modo que tras la transgresión
social que supone su relación, busca la invisibilidad refugiándose en casa de
sus tíos, aceptando pasivamente su destino hasta que el intento de emparedamiento
la lleva a una muerte. Miss Havisham desarrolla una
personalidad obsesiva, manipuladora y vengativa, como respuesta al abandono y
para ello decide detener los relojes, autorecluirse
en su mansión, y educar a Estella para que no sienta amor, perpetuando así el
daño recibido y transformando la ira y el resentimiento en remordimiento justo
antes de desaparecer definitivamente.
Además, se examinó la relación con la vinculación emocional,
observándose que ambas idealizan este sentimiento, aunque sus respuestas
difieren, dado que Laurela sigue sus emociones y se deja llevar por lo que
considera amor verdadero, incluso cuando descubre el engaño del disfraz, siendo
su error transgredir las normas sociales por amor, lo que la convierte en
víctima de un sistema que no perdona la desviación de lo establecido. En lo que
respecta a Miss
Havisham, tras experimentar el amor como traición, lo rechaza completamente y
construye su existencia alrededor de esta negación, inculcando en Estella la
frialdad y el rechazo al amor, transformándose de víctima en victimaria, de
manera que su concepción del amor evoluciona de la idealización a la instrumentalización
como arma de venganza. Aparte de las citadas reacciones, se
estudió la evolución narrativa y destino final de ambas, constatándose que
Laurela evoluciona hacia la aceptación silenciosa de su destino, buscando el
anonimato como forma de supervivencia, siendo su muerte accidental, producto
del intento de emparedamiento ordenado por su familia, y teniendo consecuencias
colaterales al ingresar su madre y hermanas en un convento, lo que sugiere una
comunidad femenina alternativa como espacio de sororidad y protección ante un mundo
dominado por hombres. Como contraste, Miss Havisham
permanece estancada en su trauma sin superar su dolor ni integrarse
socialmente, siendo su muerte por combustión simbólica al representar tanto un
castigo por su manipulación como la purificación final al expresar su
arrepentimiento por haber dañado a Pip y Estella. Todas esas características
sugieren diferentes propuestas de resolución entre Zayas y Dickens. En el caso
de Zayas, el convento sería la utopía alternativa dentro de un mundo distópico,
anticipando conceptos feministas sobre la solidaridad femenina y sugiriendo que
las mujeres encuentran paz y equilibrio lejos de la influencia masculina
opresora. Dickens, en cambio, resuelve la situación mediante la destrucción
física de Miss Havisham, restaurando el orden social
victoriano, de forma que, una vez eliminado el personaje transgresor, los demás
personajes ganan independencia y armonía, siendo el mensaje implícito que
quienes no se ajustan al orden establecido deben desaparecer para mantener el control
y la estabilidad social, aunque esta se base en mantener las apariencias.
|
Características |
Miss Havisham |
Laurela |
|
Contexto |
Aristócrata inglesa abandonada en
el altar, vive recluida en su mansión vestida de novia. |
Mujer con una vida marcada por el
amor frustrado y la melancolía. |
|
Personalidad |
Amargada, obsesiva, manipuladora y
vengativa. |
Nostálgica, reflexiva, marcada por
la tristeza y la introspección. |
|
Relación con el amor |
Considera el amor una traición,
inculca en Estella la frialdad y el rechazo al amor. |
Ha experimentado el amor como un
sentimiento idealizado y trágico. |
|
Desarrollo en la historia |
No supera su trauma, termina en la
miseria y el arrepentimiento. |
Evoluciona emocionalmente al
aceptar su historia y sus sentimientos. |
Tabla 3:
Comparación de Miss Havisham y Laurela ante el amor romántico. Creación propia
5. DISCUSIÓN
El análisis de Laurela y Miss Havisham revela que la representación literaria del amor
romántico como fuerza destructiva para las mujeres mantiene continuidades
significativas
pese a los dos siglos que separan
ambas obras y las diferencias sustanciales entre la España
barroca y la Inglaterra victoriana.
Estas continuidades trascienden lo anecdótico para mostrar
cómo la subjetividad femenina ha sido
históricamente construida como dependiente del ideal
amoroso. El papel que el engaño desempeña en
ambas narrativas sugiere dimensiones profundas del control social femenino.
Esteban engaña a Laurela mediante disfraz de mujer; Compeyson
engaña a Miss Havisham fingiendo amarla. Estos
engaños trascienden lo anecdótico para convertirse en metáforas del propio
sistema: el amor romántico opera bajo disfraces que ocultan su función real de
control y subordinación femenina. Zayas construye una paradoja subversiva reveladora:
Laurela encuentra estabilidad emocional precisamente cuando cree relacionarse
con otra mujer, y su destrucción comienza cuando se da a conocer la
masculinidad de Esteban. Esta inversión narrativa
constituye crítica implícita al orden social: las relaciones entre mujeres
emergen como espacios de mayor seguridad emocional, anticipando argumentos que la teoría feminista
contemporánea desarrollaría con posterioridad. Esteban, al adoptar performativamente identidad femenina, proporciona a Laurela
aquello que el sistema le niega: una relación basada en la complicidad en
contraposición con la dominación. La tragedia se desencadena precisamente
cuando la masculinidad irrumpe en ese espacio, demostrando que la presencia del
poder masculino es destructiva.
Dickens construye el engaño desde
perspectiva del interés económico: Compeyson utiliza
el lenguaje del amor romántico como instrumento de manipulación financiera,
desvelando cómo el discurso amoroso puede funcionar como una manera de encubrir
los intereses. Miss Havisham, pese a su autonomía económica como heredera
huérfana, resulta igualmente vulnerable, porque ha interiorizado que el
matrimonio representa su plenitud personal. Su independencia económica no se
traduce en independencia emocional, demostrando que las estructuras ideológicas
operan con tal efectividad
que prescinden de coerción externa cuando han logrado
interiorizarse.
Estas situaciones conducen al
emparedamiento como castigo social y estrategia de supervivencia ante la
imposibilidad de que se produzca una reintegración comunitaria. Sin embargo,
las formas que adopta son diferentes: Laurela muere aplastada por el muro que
su familia construye para emparedarla viva, castigo extremo legitimado
socialmente en la España barroca. Este punto culmina un proceso de exclusión
iniciado con su transgresión: escapar con Esteban.
Zayas no deja ambigüedad sobre la
violencia del sistema: el padre y el tío consideran legítimo y necesario el
emparedamiento para restaurar el honor familiar. La muerte accidental de
Laurela bajo el muro que colapsa anticipa metafóricamente cómo el peso de las estructuras establecidas aplastan a quienes
intentan transgredirlas. No existe redención posible dentro del sistema:
Laurela ya estaba socialmente muerta desde que vulnera las normas, quedando su
supervivencia reducida a dedicarse a la prostitución o ingresar en un convento.
Miss Havisham, en contraste, elige su
propio emparedamiento al detener los relojes a las nueve menos veinte, cerrando
Satis House a la luz exterior y
permaneciendo vestida de novia durante años. Este autoconfinamiento
voluntario puede interpretarse paradójicamente como intento de supervivencia:
ante la humillación social del abandono público, Miss Havisham
construye mundo paralelo que ella cree controlar. Sin embargo, este control
resulta ilusorio: al emparedarse en el momento del trauma, se convierte en prisionera
de su propia estrategia defensiva.
El tiempo exterior transcurre
mientras ella permanece aislada, de modo que el emparedamiento voluntario
resulta tan destructivo como el impuesto a Laurela. La comparación revela así
que el sistema desarrolla múltiples mecanismos de exclusión adaptados a cada
contexto: en la España barroca, donde el control familiar es absoluto, el
castigo es literal y físico; en la Inglaterra victoriana, donde se enfatiza el individualismo, el
castigo se psicomatiza y la mujer lo interioriza
hasta autoinfligirlo. Ambas formas son igualmente efectivas para eliminar
socialmente a quienes se desvían de la norma matrimonial. Las diferencias más
significativas entre ambas obras emergen en las soluciones que los autores
plantean ante la imposibilidad de
integración social de sus personajes transgresores, revelando
posiciones ideológicas radicalmente
distintas. Zayas propondría el convento como espacio alternativo de sororidad y
autonomía relativa. Tras la muerte de Laurela, su madre y hermanas ingresan en
un convento no como castigo sino como refugio consciente. La autora resignifica
el espacio conventual tradicionalmente interpretado como reclusión,
transformándolo en territorio de libertad relativa donde las mujeres pueden
vivir separadas del poder masculino y establecer comunidades basadas en
solidaridad femenina.
Esta propuesta, aunque limitada por
las posibilidades históricas del siglo XVII, constituye forma de resistencia
que reconoce verdad fundamental: dentro del sistema dominado por hombres no hay
lugar seguro
para las mujeres, pero existen algunos resquicios donde pueden construirse
relaciones más igualitarias. El marco narrativo de Desengaños amorosos refuerza esta propuesta: las mujeres se reúnen
para contarse historias de victimización femenina, y la conclusión colectiva es
el retiro conventual.
Zayas anticipa así conceptos sobre la
importancia de espacios exclusivamente femeninos para la construcción de
conciencia colectiva y resistencia al patriarcado. El convento funciona como heterotopía foucaultiana: espacio
real que actúa con lógicas alternativas a las del mundo exterior, permitiendo a
las mujeres existir fuera de su definición como hijas, esposas o madres.
Dickens, por contrario, no ofrece
alternativa redentora. Miss Havisham actúa como una
figura gótica que representa los peligros de desviarse de la normativa
victoriana. Aunque experimenta su catarsis y reconoce el daño causado a Pip y
Estella, su único destino posible es la muerte. El fuego que consume su vestido
de novia —ese sudario de felicidad frustrada— la elimina y solo entonces puede
restaurarse el orden social. Una vez desaparecido el elemento
disruptivo, los demás personajes
adquieren progresivamente independencia y armonía.
La obra dickensiana
sugiere que las mujeres que se apartan radicalmente de su rol prescrito
representan peligro que debe ser
erradicado para mantener estabilidad social. A pesar de que el autor muestra
compasión por Miss Havisham y reconoce su sufrimiento, acaba reforzando las
estructuras victorianas: la transgresora debe morir para que el orden se
restablezca. Esta
diferencia es profundamente
significativa: mientras Zayas denunciaría el sistema y ofrecería alternativas,
Dickens critica ciertos aspectos del sistema victoriano de forma superficial,
pero reafirma sus fundamentos al hacer desaparecer a quien lo desafía.
La persistencia de estos patrones
narrativos a través de los siglos y de diferentes contextos
socioculturales confirma que la dependencia emocional femenina respecto al amor
romántico constituye un constructo sociocultural profundamente arraigado,
transmitido mediante mecanismos educativos, religiosos, filosóficos y literarios.
Tanto la España barroca del siglo XVII como la Inglaterra victoriana del siglo
XIX se esmeraba en educar a las mujeres desde la infancia para concebir el
matrimonio como destino único legítimo así como para
entender el amor romántico como aquello que les
otorgaba plenitud al un ser incompleto por
naturaleza.
Esta idea va en consonancia con lo
que Franca Basaglia denomina "seres para los otros" (98), en otras
palabras, bajo esa perspectiva, la existencia carece de sentido autónomo y solo
adquiere valor en función de su relación con el otro, que en este caso
es un hombre. La idealización amorosa no es, por tanto, característica femenina
esencial, sino resultado de siglos de condicionamiento sistemático.
La identificación del "síndrome de Miss Havisham" en el siglo XXI evidencia que estas
estructuras mantienen su vigencia, aunque adoptando formas más sutiles: las
mujeres siguen siendo educadas, a través de narrativas culturales diversas,
para concebir el amor romántico como elemento central de sus vidas, perpetuando
formas renovadas de dependencia emocional que Simone de Beauvoir identifica
como "amor enajenado y enajenante" (65). La supuesta libertad de
elección en sociedades formalmente igualitarias coexiste con presión constante
de modelos amorosos idealizados que siguen configurando la subjetividad
femenina como incompleta sin validación masculina.
En este contexto cobra vigencia la
afirmación de Kate Millet sobre el amor como "opio de las mujeres",
lo cual significaría que el amor romantico adormece
la conciencia crítica y perpetúa la dependencia emocional al presentarse como
una aspiración natural sin plantearse la posibilidad de que pueda consituir un mecanismo de control social. Como resultado,
el amor idealizado impede a las mujeres reconocer las
estructuras que limitan su autonomía, transformando la subordinación en deseo y
la
dependencia en plenitud.
6. CONCLUSIÓN
Este estudio comparativo entre
Laurela, en Amar sólo por vencer de María de Zayas, y Miss Havisham,
en Grandes esperanzas de Charles Dickens, demuestra que la idealización del
amor romántico opera como instrumento transhistórico
de subordinación femenina. Pese a los dos siglos que separan ambas obras y las
diferencias sustanciales entre la España barroca y la Inglaterra victoriana, ambos personajes
internalizan un ideal amoroso que las define como seres incompletos cuya
existencia carece de sentido autónomo. Esta continuidad evidencia que la
dependencia emocional femenina no constituye característica natural, sino
construcción sociocultural transmitida mediante mecanismos educativos,
religiosos, filosóficos y literarios que naturalizan la subordinación presentándola
como plenitud.
El castigo social a la transgresión
femenina adopta formas contextualmente específicas
pero funcionalmente equivalentes. Mientras la familia de Laurela ordena su
emparedamiento como respuesta legítima a su deshonra, Miss Havisham
se autoempareda voluntariamente en Satis House como única respuesta posible
ante la humillación pública. Ambas formas de confinamiento —castigo físico
impuesto externamente en el contexto barroco y castigo psicológico
autoinfligido en el contexto victoriano— revelan que el sistema patriarcal no
tolera la desviación femenina de las normas matrimoniales y desarrolla
múltiples estrategias de exclusión adaptadas a cada época.
La muerte física de Laurela y la
muerte en vida de Miss Havisham constituyen
manifestaciones diferentes del mismo fenómeno: la aniquilación social de
mujeres que transgreden su destino prescrito. Las propuestas autorales difieren
radicalmente en sus implicaciones ideológicas. Zayas vislumbra en la comunidad
conventual un espacio alternativo donde las mujeres encuentran refugio del
poder masculino y construyen relaciones basadas en sororidad. Esta
resignificación del convento como heterotopía,
siguiendo la terminología foucultiana, anticipa
argumentos centrales de la teoría feminista sobre la importancia de espacios
exclusivamente femeninos para la resistencia al patriarcado. Dickens, por
contrario, resuelve la anomalía que representa Miss Havisham
mediante su destrucción física, restaurando el orden social victoriano.
Esta diferencia revela que mientras
Zayas denuncia activamente el sistema opresor y propone alternativas, Dickens
refuerza las estructuras victorianas al hacer desaparecer a quien las
cuestiona. La relevancia contemporánea de estos patrones literarios demuestra
la continuidad de estructuras de dependencia emocional femenina hasta el siglo
XXI. La identificación del "síndrome de Miss Havisham"
como fenómeno psicológico actual evidencia que la idealización del amor
romántico continúa configurando la subjetividad femenina en sociedades
formalmente igualitarias.
En este proceso, las mujeres quedan
atrapadas en la dicotomía entre "sujeto de carencia" y "sujeto
de interés" que define Almudena Hernando (43): mientras la construcción
patriarcal configura a las mujeres como sujetos de carencia —seres incompletos
que necesitan del otro masculino para alcanzar plenitud—, se les niega la
posibilidad de constituirse como sujetos de interés, es decir, como
individualidades con valor autónomo y proyectos propios independientes de su
relación con los hombres. Tanto Laurela como Miss Havisham
ejemplifican esta construcción: educadas para entenderse como sujetos carentes
que requieren completarse mediante el amor romántico, carecen de espacios
sociales que les permitan desarrollarse como sujetos de interés con autonomía
existencial.
Su aniquilación social al fracasar el
proyecto amoroso demuestra que, en ausencia del hombre que debía completarlas,
su existencia pierde legitimidad dentro del orden patriarcal. El amor
idealizado opera como anestésico que impide a las mujeres reconocer las
estructuras que limitan su autonomía, transformando subordinación en deseo y
dependencia en plenitud. Esta operación ideológica resulta particularmente
efectiva porque naturaliza la condición de las mujeres como sujetos de
carencia, haciendo invisible la construcción social que les impide acceder a la
categoría de sujetos de interés con proyectos vitales autónomos.
Laurela y Miss Havisham
no son únicamente personajes literarios de épocas pasadas, sino
representaciones de una estructura ideológica profunda que persiste en la
actualidad. Su comparación permite comprender cómo el amor romántico, lejos de
constituir sentimiento natural y liberador, ha funcionado históricamente como
instrumento de control que limita la autonomía femenina al hacer que su valor
quede supeditado a su relación con un hombre. La distancia temporal entre ambas
obras, en lugar de evidenciar cambios sustanciales, revela la extraordinaria
capacidad de adaptación del patriarcado para mantener sus estructuras
fundamentales mediante formas contextualmente específicas.
Futuras investigaciones podrían
explorar la representación de personajes femeninos similares en literaturas no
occidentales para determinar si estos patrones trascienden también fronteras
culturales, o examinar cómo la literatura contemporánea escrita por mujeres
propone alternativas narrativas que deconstruyen la idealización del amor
romántico como destino único.
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VERBEIA JOURNAL OF ENGLISH AND SPANISH STUDIES
REVISTA DE ESTUDIOS
FILOLÓGICOS
2026
ISSN
2444-1333
Año XII, Número 11
The Libro del Caballero Zifar:
Literature, Power and Cultural Domain of the Castilian
Mentality of the Late 13th and Beginning of the 14th Century
Camilo Esteban Goelkel Medina
Universidad del Atlántico Medio
camilo.goelkel@pdi.atlanticomedio.es
https://orcid.org/0000-0003-0624-8755
Recibido. Received
18/03/2025
Aceptado. Accepted
16/04/2026
Publicado. Published
30/04/2026
ABSTRACT
The Book of knight Zifar
has aroused the interest of critics thanks to its narrative characteristics in
which various literary traditions converge. Among the singularities of this
work, its propaganda value and its defense of Molinism
stand out, a factor that is demonstrated not only in the plot of the narrative,
but also in the elements of the novel. The defense of this political and social
thought that is perceived in the Zifar shows a strong
influence of María de Molina, an essential figure for understanding Castilian
politics and society at the end of the 13th century and the beginning of the
14th century. The virtues of this queen are reflected throughout the text,
especially in the Castigos del rey
de Mentón, a doctrinal episode with didactic
intentions that sought to legitimize the lineage of Sancho IV and María de
Molina in the mentality of the time.
KEYWORDS: Book of the Knight Zifar, María de Molina, Molinism,
dynastic legitimation, Sancho IV.
El Libro del Caballero Zifar:
literatura, poder y dominio cultural de la mentalidad castellana de finales del
Siglo XIII e inicios del XIV
RESUMEN
El Libro del caballero Zifar
ha despertado el interés de la crítica gracias a sus características narrativas
en las que convergen diversas tradiciones literarias. Entre las singularidades
de esta obra se resalta su valor propagandístico y su defensa del molinismo,
factor que queda demostrado no solo en el argumento de la narración, también en
los elementos de la novela. La defensa de este pensamiento político y social,
que se percibe en el Zifar, evidencia una fuerte
influencia de María de Molina, figura esencial para comprender la política y la
sociedad castellana de finales del siglo XIII e inicios del siglo XIV. Las
virtudes de esta reina se ven reflejadas a lo largo del texto, especialmente en
los Castigos del rey de Mentón, un episodio doctrinal con intenciones
didácticas que buscaba legitimar el linaje de Sancho IV y María de Molina en la
mentalidad de la época.
PALABRAS CLAVE: Libro del caballero Zifar, María de Molina,
Molinismo, legitimación dinástica, Sancho IV.
Cómo citar:
Goelkel Medina, Camilo
Esteban. “El Libro del Caballero Zifar: literatura, poder y dominio cultural de la mentalidad
castellana de finales del Siglo XIII e inicios del XIV”. Verbeia, 11, 2026, pp. 79-96.
1.
INTRODUCCIÓN
El sistema político-social del reino de
Castilla durante la Edad Media, ampliamente influenciado por los imaginarios
iconográficos, literarios e históricos, encontró en la cultura escrita una
sólida herramienta de dominio de las mentalidades individuales y colectivas de
una sociedad ampliamente marcada por las tensiones, la violencia de la nobleza
y las rebeliones sociales. Dichas manifestaciones de desavenencia no eran más
que síntomas “del agotamiento de Castilla, paralizada por los graves problemas
de fondo que la aquejaban” (Valdeón 54). Los
conflictos por el trono de Castilla, si bien se inician con el reinado de
Alfonso X, “alcanzaron su máxima dureza durante las difíciles minoridades de
Fernando IV y de Alfonso XI, y solo se paliaron, en parte, cuando este último
tomó en sus manos las riendas del poder” (Valdeón
54). En medio de dicho escenario, la sociedad castellana se convirtió en
víctima indirecta de las disputas por el poder protagonizadas por la alta
nobleza y los diversos linajes, quienes no tardaron en aprovechar el potencial
que la creatividad literaria podría ofrecer, como objeto de proyección social,
para reafirmar el status
quo y legitimar socialmente un linaje determinado.
Esta mentalidad
promovió la aparición de un tipo de literatura en la cual cobran presencia
protagónica las narraciones literarias ejemplarizantes, como los exempla (pensados para entretener al público a la par que
se le edificaba) (Deyermond 176), con el fin de dar
forma a un mundo en el que los valores morales imperantes debían verse
encarnados en las virtudes de los linajes gobernantes y de la alta nobleza. Esta idea influyó tanto en las ficciones orales como en los textos
literarios e históricos, donde la realidad a menudo se mezcla con la fantasía,
moldeando así el comportamiento y el imaginario social. Estos
estamentos gobernantes no tardaron en entender el poder de la literatura como
medio de difusión de ciertos ideales, lo cual podía resultar políticamente
provechoso, ya que el arte literario era entendido como un instrumento de
cohesión de las sociedades y lograba configurarse como una herramienta de
propaganda significativamente útil gracias a la popularidad de cierto tipo de
relatos.
Al momento de
reafirmar su papel de gobierno, la realeza, la nobleza y la aristocracia no
dudaron en hacer uso de la literatura, una herramienta de incuestionable poder
ya que, como afirma Elisa Ruiz en su artículo “La escritura: una Vox Dei
(siglos X-XIII)” (2016), la veracidad de lo impreso se acercaba a lo divino,
por lo cual era indiscutible para el común de la sociedad:
La escritura ha sido
considerada como un don divino en la mayoría de las culturas... El hecho de
situar la invención de la escritura en un plano sobrenatural ha propiciado la
idea de que la divinidad se manifestase al hombre a través de dicho canal (71).
Bajo esta misma
perspectiva, y aprovechando el halo divino de la escritura, los linajes reales
y la alta nobleza buscaban reafirmar su condición social como el resultado de
una voluntad sagrada y, por lo tanto, invariable e incuestionable.
Conscientes de
la fortaleza del texto escrito, los más altos estamentos sociales no fallaron
en su intención de establecerse y reforzarse por medio de la literatura ante
los ojos de sus sociedades, impregnándose así del derecho indiscutible y de la
voluntad divina que otorgaba la escritura. En consecuencia, no solo se
emprende, gracias al mecenazgo a escritores profesionales, la creación de un
corpus literario e histórico como valedor de los linajes, también se buscaba
que dicha nueva literatura llegase de forma efectiva a los diversos grupos
sociales y que no se circunscribiera únicamente al plano de la nobleza o la
alta aristocracia, como ocurre con el Libro del caballero Zifar:
…es probable que el Zifar
estuviese pensado para un público menos elitista, cercano posiblemente a
círculos eclesiásticos, en otras palabras, el bajo el clero. Sin embargo la inclusión de la preceptiva dentro del libro de
caballerías posiblemente contribuyó a que fuera conocido por un público no
siempre interesado en leer lecciones políticas (Morales 57)
2.
EL LIBRO DEL CABALLERO
ZIFAR COMO DEFENSOR DEL MOLINISMO
En medio de
este panorama se encuentra el Libro del caballero Zifar,
texto singular “cuya filosofía práctica, expresada en continuas sentencias,
no es la de los libros, sino la proverbial o paremiológica de nuestro
pueblo” (Menéndez Pidal 308). Más allá de la extrañeza de esta obra, resulta
relevante conocer el impulso creador que dio vida al Zifar
como un relato con una evidente intención política: la legitimación del
linaje de Sancho IV y María Alfonso de Meneses, conocida como María de Molina:
El Zifar es un
producto de llegada en el que se han integrado varias estorias
narrativas y un tratado sapiencial que da sentido a la primera de ellas. Las
referencias que, en cada una de esas estorias,
se realizan del presente, así como las alusiones a distintas materias
literarias, han permitido identificar varios niveles contextuales de un mismo
pensamiento político y doctrinal, el molinismo, (…). El Zifar
es el libro que sostiene el linaje de Sancho IV y de doña María, hasta que el
nieto de estos reyes, Alfonso XI logra afirmar su propio espacio cortesano. El Zifar no se escribe como consecuencia de las
aficiones caballerescas (nunca literarias; siempre políticas) que este monarca
revela (…), sino que esa ideología (la sujeción de la nobleza de la corte)
Alfonso XI la asume por ser uno de los principales receptores de las estorias de este romance (Gómez 1458-1459).
Resulta
comprensible que, para un lector atento y meticuloso como el autor prolijo
(Menéndez Pidal 292) del Libro del caballero Zifar,
el
potencial doctrinal de la obra se consolida como uno de los pilares
fundamentales de la narración. Con el mensaje como eje central, la difusión del Zifar adquiere un halo propagandístico
difícil de ignorar. La defensa de un linaje real y de un sistema social,
cultural y de gobierno encabezado por Sancho IV, el molinismo[7]
en la Castilla de principios del siglo XIV, resulta evidente desde los primeros
argumentos del texto, tal y como lo señala Gómez Redondo (1999):
La primera trama episódica de la que consta el
libro se ajusta a la historia personal que protagonizan Sancho IV y doña María
de Molina: la construcción de un linaje dinástico, la definición de una
ideología, la superación de una serie de pruebas y la formación de un ámbito
cortesano que los significara y permitiera proyectar sus figuras en una
determinada producción letrada (1394).
En este sentido, el molinismo debe
entenderse como un modelo de pensamiento promovido por María de Molina, gracias
a quien:
Castilla siguió
unida a León, se definieron las relaciones políticas internacionales de las que dependía la legitimidad de su linaje, se trazó una hábil política de enlaces con Portugal y con Aragon
que condujo al tratado de Agreda de 1304 y se mantuvo –con los cambios
inevitables por las luchas movidas por los infantes y los nobles levantiscos- una apariencia de corte
desde la que pudo promoverse una actividad artística que no fue solo letrada –aunque sea la parte de mayor
interés–
(…) Tales son las
pautas que autorizan a hablar de un sistema cultural, acorde y coherente,
extendido a lo largo de estos cuatro decenios y que se
involucra, de forma decidida, en las tareas de definir un programa
político y de requerir
un respaldo ideológico para afirmar los derechos sucesorios
de un linaje regio enfrentado a la propia historia y que se va a
servir, con eficacia, de una propaganda letrada para respaldar esa identidad dinástica
(Gómez Redondo 49).
En ese sentido propagandístico resulta
evidente que la necesidad argumental del texto, en el cual Zifar
busca recobrar su linaje y fijarlo de cara al futuro, se corresponde a las
necesidades reales y nobiliarias de Sancho IV y de María de Molina. La
ilegitimidad de este matrimonio avivó las polémicas que rodearon el ascenso al
trono a Sancho IV, pese a los derechos de los descendientes de Fernando de la
Cerda y de la propia voluntad de Alfonso X quien había designado a su hijo
Fernando como heredero y quien incluso ya había ejercido como tal (Carmona Ruíz
158). A este panorama le sucedió la temprana muerte del rey Sancho IV de
Castilla y la minoría de edad de su hijo, Fernando IV.
Este escenario, en el que el infante
Fernando aún se encontraba incapacitado para gobernar debido a su minoría de
edad, se convirtió en el marco de actuación de María Molina quien debió
conjurar los poderes de la corte en torno a su figura para mantener el control
político, económico y social, y a la vez allanar el camino para el reinado de
su hijo y reafirmar su derecho al trono de Castilla. Estos objetivos no solo se
conseguirían mediante los esfuerzos diplomáticos, también debían contar con la
convicción popular y evitar la desconfianza social en las capacidades de
gobierno del joven príncipe y de la propia regente.
Consciente del poder propagandístico de
la literatura como construcción social, los partidarios de la reina recurrieron
al texto literario y a las aventuras caballerescas de Zifar
en busca de legitimar el reinado, tanto de Fernando IV como de su hijo Alfonso
XI, en el imaginario de los receptores y de esta forma validar el ascenso
social de los jóvenes príncipes. Este objetivo se convierte en una de las ideas
fundamentales del argumento zifarino, la cual logra
verse reflejada en las figuras de Zifar y sus hijos,
fundamentalmente Roboán, quien llegará a convertirse
en emperador.
De
este modo, no es de extrañar que el argumento zifarino
encuentre paralelos significativos con el linaje de Sancho IV. El argumento del
Libro del caballero Zifar, narra
la forma en la que los antepasados del protagonista pierden su linaje real y el
propio caballero se ve sumido en la pobreza debido a una extraña maldición: la
muerte de sus caballos cada diez días[8].
Esta curiosa maldición ha sido entendida como “planteo inicial de la
supervivencia y del acaecer humano como un trayecto en busca de una identidad
trascendente que se contextualiza con el deber linajístico
y las obligaciones estamentales» (Zubillaga 466). Este contexto es el motivo
por el cual es el propio protagonista quien debe luchar para recuperar la
estirpe noble de la que ha sido despojado y presentarse ante la sociedad como
un gobernante legitimado y capacitado para regir, ya no solo por ese linaje que
ha sabido recuperar, también gracias al aprendizaje que ha adquirido durante la
búsqueda de su ascenso social. El argumento zifarino
narra, igualmente, la forma en la que Zifar sufre la
pérdida de su familia cuando sus hijos aún son infantes y únicamente logra
reunirse con ellos y con su esposa cuando éstos están cerca de convertirse en
gobernantes, lo que acrecienta el poder y la gobernabilidad de la familia al
superar el rango al que estaba destinado su padre, tal y como se pone de
manifiesto en las opiniones de Zifar sobre el futuro
de su hijo Roboán:
Dios por la su merçed te
lo endresçe e te lo lieue
adelante. E fio por el que asy será. E segunt por mi entençion es,
cierto so e non pongo en duda que has de llegar a
mayor estado que nos, por el propósito que tan bueno es… (Libro 260).
Debido a dicha paternidad ausente y al
inmenso cargo y responsabilidad al que se enfrentan sus hijos, Zifar se ve
obligado a resumir la educación de sus descendientes en uno de los episodios
más representativos y significativos en la lectura del texto y de su función;
los Castigos del rey de Mentón que se presentan perfectamente integrados
en la estructura del Zifar (Walker
1974).
Es este el momento donde el autor hace
uso de una gran variedad de relatos populares de orígenes diversos y
narraciones que funcionan como exemplum que
fundamentan la ideología política y moral del relato al punto que “obviar el
predominio del material y el propósito moralizante en el texto es imposible. De
hecho, el libro puede verse en conjunto como un gran exemplum
o una sola prédica” (Morales 46). Entre las fuentes reconocibles de este
apartado se encuentran no solo las Flores de Filosofía o la Segunda Partida,
también el libro “compuesto por don Sancho el Bravo, para la educación de
su hijo” (Menéndez Pidal 307), lo cual no resulta menos llamativo. De esta
forma, en el imaginario colectivo se confirman las capacidades de gobierno de
los nuevos reyes de Castilla gracias a la educación que han recibido, la cual
encuentra su reflejo literario en los Castigos del rey de Mentón. Para
esto, el autor recurre a relatos de dominio popular, como los tratados
sapienciales del siglo XIII, ya que esto facilita la labor para la cual está
concebido este apartado:
Los Castigos reflejan la evolución sufrida por las
piezas consiliarias que se comienzan a traducir en el filo de la mitad del
siglo XIII (…) La preocupación por tornar asequible la enseñanza de estas obras
había llevado a sus compiladores a incluir, en las mismas, líneas argumentales
que, rozando en ocasiones la ficción, permitieran al receptor incorporarse a
marcos narrativos habitados por personajes (naturalmente sabios o filósofos)
ocupados en transmitir un saber a reyes o infantes… (Gómez 1439).
Resulta evidente que para el autor del Zifar nada resulta de mayor utilidad que utilizar el
texto literario y la propia cultura literaria para hacer
llegar el mensaje de la obra escrita a diversos estamentos sociales. De esta
forma se podría garantizar no solo una amplia propagación de las ideas, también
se aprovechaba el imaginario literario para influir en las mentalidades
sociales y facilitar así la aceptación del linaje real. Gracias a este recurso,
el Zifar transciende el plano literario
de entretención y se convierte en una obra política y pedagógica al verse
dotada de una virtud instructiva que le otorgan los Castigos. Lejos de
tratarse de un caso aislado, el carácter formativo y ejemplar del Libro del
caballero Zifar es un ejemplo más de una práctica
extendida en el ámbito cultural medieval ya que el texto literario, ya sea en
forma de sermones, parábolas o exemplum, no
solo ayudaba en la transmisión rápida y efectiva del mensaje, también
facilitaba su comprensión y asimilación, independientemente de las capacidades
lectoras o interpretativas de cualquier grupo social. Este objetivo se perfila
como una necesidad primordial en el uso formativo y dogmático de la literatura:
Podemos imaginar que haya sido éste el caso de
amplios sectores del ámbito campesino medieval cuya vieja cultura, tradicional,
oprimida, debió sustentar una poesía de oralidad primaria, de la que quizá
subsistían, recopilados por los amantes de lo pintoresco, algunos pequeños
restos. Por ejemplo, en el siglo XIII, en muchos sermones que permiten al
predicador ilustrar con gracia o alegóricamente su tema. Sin embargo, es casi
seguro que la práctica totalidad de la poesía medieval procedió de otros tipos de
oralidad, cuyo rasgo común es que coexistieron, dentro del grupo social, con la
escritura (Zumthor 21).
De esta forma, en el Libro del
caballero Zifar converge la tradición popular de
Castilla, así como los diversos paradigmas educativos de carácter político y
moral propios de la Edad Media, fundamentalmente aquellos dedicados a la
formación y educación de los príncipes y los buenos gobernantes. El Zifar se ofrece al lector desde una perspectiva de
sumo interés, ya que logra fusionar el “objetivo primordial educativo-moral”
(Stéfano 237 preferentemente didáctico de los Castigos del Rey de Mentón con
el argumento caballeresco en una interesante articulación lúdica:
De todos modos, es indudable que el libro, con su
abundante flete didáctico, ocupa un estadio intermedio ─interesante sin
embargo por esto mismo─ entre los tradicionales ejemplarios moralizadores
y la novela caballeresca pura, que iba a desarrollarse tan prodigiosamente los
siglos siguientes (Alborg 319).
Al recurrir a un texto literario de
características caballerescas, el autor del Zifar
no solo garantiza la difusión del mensaje gracias a la popularidad de este
tipo de narrativa y al contenido lúdico del relato, también le otorga al
mensaje un halo divino difícilmente cuestionable para los lectores u oyentes de
la historia ya que, al estar condensada en un libro, la doctrina y el mensaje
legitimador de María de Molina era percibido por los receptores del mensaje
como una voluntad superior ya que existe: “…una fuerza prodigiosa ínsita en los signos alfabéticos, esto es,
una energía que trasciende las limitaciones espacio-temporales y, por ende, es
capaz de servir de canal transmisor de la voluntad divina..” (Ruíz 73). El libro, entonces,
encarna esta voluntad divina y la comunica a los hombres. De esta forma se
busca reformular la identidad cultural castellana, a la vez que se enaltece la
dinastía de la regente y del joven Fernando IV, en una primera instancia, y de
Alfonso XI tras la prematura muerte de su padre.
De esta manera, el Zifar
comienza a entenderse, desde el primer episodio argumental, como una
herramienta política pensada para ser leída como una defensa de las doctrinas
promulgadas por doña María de Molina para sustentar y proteger el linaje y el
derecho al trono de su esposo y sus descendientes, haciendo uso de del
mecenazgo en la producción cultural del momento (Rochwert-Zuili,
El mecenazgo 39). A este respecto, vale la pena recordar
que, como lo señala Gómez Redondo (1999), desde el primer episodio del Zifar, se percibe ciertos paralelismos con la
situación protagonizada por Sancho IV y María de Molina y sus intenciones de
creación, reafirmación y consolidación de un linaje real propio (1394).
De esta forma, la doctrina impulsada
por María de Molina da forma a una creación literaria alimentada por diversas
fuentes y tradiciones[9]
con el fin de legitimar su ascenso social en el imaginario de los receptores
del texto. Esto no solo se ve reflejado en las aventuras iniciales del Libro
del caballero Zifar, también logra percibirse en
las diferentes peripecias y en los sucesivos lances y narraciones que dan forma
al argumento, como puede ocurrir con la maldición que sufre Zifar
al inicio de la narración, la separación de su esposa e hijos y los posteriores
Castigos del rey de Mentón:
Otro punto fundamental al momento de comprender el
argumento de la primera parte de la obra y relacionarlo con el sentido que doña
María hubiera querido atribuirle como defensa de su linaje monárquico, reside
en la pérdida y posterior recuperación del carácter real del linaje de los
personajes. Resulta evidente que el personaje de la obra de ficción atraviesa
un serio proceso evolutivo que lo lleva de nuevo a su establecimiento como
monarca. Parte de esta evolución requiere episodios literarios tópicos que, en
medio del argumento, adquieren correspondencias políticas (Goelkel
75).
La recepción de este mensaje, si bien
resulta evidente en la interpretación del argumento zifarino,
debía también quedar plasmada de forma explícita en el relato. En base en dicha
intención puede leerse el final del prólogo:
E porende es dicho este
libro del Cauallero de Dios; el qual
cauallero era conplido de
buen seso natural e de esforçar, de justicia e de
buen consejo, e de buena verdat, commoquier
que la fortuna era contra el en lo traer a pobredat; peroque nunca desespero de la merçed
de Dios, teniendo que el le podría mudar aquella
fortuna fuerte en mejor, asy commo
lo fizo, segunt agora oyredes (Libro 72).
En ese mismo tono se manifiesta el
final del prólogo de la edición sevillana de 1512:
El qual no menos fue
temeroso de Dios e obediente a sus mandamientos, que esforçado
en las cosas de caualleria, e amado de verdad y de
justicia. E por ser tal, alcanço a ser rey, avnque antes que en tal estado viniesse
passo muchas necesidades e
trabajos, assi en guerras commo
fuera dellas, como aquí oyreys
(Libro 460).
No solo Zifar
y Roboán superarán sus respectivas aventuras gracias al buen juicio y a la
ayuda de Dios, también lo harán Sancho IV, María de Molina y su descendencia
quienes, gracias al buen seso natural y a la gracia de Dios, verán justificado
su acceso al trono y legitimado su linaje. En ese mismo sentido puede leerse
también el final del relato:
E porende
deuemos rogar a Dios que el,
por la su santa piedat, quiera que començemos nuestros fechos con mouimiento natural, e
acabemos tales obras que sean a seruiçio
de Dios, e a pro e a onrra de nuestros cuerpos, e a saluamiento de nuestras almas (Libro 458).
A este
respecto, en su artículo “Poética de la memoria en el Libro del caballero Zifar” (2019), Simón Andrés Villegas resalta la
intención de este último fragmento de la narración y su claro intento de
exhortación al lector para que haga suyas las palabras del texto y reconozca en
sus reyes unos gobernantes dignos, capacitados y legitimados gracias a la
voluntad de Dios y al buen juico con el que han enfrentado y superado los
obstáculos para su llegada al trono:
Y es que
en esta conminación, expresada a través de la primera persona del plural, se
encuentra justamente la raíz de esta estética de la recepción zifarina, que cifra en el lector o en el oyente la clave de
la culminación feliz de la obra: para el autor del Zifar,
la obra no está acabada sino en el alcance y la repercusión, en los ecos
memorísticos que pudiere llegar a consolidar en su público. Recuérdese, además,
la reiterada mención al “buen seso natural” y al “buen entendimiento”, virtudes
intelectuales que, extrapoladas a los receptores, y entendidas en el marco del
“molinismo”, conllevarían a un proceso de recepción crítica, consciente y
constantemente activa. Texto y receptor, objeto y sujeto se ven así envueltos
en un intercambio de complejas y ricas dimensiones (102).
El ideal político que se extrae del Zifar logra entonces relacionarse con el
perfil y las intenciones regias de María de Molina para quien, tras la temprana
muerte de Sancho IV y la subsecuente minoría de edad de Fernando IV, “…era
imprescindible conseguir el reconocimiento de la legitimidad de los hijos
habidos en el matrimonio, cuestión que afectaba especialmente a Fernando IV,
heredero y sucesor de Sancho IV” (González 243). La capacidad de Doña María
para hacer frente a la inestabilidad política que dicho escenario dibujaba para
su linaje se ve refrendada en los deseos de su esposo quien, en su testamento,
la nombra tutora de su hijo Fernando y regente de los reinos de Castilla:
En el mes de Enero en la era de mili é
trecientos é treinta é tres años, seyendo el rey don
Sancho en Alcalá de Henares é entendiendo por la su dolencia grande que avia que era de muerte, ordenó su testamento, seyendo y el arzobispo de Toledo don Gonzalo, que después fué cardenal, é otros obispos, seyendo
y el infante don Enrique, fijo del rey don Fernando, é otros ricos omes é maestros de las caballerías de las Órdenes. É porque
el infante don Fernando, su fijo heredero deste rey
don Sancho, era muy pequeño de edad , é temiendo que desque él finase avria muy grand discordia en la
su tierra por la guarda del mozo, conoscíendo este
rey don Sancho en commo la reina doña María su mujer
era de grand entendimiento, díóle
la tutoría del infante don Fernando, su fijo, é díóle
la guarda de todos los sus reinos, que lo toviese
todo fasta que oviese edad complída,
é desto fizo facer pleito é
omenaje á todos los de la tierra (Rosell 89).
Este pasaje de la crónica no solo refleja la fragilidad del
linaje de Sancho IV y Doña María de Molina, también identifica a la Reina con
una de sus virtudes más características: el juicio y el buen entendimiento
necesarios para la gobernabilidad del Reino de Castilla en dicha coyuntura
social, económica y política.
Este buen juicio y entendimiento de la Reina resultaría de
nuevo necesario tras la temprana muerte de su hijo Fernando, lo que obligaría
una vez más a doña María de Molina a encabezar los intentos de legitimación de
su linaje debido a la minoría de edad del príncipe Alfonso XI, de quien no solo
hubo de hacerse cargo, sino responsabilizarse de su educación, en un periodo en
el que la “…reina-abuela se enfrentó con el problema de la tutoría que no solo
comprometía la paz interna sino que podía también peligrar las relaciones de
Castilla con los otros reinos y principalmente con Aragón” (Rochwert-Zuili, La actuación par. 2). Si bien el Rey
Fernando IV considera a su madre como la figura más capacitada para hacerse
cargo de la educación de su hijo, como queda demostrado en las crónicas[10], doña María tendrá que superar los recelos de su nuera, doña
Constanza de Portugal:
Viernes, trece dias de Agosto, encaesció la reina doña
Constanza del infante don Alfonso, su fijo prímero
heredero, é al Rey plógole ende mucho. E teniendo que
lo criarla la Reina doña María su madre, así commo lo
él avia ordenado, la reina doña Constanza non lo tovo por bien, é ella dio la crianza del mozo al infante
don Pedro por tal que fincase ella con él (Rosell 168).
Pese a los obstáculos, María de Molina logra convertirse en
la tutora de su nieto, el futuro Rey Alfonso XI, junto con los infantes Pedro y
Juan, coyuntura que refleja la debilidad de la regencia y la necesidad de una
política diplomática sólida destinada a garantizar el trono al príncipe
Alfonso. Si bien María de Molina se yergue como una figura fundamental en este
proceso gracias a sus cualidades de hábil administradora y diplomática
(González 250-251), se perfila también como una figura didáctica, lo que la
convierte en un personaje modélico y fundamental para entender la política y la
cultura del Reino de Castilla a finales del siglo XIII y principios del XIV:
Como acompañante,
buena consejera y mediadora, encargada por el rey de convencer a los rebeldes,
actuó María de Molina bajo el reinado de Sancho IV. Como reina-madre y
reina-abuela intervino para asegurar la continuidad de un poder debilitado por
las minorías o las influencias de unos privados malintencionados (Rochwert-Zuili, La actuación par. 40).
Sin la figura de María de Molina:
…no se explicaría la supervivencia de
la Corona castellana tanto tiempo en un ambiente donde primaban las ambiciones
y excesos de la alta nobleza. Entre sus funciones, tomadas no como parte de sus
obligaciones reginales sino como algo personal,
destaca el papel que tendrá la reina como protectora no solo del rey, sino del
reino, así como su incansable búsqueda por legitimar y fortalecer la posición
dinástica de su linaje (García 314).
Si bien el papel político de María de Molina es indispensable para
entender la magnitud de su figura, no es menos relevante su papel como
educadora de dos reyes castellanos a los cuales la Reina se encargó de preparar
e instruir para la regencia y la defensa de su reino. Es en este punto donde el
plano didáctico del molinismo empieza cobrar forma gracias a las herramientas
culturales y textos literarios ampliamente influenciados por el mensaje y el
pensamiento de la Reina. En este plano didáctico del perfil de María de Molina,
cobran especial sentido los Castigos del rey de Mentón que configuran
una dualidad perfectamente funcional dentro del Zifar,
ya que no solo implican una intención argumental, también encarnan una
finalidad pedagógica. Los Castigos se presentan ante el lector como una
nueva línea argumental destinada a hacer más asequible el aprendizaje de la
doctrina expuesta. Esto, lejos de tratarse de una característica aislada en el Zifar, se entiende como una evolución natural
en la narrativa del siglo XIII (Gómez Redondo 1439). Este nuevo marco
argumental “legitima
el orden conceptual del molinismo y lo prepara para adaptarse al entramado y la
identidad de este modelo cultural en Castilla” (Goelkel
80) a la vez que logra transmitir los valores necesarios para la correcta
gobernanza del reino y un código ideológico con el que Sancho IV, Fernando IV y
Alfonso XI logran identificarse.
La influencia de María de Molina en la
redacción de los Castigos resulta significativa y se hace patente en
algunos de los consejos que Zifar destina a sus hijos
y que en numerosas ocasiones coinciden con el perfil de la reina. Un ejemplo
claro de esta influencia se encuentra en las virtudes con las que Jofré de
Loaysa y Fernán Sánchez de Valladolid describen a María de Molina, recalcando
cualidades como la nobleza, prudencia, sabiduría, o calificándola como buena
consejera y una mujer de gran entendimiento (González 248). Este buen seso del
que hace gala la reina encuentra su paralelismo en el Zifar
en uno de los Castigos: “De commo el rey
de Menton castigaua a sus
fijos que vsasen mas de su sseso que non de su voluntad” (Libro 290). En este
apartado Zifar insta a sus hijos, como futuros
gobernantes, a controlar su voluntad y regirse por el buen seso que les es
otorgado por Dios y que resulta imprescindible para ocupar el trono y gobernar
el estado:
Onde bien auenturado es aquel a quien Dios
quiere dar buen seso natural, ca mas val que
letradura muy grande para saberse ome mantener en
este mundo e ganar el otro. […] E todos los omes de buen seso pueden llegar a grant
estado, mayormente seyendo letrados, e aprendiendo
buenas costumbres (Libro 290).
Más adelante, en el apartado titulado “De commo
el rey de Menton castigaua
a sus fijos que sienpre diesen buen consejo a los que
lo pediesen” (Libro 307), Zifar
recomienda a sus hijos hacer uso del buen seso y entendimiento no solo en su
provecho o en su gobierno, también a la hora de recibir y ofrecer consejos. Si
bien a nivel argumental este aprendizaje está dirigido a Garfín y Roboán,
resulta evidente que, a su vez, insta al lector a hacer suyos los consejos que
está recibiendo a la vez que busca fijar el ideal de un rey competente y sabio.
Este buen seso natural se convierte en una característica
indispensable para María de Molina, una mujer que:
…alcanza un indiscutible protagonismo político, luchando contra las
ambiciones y recelos de nobles y parientes, y trata de llevar a la práctica un
pensamiento cuyas ideas esenciales son anteponer a Dios sobre todas las cosas,
esforzarse en acabar las buenas obras y guiarse por el seso natural (González
252-253).
De nuevo, las ideas de María de Molina se abren espacio en
los Castigos. Al inicio de este nuevo marco argumental, el rey de Mentón
exhorta a sus hijos a honrar a Dios como fundamento de la honra y honor al que
deben aspirar:
Assi que ante todas las cosas, por el mio consejo vos faredes asy commo vos agora
dire. lo primero amaredes y seruideres
e temeredes a Dios que vos fizo, e vos dio razón e entendimiento para fazer bien e vos saber guardar del mal. Ca dize
en Santa Escriptura que el comienço de la sabiduría
es el temor de Dios. E porende el que a Dios teme sienpre es guardado de yerro; e desy
guardaredes sus mandamientos con grant
temor del non fallesçer en ningunos dellos (Libro 261).
Más adelante Garfín y Roboán son
nuevamente instruidos en esta doctrina:
Otrosy la tercera nobleza de los reyes es el amor de la bondat
de Dios, de la qual nasçen
todas las otras bondades, ca fuente es de todos los bienes. Onde, mios fijos, sy queredes ser nobles, non partades
los vuestros coraçones de la bondat
de Dios, amándola e leuando vuetras
obras en pos de ella (Libro 293).
La fe y devoción a Dios como pilar de la doctrina de María de
Molina se abre espacio en los Castigos del rey de Mentón, algo que no
resulta casual al tener en cuenta el carácter didáctico de estos capítulos. De
esta forma se busca relacionar a los futuros reyes, así como su linaje, a la fe
de Castilla.
Por otra parte, los Castigos funcionan también como
espejo de las virtudes de doña María de Molina. Un ejemplo claro se encuentra
en otra de las dignidades con las que las crónicas caracterizan a la Reina y
Regente. Una de estas cualidades es la capacidad para erigirse como una buena
administradora de los bienes reales, pese a las deudas y a la falta de recursos
propiciada por las guerras y las demandas de los nobles (González 250) en pro
de la legitimación de los gobiernos de su esposo, su hijo y su nieto. Esta
cualidad de la reina también encuentra espacio en el Zifar
con la figura de Grima quien funda y administra acertadamente un monasterio
en el reino de Orbín: “Este tipo de liderazgo
femenino era infrecuente, pero no improbable; lo mismo que la posibilidad que
tenían las mujeres de quedar a cargo del reino” (Janin 164). Igualmente, en los
Castigos del rey de Mentón se da forma a un apartado argumental en el
que Zifar instruye a sus hijos y “les dize commo todos los omes se deuen de trabajar de
tener algo, e de ser de buena prouision”
(Libro 320). Esta lección que el rey ofrece a sus hijos, entendiéndolos
como futuros gobernantes, también se estructura en torno al buen seso del que
hacen gala no solo Zifar, también María de Molina: “E
porende dizen que el que es
de buena prouision es sesudo. E ciertamente, mios fijos, non ay mejor ganancia que seso nin mejor riqueza” (Libro 321). Este tipo de
castigos buscan sembrar en el imaginario popular la idea de unos gobernantes
hábiles y cuidadosos administradores del reino. De este modo, la idea de la
riqueza cobra especial importancia en la encarnación de los ideales nobles ya
que se trata de:
un papel crucial, pues si el desarraigo y el
“abajamiento” del linaje son consecuencia de las malas costumbres y de la
pobreza, podríamos asumir que el encumbramiento y la fortaleza del linaje son
efecto de las “buenas costumbres” y la riqueza; esta última, como símbolo de
poder, pero sobre todo como un don divino e instrumento para realizar las
“buenas costumbres” y sobreponerse a la adversidad (Rodríguez 227).
De esta forma, el Libro del caballero Zifar,
y en especial Los castigos del rey de Mentón se ofrecen al lector
como el principal episodio alegórico del relato y el que ofrece las pistas
necesarias para entender la fórmula de lectura en la que debe ser comprendido,
haciendo énfasis en que “el programa didáctico combina el adoctrinamiento moral
dentro de la axiología cristiana, con la instrucción en los esquemas políticos
imperantes” (Pérez de Tudela 364). Gracias a estos episodios logran
evidenciarse los ideales del autor, así como también la fuerte influencia que
María de Molina ejercía en las diversas esferas sociales de la Castilla de
finales del siglo XIII y durante los albores del siglo XIV.
Por otra parte, los Castigos del rey de Mentón cumplen
una función más dentro de la obra, más allá de la simple estructura argumental.
Al enmarcarse en el pensamiento de María de Molina, las enseñanzas que Zifar
imparte a sus hijos buscan también demostrar ante los lectores y receptores del
relato la educación que han recibido los reyes de Castilla. Con ello se
pretende no solo legitimar el reinado de los reyes Sancho IV, Fernando IV y
Alfonso XI, sino que también busca exponer sus habilidades en el ejercicio del
gobierno y de sus aptitudes para ostentar el trono de Castilla. Existe entonces un cierto grado de
transparencia al revelarle a los receptores del Zifar
la educación, en sentido figurado, que habrían recibido sus reyes. En este
sentido, del texto “no sería tanto la información como la moralización, que se
sirve abundantemente de simbolismos” (Baños 249). De esta forma el Zifar adquiere un sentido pedagógico,
fundamentalmente en los castigos del rey de Mentón, al punto que este
apartado “puede leerse como un espejo de príncipes en su más literal
acepción: un tratado de la educación de
futuros gobernantes” (Morales 47).
3. CONCLUSIONES
Resulta revelador que el mensaje y la
doctrina de doña María de Molina se transmita por medio de un texto de
características caballerescas abogando por despertar el interés de los
receptores y facilitar así la difusión y aceptación del significado social. La naturaleza
argumental, estructural y literaria del Libro del caballero Zifar, así como los propios personajes del relato, se
reinventan de acuerdo con la necesidad propagandística que impregna el texto,
lo que logra entreverse en la estructura tripartita del argumento y en la
figura del caballero que gracias a sus méritos logra convertirse en rey y
recuperar el honor y la posición de su linaje. Zifar
pronto dejará de ser un personaje principal para convertirse en una figura
cortesana cuya función argumental se reduce a la educación de sus hijos, los
cuales llevarán su linaje, ya legitimado, a estados superiores gracias a su
capacidad de gobierno. De este modo, resultan evidentes los paralelismos del
argumento zifarino con las luchas por el trono a las
que se vieron obligados los reyes Sancho IV y María de Molina, así como la
posterior legitimación de los gobiernos de Fernando IV y Alfonso XI, no del
todo ajenos al riesgo de perder su estabilidad en el trono de Castilla. En este
marco, la literatura,
entendiéndola como arte escrito, fue hábilmente utilizada como una herramienta
de difusión del sistema de pensamiento molinista por parte de los partidarios
de doña María de Molina, figura cuya influencia en el Libro del caballero Zifar resulta indiscutible.
Este accionar no resulta casual ya que,
como afirma Elisa Ruiz (2016), la palabra escrita se entiende como una Vox Dei,
una de verdad incuestionable, debido al espíritu divino que la rodea. La
escritura como una Vox Rex cumple las mismas características y, en el caso del Libro
del caballero Zifar buscaba que la influencia de
la regente y la legitimación de los descendientes de María de Molina se
convirtieran en la voz del pueblo.
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VERBEIA JOURNAL OF ENGLISH AND SPANISH STUDIES
REVISTA DE ESTUDIOS
FILOLÓGICOS
2026
ISSN
2444-1333
Año XII, Número 11
The Resurgent Past: An Introduction to Holocaust Studies
and Holocaust Literature
María Jesús
Martínez-Alfaro
Universidad de Zaragoza
jmartine@unizar.es
http://orcid.org/0000-0001-7335-7690
Recibido. Received
30/03/2025
Aceptado. Accepted
226/04/2026
Publicado. Published
30/04/2026
ABSTRACT
The aim of the present article is to serve as an
introduction to the discipline of Holocaust Studies, specifically in connection
with Holocaust literature in the Anglophone world. Relevant themes and concepts
are introduced, starting with the difficulty to find an adequate term to name
what happened, and relating this task to the debates on the ineffability of the
Holocaust and on the role of Holocaust fiction. The article then focuses on two
key issues: who has the right to tell and how to do so. The problem of kitsch
in the context of Holocaust fiction and other related concepts are also addressed to show how remembrance may also lead to banalisation. The article closes by referring to one of the
ways –known as the “perpetrator turn”– in which writers are renewing the
traditional metanarrative of the Holocaust. An appendix is also included with
basic bibliography for work on Holocaust Studies.
KEYWORDS: survivor testimonies, post-memory, Holocaust kitsch,
banality of evil, perpetrator turn.
El resurgir del pasado: una introducción a los
estudios y la literatura del Holocausto
RESUMEN
El objetivo del presente artículo es servir de
introducción a la disciplina de los Estudios del Holocausto, específicamente en
relación con la literatura sobre el Holocausto en un contexto anglófono. Se
introducen temas y conceptos relevantes, comenzando por la dificultad de
encontrar un término adecuado para describir lo sucedido, y conectando esta
tarea con el debate sobre la inefabilidad del Holocausto y el papel de la
ficción. El artículo se centra después en dos cuestiones clave: quién tiene
derecho a contar/escribir sobre el Holocausto y cómo hacerlo. También se aborda
el problema de la literatura kitsch y otros conceptos relacionados, mostrando
cómo el recuerdo del Holocausto puede desembocar también en su banalización. El
artículo concluye haciendo referencia a una de las maneras —el llamado “giro
hacia el perpetrador”— en que los escritores están renovando la metanarrativa tradicional del Holocausto. Se incluye
también un apéndice con bibliografía básica.
PALABRAS CLAVE: literatura testimonial, post-memoria, banalidad
del mal, Holocausto kitsch, giro hacia el perpetrador.
Cómo citar:
Martínez-Alfaro, María Jesús. “The
Resurgent Past: An Introduction to Holocaust Studies and Holocaust Literature”.
Verbeia, 11, 2026, pp. 97-125.
1. INTRODUCTION
In
a chapter devoted to “The Past”, in The Routledge Companion to Twenty-First
Century Literary Fiction (2019), William Faulkner’s famous dictum that
“[t]he past is never dead. It’s not even past” (85) becomes Robert Eaglestone’s
starting point for his discussion of the past as
a key
characteristic of post-millennial modernity. Instead of dwindling into
insignificance […], the past’s grip on the present has become even stronger.
Indeed, what I name “the resurgent past” is a distinctive and dominant theme of
much contemporary fiction […]. By “the resurgent past”, I don’t simple mean
that novels deal with “things that happened earlier” –almost every novel would
fall into this category, from the murder mystery that starts with a corpse in
the library to the uncovering of George Wickham’s previous behaviour in Pride
and Prejudice. Instead, I mean that for much contemporary fiction there is
an intense concern for the impact of the past on the present. (311)
Among the
categories that Eaglestone proposes in order to deal with the presence of the past, there are
the past as memory and the past as trauma. These are indeed major ways in which
contemporary literature engages with the past. Memory has been, since the late
20th century, a focus of cultural life. In 2006, Jay Winter stated
that memory was “in the ascendancy” and that almost everywhere in intellectual
life there was “evidence of a sea change in focus, a movement towards the
analysis of memory as the organising principle of scholarly or artistic work.”
(54) Some decades later we are still under the influence of that interest in
memory, which has led to an increasing presence of wars and other traumatic
events as central themes of literary narrative. Among them, the Holocaust is a
recurrent subject in much memory work, not only in literature but in the arts
in general, as well as in multiple acts of remembrance like those recently
commemorating the 80th anniversary of Liberation Day.
The memory boom
of the late 20th century is deeply connected with the rising
interest in trauma and the development of trauma theory, which has become an
influential approach within literary criticism in sync with the increasing
consolidation of a literature of trauma. It was in 1980 that PTSD was first
included in the diagnostic canon of the medical and psychiatric profession.
This inclusion is regarded as a landmark event, useful to date the origin of
contemporary Trauma Studies. The 1980s also witnessed the journey of the
concept of trauma from medical and scientific discourse to the field of the
humanities in general and literature studies in particular. In the 1990s
leading scholars such as Cathy Caruth, Shoshana Felman and Geoffrey Hartman
published ground-breaking works in the field of trauma theory.[11]
Each of these theorists, emerged out of Yale University, built bridges between
literary criticism and the study of trauma, thus revealing a specific affinity
between trauma and literature. Their work was, to an important extent, an
answer to the demand for an appropriate tool that facilitated the analysis of
Holocaust narratives. Their theories, by now expanded and
also contested, have provided concepts and approaches to analyse trauma
narratives in general, but what cannot be denied is that the development of
those critical and theoretical approaches were, in their origin, connected with
the Holocaust and its representation. For decades, the Holocaust has remained a
subject that figures prominently in the theory and the literature of trauma.
The Holocaust
has been conceptualised as a “caesura” in the history of humanity, “a radical
break that necessitates a re-thinking of the relation between past, present and
future, as well as completely reconstituting ideas about evil and what it is to
be human.” (Parry 249) The enormity of the Final Solution was something unseen
before, unique.[12]
Although some scholars and activists have argued that the Holocaust is an
exceptional event –endorsing a notion of uniqueness that is critical of
comparison with other traumatic events, especially historical and collective
traumas– others, like Dominick LaCapra, approach the uniqueness of the
Holocaust in a significantly different way. In Writing History, Writing Trauma, LaCapra refers to “a non numerical notion of uniqueness. It doesn’t mean this
happened only once, and in all probability can
happen only once, but that something happened that was so outrageous, so
unheard of, that it is… unique. And in that way you
can have something unique that is indeed repeated in history.” (160, italics in
the original) Precisely because it can be repeated, the Holocaust is still a
contemporary issue. Its lessons are too important to be forgotten, especially
in today’s world as suggested by the themes of Holocaust Memorial Day 2024 –“Fragility of freedom”– and 2025 –“For
a better future”.[13]
As the
Holocaust has become “an event at the limits” on account of its being the most
radical form of genocide encountered in history (Friedlander 3), this also
means that its representation will unavoidably raise aesthetic and intellectual
problems as well as ethical and moral issues. In what follows, I will introduce
themes and concepts that are central to Holocaust Studies and the literature of
the Holocaust, starting with the difficulty of finding an adequate term to name
what happened and connecting this task with the debate on the
(un)representability of the Holocaust (can/should it be told/written about?).
This debate gets even more complex when fiction enters the scene since, for a
long time, factual
truth was a prerequisite for Holocaust
literature. This accounts for the preference
of non-fiction over fiction and the (less frequent, with the passing of time)
view of the latter as inappropriate and transgressive. The article
will then focus on two key issues in the field: who has the right to tell and
how to do so. The problem of kitsch in the context of Holocaust fiction will
also be addressed and other related terms, like Holocaust piety, explained. The
article will close by referring to one of the ways –the “perpetrator turn”– in
which writers are renewing the traditional metanarrative of the Holocaust,
typically centred on (the suffering of) victims and excluding complex
approaches to innocence and guilt.
2. THE PROBLEMS OF TERMINOLOGY AND THE LIMITS OF
LANGUAGE
“Please, excuse
me, I use the term ‘Holocaust’ reluctantly because I do not like it”, Primo
Levi writes. “But I use it to be understood. Philologically it is a mistake.” (qtd. in Hirsch and Kacandes 8)[14]
Although the term enables us to be understood, it requires etymological
explanation and interrogation. Holocaust,
from the Greek holokauston, originally meant a completely (holos) burnt (kaustos)
sacrificial offering, a burnt
sacrifice offered to a god. It evokes the
crematoria of extermination camps and its use to describe the destruction of
the European Jews and other victims of Nazism can be traced back to the 1950s.
Because its religious origin implies a form of explanation, or justification,
or at least sacralisation, many object to its use.
The term Shoah has its origin in Israel but its use has become widespread (especially after
Claude Lanzmann’s 1985 documentary of the same name). Shoah in Hebrew means “catastrophe”, and some find that it, too,
has unfortunate connotations. Does not the term “catastrophe” erase the agency
of the crime? The only term in current use that does refer to the agency of the
crime is the word genocide. The term was coined in 1944 by Polish-born
jurist Raphael Lemkin and it became a distinct
category in international law. Genocide
rightly inscribes the Holocaust into a broader history of systematic
exterminations on the basis of nationality, ethnicity,
religion, or race. On the other hand, the term elides the specificity of Nazi
crimes.
The difficulty
of terminology is also connected with notions of inexpressibility and the
limits of language, which are common to all trauma narratives but especially to
those dealing with the Holocaust. For several decades there seemed to be a general consensus that the immediate postwar period was
marked by silence, as if silence was the only possible answer to the magnitude
of a crime often conceptualised as ineffable, unwritable, even unthinkable. In
the 21st century, though, scholars have questioned the idea that the Holocaust was
not talked about in any way
until well into the 1970s. David Cesarini is one of
those that have challenged this myth of
silence, arguing and providing evidence that “in the
wake of the Second World War the Jewish survivors of Nazi persecution and mass
murder were not ‘silent’ and that, over the ensuing fifteen years, the world
was gifted a plenitude of information about the horrors that had so recently
occurred in Europe.” (2) What cannot be denied, though, is that the question of
whether the story can be told was, from the beginning, a topos
of Holocaust memoirs and other survivor accounts, as vital now, and as complex, as it was for
the survivors in 1945
(Hirsch and Kacandes 2).
This issue is
related to a recurrent subject in Holocaust scholarship: the debate on the
(un)representability of the Holocaust. Two main trends can be discerned here.
On the one hand, there are those who insist that language and the literary
imagination are incapable of rendering intelligible the extermination of
millions of victims. Thus, for instance, George Steiner claims that “[t]he
world of Auschwitz lies outside speech as it lies outside reason.” (146)
Similarly, to Elie Wiesel: “A novel about Auschwitz is not a novel, or it is
not about Auschwitz.” (qtd in Horowitz 15) Wiesel also points to the way in
which literature might distort the victims’ suffering: “We do try to put the
experience into words. But can we? That is my question. Language is poor and
inadequate. The moment it is told, the experience turns into betrayal.” (284)
On the other hand, the idea that the Holocaust cannot (and even should not) be
represented has been openly challenged by many writers and scholars. They
acknowledge that the nature of the Holocaust defies language and that its
enormity complicates its telling. And yet, they agree that one cannot turn away
from the subject and even declare themselves to be “against a rhetoric of the unspeakable
in Holocaust writing”
(Mandel 203). As Victoria Aarons puts it: “Capitulation to language’s inadequacy is
symptomatic of the failure of moral reckoning, an indefensible flight of
conscience. To say that we cannot articulate the atrocity of the Holocaust is
to imply that we cannot judge the motivating conditions and execution of its
atrocities.” (38) In the same line, Gillian Rose points out that to argue for
silence, for “non-representability, is to mystify something we dare
not understand, because we fear that it may be all too understandable, all
too continuous with what we are –human, all too human.” (43, italics in the
original)
The
differing attitudes towards the (un)representability of the Holocaust discussed
in the previous paragraph do not constitute, after all, entirely opposing
positions in the debate. One would better approach them from the perspective of
the essential contradiction that lies at the heart of Holocaust narrative: the
acknowledgement of the impossibility to put the experience into words and the
moral reticence about doing so, coupled with a psychological and moral
obligation to tell about the Holocaust. Berel Lang
defines this in terms of a “negative rhetoric” surrounding Holocaust
representation: “We hear it referred to as unspeakable, and we usually hear
afterward a fairly detailed description of what is unspeakable, that
description intended, of course, to prove that the designation was warranted.”
(18) Indeed, Elie Wiesel and George Steiner, mentioned above as the authors of
well-known statements that place the Holocaust beyond representation, wrote
about the Holocaust themselves and exerted a considerable influence on the
content and form of Holocaust writing. Jorge Semprún
is another case in point, though slightly different in that he argued that the
Holocaust was far from unrepresentable, but then he took fifty years to write
about his experience as victim and survivor. Literature or Life is not
only an account of Semprún’s life in Buchenwald but also of
the subsequent time spent trying to
write about it. The work was
published in France in 1994, fifty
years afer his release. As he explains:
I came back
to life. In other words, to oblivion: that was the price of life. A deliberate,
systematic forgetting of the experience of the camp. Of writing, as well. There
was no question, in fact, of writing anything else. It would have been absurd,
perhaps even ignoble, to write anything at all that would pass over that
experience in silence. I had to choose between literature and life; I chose
life. I chose a long cure of aphasia, of voluntary amnesia, in
order to survive. (195-196)
These
were his thoughts after his release from the camp. But when he broke the silence he boldly asserted that “you can always say
everything. The ‘ineffable’ you hear so much about is only an alibi. Or a sign
of laziness.” (13) This quotation comes from early on in Literature or Life,
where he argues that what the victims experienced was not “indescribable” but
“unbearable”. The problem is not one of “articulation” but “density”, and “the
only ones who will reach this substance [...] will be those able to shape their
evidence into an artistic object, a space of creation. Or of re-creation.” (13)
Taking
the previous discussion on (un)representabilty as a
basis, we can make the following reflections, central to Holocaust Studies and
literature:
-
The important role Semprún gives to art as a vehicle
for telling about the Holocaust turns out to be
reminiscent of the import often ascribed to artistic recreation in some
contemporary discourses on trauma. In an article entitled “Art and Trauma”, for
instance, Dori Laub and Daniel Podell (992) typically describe trauma as
absence, rupture and loss of representation, but they make the point that the
difficulty of dealing with traumatic experiences can be confronted by means of
art and literature, which also constitute valuable aids to survival. Elsewhere Laub quotes
a Holocaust survivor who said: “We
wanted to survive so as to live one day
after Hitler, in order to
be able to tell our story.”
After listening to many Holocaust testimonies and working as an analyst
with survivors and their children, Laub came to believe
that such victims of trauma “did not only
need to survive
in order to tell their story;
they also needed to tell
their story in order to survive.”
(Laub 78)
-
The debate on the ineffability of the Holocaust throws light on what Sarah
Horowitz calls “the figure of muteness” (33-45) as predominant in Holocaust
narratives. The trope of muteness refers to the way in which the difficulty
inherent in telling about the Holocaust appears within the narrative itself in
different ways: non-speaking characters; characters who cannot tell; stories
that are absent, truncated, incomplete; discontinuous plots and chronology;
deflated rhetoric, opaque prose, halting, stammering, sparse style or hyperfluency that similarly test the possibilities of
meaning.
-
If Holocaust literature constitutes a limit case, it is also a prime site for
testing aesthetic and ethical theories about mediation and representability.
This being so, it is no wonder that questions such as who has the right to
tell,[15]
and how to tell, should be central to Holocaust Studies. It is to them that I
will turn in what follows.
3. WHO HAS
THE RIGHT TO TELL?
3.1. Survivor testimonies
The
first literary representations of the Holocaust were written by survivors, who
published diaries, autobiographies, essays, etc., as was the case with Primo
Levi, Elie Wiesel, Jean Améry, Imre Kertész, Liana Millu, etc. Poetry also
served as a vehicle for depicting the horrors of the Holocaust, as proved by
the work of Paul Celan, whose “Todesfuge” (“Deathfugue”) –one of the first
poems published about the Nazi camps– is now
regarded as an iconic Holocaust poem and a benchmark of twentieth-century European poetry.[16]
A
special right to tell appears to be conferred on a writer if s/he can be shown
to have a personal connection with the events dealt with.[17] But up to what point do we
share the view that we can only begin to understand what happened through the
words of those that were there, those that witnessed the horror or were victims
of it? We may agree that survivors have a right to tell, but does this mean
that no one else can do it? And what about fictional accounts? The writing of
testimonial literature inevitably created an “other”:
Holocaust fiction. And if writing about the Holocaust is controversial
in itself, writing fiction that has it as its subject is far more
controversial. The opening of Sue Vice’s Holocaust Fiction (2000)
illustrates this point: “Holocaust fictions are scandalous: that is, they
invariably provoke controversy by inspiring repulsion and acclaim in equal
measure. To judge by what many critics have to say, to write Holocaust fiction
is tantamount to making a fiction of the Holocaust.” (1)
To
some, writing Holocaust fiction is morally wrong; to others, it is a necessary
addition: fiction should not be seen as competing with survivor testimony, but
rather as evidence of an ongoing engagement with the task of bearing witness.
There will come a time when there will be no survivors left, and then
literature and the arts will be the only means to recreate an event that should
not be forgotten. For a long time, though, the critical preference for
testimony over fiction was a fact. By now, well into the 21st century, we can
say that fiction has established its legitimacy against the charge that a
fictional text is either inadequate or inappropriate when it comes to
representing the Holocaust. Holocaust fiction must be vindicated as a means to preserving the memory of what happened but, as
Emily M. Budick puts it, it must also be vindicated
for what it can achieve as fiction:
Historical
accounts establish one sort of contract with the reader, fictional texts
another. A memoir is one kind of text; a fiction is another. My claim is that
fiction does a certain sort of narrative work. That work cannot be dismissed or
even relegated to a secondary position even if the literary work has multiple
other objectives, such a wish for historical commemoration, an expression of
personal grief or guilt, or a desire to mourn the victims of catastrophe. (2)
The
descendants of survivors have written fiction and non-fiction alike and, in
important respects, their works blend history and fiction, memory and
imagination. As they did not go through the experiences lived by their
forebears, much of what they write builds on creative reinvention aimed at
“repositioning” and “reintegration” (Frosh 166) into a history that has left
deep scars and runs intergenerationally.
3.2. The
literature of the post-generations
As
time went by, an important addition to testimonial literature has been the
literature of the post-generations. Medical and psychological research has
revealed that trauma can be passed from one generation to the next. This is
what is meant by the phrase “transgenerational transmission of trauma”, which
does not only apply to descendants of Holocaust survivors (see Danieli 1998).
Growing up with traumatised parents affects the psychic development of the
child, who is made to carry a burden related to events s/he did not go through but which mark his/her life in important ways.
Children
of survivors of the camps and of refugees from Nazi Germany were collectively
or personally exposed to “survivor syndrome” and/or “survivor guilt”.[18]
They were the sons and the daughters of silence, who were denied knowledge of
their family history. There were also those whose parents talked too much,
forcing their children to relive their experience daily. Both things are
equally destabilising.
Second-generation
writers recapitulate the experience of their parents and also tell about their
own experiences as illustrated by the autobiographies, biographies, novels, and
short stories of writers like Howard Jakobson, Linda Grant, Anne Karpf, Lisa Appignanesi,
Carol Ascher, Barry Lane, Barbara Finkelstein, Thomas Friedmann, Michael
Kornblit, Sonia Pilcer, David Preston, Lev Raphael, Lore Segal, Julie Salamon,
Ellen Summers, and Art Spiegelman.
As
to the third generation (grandchildren of survivors), they have grown up with
more psychological freedom, but many of them still take on the task to bear
witness. Moreover, their work also shows that they need to unlock family
history in order to build their own identity, to know
where they come from in order to understand who they
are. This is the case with writers like Daniel Mendelsohn, Jérémie Dress,
Jonathan Safran Foer, Nicole Krauss, and Julie Orringer, to name a few.
The plight of
survivors’ descendants has been explained by Marianne Hirsch in the light of
what she calls “post-memory”. She coined the term to describe the relationship
that the descendants of survivors bear to the trauma of
those who came before, “to
experiences they ‘remember’ only by means of
the stories, images, and behaviors among which they
grew up. But these experiences were transmitted to them so deeply and affectively as to seem to constitute memories in their own right.”
(“Generation” 106-107, italics
in the original) Post-memory “is
distinguished from memory by generational distance and from history by deep
personal connection.” (“Family Pictures” 8) This provides an interesting frame
from which to approach the work of second- and third- generation writers. We
cannot say that they have no personal connection with the Holocaust, but we
cannot say either that they have first-hand experience of the events. Writing
about the Holocaust is for these writers a way of coping with its effects on
their lives and also the result of a felt
responsibility for keeping its memory alive now that most survivors have died.
If there is a
key work in this context, which figures prominently in most studies on
Holocaust literature, that is Art Spiegelman’s Maus: A Survivor’s Tale.[19] Spiegelman’s parents were
Polish Jews who survived Auschwitz. They moved to the United States and settled
in Queens, New York. Art was their second child, the first did not survive.
Spiegelman uses the medium of the graphic novel, which was provocative in
itself, to deal with the reconstruction of his father’s memories of the
Holocaust as well as his own experience as a child growing up in a family
burdened by those memories, and also by his mother’s suicide (though she
survived, she eventually took her life). Like many Holocaust narratives, it
blends the historical with the fictional in a way that makes classification
difficult. On the one hand, one may be tempted to classify this work as
fiction, given the fact that the author chooses to depict various groups of
people as animals: Jews are mice, Germans are cats, Poles are pigs,
North-Americans are dogs, Swedes are reindeer, French are frogs, and Gypsies
are bees/moths. On the other hand, it is also true that there is a huge
research work behind the book, which contains a wide variety of materials
–including maps, graphics and real photographs– and which is, after all, an
unconventional history that combines biography (the father’s) and autobiography
(the son’s).
This and other
works by children of survivors illustrate Efrain Sicher’s assertion that the
second generation “bears the scar without the wound” (27).
3.3. Holocaust fiction written by authors who have no
immediate connection with the events
These works reveal the existence of an
intersubjective space for memory and remembrance related to a trauma that is
not just individual (it is/was so for those directly affected by it), but also
cultural or collective. To these authors, the Holocaust is not connected with
their personal or family past but with collective memory, rather. The Shoah has called into question the nature of
humanity and civilization in a way fundamentally different from any other
historical event. It has left us a legacy in the form of a collective response
to the atrocity. As Geoffrey H. Hartman suggested, the non-participants share
with the survivors a sense of breach in our traditional conception of human and
civilized nature. This emotional burden, the capacity to act as a witness to
the Holocaust, is something that concerns us all. Hartman coined the term
“witnesses by adoption” (1996 passim) to expand the notion of
bearing witness beyond the limits of the individual and the family: one bears
witness to the events by writing about them not because they are part of one’s
personal or family past, but simply because these events are linked to what it
is being human.
4. HOW TO TELL ABOUT THE
HOLOCAUST?
Berel Lang
starts his monograph on Holocaust
Representation (2000) with a chapter entitled “Art Within the Limits”,
where he states that, for the “post-Holocaust” period we now inhabit, what
remains in dispute
is the
question of how such event, that one in particular,
can or should be “represented”. […] Because if there is
characteristically a significant relation between the subject or occasion of
representation (in or outside the art world) and the form by which it is
expressed, then it would follow that the identifying features of the Holocaust
—what makes it distinctive historically and morally– would, and should, also
make a difference in the modes of its representation. What the event was, in
other words, would also limit or even close out certain possibilities to the
artists while opening the way to others. (3-4, italics in the original)
To
Lang, as to many others, there are limits to how the Holocaust can be
represented. But which are these limits? And who establishes them?
Robert
Eaglestone, for instance, agrees with those who think that the past should not
be left solely to history and that fiction can help us understand the
Holocaust. And yet, he warns that the growth of Holocaust consciousness has
also resulted in the emergence of post-Holocaust kitsch, which transforms the
past into something “meant to titillate or offer a saccharine ease” (Broken
Voice 143). A hard word to define, kitsch is,
according to Lisa Saltzman,
easy,
sentimental, commercial. Coupled with a representation of history, it
transforms its traumas into fictional melodramas, renders its catastrophes
sites of catharsis. It foregoes the reflective and enduring encounter demanded
by avant-garde culture and offers in its place instant gratification. Kitsch,
when coupled with a representation of history, a history of fascism, of the
Holocaust, of genocide, makes that history all too assimilable, digestible,
consumable. (Saltzman qtd. in Eaglestone, Broken
Voice 141)
The
world described in these texts is simple, apolitical and ahistorical and does
not contribute to full engagement with the Holocaust: kitsch purges the memory
of the genocide and, in doing so, the connection between the Holocaust and our
world is severed. Holocaust texts that can be labelled as kitsch are a “fungus
on the memory of the Holocaust, it cannot be prevented,” but they shape public
memory and, for that reason, they should be the focus of critical commentary (Eaglestone, Broken Voice 140). One example is The
Boy in the Striped Pyjamas. John Boyne’s novel was first published in 2006,
awarded and short-listed for several literary prizes, and adapted into a
best-selling film in 2008. An opera adaptation was launched in 2023. It is an
international best-seller and ten years after its publication it had already
sold seven million copies. Teachers in different countries use it as a tool to
teach about the Holocaust. The novel is immensely popular but also widely
criticised for its many historical inaccuracies. It is deemed problematic for
many other reasons, like its coarse reduction of the Holocaust to fable, its
creation of a false equivalence between victims and perpetrators, and its easy,
sentimental rhetoric. In 2020, the Auschwitz-Birkenau
Holocaust Memorial and Museum twitted that this novel should be
avoided by anyone who studies or teaches the history of the Holocaust.[20]
A
related term that has become formally established in the lexicon of Holocaust
studies is “Holocaust piety”. It was coined by philosopher Gillian Rose in Mourning
Becomes the Law (1997) –to characterise Steven Spielberg’s Schindler’s
List (1993)– and is generally used to describe particularly sentimental or
sanctimonious approaches to the genocide, redemptory forms of Holocaust
representation that privilege certain contents and supress others. Rose
contrasts Spielberg’s film adaptation of Thomas Keanelly’s novel Schlinder’s Arch (1982) with Merchant Ivory’s
adaptation of Kazuo Ishiguro’s The Remains of the Day (1989) as a film
devoid of sentimentality that bets on complexity, replacing emotional safety
with the undermining of the moral self-certainties of the audience (Rose 54).
It cannot be denied, as Matthew Boswell explains, that the culture industry
targets mass audiences who,
more often than not, “prefer simple and positive messages […] and
this shapes a tendency for artists, writers and directors to focus on stories
of escape, survival and heroism.” (5) As a consequence, the public’s
preferences gravitate towards the more simple and saccharine instances of
Holocaust representation, which include, to give some well-known examples,
Roberto Benigni’s award-winning Life is Beautiful (1997) and the aforementioned The Boy in the Striped Pyjamas (novel
2006, movie 2008). Indeed, even if we broaden the focus beyond these instances
of post-Holocaust kitsch and Holocaust piety, we will see that there is a
specific kind of narrative that has been sanctioned and has consequently
become, in Christine Berberich’s words, “the predominant metanarrative of the
Holocaust” (4). Drawing on Jeffrey C. Alexander (2004), Berberich describes
this metanarrative as one that is focused on the victims and that allows
readers and viewers to unquestionably identify with their suffering. Such
identification is made possible, to a large extent, by
the lack of critical engagement with the perpetrators and with the complexities
of a multilayered view of both innocence and guilt. One response to this, and a
relatively recent development in the literature of memory, is the “perpetrator
turn” (Crownshaw 2011, Adams and Vice 2012, Morag
2018), which some scholars have seen as a symptom of a shift “from the victim
era […] to the perpetrator era.” (Morag 14) This shift may have to do with the
temporal distance from the Holocaust, but it is also related to the enduring
relevance of questions of guilt and complicity in relation to human-rights abuses,
the spread of far-right movements and the rise of neofascist violence in the
contemporary world. The growth of historical research into perpetrators and the
ongoing popularity of the historical novel, with many of these narratives
finding inspiration in recent historiography, are also factors worth
mentioning. In addition to all this, there is a growing awareness in academic
circles that it is impossible to teach and study the Holocaust and its
literature –and to reflect on the always relevant connection between the
present and the past– without confronting the issue of the perpetrators.
We may be
tempted to think that the Holocaust happened in a time which is not our time,
and that perpetrators are our “others”, we are not like them. And yet, as
Zygmunt Bauman explains:
The Holocaust was born and executed in our modern
rational society, at the high stage of our civilization and at the peak of
human cultural achievement, and for this reason it is a problem of that
society, civilization and culture….
The implication that the perpetrators of the Holocaust were a wound or a malady
of our civilization –rather than its horrifying yet legitimate product– results
not only in the moral comfort of self-exculpation, but in the dire threat of
moral and political disarmament. It all happened ‘out there’ –in another time,
another country. The more ‘they’ are to blame, the more the rest of ‘us’ are
safe, and the less we have to do to defend this
safety. Once the allocation of guilt is implied to be equivalent to the
location of causes, the innocence and sanity of the way of life of which we are
so proud need not be cast in doubt. (x, xii, italics in the original)
For Bauman, the
Holocaust should not be viewed as a peculiarity of German history, as something
that has to do with Germany or Germanness, or with a past context that is
unrelated to our own. That would amount to shifting the blame away from
modernity, and it is the need to treat the critique of modernity seriously that
constitutes the major lesson of the Holocaust, according to Bauman. Approaching
the perpetrators as radical examples of evil and cruelty would similarly
exculpate the rest, and would darken a more uncomfortable truth about those who
made the Holocaust happen –a truth more in line with what Hannah Arendt found
out when attending the trial of Adolf Eichmann in Jerusalem, and which led to
the publication of one of the best-known works of this philosopher and
political thinker: Eichmann in Jerusalem: A Report on
the Banality of Evil (1963).
Adolph Eichmann (1906-1962) was a lieutenant
colonel of the Nazi SS. He was charged with the task of facilitating and
managing the logistics of mass deportation of Jews to ghettos and extermination
camps in German-occupied Eastern Europe. After the Second World War, he fled to
Argentina, where he lived under a false identity until he was captured in 1960.
He was then taken to Israel to face trial in an Israeli court on fifteen
criminal charges, including crimes against humanity and war crimes. He was found
guilty and executed by hanging in 1962. Hannah Arendt –a Jewish refugee from Nazi Germany, first to France and
then to the United States– attended the Eichmann trial as a reporter for The
New Yorker and she was struck by the fact that he lacked all the demonic
qualities that the prosecution had attributed to him. Against the traditional
concept of evil seen as ultimate depravity, corruption or sinfulness, she
argued that the shocking truth that the trial revealed had to do, rather, with
“the fearsome, word-and-thought-defying banality of evil.” (287) While it would
have been very comforting indeed to see that Eichmann was a monster, the
trouble with him, writes Arendt, “was precisely that so many were like him, and
that the many were neither perverted nor sadistic, that they were, and still
are, terribly and terrifyingly normal.” (257) The truth about Eichmann and many
others like him is that they silenced the capacity for inner dialogue that is
the basis of moral judgement. They were not inherently evil or staunchly
committed to an ideology, they were simply shallow, they did what “everybody
else” did, they followed orders without pondering on their consequences. They
were not “satanic”, or psychopaths, and there is no banality in the evil they
committed, but they often were themselves banal, ordinary human beings. In line
with this, more recent approaches to the task of representing perpetrators in
literature propose, rather, a psychology of ordinary men in tune with Arendt’s
“banality of evil”. [21]
Holocaust
Studies and literature have also made room for the plight of perpetrators’
descendants, making us reflect on what aspects of it are comparable, and which
other are not, to the experience of the descendants of survivors. Do they have
a similarly special connection with the events? Can Hirsch’s term “post-memory”
be equally applied to them? Have they also had to cope with disturbing silences
regarding their family past? May they feel equally compelled to unbury that
past, to face what happened, even if it hurts, just as it is hurtful to dive
into one’s family past if one is the descendant of survivors?
Studying and
representing, the perpetrators and their descendants invariably leads to the issue of how ordinary Germans were and are
affected by the Holocaust. In 2006, Froma Zeitlin
focused on a then emerging trend in Holocaust literature, which she called
“imaginary tales in the land of the perpetrators”: fictional stories that move
away from the victims and deal instead with the victimisers, as well as with
the legacy of the Nazi period on ordinary Germans. Interestingly, these
narratives recreate the day-to-day
workings of society in the lives of “ordinary folk” under the Third Reich or some time later in order to probe,
from this perspective:
[t]he
all-consuming question that seems to haunt us still: how could it have
happened? What did ordinary Germans think and do during this period, when
certain classes of persons, especially, but not only, Jews, were progressively
made social pariahs, disenfranchised, stigmatized and finally outlawed? How did
an apparently normal and diversified society assent to Nazi measures of
increasing violence […]? What happened to
conscience, moral choice
and human decency, even under the fierce
pressures of ideological fanaticism […]? What did
these ordinary folk know? And what did they care? (215)
Most
of these questions, remain, I think, open, but literature and literary
criticism create space for thinking them over. [22] As more research has been
done in this field in recent years, an increasing number of literary works have
been published that approach the Holocaust and its aftermath in connection with
perpetrators, perpetrators’ descendants and ordinary Germans (during and after
the Holocaust). In addition to the books discussed by Zeitlin in her article
–Marcie Hershman’s Tales of the Master Race (1991), Gila Lustiger’s The
Inventory (Die Bestandsaufnahme, 1995),
and Rachel Seiffert’s The Dark Room (2001)– others could me mentioned,
like Bernhard Schlink’s The Reader (Der Vorleser,
1995) and The Homecoming (Die Heimkehr,
2006); Jonathan Littell’s The Kindly Ones (Les Bienveillantes,
2006); Martin Amis’s Time’s Arrow (1991) and The Zone of Interest
(2014); Uwe Timm’s In my Brother’s Shadow (Am Beispiel
meines Bruders, 2003);
Marcus Zusack’s The Book Thief (2005); Michael Lavigne’s Not
Me (2007); Laurent Binet’s HHhH (2010);
Jodi Picoult’s The Storyteller (2013); John Donoghue's The Death's
Head Chess Club (2015); Nora Krug’s Heimat.
A German Family Album (2018); and Catherine Chidgey’s Remote Sympathy (2022).
According to Roger Luckhurst,
“the problem of Auschwitz” has emerged as a “determining catastrophe” that all
culture after 1945 must address (5). Imre Kertész
–Holocaust survivor and Nobel Prize for Literature in 2002– heard “the broken
voice” of our post-Holocaust era “in modern European art” and even asserted
that he knew “of no genuine work of art that does not reflect this break.” (“Imre Kertész – Nobel Lecture”) This “broken voice” resonates across a wide range of
literary works, inviting us to reflect on the past, and the present. From this
double perspective, this voice encourages us to read and learn
about one of the most tragic episodes in world’s history, while it continues to raise
questions about the limits of representation and the duty to represent.[23]
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VERBEIA JOURNAL OF ENGLISH AND
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REVISTA DE ESTUDIOS
FILOLÓGICOS
2026
ISSN
2444-1333
Año XII, Número 11
The Tenth Quevedo of Tomás Borrás Bermejo
María de Marcos Alfaro
Universidad Isabel I
maria.demarcos@ui1.es
https://orcid.org/0000-0003-2396-1368
Recibido. Received
18/03/2025
Aceptado. Accepted
07/04/2026
Publicado. Published
30/04/2026
ABSTRACT
The figure and work of Francisco de Quevedo have been
the subject of interpretive polarizations that have revealed different facets
of the Golden Age poet. This multiplicity of theories and reinterpretations
that have distorted his corpus and his image, and which reached their zenith in
the 20th century, were significantly manifested in the article "Los 9 quevedos" published in ABC by Tomás Borras in 1945, on the occasion of the third centenary of the Baroque poet.
In this pamphlet, the journalist, defined by Enrique de Aguinaga as "an
emotional Falangist" (64), not only echoed the incoherent theories that
have positioned Quevedo, for centuries, as an author of "many souls"
(Gómez de la Serna, 13), but also tendentiously placed Don Francisco as a
precursor to the harangues of the dictatorship.
KEYWORDS: Francisco de Quevedo, Tomás Borrás Bermejo, ABC, centenary.
El Décimo Quevedo De Tomás Borrás Bermejo
RESUMEN
La figura y la obra de Francisco de Quevedo han sido
objeto de polarizaciones interpretativas que han puesto de manifiesto
diferentes facetas del poeta áureo. Esta multiplicidad de teorías y relecturas
que han deformado su corpus y su imagen, y que alcanzaron su cenit en el siglo
XX, se manifestaron, significativamente, en el artículo “Los 9 quevedos”
publicado, en ABC, por Tomás Borras, en el año 1945, con motivo del tercer
centenario del vate barroco. En este opúsculo el gacetillero, definido por Enrique
de Aguinaga como “un falangista emocional” (64), no solo se hizo eco de las
incoherentes teorías que han posicionado a Quevedo, durante siglos, como un
autor de “muchas almas” (Gómez de la Serna, 13), sino que situó a don
Francisco, de forma tendenciosa, como precursor de las soflamas de la dictadura..
PALABRAS CLAVE: Francisco de Quevedo, Tomás Borrás Bermejo, ABC, centenario
Cómo citar:
De Marcos Alfaro, María. “El Décimo
Quevedo De Tomás Borrás Bermejo”. Verbeia, 11,
2026, pp. 126-141.
1.
INTRODUCCIÓN
En el artículo de Stephen M. Hart “Quevedo,
Góngora y su vigencia en la poesía contemporánea” (1990) el investigador
sostiene que “el acto de leer el texto de `otro´ siempre implica cierta
distorsión” (55). Esta deformación y este juego de perspectivas literarias que
nace del sistema de creencias y valores que priman en cada época (Rey, La construcción 634), se manifiesta, de
manera portentosa, cuando uno se enfrenta a la figura de Francisco de Quevedo
pues, como sostiene Pablo Jauralde Pou, el poeta áureo ha pasado a convertirse en una “especie de
monigote sobre el que hemos ido esculpiendo nuestras propias carencias,
valores, situaciones históricas, etc.” (Jauralde, Ciclos).
Don Francisco de Quevedo fue considerado por
sus contemporáneos como un poeta eminentemente satírico, a pesar de la voluntad
que demostró, tras la publicación del Índice
de Zapata, de desprenderse de esa imagen de Cofrade de la carcajada y de la
risa (Quevedo, Memorial 173). Esta
imagen de un Quevedo mordaz y chacotero, manifiesta en
las quejas de los autores del Tribunal de
la justa venganza o en “los comentarios autorreferenciales que se hallan
en los paratextos de sus sátiras”
(Schwartz), se ha seguido fraguando
hasta la actualidad. Sin embargo, esta visión de un Quevedo chancero que ya,
entre sus coetáneos, gozaba también
de una merecida fama de moralista y erudito,
—baste observar la composición de Lope de Vega en la que compara a don
Francisco con Justo Lipsio— no es la única dimensión, del vate barroco, que
habrá de celebrarse en las consecutivas centurias. Así, mientras el siglo XVIII
privilegió, ante todo, su faceta teórica, como subraya Alfonso Rey, el siglo
XIX se hizo eco de un personaje mixtificado, como testimonia Cortés,
que “ostentó diversas
caretas que le convirtieron, como señalan Alfonso Rey o Germán de Patricio, no solo en un incisivo
satírico, en un hálito moral,
en un galán de capa y espada
o en un irredento misógino, sino en un emblema contra el desafuero social”
(Marcos, Francisco 174).
Esta heterogeneidad de dimensiones —origen de
aserciones como las de José María de Cossío que defendía la poliédrica
personalidad de Quevedo, de Agustín González de Amezúa quien señalaba
que el artífice de los Sueños era un “varón de muchas almas” (252) o de Henry Ettinghausen, que presumía que hay que apreciar en él a “varios autores
o como mínimo a dos” (27)— alcanzó nuevas cotas durante las primeras décadas del siglo XX.
Es en ese período cuando don Francisco se erige, “como consecuencia de la
compleja situación histórica, de los nuevos aires artísticos que se fraguaron
en aquella atmósfera de erudición y a raíz del adelanto del centenario de Goya”
(Marcos, Francisco 10) como
representante de “toda la gama de valores de que estaba necesitado el momento
presente” (Calvo, “Quevedo y los poetas” 107). Así, el autor de Canta sola a Lisi, que despertaba
interés no solo por su faceta intelectual, sino como ser humano, tal y como
señalan, en sus respectivas investigaciones, José Luis Calvo Carilla y María de
Marcos Alfaro, se consolidó, en las postrimerías de la década de los veinte, no
solo como un precursor del surrealismo o
del existencialismo, sino como un ardiente patriota de profundas raíces
cristianas, un espíritu subversivo,
un autor moderno en la manifestación de sus sentimientos, un erudito neoestoico o como un poeta que mostraba animadversión hacia
las mujeres. Esta pluralidad de apariencias que algunos artistas y críticos de
la Edad de Plata se encargaron de ponderar resulta visible, aunque no en todas
las facetas señaladas, en el artículo de Tomás Borrás “Los 9 quevedos”,
publicado en la edición madrileña del periódico ABC el 26 de junio de 1945, con motivo
del tercer centenario del poeta del Siglo de Oro.
2.
UN ARTÍCULO PARA UN TERCER CENTENARIO: LA MULTIPLICIDAD DE FACETAS
QUEVEDESCAS EN EL IMAGINARIO DE TOMÁS BORRAS BERMEJO
En este artículo, que se constituye como un
eslabón más dentro de los fastos conmemorativos que se sucedieron con motivo de
este tercer centenario, el periodista, definido por Álvaro López y Emilio Peral
“como un escritor de enorme versatilidad” (11) continua la estela de Agustín
González de Amezúa y de tantos otros críticos que, de manera un tanto simplista, como expone Antonio García Berrio,
tratan de explicar, mediante el artificio de la pluralidad de facetas o de
almas, el cultivo de diversas áreas literarias que tan normales resultan en un
poeta barroco obsesionado, como señala Ignacio
Arellano, “por la mostración del ingenio y la capacidad de manipulación lingüística” (Arellano, “La Poesía”). Así
el periodista, prolongando la teoría de la heterogeneidad quevedesca, defiende la existencia
de nueve Quevedos[24]
que coexisten en el
artífice de España defendida, siendo
el primero de estos quevedos el satírico, festivo y burlesco.
Obviando el hecho de que Borrás no se detiene
en demasía a comentar este subgénero, es necesario recordar que la imagen de
Quevedo como creador de sátiras se forjó ya entre sus coetáneos, por lo
que no es arriesgado señalar,
como arguye Lía Schwartz, que el poeta áureo adquirió, ya
en su época, “renombre como creador de sátiras en todas las formas codificadas
que existían” (Schwartz). Sin embargo, el articulista no se detiene en estas
consideraciones y conceptualiza a un Quevedo cuya vena satírica y burlesca
parece venir determinada no por la multiplicidad de géneros que cultivó, sino
por el buen humor del que hacía gala el poeta. Este dato, sin embargo, resulta
absolutamente irrelevante y vacuo, ya que el corpus satírico de don Francisco
no está regido, ni mucho menos, por su pretendido buen humor, sino que se nutre
de fuentes clásicas que él mismo “gustaba de contaminar con recursos
provenientes de la sátira anónima, de tipo `popular´ o de raíces autóctonas”
(Schwartz).
En segunda instancia, Tomás Borrás refiere
que la segunda alma quevedesca está conformada por el autor dramático, lo que
no deja de resultar significativo, ya que el creador de La culta latiniparla no parecía compartir las gracias y las
recompensas que la actividad teatral reportaba al poeta, según testimonia
Miguel de Cervantes en Viaje del Parnaso:
“Que ofrece la comedia, si se advierte, / largo campo al ingenio, donde pueda/
librar su nombre del olvido y muerte” (161).
Francisco de Quevedo, cuya obra dramática no
ha gozado de un interés comparable al que despertó el resto de su corpus, no
mostró un desmedido interés por este género, lo que viene motivado, según
Ignacio Arellano y Celsa Carmen García Valdés, por el hecho de que “la comedia
vigente a la sazón no parecía cuadrar
bien con el género del gran satírico” (13). Sin embargo, a pesar de adolecer de cierto desapego por la dramaturgia, el artífice de La cuna y la sepultura sobresale en el
género entremesil, ya que los entremeses respondían,
según los mentados exegetas, “mejor a sus gustos y habilidades de gran inventor
del lenguaje y genio de la caricatura” (15): “Efectivamente, el genial autor de
los Sueños exploró su vena satírica y
hasta sarcástica en el diseño de figuras `cortesanas´, que desfilaron por las
páginas de sus entremeses en un alarde de exhibir lo que no tenían” (Borrego).
Subsiguientemente, el periodista destaca en
el artículo la faceta amorosa del poeta barroco: “Poeta amoroso, tan delicado, sutil,
dulcísimo, celeste, que los vocablos
se derriten en la boca” (3). Esa dimensión, que tantos recelos despertó
—baste observar el testimonio de Pedro Aldrete, segundo editor de Quevedo, que
tachó estas composiciones de “verdores traviesos” (Quevedo, Las Tres Musas 8)— se fue mitigando
durante el Romanticismo gracias a la presencia de don Francisco, como
personaje, en las tablas. Esta imagen de Quevedo, emblema de las
características del Romanticismo, cayó en el olvido hasta las primeras décadas
de la Edad de Plata, período en el que la poesía amorosa del vate áureo, a raíz
de la penetración, en el contexto cultural, del surrealismo, la poesía impura,
el neoromanticismo y el existencialismo, es celebrada
e imitada por diversos artistas. Así, Tomás Borrás, siguiendo las huellas de
los autores de la Edad de Plata, se anticipa al reconocimiento que este
subgénero quevedesco cosechará, según Ignacio Arellano y Julián Olivares, a
partir de la segunda mitad del siglo XX con la proliferación de monografías.
El cuarto estrato del poeta corresponde al
novelista, que Borrás conceptúa, por una parte, en el lírico que describe con
crudeza la realidad y por otra en el autor alegórico- imaginativo, vertiente
que, según el periodista, debe emparentarse con el Bosco y con Goya, pintor
aragonés que, durante los primeros decenios de la pasada centuria, fue el
baluarte contra “todo purismo estético que busca solo el arte por el arte”
(Ruiz 6). La concepción de Quevedo como escritor capaz de captar la realidad ha
sido ponderada por diversos investigadores que han puesto de manifiesto los
diversos mecanismos —véanse las fórmulas de tipo satírico-burlescos, que el
poeta emplea, como ya hicieron los clásicos, para representar la realidad que
les rodea o la manipulación del lenguaje— que don Francisco empleaba para
retratar la realidad.
Por otra parte, la vertiente con la que
Borrás hermana al Bosco con Quevedo responde, según testimonia Luis Martínez
Mingo, a una tradición de largo recorrido cuyo origen se puede rastrear en el
libelo El tribunal de la justa venganza de
Luis Pacheco Narváez. Así, desde este primer testimonio, tal y como asevera el
exegeta, las obras que vinculan a estas dos personalidades se han sucedido de
manera incesante. Sin embargo, a pesar de que ambos compartieron “un mismo
punto de vista moral y despectivo con respecto al tiempo de sus vidas”
(Martínez 147), no se puede obviar, como sostiene el mencionado investigador, que existen, entre ambos, diferencias significativas que se pueden cifrar,
entre otros aspectos[25],
en la crítica a lo clerical: “la crítica a los eclesiásticos, muy evidente en
el pintor y escasa, aunque no ausente, en el escritor”[26]
(150).
En cuanto a la conexión
establecida por el periodista entre
Quevedo y Goya, vínculo
puesto de manifiesto por escritores como Ramón Gómez de la Serna, Benjamín
Jarnés, Pedro Salinas, Manuel Altolaguirre o Rafael Alberti, es necesario
recordar que en la emblemática fecha de 1927 no solo se conmemora y celebra “la estética purista que encarnaba Góngora
y que había retornado al alma española de las manos de los simbolistas
franceses, sino que se revitaliza y rescata, adelantado su centenario un año,
la figura del pintor aragonés Francisco de Goya” (Marcos, Francisco 189). El adelanto del centenario del retratista aragonés,
—auspiciado por la disidencia de “un sector artístico que no veía con buenos
ojos, en unos tiempos de convulsión
política y social, la preponderancia
de frío esteticismo carente de corazón que ostentaba el autor de las Soledades[27]” (Marcos, Francisco 189) y por las
discrepancias nacidas en el “propio seno de los incondicionales del cordobés”
(Calvo, “Quevedo y los poetas” 105)— supuso una revisión de la pintura de Goya
que “se realizó con una conceptualización y una codificación lingüística y
literaria quevedescas. […] Y es que,
como el imaginario negro y esperpéntico goyesco, el espíritu de Quevedo estaba
ya incorporado a la tradición nacional, cuando no de forma explícita,
`encarnado´ en ella en un proteico
estado de latencia” (Calvo, “Quevedo en la encrucijada” 31).
Seguidamente, y siempre en palabras de Tomás Borrás, el quinto sustrato quevedesco está constituido por el autor
humanista[28],
dimensión que el periodista complementó, a su vez, con la faceta de traductor de Quevedo y con su estilo puramente
conceptista: “Humanista, conceptista, glosador de textos
fundamentales, redactor de epístolas y traductor (mejorador) en cinco idiomas,
de ellos latín, hebreo y griego” (3).
En lo relativo al humanismo del vate barroco,
es necesario tener presente que los primeros
contactos de Quevedo con el humanismo y los humanistas de su tiempo, según reza
Victoriano Roncero, se pueden rastrear en obras como España defendida y los tiempos
de ahora de las calumnias de los noveleros y sediciosos o Discurso de las privanzas y en la
correspondencia que mantuvo con el humanista belga Justo Lipsio. Así el
humanismo de don Francisco, que se nutre
del humanismo europeo y
dialoga con el humanismo cristiano, se deja sentir, como tan acertadamente señaló
Borrás, en su vertiente filológica,
uno de los aspectos, primordiales en el humanismo del poeta barroco, según
consta en el estudio El Humanismo de
Quevedo: filología e historia de Victoriano Roncero López. Esta vertiente
no solo queda patente por la osadía de un Quevedo que “se codea e, incluso, se
atreve a enfrentarse con los grandes filólogos que dominan el mundo intelectual
en esos tiempos” (Roncero, El Humanismo 12),
sino por la faceta del escritor como traductor. Esta dimensión de don Francisco ha sido estudiada por diversos
investigadores, muchos de los cuales acusaron al poeta barroco de atribuirse
demasiadas licencias y libertades en el ejercicio de la traducción: “sólo diré
que su estilo es desaliñado y en ocasiones una verdadera prosa rimada”
(Menéndez 98-99). Sin embargo, a pesar de las reticencias de ciertos
especialistas, Quevedo —baste observar las alabanzas
que González Salas derrocha acerca de su formación
filológica— manejaba las lenguas modernas y poseía conocimientos, como señala
Pablo Jauralde Pou, de patrística y
lenguas clásicas, teoría que resulta factible no solo al comprobar las
traducciones de obras como Anacreonte,
sino al acercarse a “sus restantes obras del periodo […] con esa marcada
inclinación por el vestigio clásico”
(Jauralde, Francisco
878). Así pues, las objeciones planteadas acerca de la labor como traductor
de Quevedo parecen nacer, tal y como atestigua Jauralde,
de la confrontación de “los textos de Quevedo con las depuradas ediciones
modernas de los clásicos, y no con las ediciones realmente al alcance de la
mano de Quevedo y sus contemporáneos” (875).
En lo concerniente al conceptismo quevedesco,
característica puesta de manifiesto por escritores como Ernesto Giménez
Caballero en Lengua y literatura de
España, Borrás parece nutrirse no tanto de fundamentos didácticos que
obvian que, lejos de ser estilos antagónicos, el conceptismo y el culteranismo
mantienen evidentes puntos de contacto, sino de un entendimiento del conceptismo vertebrado en torno al concepto de españolidad,
aspecto que hermana la teoría de Borrás con los preceptos conceptistas
quevedescos difundidos por Ramón Sijé en el Gallo Crisis. Así, lejos de una preocupación en torno al conceptismo enraizada en los recursos formales de
este estilo, preocupación que ocupó a autores como Miguel de Unamuno, Borrás
parece decantarse, como se ha señalado
anteriormente, por un conceptismo ideologizado vástago de la tradición
nacional.
Seguidamente, en el artículo, Tomás Borrás
realza la dimensión patriótica de don Francisco
y ensalza sus buenas dotes para la gobernanza y las cuestiones políticas: “El
político, estadista, orientador de negocios de Estado, ferviente español y
españolista, talento particular de gobernante, consejero y crítico del arte de
conducir naciones, desesperado de ver despeñar la suya, a lo que procura
remedio” (3).
En lo referente a la españolidad quevedesca,
aspecto puesto de relieve por autores como Federico García Lorca o María
Zambrano, es necesario tener presente que Quevedo “fluctúa entre dos […]
papeles: el de representante de España ante un mundo enemigo […] y el de español egregio que echa en cara a sus compatriotas […] el abandono en que tienen esa tarea glorificadora” (Roncero, Historia 80): “Hijo de España escribo
sus glorias […] Bien sé a cuantos
contradigo, y reconozco los que se han de armar contra mí” (Quevedo, España 88-89). Sin embargo, este aspecto
no constituye, ni mucho menos, un rasgo original
de Quevedo, ya que “el humanismo europeo desde sus principios se hallaba
revestido de un sentimiento fuertemente nacionalista, como lo demuestra la obra
de Petrarca” (Roncero, El Humanismo 16).
Así pues, esta exaltación del patriotismo de Quevedo, llevada a cabo por otros
autores como Pedro Pérez-Clotet, el Duque de Maura o César González Ruano,
soslaya la tradición de la que se nutre el artífice de Política de Dios y
transforma la figura de don Francisco en una representación conveniente y grata para el régimen.
En lo referente a la vertiente política del
autor de La cuna y la sepultura no
está de más recordar que la política, junto con la literatura, tal y como
demostró José Manuel Blecua, constituía una de las pasiones de Francisco de
Quevedo (7). Esta inclinación hacía las cuestiones políticas nace del deseo de
Quevedo de influir en la política de su tiempo. Sin embargo, el pensamiento
político de don Francisco no es original, ya que “deriva de las teorías que
imperaban en Europa en el Renacimiento y que tenían su origen en la Edad Media”
(Roncero, Historia 116). Así pues,
Borrás vuelve a obviar el hecho de
que la obra de Francisco de Quevedo se encontraba “inmersa
dentro de la corriente de los estadistas políticos españoles de los
siglos XVI y XVII que pretendían moralizar la política siguiendo las normas de
la ética cristiana” (Roncero, Historia 116).
Tras poner de manifiesto estas vertientes
quevedescas, el periodista configura el séptimo y el octavo Quevedo tomando en consideración las innumerables
leyendas apócrifas que a lo largo de los siglos se han generado en torno a la
figura de Francisco de Quevedo. Así Tomás Borrás se maravilla al proclamar la
hazaña con la que el poeta consiguió rendir, junto a un puñado de hombres, la
República de Venecia: “Nada menos que el hombre de acción, el que va a
apoderarse de la República de Venecia con un puñado de aventureros (aventurero
él mismo), corazón mozo que siempre está urdiendo […] acciones de capitán” (3).
Esta información recogida por Tarsia ha sido
exaltada con el transcurrir de los años a pesar de que, según Jauralde Pou, el vate áureo no se encontraba en Venecia en
las fechas de la famosa conjuración:
Tarsia recogió una información temprana,
probablemente legendaria, de que el propio Quevedo había estado en Venecia,
junto a dos espías que luego fueron ajusticiados, pero que había conseguido
escapar en el último momento disfrazado de mendigo. Desde Tarsia, toda la
bibliografía biográfica ha recogido, comentado y engrandecido este episodio
como auténtico (Jauralde, Francisco 379-378).
Del mismo modo, Borrás hace referencia a la
leyenda que narra la profanación que sufrió el
cuerpo de don Francisco en la sepultura a raíz de la codicia de un lugareño que
quería hacerse con las supuestas espuelas de oro del poeta barroco, leyenda que
también fue referida por Pablo Antonio Tarsia y que daría lugar a obras como El caballero de las espuelas de oro (1964)
de Alejandro Casona o Unas espuelas de
oro robadas (2008) de Amparo Boquera.
Finalmente, el gacetillero profiere que el
noveno sustrato quevedesco está conformado no solo por la vena moralista del
poeta barroco, aspecto este, como se ha comentado previamente, encomiado ya por
sus coetáneos[29],
sino por su condición de poeta sacro y por su ferviente devoción.
La dimensión
moralista de don Francisco, dimensión puesta de manifiesto por personalidades como Manuel Azaña en “Cervantes y la invención
del Quijote” (1930), resulta perceptible no solo en la
interpretación moralista de la decadencia y política de España que llevó a cabo
el poeta barroco en obras como Política
de Dios o en el retorno de la glosa, rescatada por el humanismo, y a cuyo
servicio puso su pluma Quevedo en La vida
de Marco Bruto, sino en los motivos clásicos y en la doctrina estoica, de
tintes cristianos, que vertebra el corpus quevedesco. Así, en Polimnia,
aglutinadora de los poemas morales de Quevedo, se puede rastrear no solo el
ascendente de los modelos cultos, sobre todo latinos, sino la influencia de
Séneca, Epicteto u Horacio. Este subgénero, que guarda estrecha relación con la poesía satírica, no en vano “la poesía moral quevediana constituye un
eslabón más en la tradición satírica horaciana” (Rey, Quevedo 30), y en el que se debe incluir, según reza Arellano, los
poemas denominados como metafísicos, está plagado de motivos senequistas, como
la brevedad de la existencia, la insistencia de la muerte o el amparo de la
virtud: “Quitar codicia, no añadir
dinero, /hace ricos los hombres” (Quevedo, El
Parnaso 92).
Este subgénero al que “acudió Quevedo con el
mismo talante que tantos otros humanistas de su tiempo” (Rey, Quevedo 61), mantiene estrechos
vínculos, tal y como atestigua Alfonso
Rey en la monografía Quevedo y la poesía
moral española (1995), con la poesía religiosa del poeta barroco. La
poética religiosa de Quevedo ha tenido, en palabras de Manuel Ángel Candelas,
exigua atención por parte de la crítica (637), ya que ha estado en desventaja
frente a otros subgéneros cultivados por el autor de La hora de todos.
Este subgénero apareció reunido en la musa Urania, piéride que se
presentó en Las tres musas castellanas (1670)
de Pedro Aldrete. Esta musa, según reza Alfonso Rey, estaba constituida por
“algunos poemas sueltos y dos secciones: Lágrimas
de un penitente y Sonetos sacros” (Rey,
Quevedo 29), secciones que, a su vez,
comprendían poemas de Heráclito cristiano:
Quince poemas, de los dieciocho que componen Lágrimas, proceden de Heráclito cristiano y en más de un caso
presentan variantes de autor. A su vez, tres de los sonetos sacros proceden,
igualmente, de Heráclito cristiano (uno de los cuales se repite en Lágrimas).
Otros seis poemas de Heráclito cristiano quedan
incluidos en Polimnia (Rey, Quevedo 29).
Esta poesía, en la que en ocasiones el poeta
entrevera el dogma con el erotismo o la sátira, se nutre, en líneas generales,
de “las fuentes habitualmente utilizadas por los poetas religiosos del momento, los textos canónicos
de la Biblia, Antiguo y Nuevo Testamento, y la obra de los Padres
de la Iglesia” (Varela 337). Estas fuentes
que Quevedo emplea,
en ocasiones, para encubrir amonestaciones hacia el poder, como subraya
Candelas, sirvieron también
al poeta para experimentar con la poesía épica tal y como se puede apreciar en
el “Poema heroico a Cristo resucitado”, composición, que muestra coincidencias
con el apócrifo Evangelio de Nicodemo y
“que se alinea con el texto de la Biblia y con una tradición de escritura cristiana que arranca de los primeros
siglos” (Galván 110).
En lo concerniente a la férrea devoción del
poeta barroco es necesario señalar que Francisco de Quevedo, como la mayoría de
los personajes de su tiempo, conceptuaba la religión, a raíz de los efectos de
la Reforma y la Contrarreforma en Europa, como un elemento unificador y diferenciador,
tal y como manifiesta Francisco Vivar en Quevedo y su España imaginada (2002). Así, para
don Francisco, heredero no solo de la tradición imperial, sino de la tradición
medieval que percibía a los españoles como el pueblo preferido por Dios para
proteger el cristianismo, España se identificaba con la verdadera religión y
estaba a merced de la Divina Providencia. Esta concepción y equiparación de la
tierra con el credo desdibujaba los límites del poder político y el poder
religioso, ya que don Francisco consideraba que el monarca había sido elegido
por Dios. Así, a pesar de que “no siempre puso la religión por encima de los
intereses patrióticos” (Roncero, Historia
130), Quevedo consideraba al rey no solo como una autoridad autónoma del
poder papal, electa por Dios, sino como un dechado de virtudes morales: “Al
buen rey la porfía de consulta sin piedad en necesidades grandes de sus
vasallos, criados o beneméritos, en lugar de enflaquecerle, o mudarle de
propósito, o envilecerle el corazón, le ha de obligar a hacer milagros como
hizo Cristo este día” (Quevedo, Política 613).
Esta representación del monarca, incardinada en el pensamiento político
medieval, así como la identificación de Dios con España conduce a un “proceso
de deificación de la nación española” (Vivar 102) que se corona, siguiendo el
razonamiento medieval, como la defensora de la verdadera religión y como arma
para derrocar a los enemigos:
Como Dios de los ejércitos, unas veces nos
amparó, y éstas fueron muchas, con nuestro patrón Santiago; otras con la cruz,
que, hecha a vencer la misma muerte sabe dar vida a todos los que, como
estandarte de Dios, acaudilla. Milicia fuimos suya en las Navas de Tolosa. La
diestra de Dios venció en el Cid, y la misma tomó a Gama y a Pacheco y a
Albuquerque por instrumento en las Indias Orientales para quitar la paz a los
ídolos (Quevedo, España 174-175).
No obstante, esta catalogación que Tomás
Borrás conceptuó en torno a la psique del autor de Grandes anales no se detuvo en consideraciones de índole hermenéutica o en el relato de las leyendas apócrifas generadas
en torno a Quevedo, sino que el periodista, tras esbozar los nueve estratos
que, supuestamente, configuran al poeta del Siglo de Oro, revela a don Francisco, basándose en la
doctrina del vate barroco, como precursor del falangismo, movimiento político
fundado por Primo de Rivera al que Borrás se afilió en el año 1935:
Ya este quevedista nos había proporcionado en
el asombroso edificio “Obras completas de Quevedo”, el año 32, cuanto se ha
encontrado […] de la pluma del clásico, tan gallarda en su gallear como honda
de huella […] En esa colección hay estilo, doctrina y abundancia para sacar
escuela una época, como la falangista, que tanto debe a su predecesor don
Francisco (Borrás 3).
El periodista, que defendió sin fisuras los
postulados más radicales de la Falange (Peral y López 12) mostrándose siempre
muy cercano al círculo de Ledesma Ramos y Giménez Caballero, demostró a lo
largo de su vida una implicación extraordinaria con este movimiento político,
tal y como manifiestan Álvaro López y Emilio Peral Vega en su edición de Checas de Madrid (2016).
Así Borrás, vehemente antirrepublicano y
antimarxista, utiliza la prensa, medio de difusión
que tenía un impacto social amplificador, mucho más poderoso que los escritos
doctrinarios o los debates académicos, para conectar a Francisco de Quevedo con
la Falange. Este hermanamiento que
el gacetillero instituye, sin ofrecer teorías
al respecto, se establece no
solo por la apropiación ideológica de los clásicos y su legado o por la omisión
de la tradición de la que se nutre Quevedo, sino por la probable consideración,
por parte de Borrás, de ciertas
tendencias que confluían en el ideario falangista. Estas tendencias que han sido reseñadas por especialistas
como Carlos Mainer, en su estudio Falange
y Literatura (2013), o por Gabriela Lima en el artículo “Plumas fascistas.
Los escritores de la Falange Española” (2018), se pueden cifrar grosso modo en la preocupación por un
estilo viril y poético de la vida, no en balde esta doctrina se entendía a sí
misma como “movimiento poético” (Lima 93), en el plañido por la decadencia de
la patria, en la preocupación por el panorama mundial, en el papel de la
Iglesia como adalid en la recuperación de la esencia española o en el intento
de representar “el alma española”[30]
(Mainer 37).
Sin embargo, esta unión tan conveniente que el
periodista establece pasa por alto, como
ya se ha mencionado anteriormente, la tradición de la que se nutre don
Francisco, tradición que hunde sus raíces no solo en el nacionalismo propio del
Humanismo, movimiento adornado en Quevedo, y en muchos autores de la época, con
una inequívoca vena religiosa o en los tratados políticos del siglo XVI y XVII, sino también en los
versos de Homero, autor que, como señala Roncero, ya
exaltaba en sus versos su lugar de procedencia.
Así pues, se hace necesario señalar que la
relación establecida por Borrás entre el poeta áureo y la Falange, pese a lo
evidente que resulta la declaración de Germán de Patricio cuando asevera que no
hay suceso de la actualidad política en el que no aparezca el nombre de Quevedo
(347), no solo resulta arbitraria, tendenciosa y anacrónica, sino que soslaya
la tradición de la que bebe el autor y sitúa al poeta barroco en una situación
conveniente para favorecer el ideario dominante.
Esta utilización y relectura de la figura de
Francisco de Quevedo durante el régimen, visible
también en artículos que se publicaron durante la contienda, —véase el caso de José María Salaverría, escritor que, en el
artículo “Movilización de sombras insignes” (1938), publicado en la edición sevillana de ABC, llega a afirmar que Quevedo se pondría al servicio
de la España Nacional debido a su exacerbado patriotismo—, y en artículos que
celebraban, en otros medios, el tercer centenario del poeta madrileño —véase el
artículo, de María de Marcos Alfaro, “Tres artículos para un tercer centenario:
las conmemoraciones a Francisco de
Quevedo en el periódico La Vanguardia” (2024)—,
resulta también visible en la revisión del mito caballeresco de Amadís o en la adaptación de textos
dramáticos con los que la Falange pretendía “educar o recordar a la población
los principios básicos que configuran la sociedad española
(religiosidad, familia, obediencia, así como respeto a las leyes y al Estado)”
(Sáez 353).
Así pues, esta relectura y revisión que Quevedo experimentó durante el régimen, relectura “que también
experimentaron otros personajes como Isabel La Católica o Pedro Calderón de la
Barca” (Marcos, “Tres” 298), apuntaló el discurso aleccionador y moralizador de
un régimen que impuso,
de forma rigurosa, sus valores no solo en el ámbito socioeconómico y político, sino también en el espacio cultural y
educativo.
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VERBEIA JOURNAL OF ENGLISH AND
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REVISTA DE ESTUDIOS
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2026
ISSN
2444-1333
Año XII, Número 11
The Latent Specter of Old Age
in Flannery O’Connor’s Short Fiction: Nostalgia, Otherness, and the Allegory of
Premature Aging
Marta
Miquel-Baldellou
Universidad de Lleida
marta.miquel@udl.cat
https://orcid.org/0000-0002-9002-5679
Recibido. Received
30/03/2025
Aceptado. Accepted
08/04/2026
Publicado. Published
30/04/2026
ABSTRACT
Flannery O’Connor’s short fiction has been
traditionally categorized as representative of Southern fiction, owing to its
portrayal of marginalized characters, its representation of decadence and
nostalgia during the years following the collapse of the confederacy, along
with the depiction of the grotesque as a type of realism of distance that is
able to reach the transcendental. Nevertheless, up to date, the nostalgic, but
also decadent, mood often related to Southern fiction, which reflects itself in
O’Connor’s short fiction, has hardly ever been associated with the prevalent
presence of elderly characters, who acquire particular
centrality in many of O’Connor’s short stories, together with thematic
aspects related to aging. This article offers an analysis of old age in
O’Connor’s later short fiction by means of the identification of elderly
characters and thematic aspects related to aging, along with the use of old age
as a metaphor of the illness which befell the author and subjected her to a
symbolic process of premature aging.
KEYWORDS: premature aging, grotesque,
nostalgia, uncanny, otherization..
El espectro latente de la vejez en la ficción breve
de Flannery O’Connor: nostalgia, otredad y la alegoría del envejecimiento
prematuro
RESUMEN
La ficción breve de Flannery O’Connor ha sido
tradicionalmente categorizada como representativa de la ficción sureña, debido
a su retrato de personajes marginados, la representación de la decadencia y la
nostalgia durante los años posteriores al colapso de la confederación, así como
la descripción de lo grotesco como un tipo de realismo de la distancia capaz de
llegar a lo trascendente. No obstante, hasta la fecha, el nostálgico, a la par
que decadente, ambiente que a menudo se relaciona con la ficción sureña, y que
se refleja de forma recurrente en la ficción breve de O’Connor, apenas ha sido
asociado con la presencia de personajes envejecidos, los cuales adquieren un
protagonismo central en muchas de las narraciones breves de la autora, así como
aspectos temáticos relacionados con el envejecimiento. Este artículo ofrece un
análisis de la vejez en la ficción breve tardía de O’Connor mediante la
identificación de personajes envejecidos y de aspectos temáticos relacionados
con el envejecimiento, así como el uso de la vejez como metáfora de la
enfermedad que afectaba a la autora y que la sumía en un simbólico proceso de
envejecimiento prematuro.
PALABRAS CLAVE: envejecimiento prematuro, lo grotesco, nostalgia, lo extraño, otredad.
Cómo citar:
Miquel-Baldellou, Marta. “The Latent
Specter of Old Age in Flannery O’Connor’s Short Fiction: Nostalgia, Otherness,
and the Allegory of Premature Aging”. Verbeia, 11, 2026, pp. 142-162.
1.
INTRODUCCIÓN
In her essay “Some Aspects of the Grotesque in Southern Fiction,” which was originally published in 1960, Flannery O’Connor notes that the readers
and critics of her time demanded a kind of limiting
realism which prioritized fidelity to everyday life.
In contrast, O’Connor was
more drawn to the kind of
realism found in grotesque fiction, which moves away from
typical social patterns,
and instead, leans toward mystery and the unexpected. O’Connor defines it as a kind of
vision and a descent through the darkness
of the familiar, which relates to her own religious
convictions and faith. According to Lamar Nilsy, as a
Christian author, O’Connor felt
concerned to make modern life
appear as distortions to an audience
that was used to seeing
them as natural (89), and conversely,
to delve in grotesque situations
and portray them coherently as a way to gain insight
into latent truths. Accordingly, for O’Connor, the kind of realism
that should go in fiction is
the realism of distance that
characterizes the prophet. In fact, given O’Connor appreciation of the grotesque to attain transcendence,
theorists like Marshall
Bruce Gentry (1986) have even
referred to O’Connor’s religion of the grotesque.
As its main tenets, grotesque fiction mostly juxtaposes apparently opposing terms, it explores the nostalgia for the lost
past, and it draws attention towards the displaced. According to Thomas Aervold Bjerre, the grotesque turns into a site of transgression that challenges the status quo, evokes the Bakhtinian
notion of carnivalesque as a strategy of disruption, and exposes a confusing matrix of contradictions
(4). In this respect, as
Claire Kahane (1979) observes, the grotesque in
O’Connor fiction often involves an oscillation
between the comic and the fearful, which
takes place as a result of introducing humor in the midst of
ferocious events, and ultimately finding revelation through satire and even violence. Likewise, the grotesque is mostly grounded in nostalgia and the evocation of
the past, inasmuch as the antebellum South evokes an idyllic and agrarian area, but also a past
repository of all American historical shortcomings, such as slavery and racism, which displays aspects like decadence,
intergenerational conflicts,
and death. In this respect, Mark Graybill (2021) finds
in O’Connor’s fiction instances of Svetlana Boym’s concept of restorative nostalgia, which stresses a transhistorical reconstruction of the lost home, and of Theodor Adorno’s notion of the
authoritarian personality, which prioritizes social order and hierarchies to bring a sense
of control in a chaotic world. O’Connor thus delves in a toxic mixture of nostalgia for the Southern past in terms of romanticized
manners and values, coexistence with racial tensions, and the ideals of the
Civil War. Accordingly, as Bridget Marshall (2013) puts forward, O’Connor’s fiction addresses the lost principles
of the dispossessed
Southern aristocracy, whereas,
as Christopher Walsh (2013) argues, it also engages in the dark legacy
of slavery and racial segregation. Moreover, drawing on Teresa Goddu’s premise (1997) that the American South has traditionally
served as the nation’s other, Marita Nadal has analyzed the pervasive
presence of the displaced and the deviant in O’Connor’s fiction as “peculiar figures that
constitute an instrument of revelation”
(206), and that possess a prophetic potential to the extent
that their presence may bring
forward epiphanies and convey
transcendental values.
As regards the displaced figures that populate grotesque fiction, little attention has been drawn so far
to the fact
that there is a high number
of aging characters in O’Connor’s Southern
fiction that play a prominent part as agents of revelation. Approaching O’Connor’s writings with a particular focus on aging,
it is only
recently that some theorists have drawn attention
to the older
characters and thematics aspects of old
age that become pervasive in O’Connor’s short stories. In this respect, Robert Evans (2025)
points out that some of
O’Connor’s most memorable characters are of advanced age and many of them
are explicitly identified
as grandparents. Likewise, taking aging as object of analysis,
Susana Miró López and Fernando Viñado Oteo (2020) approach
O’Connor’s short fiction through Erik Erikson’s notion of a later
stage in life, in which the integrity
of the self
finds balance with desperation, and Romano Guardini’s
definition of old age as a phase
of culmination in which the individual may reflect upon
the emptiness of existence, or
rather, upon his encounter with
the transcendence. It is thus
possible to associate the relevance
that aging acquires in O’Connor’s short stories with the
attention that is drawn toward
the displaced, nostalgia, and the
blending of contradictory elements in
grotesque fiction. A close analysis of the
pervasive presence of aging in O’Connor’s
short fiction reveals the central role attached to older characters
and some thematic aspects related to aging. In particular, though, O’Connor’s autobiographical details regarding the last
stage of her life may
also play an essential part
in her personal concern about aging as is reflected in her short stories. Although O’Connor passed away when she
was only thirty-nine years old, at a later phase in life, she had to
face the limiting physical symptoms of the
immune disorder known as lupus, the awareness that her life expectancy
would be reduced significantly, and the feelings of dependence
on the care of others. As Sheldon Blau (1974)
explains, lupus consists of a self-defensive illness which may
easily be mistaken for other disorders
to the extent
that recent studies show that
lupus and the effects of the aging
process share a series of symptoms. It could
thus be argued that, as the physical
effects of lupus befell O’Connor, thus hindering her everyday
life and depriving her of strength
and autonomy, her illness unleashed a symbolic premature process of aging, which
finds reflection in her later short fiction. According to Alice McDermott (2021), lupus had
a great impact on O’Connor’s writings,
to the point,
as she explains, that “it was
the illness, I think, which made
her the writer
she is.” Additionally,
Bridget Kurt (2017) claims that
“having lupus affected O’Connor’s writing both spiritually and practically,” insofar as it caused “fatigue, joint pain, itching,
hair loss and other health issues
that reduced her ability to
write to just a few hours
a day.” Nonetheless, as a result of her
faith, O’Connor envisioned her illness as a way to gain
further insight into revelations about existence. In this respect, as Dorothy Tuck McFarland (1976) claims,
feelings of vulnerability and even disability endowed O’Connor’s writings with a significant quality of spiritual transcendence. Similarly, as
Sally Fitzgerald (1980) notes, O’Connor’s letters display that, owing to
her illness, she felt driven
by a sense of urgency, hence
revealing that, as Carl
Horner (2005) puts forward, O’Connor’s
genius grew more defiant and enabling after being diagnosed with this disorder.
As a case in point, in the letters that she
wrote to her friend Cecil Dawkins in the summer of
1957, O’Connor confesses that
her illness conditioned her writing, but also
improved it, since she admits
that, being forced to go
back home, “the best of my writing
has been done here”
(Fitzgerald 230). Additionally, suffering from bone trouble
and resorting to clutches for mobility,
O’Connor claims that “when you can’t
be too active physically, there is nothing
left to do but write, so I may have a blessing
in disguise” (Fitzgerald 234). Correspondingly,
as Harold Bloom points out,
in the fall of 1963, even if
O’Connor’s health had worsened significantly,
she recovered to experience “a burst of productivity”
(12), which enabled her to keep
on writing until the end
of her life.
Having to come to terms with
an immune disorder such as lupus, O’Connor was forced to
experience as well as reflect upon issues
which the advent of old
age usually brings about. Accordingly,
even though older characters and thematic aspects of aging in her
fiction echo widespread
cultural notions of old age as a narrative of decline, O’Connor’s personal approach to aging
as particularly productive rather
envisions old age as a narrative of progress. According to Margaret Gullette (2011), from
a social perspective, the
decline narrative understands aging
as a process of loss and diminution, which is characterized
by decreasing capabilities, in contrast with progress narratives, which rather challenge
the ageist master narrative of aging as a narrative of decline. Besides, though, O’Connor also experienced a symbolic process of otherization through her illness,
which also arises along the
aging process. As Simone de
Beauvoir explains, the
individual usually regards her aging self
as otherized, thus stating that “within
me it is the Other—that is to say
the person I am for the outsider—who is old
and that other is myself” (284). As a result of misrecognizing
the aging other as oneself, Mike
Featherstone and Mike Hepworth (1999) coin the notion of
the mask of old age,
which expresses the tension between
the aging body and the inner
sense of identity. Similarly, Kathleen
Woodward (1986) also refers
to the mirror
of old age,
as a reversal of the Lacanian mirror
stage, since, instead of embracing
the mirror image as the child
does, the aging person rather
refuses to accept the aging
image that the mirror renders back and anticipates disintegration. Nevertheless, despite the fact that
her illness and symbolic process of premature aging unleashed an increasing
sense of otherization, as a writer,
O’Connor could detect a sort of unusual
earnestness and determination
that characterized her writings at a later stage of
creativity. In this respect, Anne Wyatt-Brown (1993) identifies
diverse models of late-life writing according
to the stance
that a writer may take in relation
to her creativity
with the advent of old
age. According to Wyatt-Brown’s classification, O’Connor’s model of late-life
writing would correspond with that of late-life
revival, by means of which the
author experiences an increase of
creativity which may be explained precisely on account
of the advent
of aging. In particular, as
O’Connor herself admits in her personal writings, as her illness rendered
her increasingly disabled in body, she felt enabled
to focus more intensively on her fiction.
Drawing on recent studies that have begun
to underline the relevant role that aging plays
in O’Connor’s later short fiction, this article
aims to identify
O’Connor’s short stories in
which aging attains particular prominence, as
they feature older characters and they deal with thematic troped related to aging.
In particular, though, this
article also seeks to argue that O’Connor’s incapacitating illness, which unleashed a symbolic premature process of aging, operated
as a catalyst to include aging as a relevant discourse in her fiction, but
also to reactivate
her productivity at a later stage of
creativity. Based on these premises, the analysis of
aging in O’Connor’s short fiction will focus
on the characterization
of older characters, thematic tropes related to the discourses
of aging, and autobiographical aspects that remain latent
in O’Connor’s short fiction
and evoke her illness and turn it into a metaphor
of old age.
2.
A FOCUS ON AGING: CHARACTERS,
THEMES, AUTOBIOGRAPHICAL ASPECTS
Approaching O’Connor’s
short fiction with a focus on aging
reveals that a selection of ten of her short stories
revolve explicitly around older characters
and thematic issues in relation to the
discourses of aging, along with
echoes that evoke biographical aspects as regards O’Connor’s own process of premature aging. These ten narratives, compiled in O’Connor collection of complete stories, comprise “The Geranium” (1946),
“Wildcat” (1947), “A Stroke of Good Fortune” (1949),
“A Good Man is Hard to
Find” (1953), “A Late Encounter with
the Enemy” (1953), “You Can’t Be Any Poorer than Dead” (1955), “The Life You Save May be Your
Own” (1955), “The Artificial Nigger”
(1955), “A View of the
Woods” (1957), and “Judgement Day” (1965). O’Connor was diagnosed with
lupus in 1950, when she was only twenty-five
years old, which coincides with the bulk of
her short stories dealing explicitly with aging, even
if three of them were
written before the diagnosis, which may also be due
to the fact
that she started experiencing the limiting effects
of the illness
before its detection. It could
thus be claimed that O’Connor perceived her illness as a catalyst that would
urge her to write her stories
with a focus on aging. Nonetheless,
O’Connor’s interest in the grotesque in Southern fiction
as a kind of realism also conditioned
her increasing concern about aging,
which showed in the juxtaposition of contrasting elements such as decline and progress, the pervasive
trope of nostalgia through the memories
of a lost past, and the importance
attached to the displaced, given the ostracism that
some older characters may have to face.
In the selection of the ten short stories that are object of analysis
in this article, the main characters
are often elderly individuals, thematic aspects in the stories often revolve
around aging explicitly, and some of them evoke
turning points in O’Connor’s personal life that she experienced
as her illness took a turn for
the worse.
In all these short stories, the main characters
are elderly individuals who face different
challenges in their everyday life as a result of their
aging process. First of all, in many
of O’Connor’s stories, older men are characterized as experiencing statism and ostracism. In “The Geranium,” Old
Dudley regrets having moved
to New York to live with his
daughter, and he spends his days waiting
for the neighbor,
who lives in front of their
building, to take out a geranium
and place it on the window ledge,
thus establishing an ironic and critical
parallelism between the geranium and himself. In “Wildcat,” Old Gabriel must
stay home while the youngsters in the village go
hunting for a beastly cat, which
shows he can no longer
resort to the same degree of
strength and dexterity that he rejoiced in his youth. Nonetheless,
older men are also considered embodiments of a glorious past and of the permanence
of traditions. In “A Late Encounter with the Enemy,” a woman
who is about
to receive her college degree
wishes to bring her elderly
grandfather, General Sash, who
served in the war, to her
graduation ceremony, out of pride
and reverence for the aging man.
However, for the most part,
the values that these older
men represent are usually considered outdated and even narrow-minded by younger generations. In “You Can’t Be Any Poorer than Dead,” Old Tarwater, who raised his nephew
on his own,
makes the young man promise
that he will give him a Christian burial when he passes away, although
his wishes are not ultimately fulfilled. In “The Artificial Nigger,”
Mr. Head plans to take his grandson
Nelson to Atlanta although the older man’s
lack of experience
as regards the ways prevailing in the big city
put in jeopardy his assumed authority.
In “A View of the Woods,”
Mr. Fortune feels closely attached to his
granddaughter Mary, whom he
considers the relative who mostly takes
after him, even if latent differences
between them end up in tragedy. In “Judgement Day,” as an elderly man, Tanner dislikes living in his daughter’s and son-in-law’s apartment and misses the time when he lived in the country.
The older women in O’Connor’s short stories reflect upon the effects
of aging, take pride in assuming
her role as guardians of the old
traditions, and display a great degree of
independence, even though the stories
convey that cultural and
social ageist prejudices often subject these
older women to ostracism and exclusion. In “A Stroke of Good
Fortune,” Ruby is an older woman, who
has difficulty in going up the flight of
stairs in her building, hence wondering whether she must be growing
old, or rather,
whether she is expecting a child, thus delving
in the equivocal symptoms of aging.
In “A Good Man is Hard to
Find,” a grandmother gives
in to go to Florida in her family’s car although she has heard rumors
that a dangerous criminal
and his gang are roaming free, which are ignored by her
younger relatives. In “The Life You Save May Be Your Own,” Lucynell
Crater is an elderly woman who
lives with her daughter, who
has a cognitive disability, when
a man, who is physically impaired,
offers himself to work at their
farm, and the elderly woman makes
arrangements so that the man marries
her daughter although her plans
come to no fruition.
The pervasive
presence of older characters in these stories pave the way for
the discussion of thematic aspects
related to aging that are grounded in the grotesque and the gothic in Southern fiction. Accordingly, tropes related to aging include
rites of passage that evoke
aging and bring to the fore
the contrast between the past
and the present, intergenerational tensions that underline the schism existing
between old values and modernity, and the dyad between
the country and the city as a paradigm of the nostalgia for former times in contrast with the
hectic rhythm of urban settings
in which older characters from the old South seem
unable to fit. Passages in some of these
stories depict transitional moments like turning points,
journeys, and graduations, which metaphorically underline the aging
process. Accordingly, the act of
going hunting and slaying a dangerous beast signifies a rite of passage which
evokes aging, and eventually, death in “Wildcat.”
The family trip in “A Good
Man Is Hard to Find” symbolically involves a shift from home to the
unknown that ends tragically in spite of the
grandmother’s warnings. The
academic graduation in “A
Late Encounter with the Enemy” in which
General Sash is exhibited
conjures a final turning point
in his life. Intergenerational conflicts are also explored, which denote a contrast between old traditions
as embodied by older characters and modernity on behalf
of their younger counterparts. As a case
in point, as soon as his great uncle
passes away, Tarwater follows his own
whims in “You Can’t Be Any
Poorer Than Dead,” disregarding
his uncle’s last wishes. In “The Artificial Nigger,” the generational
gap between Mr. Head and his
grandson Nelson is brought to the
fore and eventually reversed as a result of their testing
experience in a big city, which discredits
Mr. Head’s assumed authority. In “A View of the Woods,” despite the apparent close
tie that bind them together,
Mr. Fortune and his granddaughter
Mary end up in a violent fight in a graphic display of intergenerational
conflict. In O’Connor’s
short fiction, older characters find themselves away from home, living with their children’s
families in urban settings, which paves the way for
establishing a contrast between the country and the city, along
with the respective values that each
geographical paradigm represents. In this respect, Old Dudley is taken to his
daughter’s home in the city in “The Geranium,” as also happens with
Tanner in “Judgement Day,” whereas,
in “A Good Man Is Hard to
Find,” the grandmother initiates a journey with her family
far from home that will end
in tragedy. O’Connor’s
short stories thus address thematic aspects in relation to aging like
transitional moments that evoke aging,
intergenerational conflicts
that establish a contrast between past and present values, and divergent geographical locations that symbolize the clash between
former times and modernity.
From an autobiographical approach, O’Connor’s short stories about aging also
bring to the fore latent
anxieties in relation to her illness,
which find correlation in passages in which older characters
resent the physical effects of aging, regret
their dependence on the care of
others, and feel nostalgia for the lost
past in the rural South. As
an immune disorder, lupus involves a case of the defense system fighting against the body
itself, its effects may last
for an unpredictable
lapse of time, and the increasing recurrence of symptoms leads to the patient’s
need of being
under treatment. As a result of her
illness, whose effects could easily
be mistaken by untimely outbursts of aging, O’Connor felt progressively isolated in the home as a result of increasing
immobility and pain. In this respect, her
situation was not unlike that
of the older
characters in her stories “Wildcat,” in which Old
Gabriel is prevented from joining the
hunt, and “A Stroke of Good
Fortune,” in which Ruby complains
about the progressive decline of her body. When
O’Connor’s illness was diagnosed, she felt compelled
to move back to her mother’s
home and remain under her care despite being a grown-up adult. Her situation at the time is evocative of the older
characters in stories like “The Geranium,” “Judgement Day,” “A Late Encounter
with the Enemy” and “You Can’t Be Any
Poorer Than Dead,” in which
Old Dudley, Tanner, General Sash and Old Tarwater feel
dependent on their younger relatives and are unable to lead an autonomous existence.
As O’Connor went back to
rural Georgia as a result of
her illness, she reconnected with her roots
and the values prevailing in the old South which she had imbibed
in her youth. Having lived in big cities and towns on the
east coast for part of
her adult life, O’Connor’s return to her
hometown may have stirred early
memories of the South. The clash between rural and urban settings which O’Connor may have experienced
finds correlation in stories like “The Artificial Nigger” and “A Good Man is Hard to Find,” in which older characters leave their hometown
in the rural South to begin a journey towards a threatening and unfamiliar destination. O’Connor’s process of coming to
terms with an immune disorder,
which shares a series of symptoms with the
advent of old age, and forced
her to return
to the rural South and feel dependent on the care of
her mother, finds reflection in the pervasive role of aging—in terms
of characters, themes, and latent autobiographical aspects—that characterises her short fiction at the time.
3.
PORTRAYING THE AGED: PHYSICAL EFFECTS OF AGING AND
AGEIST BIAS
In O’Connor’s
narratives portraying old age, elderly characters
are described by means of emphasizing
the effects of aging on
their bodies. Likewise, older characters display some eccentricities or peculiarities of temperament, and they also exhibit
some monotonous and
repetitive daily habits that emphasize passivity. Accordingly, the characterization of the elders
in O’Connor’s stories generally complies with Gullette’s notion of narratives of decline (2011), whereby aging is mostly
envisioned as a process of gradual loss and decreasing capability. Besides, O’Connor’s short fiction dealing with aging also
includes numerous passages which display prevalent ageist attitudes towards the elders,
whereby older characters are ostracized and debased on account
of their age, thus anticipating
Robert Butler’s notion of ageism, which
was coined in 1969, only a few years
after O’Connor’s short stories
about aging were published.
In some stories, the portrayal
of older characters underlines their physical and mental deterioration. In “A Late Encounter
with the Enemy,” General Sash’s age, since he is
“a hundred and four years old” (134), is emphasized through
the portrayal of his physical
and mental condition, as “he was
as frail as a dried spider”
(140), while “the past and the future were the same
thing to him, one forgotten
and the other not remembered” (139). Similarly, in “The Artificial Nigger,”
Mr. Head is portrayed as having “a small amount of white
hair that had turned tobacco-colored
over the years and this lay flat across the back of his head—the
front of his head was bald
and creased” (253), while
Lucynell Crater in “The Life You Save May Be Your Own” is depicted
grotesquely, since, when Mr. Shiftlet offers her some
chewing gum, she raises “her upper lip to
indicate she had no teeth” (146). Likewise, in many stories, older characters suffer from some mobility
impairment, as is the case with “The Geranium,” in which Old Dudley’s daughter takes him to
go shopping, but he is “too slow”
(3) to follow her pace, while, in “A View of the Woods,” Mr. Fortune
declares that he is an “old man
with a heart condition” when he argues with his granddaughter
Mary (344). Likewise, in “A Stroke of Good Fortune,” Ruby must stop
“on the fifth
step to blow” (97), as she gets exhausted
upon going up the stairs, and in “You Can’t Be Any Poorer Than Dead,”
Old Tarwater foretells that
“the stairsteps would take ten years off is life”
(294). In addition, in these
stories, some elderly characters are often associated with passivity and monotonous routines, since, in “A Good Man Is Hard to Find,” it is
revealed that, while being driven
in the car, “the grandmother took cat naps and woke
up every few minutes with her own
snoring” (123), and analogously,
in “Wildcat,” Old Gabriel affirms that
there is nothing “for old
people to do but wait” (30), while in “Judgement Day,” Tanner’s son-in-law asserts that all
that his elderly father-in-law does is
“sit all day with that
hat on” (532). Accordingly, the overall portrayal of elders in these
stories emphasize their physical and cognitive deterioration, sedentarism and passivity, which mostly equals aging
with decline.
In contrast, though, some of
O’Connor’s stories about aging also
reveal ageist prejudices towards elderly characters on behalf of
their younger counterparts, who often treat their
elders with contempt, ignore them or simply consider
them as relics from the past.
This attitude evokes Butler’s concept of ageism defined
as “a deep-seated uneasiness
on the part
of the young
and middle-aged” and “a personal revulsion
to and distaste for growing old, disease,
disability” (243). Additionally, Alex Comfort defined the term
as “the notion that people cease
to be people, cease to be the
same people or become people
of a distinct and inferior kind, by virtue
of having lived a specified number of years”
(35). As cases in point, in O’Connor’s
short fiction, older women are ridiculed for trying to
hold on to
their youth or impose their
ways on their
younger counterparts. In “A
Stroke of Good Fortune,” Ruby’s
neighbor, Mr. Jerger, ironically
refers to the fact that
“Ponce de León was looking for the fountain
of youth,” and that “he was trying
to be young always” (101), as Ruby feels concerned about the fact that
she must be growing old. In “The Life You
Save May Be Your Own,” when Lucynell Crater meets Mr. Shiftlet, she persuades him to marry her
daughter, since “she was ravenous
for a son-in-law” (150), as
matriarch who wishes to exert
control over her daughter’s future. Besides, in “A
Good Man Is Hard to Find,” when the grandmother
and her family encounter a dangerous criminal on their way
to Florida, she lectures him about
his mischievous behaviour, and she even tries to convince
him to abandon
his criminal ways, until he finally exclaims, “she would have been
a good woman […] if it had
been somebody there to shoot
her every minute of her life”
(133). Older women are thus
treated with particular disdain by younger
counterparts.
Elderly men are also exposed to
ageist prejudice, as they are scorned and even commodified by their own
younger relatives. In “The Geranium,”
Old Dudley is offended when his daughter’s
African-American neighbor pats him on
the back and calls him “old-timer” (13). In
“Wildcat,” the young
hunters make fun of Old Gabriel, as they believe that he is afraid of
staying home on his own in case he is attacked by
the beast. In “A View of the Woods,” despite Mr. Fortune’s attachment to his
granddaughter, after facing
her insolence, he admits to himself,
“he had never seen a child behave
in such a way in his life—neither
his own children
nor anyone else had ever
displayed such temper in his presence”
(353). In “You Can’t Be Any Poorer Than Dead,” after Old Tarwater passes away, his nephew
tells himself that “old men
are selfish” (304) and “you
could have been a city slicker
for the last
ten years—instead, you been deprived
of any company
but him, you been living
in a two-story barn in the middle of this
earth’s bald patch” (306), thus suggesting that his choices were
limited as a result of Old Tarwater’s constant surveillance. In “A Late
Encounter with the Enemy,” General Sash is literally treated
as a commodity and exhibited
like a relic of the American Civil War, since, “every year
on Confederate Memorial
Day, he was bundled up and lent to the
Capitol City Museum where
he was displayed from one to
four in a musty room full of old
photographs, old uniforms, old artillery,
and historic documents”
(139). Sometimes ageist prejudice takes overstated proportions, since, in “Final Judgement,” Tanner’s daughter and son-in-law discuss where
they are going to bury him
when he passes on, unaware of
the fact that Tanner is listening. Consequently, O’Connor’s short fiction gives evidence of instances of
the prevailing ageism existing in society that subject
the elders to discrimination and ostracism.
4.
THEMATIC TROPES OF AGING: NOSTALGIA, WISDOM, GENDER
As narratives of
Southern fiction, and particularly,
of a kind of realism of
distance that characterizes the grotesque, some of O’Connor’s
short stories about aging focus on
the nostalgia that elderly characters feel towards the
golden years of the past
and the places where they had the
best time of their lives. In “The Geranium,” Old Dudley spends his days watching
the flowerpot opposite his daughter’s
apartment, because it reminds him
of “the sick
Grisby boy at home and it was the color of
the drapes the old ladies had in the parlor”
(9), thus conceding that he misses his own home. Analogously,
in “Judgement Day”—a later story that O’Connor based on her
early narrative “The Geranium”—Tanner,
who is also
living in his daughter’s flat, indulges in memories of better
times, as he remembers that
“at home he had been living in a shack but there was
at least air around it—he could put
his feet on the ground”
(541). Some elderly characters
also feel nostalgia for the splendor
of her golden
years, since, in “Wildcat,”
when Old Gabriel realizes that the young
men go hunting,
he recollects “memories of his youth
when he also wanted to catch a cat” (27), whereas, in “A Late Encounter with the Enemy,” although
his granddaughter wishes to introduce her grandfather as a war veteran, elderly
General Sash ponders that “this was not
the same uniform he had worn in the war
between the States,” and that “he had not
actually been a general in that war—he had
probably been a foot soldier” (135). In “A Good
Man is Hard to Find,” the grandmother muses about her past
as a Southern Belle, as she recollects
“an old plantation
that she had visited in this neighborhood once she was a young
lady” (123). Nonetheless, in “You Can’t
Be Any Poorer Than Dead,” one
of Old Tarwater’s nephews invites him to stay in his
apartment so that he can write an academic
paper on him based on
his habits and ways of thinking,
ultimately declaring him “a type that’s
almost extinct” (301). Accordingly, the elders are believed to be repositories and guardians of the
traditions and values from the past,
which they struggle to preserve although the legacy
that they represent seems to be doomed in
times of modernity.
Moreover, in addition
to holding on to their role as respectable patriarchs and matriarchs who are preservers of old
morals and ideals, in O’Connor’s fiction, these elders are also embodiments of wisdom and ancestral knowledge. In his analysis of images
of older people in art and society,
Herbert Covey (1991) identifies the
traditional role attached to the elders
as sages. In O’Connor’s story “The Geranium,” as Old
Dudley feels lonely and ignored in his daughter’s apartment in New York,
he recollects how his African-American boy, Rabie, enjoyed listening to his
stories about the past and “about
Atlanta when Old Dudley had
been there and about how guns
were put together on the
inside and all the other things
the old man
knew” (5). In other
narratives, older men display overtly that they hold
a high opinion of themselves. In “Wildcat,” Old
Gabriel commits himself to hunt the
beast and asserts that he will catch it, as opposed to what happened
to old Hezuh,
who was slain
by a wild cat when Old Dudley was only a child. In “A View of the Woods,” Mr. Fortune considers himself “a man of advanced
vision, even if he was seventy-nine
years old” (338). If older men
praise themselves for their courage
and entrepreneurial skills,
older women display their vanity
and sense of class. In “A Stroke of Good
Fortune,” Ruby’s vanity is displayed when
she compares herself with her own
mother when she was the
same age, and in comparison, she exclaims that she
is “extremely young looking for
her age” (98). Similarly, in “A Good Man Is Hard
to Find,” the grandmother dresses herself up for the journey, since,
“in case of an accident, anyone seeing her dead
on the highway
would know at once that she was
a lady” (118), and in “The Life You Save May Be Your Own,” Lucynell Crater displays a sense of superiority when she meets
Mr. Shiftlet, whom she dismisses as a tramp, since, as is mentioned, “the old woman
watched him with her arms
folded across her chest as if
she were the owner of
the sun” (146), hence showing her
assumed authority as a matriarch.
Elderly characters
are also portrayed as experienced, knowledgeable, and guardians of the
values of the past which
extol them as leaders and guides particularly for the youth.
In “The Artificial Nigger,” as Mr. Head plans to take
his grandson Nelson to Atlanta, he admits that “age was
a choice blessing and that only with
years does a man enter into
that calm understanding of life that makes
him a suitable guide for the young”
(249), while, during their stay in Atlanta, Nelson is afraid of
getting lost and admits to himself
that “his grandfather was indispensable to him” (257). Besides, as a result of his longevity
and his splendorous past as a veteran, in “A Late Encounter with the Enemy,” General Sash is portrayed as a “glorious upright old man standing for the old
traditions” (135). Likewise,
in “You Can’t Be Any Poorer Than Dead,”
following Old Tarwater’s death, his nephew
recollects that “his uncle had
taught him figures, reading, writing, and history beginning with Adam expelled from the Garden” (293), thus describing him as a mentor from whom he has learned everything that he knows. In O’Connor’s short fiction, the portrayal
of the elders
as preservers of wisdom recurs and contrasts with instances of ageist
prejudice, which also persist as indicative of prevailing social bias against the
aged.
These narratives also
give evidence of the way
that old age conditions gender, inasmuch as gender also conditions
old age, since elderly characters
attempt to hold on to
the same conceptualizations of masculinities and femininities prevailing in their youth, which are called into question
as they grow older. Drawing on Pamela Gravagne’s precepts (2013), with the advent of
old age, elderly men appear
to undergo a symbolic process of emasculation, as they are gradually deprived of forgone
ideals of hegemonic masculinity, which have been
conventionally associated with strength, authority, and dominance. Elderly men miss the action they
enjoyed in their youth, as is the
case with “Wildcat,” in which
Old Gabriel would like to join the
party of hunters, while, in “The Geranium,” Old
Dudley recollects his good old days
when he used to go fishing
with his friend Rabie, since, back in the country, “he was the man in the
house and he did the things a man
in the house was supposed to
do” (5). Likewise, in “A Late Encounter
with the Enemy,” although General Sash is honored as a war veteran for
his strength and courage, it is
put forward that “his feet were
completely dead now, his knees
worked like old hinges, his
kidneys functioned when they would”
(139), hence admitting that he is no longer
in possession of the masculine assets that categorized him as a national hero in his youth.
Similarly, in their old age, male elders
are divested of their authority as patriarchs, as happens in “Judgement Day,” when Tanner assumes that, since
he had moved into his daughter’s flat, “he had been nothing
but a nuisance to her” (547). Moreover, in “You Can’t Be Any
Poorer Than Dead,” Tarwater is
disloyal to his great uncle’s
last wishes with regard to
his burial arrangements, whereas, in “A View
of the Woods,” Mary Fortune
loses all respect to her grandfather
even to the
extent of mistreating him physically. Similarly, in “The
Artificial Nigger,” although
Mr. Head had planned to take his
grandson to Atlanta to teach him
a lesson, when he is in the city,
he gets lost, he feels at the mercy
of strangers, and he even loses the admiration of his
protégé, which leads Mr.
Head to realize that “now he was
wandering into a black strange place where nothing was
like it had
ever been before, a long old age without
respect” (267), thus feeling pity for
himself.
Besides, if elderly men try to hold on
to conventional ideals of dominant
masculinities, while being deprived of them in their
old age, older women also
try to retain an idealized image
of themselves in their youth as Southern Belles.
In “A Good Man Is Hard to
Find,” the grandmother recollects her youth and tells her grandchildren about the pretenders
she had, while, in “The Life You Save May Be Your
Own,” as the lady of the plantation,
Lucynell Crater holds on to her
past ideals of femininity and fantasies about getting her daughter
settled and married. Nonetheless, as Kathleen Woodward (1999) asserts, with the
advent of aging, older women
also dread the feeling of
resembling their mothers and the shock of identifying themselves with the older woman.
In “A Stroke of Good Fortune,” when
Ruby gains awareness of her own
aging process, she recollects the way her
mother looked at her age, stating
that “she had looked like
a puckered-up old yellow apple, sour” (97), conceding that having children may have led her
to grow old
prematurely. When Ruby suspects that the
reason why she often gets
exhausted lies in the fact that
she is pregnant,
she believes that this circumstance
is bound to hasten her
aging process and deprive her of
her good looks
as a woman, as also happened to her
mother. This process of metaphorical
alienation that appears to come along with aging
paves the way for the emergence
of the aging
other, which acquires particular relevance in the way O’Connor approached her own symbolic process
of premature aging as a result of her
illness.
5.
AUTOBIOGRAPHICAL MOTIFS: THE OTHER AND THE SHADOW OF
DEATH
Along O’Connor’s short fiction about aging,
there is a series of latent motifs,
associated with the advent of
old age, which appear to
conjure O’Connor’s own fears and anxieties as a result of her
illness and her ongoing process of premature aging. According to psychoanalytic
precepts, Amelia DeFalco
(2009) describes aging as a source
of the Freudian
uncanny, which is that sort
of frightening that has been repressed,
but leads back to what is familiar. Likewise, for Simone de Beauvoir
(1972), old age involves a process of internalization of difference, which paves the way for the
alienation that gives rise to
the figure of the aging other.
During the course of her immune
disorder, in which her defense system fought against her own organism,
O’Connor might have faced an experience
of symbolic otherization, whereby she was forced
to embrace that other self, which
looked familiar, but estranged. O’Connor was thus obliged to
confront her aging other in the mirror. Besides,
given the fact that her
immune disorder gradually deteriorated her bodily functions,
and that her father had died
of the same
disease, O’Connor had to confront her
anticipating fears of the shadow
of death, which menaced to
interrupt her life prematurely despite her young
age. In her short fiction about aging,
the motifs of the other
and of death recur in passages in which individuals must confront their
symbolic aging doubles and also feel threatened by the latent
presence of death.
In some of O’Connor’s short stories, aging acquires a psychoanalytic quality, since the individual’s psyche is split
and the archetype of the double
emerges, thus including passages in which older and younger selves must confront
each other. In “The
Artificial Nigger,” Mr. Head and his
grandson Nelson are portrayed
as doubles, insofar as they exchange qualities,
particularly in terms of age, since
“Mr. Head had a youthful expression by daylight,
while the boy’s look was
ancient, as if he knew everything already” (252), while it is also
disclosed that “Mr. Head looked like an
ancient child and Nelson like a miniature old man” (269). Analogously, in “You Can’t Be Any
Poorer Than Dead,” when Old
Tarwater passes away, his nephew, who
has lived all his life with
the elderly man, undergoes a process of alienation,
which is signaled as his voice alters, since,
“the voice sounded like a stranger’s voice, as if the death
had changed him instead of
the old man”
(295). Similarly, in “A View of
the Woods,” Mr. Fortune senses
that a special bond binds him together
with his granddaughter, which is elicited by
their resemblance, as is stated that
“no one was particularly glad that Mary Fortune looked like her grandfather
except the old man himself”
(336), although when they disagree with
each other on the way
to administer his property, their
fight is portrayed as if the elderly man
was struggling against himself, insofar as “he managed to roll over and reverse their positions so that he was looking down
into the face that was
his own” (355). The symbolic clash between older and younger selves is particularly depicted in the narratives by means of
the traditionally established close connection between the life stages
of childhood and old age. In this
respect, in “The Geranium,”
as a result of his dependence on the care of
others, “Old Dudley felt like a child with
a pop-pistol” (12) and, in “Judgement
Day,” Tanner’s daughter admits that the
fact of taking
care of her father is “as bad
as having a child” (533). Similarly, in “Wildcat,” Old Gabriel recalls
that, as a child, he was obliged to
stay home as the youngsters went hunting, and now, as an elderly man,
he is also prevented from going out in the
woods to hunt the beast,
thus implying that both children
and elderly men are equally discouraged from taking action
and running risks in comparison
with adult men. Accordingly, these stories about
aging portray the emergence of
a symbolic other, underline the process
of symbolic alienation that aging brings about,
and describe aging as an experience of the
uncanny.
Besides, by means of the
blending of tragedy, horror and black humor, some of O’Connor’s
narratives come to an end with unexpected
ironic twists that lay bare the inconsequence
of life that
commonly leads to the absurdity of
death. In “The Geranium,”
Old Dudley contemplates the
flowerpot on the window ledge
opposite his daughter’s apartment, hence feeling symbolically
identified with it, and when the
flowerpot falls off, it denotes an ironic
elegy of Dudley’s lost youth
and prospective death. In “The Artificial Nigger,” in his role as a mentor,
Mr. Head intends to take his grandson
Nelson to Atlanta, even if, ironically, he is gradually deprived
of his authority
when he gets lost and even ends
up following his grandson along the streets. The unpredictable end of some of
the stories involving elderly characters underscores that their fate is simultaneously tainted with cruelty
and irony. In this respect, the grandmother
finally encounters the criminal about whom she had
been warning her family in “A Good Man is Hard to Find,” the conman that
Lucynell Crater meets takes away her
daughter as he marries her in order to
steal their car in “The
Life You Save May Be Your Own,”
and Ruby realizes that the cause of her
tiredness lies in the fact that
she is expecting
a child, which, in her view, also
amounted to the reason why
her mother grew old prematurely
in “A Stroke of Good Fortune.” Finally,
older characters often meet ludicrous
deaths that exacerbate both the ironic and tragic quality of their fate. As cases in point, the grandmother
meets a violent death at the hands
of the criminal whom she was
trying to amend in “A Good Man Is Hard to Find,” General Sash passes away, but nobody
takes notice as his still dead
body looks the same as before in “A Late Encounter with the Enemy,” Old Tarwater dies suddenly as he is having breakfast
with his nephew in “You Can’t Be Any
Poorer Than Dead,” Mr. Fortune passes
away after he quarrels with his favorite granddaughter in “A View of the Woods,” and Tanner is killed as he lands upside down in the middle of
the flight of stairs in the
building where he lives with his
daughter and son-in-law, although he believes that he is finally
on his way
back home in “Judgement Day.” Consequently,
some of O’Connor’s
narratives about aging portray the latent
presence of death, which often
takes place suddenly and unexpectedly, thus suggesting its invisible omnipresence. Insofar as death sometimes occurs as a result of ironic twists of fate, O’Connor seems to be underlining its ludicrousness, which is only
counteracted by her faith and embracement
of the afterlife.
6.
CONCLUSIONS
The significant
number of O’Connor’s short stories that focus on
aging are indicative of their categorization as exponents of Southern fiction and the grotesque, given its attention
to tropes like the clash
of contradictory elements, the prevalence
of nostalgia, and the protagonism that the displaced acquire. Nonetheless, the pervasive instances of aging in O’Connor’s
short fiction may also be due to
more personal reasons. As O’Connor struggled with the symptoms of
lupus at a later stage, the illness had
a deep impact on her life
as well as on her creativity as a writer, leading her to undergo
a symbolic process of premature aging in spite of her
youth. This circumstance not only endowed her
writing with a sense of urgency,
as if she were running out of time, but it
also appeared to trigger an
instinctive interest in old age. In this
respect, it could be argued that aging turns
into a pervasive trope in O’Connor’s short fiction, insofar as it was particularly
after she was diagnosed with the disorder that
an increasing number of her
stories explicitly dealt with aging.
As has been shown, O’Connor’s short fiction features elderly characters as protagonists and old age as a thematic trope which acquires
diverse functions ranging from decline and ageism to nostalgia and wisdom along with the
symbolic archetype of the double
and the shadow of death. Insofar
as O’Connor’s fiction has often been extolled
as an exponent of Southern fiction and the grotesque, it may be argued that
the relevance that old age
acquires in her short stories turns it
into a pervasive trope intrinsically associated with this subgenre by
means of an allegorical use which denotes decadence,
nostalgia, and death. Nonetheless,
an autobiographical approach to O’Connor’s
short fiction also allows for interpreting
the pervasive presence of aging
in her stories as
indicative of latent
personal fears and anxieties
about growing old, the symbolic
process of otherization that aging may ential,
and the progressive insight into the
inevitability of death.
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VERBEIA· JOURNAL OF ENGLISH AND
SPANISH STUDIES · VERBEIA·
REVISTA DE ESTUDIOS FILOLÓGICOS
RESEÑAS
.
VERBEIA JOURNAL OF ENGLISH AND SPANISH STUDIES
REVISTA DE ESTUDIOS
FILOLÓGICOS
2026
ISSN
2444-1333
Año XII, Número 11
Book review: Innovación y nuevos enfoques en la enseñanza de la lengua, la literatura
y la cultura hispanas: experiencias prácticas para llevar al aula, Teresa Fernández Ulloa y Elia Saneleuterio (eds.), Universitat
de València, 2025
Óscar Ruiz
Hernández
University of
Massachusetts Lowell (USA)
oscar_ruizhernandez@uml.edu
https://orcid.org/0000-0003-3505-2719
Recibido. Received
20/07/2025
Aceptado. Accepted
15/04/2026
Publicado. Published
30/04/2026
ABSTRACT
This collective volume, edited by Teresa Fernández
Ulloa and Elia Saneleuterio, brings together eleven didactic experiences that
explore the teaching of Spanish language, literature, and culture in diverse
contexts. The chapters present innovative methodologies, such as gamification,
project-based learning, dramatization, and the CLIL approach; applied in real
classrooms at different levels. It also highlights inclusion, interculturality,
and the “Sustainable Development Goals,” fostering critical thinking,
communicative competence, and cultural dialogue as a transferable resource for
teachers and educators.
KEYWORDS: Spanish teaching,
educational innovation, interculturality, inclusion, applied didactics.
Reseña del libro: Innovación y nuevos enfoques en la
enseñanza de la lengua, la literatura y la cultura hispanas: experiencias
prácticas para llevar al aula, Teresa Fernández Ulloa y Elia Saneleuterio
(eds.), Universitat de València, 2025
RESUMEN
Este volumen colectivo, editado por Teresa Fernández
Ulloa y Elia Saneleuterio, reúne once experiencias didácticas que exploran la
enseñanza de la lengua, la literatura y la cultura hispanas en contextos
diversos. Los capítulos presentan metodologías innovadoras como gamificación,
aprendizaje basado en proyectos, dramatización y enfoque CLIL; aplicadas a
aulas reales de distintos niveles. Asimismo, se subrayan la inclusión, la
interculturalidad y los Objetivos de Desarrollo Sostenible, promoviendo pensamiento
crítico, competencia comunicativa y diálogo cultural, como recurso transferible
para docentes y formadores
PALABRAS CLAVE: enseñanza del español, innovación educativa,
interculturalidad, inclusión, didáctica aplicada.
Cómo citar:
Ruiz Hernández Óscar. “Reseña: Reseña del libro: Innovación y nuevos enfoques en la enseñanza de la lengua, la literatura y la cultura hispanas: experiencias prácticas para llevar al aula,
Teresa Fernández Ulloa y Elia Saneleuterio (eds.), Universitat de València, 2025”. Verbeia, 11, 2026,
pp. 164-168.
RESEÑA DEL LIBRO
El volumen colectivo Innovación y nuevos enfoques en la
enseñanza de la lengua, la literatura y la cultura hispanas, editado por
Teresa Fernández-Ullos y Elia Saneleuterio (Universitat
de València, 2025) reúne una serie de propuestas pedagógicas originales
orientadas al ámbito de la enseñanza del español como lengua materna, segunda
lengua, de herencia o extranjera. En un momento de creciente diversidad en los
contextos educativos, este libro publicado en formato digital en abierto, constituye una aportación relevante y oportuna para
el ámbito de la didáctica del español. Bajo la edición de Teresa Fernández
Ulloa y Elia Saneleuterio, esta obra colectiva recoge una variedad de
propuestas pedagógicas prácticas e innovadoras aplicadas en aulas reales de
diferentes niveles y contextos —desde educación infantil hasta la universidad—,
con el objetivo de acercar la lengua, la literatura y la cultura hispanas al
alumnado de manera significativa, crítica e inclusiva.
A lo largo de once capítulos, docentes e investigadores comparten
herramientas y estrategias que han sido aplicadas en entornos reales de aula,
tanto en contextos hispanohablantes como internacionales. Estas propuestas se
presentan como un compendio de experiencias prácticas que buscan renovar los
métodos tradicionales mediante enfoques activos, inclusivos e
interdisciplinares. A través de enfoques innovadores —como el aprendizaje
basado en proyectos, la dramatización, el uso de TIC, el enfoque CLIL, la gamificación
o la clase invertida—, los distintos capítulos buscan integrar las competencias
comunicativas con el pensamiento crítico, el desarrollo de valores y el diálogo
intercultural. Asimismo, muchos de los trabajos están alineados con los
Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), destacando el compromiso ético y
social de la obra.
Laura Rubio, en Volteando el iceberg cultural, parte de la
conocida metáfora de Edward Hall para explorar las dimensiones profundas de la
cultura. En una clase universitaria en Estados Unidos, el alumnado investigó
aspectos culturales invisibles de la comunidad hispana local —como el lenguaje
corporal o la percepción del tiempo— mediante entrevistas y proyectos de campo,
alejándose de estereotipos y promoviendo una comprensión más compleja y
vivencial de la cultura.
En Primavera 2020, el thriller
juvenil para aprender español, María Pareja Olcina propone una experiencia
de aprendizaje basada en la literatura juvenil y centrada en el desarrollo
emocional del alumnado adolescente. A través de situaciones de aprendizaje
inspiradas en la obra Primavera 2020, se abordan temas como el duelo o
la salud mental, integrando las competencias comunicativas y fomentando la
lectura crítica y la autonomía del estudiante.
Oier Quincoces, en Salir de La casa
de Bernarda Alba, trabaja la perspectiva de género en 2.º de Bachillerato a
través de la obra lorquiana. La propuesta combina el análisis literario con el
cuestionamiento de las normas sociales de género, en línea con los ODS, y
promueve una lectura crítica y coeducativa que desafía las concepciones
tradicionales sobre la masculinidad y la feminidad.
El capítulo de Cristina Ruiz Serrano, Cultura e
interculturalidad en la creación de libros de texto, describe la experiencia
canadiense de creación de materiales didácticos —Coincidencias I y II—
adaptados a la realidad universitaria de aquel país. La iniciativa busca
superar la desconexión entre cultura y lengua que presentan los manuales
tradicionales, proponiendo una enseñanza intercultural y contextualizada.
Por su parte, María José Rodríguez-Campillo y Antoni
Brosa-Rodríguez, en El subtitulado televisivo en la predicción meteorológica
como actividad inclusiva en ELE, presentan una propuesta inclusiva que
utiliza vídeos meteorológicos con subtítulos automáticos para trabajar la
corrección lingüística y la accesibilidad. La actividad permite abordar la
inclusión de estudiantes con discapacidad auditiva, al tiempo que fortalece la
competencia lingüística y cultural.
Juan Redondo Justo, en Enseñanza de ELE en la infancia a través
de la dramatización, desarrolla una experiencia de integración lingüística
mediante la creación de cortometrajes dramatizados por alumnado de primaria. La
propuesta fomenta la participación, la empatía y el respeto en aulas
multiculturales, apostando por una educación artística como vehículo de
inclusión social y lingüística.
En Creación de una biblioteca digital… con futuro profesorado
de Educación Infantil, María Almudena Cantero Sandoval implementa
metodologías activas y digitales en una asignatura universitaria de literatura
infantil. La propuesta potencia el aprendizaje práctico y crítico, así como la
alfabetización digital del futuro profesorado, favoreciendo una aproximación
significativa a la literatura desde la docencia.
Miguel Soler Gallo, en Lectura para favorecer la igualdad,
analiza el cuento “La mano de la niña” de Mercedes Formica como recurso
interdisciplinar. A partir de esta obra, se propone una reflexión sobre los
derechos de la mujer en la historia reciente de España, combinando literatura,
historia y educación para la igualdad desde una perspectiva transversal y
humanista.
Pilar Úcar presenta en Machado y La lengua de las mariposas
una secuenciación didáctica que articula poesía y cine en el aula
universitaria. A partir del poema “Recuerdo infantil” y la película de José
Luis Cuerda, se propone un análisis literario y audiovisual que invita a la
reflexión sobre la memoria, la educación y los vínculos entre pasado y
presente.
Teresa Fernández-Ulloa, en Estrategias relacionadas con la
adquisición de vocabulario y con la competencia lectora, aplica el enfoque
CLIL en una asignatura universitaria de dialectología. Las estrategias
presentadas apuntan a reforzar la lectura crítica y la escritura académica,
integrando contenidos lingüísticos y desarrollo de habilidades transversales en
estudiantes avanzados.
Finalmente, Margarita Isabel Asensio-Pastor, en Propuesta
didáctica transversal de escape room para aprender
español como lengua adicional, diseña una experiencia gamificada
para alumnado de 1.º de ESO. La propuesta combina juego, resolución de
problemas y competencias comunicativas, en una actividad transversal que pone
en práctica los principios de inclusión, motivación y creatividad en el aula de
lengua.
En conjunto, estos capítulos evidencian la riqueza de enfoques
posibles para la enseñanza del español, mostrando que el aula puede ser un
espacio de transformación cultural, social y pedagógica. Cada propuesta es, a
su modo, un ejemplo de cómo el profesorado puede innovar desde su contexto, con
creatividad y compromiso. El hilo conductor del libro es, por tanto, la
aplicación práctica en el aula. Los capítulos, organizados como estudios de
caso o experiencias educativas, ofrecen propuestas adaptables a otros contextos
y materiales. Especial mención merece el enfoque transversal del volumen, que
integra el uso de tecnologías digitales, metodologías activas y contenidos
literarios y culturales para fomentar un aprendizaje significativo. Desde el
aprendizaje basado en proyectos hasta el desarrollo de competencias lectoras y
críticas, el libro ofrece un repertorio útil tanto para docentes en formación
como para profesionales en ejercicio.
Innovación y nuevos enfoques en la enseñanza de la lengua, la
literatura y la cultura hispana es
más que una recopilación de experiencias docentes: es una invitación a re-imaginar la educación lingüística como un espacio de
diálogo, inclusión y pensamiento crítico. Su fortaleza reside en la combinación
de fundamentos teóricos sólidos con aplicaciones prácticas viables y
replicables. El volumen demuestra que enseñar lengua, literatura y cultura no
es solo transmitir contenidos, sino también construir puentes entre saberes,
culturas y personas. Una lectura altamente recomendable para docentes,
formadores y estudiantes interesados en una enseñanza transformadora del
español.
VERBEIA JOURNAL OF ENGLISH AND SPANISH STUDIES
REVISTA DE ESTUDIOS
FILOLÓGICOS
2026
ISSN
2444-1333
Año XII, Número 11
Oxford Circus,
by Gerardo Rodríguez Salas
III Marpoética
Poetry Prize. 2025
Mónica Velasco Martín
Poeta
Recibido. Received
21/01/2026
Aceptado. Accepted
26/04/2026
Publicado. Published
30/04/2026
ABSTRACT
The poetry collection Oxford Circus transforms
pain and heartbreak into an aesthetic of resistance, a process of collective
healing that does more than just expose the wound. In the spirit of kintsugi,
it seeks to 'embellish the crack,' reminding us that identity is a fluid
construction. Even in the shadows of the frayed circus tent—in the margins
where the trapeze is set, the bonfires are lit, and the spell begins—the word
is always a refuge; to name is to exist.
KEYWORDS: Rodríguez Salas,
Contemporary poetry, Queer, Marpoética International
Poetry Prize
Oxford Circus, de Gerardo Rodríguez
Salas
III Premio de Poesía Marpoética.
2025
RESUMEN
Oxford Circus transforma el dolor y el desgarro en una estética
de la resistencia, en un proceso de sanación colectiva, para no solo mostrar la
herida, sino, al estilo del kintsugi,
"embellecer la grieta" recordándonos que la identidad es una
construcción fluida y que, incluso en las sombras de la carpa raída, en los
márgenes donde se instala el trapecio, donde se encienden las hogueras y
empieza el hechizo, la palabra es siempre refugio; nombrar es existir.
PALABRAS CLAVE: Rodríguez
Salas, Poesía contemporánea, queer, Premio Internacional Poesía Marpoética
Cómo citar:
Velasco Martín Mónica. “Reseña del libro: Oxford Circus,
de Gerardo Rodríguez Salas. III Premio de Poesía Marpoética. 2025”. Verbeia, 11, 2026, pp. 169-174.
RESEÑA DEL LIBRO
En Oxford Circus (Visor, 2025; III Premio Internacional de Poesía
Marpoética), Rodríguez Salas traza una genealogía
queer, celebra las experiencias e identidades desafiando los roles
tradicionales en torno al género y la sexualidad y explora nuevas formas de
lenguaje, en las que cabe la otredad y el abrazo a la extranjería, en todas sus
acepciones.
“Escribir/ prender
la luz de una carpa raída/ creer que no hay herrumbre en los rugidos /tras los
barrotes/ saber que no/ nos querrán/ aunque vengan a vernos”, así comienza el
último poemario de Gerardo Rodríguez Salas, con el que se ha alzado como ganador
del III Premio Internacional de Poesía Marpoética.
Rodríguez Salas es
autor, además, de las obras poéticas Anacronía (Valparaíso, 2020; Finalista del
Premio Andalucía de la Crítica), Los hilos de la infamia (Valparaíso, 2024;
Finalista del Premio Andalucía de la Crítica y del III Premio Internacional de Fuente
Vaqueros), la colección de relatos Hijas de un sueño (Esdrújula, 2017) y el
texto teatral Vulanicos (Patronato Federico García
Lorca y Diputación Provincial de Granada, 2021).
La poeta Chantal
Maillard abre el telón del poemario:
“Escribir/ porque
alguien olvidó gritar/ y hay un espacio blanco/ ahora, que lo habita”
y lo cierra:
“Escribir/ para
hallar la paz/ después de haber hablado/ con los muertos.”
Escribir como acto
de justicia. Escribir como gesto profético. Escribir desde un estado de
semiinconsciencia incluso, o desde el pensamiento intuido “después de haber
hablado con los muertos”. Escribir desde el nosotras, desde la celebración de
la identidad, romper el blanco vacío de la historia silenciada, maltratada, y
llenarlo de luz para habitar el espacio propio, palabra contra la
intemperie. Así llega esta tercera
entrega poética de Rodríguez Salas, templando nuestras manos de luminosidad:
“Prender la luz/ de
una carpa raída (…) saber que no/ nos querrán/ aunque vengan a vernos (…) mirar
atrás/ cuando nos plazca/ y no morir de amor/ dos cuerpos/ o más/ cuerpos/
muchos/ cuerpos/ rodando/ como rocas/ pesadas/ por la abrupta ladera de la Historia
(…) dejar de huir/ no tolerar más/ vuestra tolerancia (…)”
El poemario se
estructura en cinco partes con nombres de montajes teatrales, circenses o
performativos: Vodevil, Burlesque, Teatro de sombras, Fenómenos y Extravaganza, metáforas espaciales de la periferia y los
márgenes que, a la vez, sugieren espacios lúdicos donde caben la burla, el
disfraz, la magia, el hechizo, la ruptura con los convencionalismos, las
apariencias y la norma.
En entrevista para Culturamas, Rodríguez Salas nos avisa de que Oxford Circus “parte de una voz poética individual que desemboca
en una primera persona del plural para trazar una genealogía de voces
disidentes y marginales y explica, en ese mismo sentido, cómo el título puede
partir de la referencia a una experiencia personal vivida en Oxford, donde
realizó el Máster de Estudios de Género y, a su vez, circus
alude a las identidades fluidas, extranjeras y nómadas para llevar al lector a
la celebración de la diversidad y de la fiesta clandestina. El cuadro de
Remedios Varo titulado “El malabarista” en la portada del poemario nos abre a
un mundo de curiosidad y sorpresa al abrir sus hojas, como quien corre la
cortina de la carpa del circo en una noche estrellada.
Forma y fondo
forman un todo en el que el lenguaje es parte de esa celebración, del salto en
el trapecio, del juego circense, de las formas circulares —cercos para
ahuyentar el miedo, fórmulas mágicas con las que hacer arder y exorcizar la
barbarie—.
S
omos cuerpos opacos
carne
sin luz
estigmas en las m
anos que sangran desde ay
er sudor blanco y visc
oso que lamen lenguas
de fuego gotas (…)
La ruptura del
lenguaje es metáfora de la herida, como otras brillantes “carne en llamas sin
luz”. A pesar del significado literal y connotativo de tantas figuras, la luz
se vuelve en este poemario antorcha con la que exorcizar la Historia e iluminar
el presente. Thoreau acerca de la poesía dirá que “el poeta es el hijo más
fuerte de la tierra y del cielo” y continúa “Después de todo, son los
seguidores de la Belleza quienes han hecho el trabajo realmente pionero para
poblar el mundo”, hijos de Prometeo, también los seguidores de la luz que
puebla verdaderamente el mundo con la palabra “todos”.
El deíctico
espacial “aquí” atraviesa el poemario en su extensión como un lugar identitario
desde el que el poeta comienza un itinerario personal primero, en el que existe
un enfrentamiento también desde los plurales “nosotros” versus “vosotros”.
“Aquí, ahora/ pues
no ha venido nadie/ a recogeros”
“aquí escondemos/
en los armarios/ portales a otros mundos (…) aquí no hay/ anillos de poder/
razas buenas o malas (…) aquí no hay muros/ aquí todo es posible”
“aquí somos las
sombras (…) aquí inventamos lenguas (…) aquí robamos pócimas de ancestros que
bendecimos/ con alcohol mitigando el embrujo/ de nuestra sed nosotras hoy
maldeciremos (…) aquí danzamos fuera de las jaulas (…) aquí habrá fiesta aunque no quede nada (…)”
Voz lírica
posicionada en un presente que abarca la Historia y a los que fueron en los
márgenes, voz que se revuelve y reconoce como espacio plural de afirmación “que
sigue ardiendo”, que celebra el conjuro.
El poema “Dentro de
mí los muertos”, incluido en la parte del poemario titulada Burlesque con cita
de Leopoldo Mª Panero, abre con este evocador
heptasílabo los ojos a la herida.
“dentro de mí los muertos
que no murieron nunca
las almas fustigadas y prendidas”
El escritor rumano
Mircea Cărtărescu nos ilumina al decir «La poesía no tiene que ver
con el arte de escribir poemas (…). La poesía es una mirada unificadora en el
ámbito del saber. Ser un poeta de verdad, y no sólo alguien que compone versos,
supone ser capaz de ver la vida como un todo y como si la descubrieras por
primera vez. Los poetas no vivimos en el mundo; es el mundo el que vive en
nosotros. Damos forma y a la vez deformamos el mundo acorde a nuestra propia
alma». Rodríguez Salas nos invita en la lectura de Oxford Circus
a participar de la colectividad, de la disidencia, de no solo la apertura, sino
la celebración de los márgenes. Con un lenguaje brillantísimo y colorido, el
lector va entrando en este templo circular al que el poeta convoca e invita.
“sed
cantos de este templo circular
donde
sueñan aún
las
bicicletas
sombras efervescentes
huecos sin cobijo en la luz
la más precisa piel
salid del pozo oscuro
y su larga estación sin divisiones
de alcantarillas
que nunca iluminaron las estrellas (…)
En una exaltación
de lo vital y trabajado ejercicio de la función expresiva del lenguaje, la voz
lírica se desdobla y multiplica en tantos como fueron y el verbo copulativo
aparece una y otra vez para adentrar los márgenes.
“somos vuestras
lucernas (…) somos doradas sombras (…) somos las sombras de tu historia (…)”
“somos estrellas
sin rastro en la caída (…) sin rumbo/ corazones de sal (…) somos una milicia de
estrellas”
También los poemas
cuyos títulos “Somos cuerpos opacos”, “Mi infancia son recuerdos”, “(No) ser” o
“Érase una vez” afirman contundentes la celebración luminosa de la identidad, a
pesar y dentro de la sombra todavía, por poco tiempo, pues la magia se está
caldeando. Es continua, también, la connotación entre el adentro y el afuera,
el silencio y la apertura, lo escondido y lo abierto
“se ha estrellado el avión
no buscará
nadie estos cuerpos
pero algún día
hallará alguien
la caja negra
y magullada
y seremos
todos los amantes
que entraron
en ti
entonces
apilaremos
saberes
de tantos años
haciendo
el amor a escondidas (…)”
Alusiones a lo
sagrado heterodoxo, templos circulares, altares sin cirios, ángeles sin alas,
“templos sobrios y pulcros que solo pisará el agua”, símbolo vital y sagrado,
hacen de esta obra de Rodríguez Salas una suerte de conjuro y nos llevan hasta
el final del poemario, en el que la cita de Rosa Berbel “Me habéis dejado el
suelo lleno de ideas hermosas./ No hay forma de
limpiarlas” enmarca el baile de las brujas del último poema:
“La fiesta nunca
acaba a este lado del cerco
Aquí somos las sombras que habitarán la noche (…)”
Con “lenguas que
invocan húmedos hechizos (…) secretas confesiones en la espalda (…) pócimas de
ancestros (…) el poeta se pregunta: aquí
nada es sagrado ¿o tal vez sí?”
y nos invita:
“uníos a este rito del amor (…) es vuestro el fuego/ arded”
En definitiva, el
poemario Oxford Circus transforma el dolor y el
desgarro en una estética de la resistencia, en un proceso de sanación
colectiva, para no solo mostrar la herida, sino, al estilo del kintsugi, "embellecer la grieta" recordándonos
que la identidad es una construcción fluida y que, incluso en las sombras de la
carpa raída, en los márgenes donde se instala el trapecio, donde se encienden
las hogueras y empieza el hechizo, la palabra es siempre refugio; nombrar es
existir.
Poemario brillante
en el que el juego de la forma —¬elemento narrativo en sí mismo—, el léxico,
—entre lo popular y lo erudito, cargado de referencias intertextuales, creador
de atmósferas de extrañeza y vibrantes— y la metáfora de la luz, —más que blanca,
unificadora y cegadora, luz de prisma que se descompone en colores—, sitúan en
el centro de la pista la identidad disidente como proceso de visibilización y resistencia política.
· VERBEIA· JOURNAL OF ENGLISH AND SPANISH STUDIES ·
VERBEIA· REVISTA DE ESTUDIOS
FILOLÓGICOS
[7] “Este se entiende como un modelo de pensamiento que hunde sus raíces en el pensamiento letrado alfonsí, pero que a la vez se aleja de sus planteamientos. El sentido de este movimiento político-cultural radica exclusivamente en la necesidad de reforzar la legitimidad dinástica, la descendencia de la pareja regia, así como promover toda una serie de actividades de índole propagandística que permitan atraer el interés de la Iglesia y la nobleza para ganarla a su causa” (García 319).
[8] Esta maldición refleja, según David Arbesú (2006) una certera reflexión sobre la nobleza y el linaje: “la muerte de los caballos en el Zifar estaría directamente relacionada con la pérdida del linaje, la nobleza adquirida mediante la virtud y, especialmente, el árbol genealógico del caballero” (3).
[9] Si bien algunos episodios del Libro del caballero Zifar remiten, por ejemplo, a los textos artúricos populares del momento, la narración explora y explota diversos géneros de los cuales puede nutrirse en su intención política: “…debe tenerse en cuenta que los relatos artúricos fueron tan solo uno de los componentes que dieron forma al personaje de Zifar y a su recorrido textual, por lo que es necesario considerar la apropiación de elementos de este tipo de relatos en el contexto de un complejo proceso de hibridación de tradiciones narrativas de diversos orígenes, como la narrativa ejemplar, la historiografía, los cantares de gesta, la novela griega o la hagiografía” (Calarco 223-224).
[10] “…avia el Rey puesto que si fijo varón nasciese, que lo criase la reina doña María su madre” (Rosell 168).
[11] Cathy Caruth’s Trauma: Explorations in Memory (1995) and Unclaimed Experience: Trauma, Narrative and History (1996);
Shoshana Felman’s Testimony: Crises of
Witnessing in Literature, Psychoanalysis and History (1992, written in
collaboration with Dori Laub); Geoffrey Hartman’s The Longest Shadow: In the Aftermath of the Holocaust (1996).
[12] As Margalit and Motzkin point out,
the question of whether the Holocaust was a unique event in history can be
trivialised, as every event is unique in the sense of not being identical with
any other event. Yet they rightly insist that the question and the debate
around this issue is not trivial (65). Indeed, much has been written about the
uniqueness of the Holocaust, although the issue cannot be fully addressed here
due to space constraints. For more on this subject, see Margalit and Motzkin
(1996), Rosenbaum (1996), Godzich (2009), and Rosenfeld (2015).
[13] Holocaust Memorial Day (HMD) has
taken place in the UK on 27 January since 2001. Each year, the Holocaust
Memorial Day Trust (https://hmd.org.uk) chooses a different theme as a
focus for reflection and also to enable audiences to learn about the past.
[14] Primo Levi was one of close to 6,400 Italian Jews to be deported, mainly
to the camps of Auschwitz, Birkenau and Mauthausen. Of these, only a few
hundred survivors returned home. Levi, who spent time in Auschwitz, was one of
the most incisive intellectuals among those who experienced the Holocaust and
survived to tell about it. His many writings include works related to his
experience of the Holocaust, but also novels, essays and articles on many
different subjects, poetry, short stories, translations and even a play. He
died in April 1987. According to the Italian police report, he committed
suicide. However, revisionary scholarship has questioned that he killed himself
(see Gambetta 2016 on this).
[15] This question is sometimes
problematically framed, as if the Holocaust was “owned” by someone (victims?,
individuals?, nations?). I agree with Hirsch and Kacandes when they point out
that competing over ownership of historical events and world calamities may
seem inappropriate, even obscene, but there is no denying that the question of
to whom the Holocaust belongs comes up repeatedly on public debates (13). It is
also central to the study and teaching of the Holocaust.
[16] See Martínez-Alfaro 2014 for a study of Celan’s famous poem from the perspective of trauma criticism and in comparative analysis with Cynthia Ozick’s The Shawl.
[17] There are also cases of fraud, as a
public figure/an author’s personal connection with the Holocaust may be fake.
Well-known cases are those of Binjamin Wilkomirski and Helen Demidenko. They
published works –Fragments: Memories of a Wartime Childhood and The
Hand that Signed the Paper, respectively– with an (apparently) strong
autobiographical component, but then it turned out that their connection with
the Holocaust was entirely fabricated. In Spain we have the case of Enric
Marco. He entered the public sphere as a Holocaust survivor and in 2003 he
became president of the Amical of Mauthausen –an association set up to defend
the rights of the 9,000 Spanish people who were sent to Nazi concentration
camps. A few years later he was unmasked as a fraud since he was not actually a
survivor. A movie on the case, entitled Marco and directed by Aitor
Arregui and Jon Garaño, was released in 2024.
[18] “Survivor syndrome” refers to a
characteristic group of symptoms, including recurrent images of death,
depression, emotional numbness, and feelings of anger, fear,
distrust, occurring in survivors of disaster. Psychologically, survivor
parents may exhibit any of these symptoms, a tendency toward psychosomatic
illness, and the long-term effects of torture and starvation. Moreover,
survivors’ parenting skills can be deeply affected by their experiences of
death and deprivation. Separation anxiety and a tendency to diminish the
importance of their offspring’s emotional needs are characteristic of survivor
syndrome. “Survivor guilt” makes reference to feelings of guilt for having
survived a catastrophe in which others died. This guilt is not the result of
something one has done or fails to do. It is much more complex, as it makes one
feel that one does not deserve to be alive.
[19] Maus
was originally published in serialised form (between 1980 and1991) in
successive issues of Raw, an
avant-garde magazine edited by Spiegelman and his wife, Françoise Mouly. This
initially serialised story was published in two volumes: Maus I (1986) and Maus II (1991),
which were later on collected in a single book entitled The Complete Maus. Spiegelman won the Pulitzer Prize for it in
1992.
[20] On approaches, materials and
resources to teach (representations of) the Holocaust, see Hirsch and Kacandes
2004; Pellicer Ortín, Martínez Alfaro and Fernández Gil 2015; and Pallarés
2024.
[21] There is later historical research
that has questioned Arendt’s views on Eichmann, presenting him as not so banal
but, rather, as an energetic ideologue of antisemitism (see Stangneth 2011 on
this). Be it as it may, I think that Arendt’s theory on the banality of evil is
still relevant today. As Richard J. Berstein (75) points out, Arendt’s
questions about the meaning of evil in the contemporary world, the ease with
which human beings are made superfluous, the frailty of what we call the voice
of conscience, and the subtle forms of complicity and cooperation that go along
with murderous deeds are not issues restricted to the Nazi past. All the
contrary, they are still very much with us and demand that we face up to them
over and over again.
[22]
In the context of German literature, an entire generic category has been
created –Väterliteratur (father literature)– to describe those
texts that address the legacy of perpetration and Germany’s Nazi past (see
McGlothlin 143-173 on this). Scholars like Susan Neiman (2019) have explored German Vergangenheitsaufarbeitung –working off the past– and related it to other
countries’ attempts to come to terms with their past of human atrocities, as is
the case with slavery and racism in the United States. Another not
unrelated and equally interesting critical perspective is the attempt to
develop new discourses and theories of responsibility for past injustices
through the figure of “the implicated subject”, thus exploring “various modes
of historical relation that do not necessarily fall under the more direct forms
of participation associated with traumatic events, such as victimisation and
perpetration.” (Rothberg 40).
[23] Research for this article
was funded by the Government of Aragón (code H03_23R). The author is also
grateful to the University Institute for Research in Employment, Digital
Society and Sustainability (IEDIS, University of Zaragoza).
[24] “Hay nueve Quevedos, por mi cuenta, en el total y diverso Quevedo, que parece diamante, pues lucen luces diversas sus facetas, contradictorias de color, casi infinitas” (Borrás 3).
[25] El especialista no solo refiere esta divergencia entre estas dos personalidades. Para Martínez Mingo las diferencias se pueden cifrar también en lo innecesario de los símbolos en Quevedo, frente al uso que hace de ellos el Bosco o en el concepto de los motivos que conducen a la corrupción del ser humano.
[26] Esta tesis, defendida por Martínez Mingo,
choca frontalmente, con las teorías postuladas por estudiosos como Marie Roig
Miranda o Ignacio Arellano el cual defiende que don Francisco omite “en sus
burlas y sátiras a la monarquía, la milicia y la iglesia” (Arellano, Poesía burlesca 9).
[27] “Y ved cómo yo, que execro del gongorismo, que no encuentro poesía, esto es, creación, o sea acción, donde no hay pasión, donde no hay cuerpo y carne de dolor humano, donde no hay lágrimas de sangre, me dejo ganar de los más terrible, de lo más antipoético del gongorismo que es la erudición” (Unamuno 160).
[28] Carlos M. Gutiérrez en su estudio La
espada, el rayo y la pluma. Quevedo y los campos literario y de poder (2005) señala que Quevedo
no puede ser considerado como un autor
humanista debido a que
el autor de Canta sola a Lisi no
pretende “iluminar, comentar o aclarar obras ajenas para el lector sino [...]
servirse […] de ellas […] convirtiéndolas en meros instrumentos de su escritura
o de sus querellas, ideológicas o personales” (167).
[29] “Erudito, moralista, satírico mordaz en materia social y política, escritor irreverente en cuestiones relacionadas con los estados eclesiásticos: tal es la imagen que se tuvo de Quevedo en su siglo” (Rey 639).
[30] “El uso de la acuñación `alma española´ había alcanzado notable
difusión a finales del siglo XIX para
significar la dimensión espiritual, espontánea y genuina de la nación” (Mainer
27-28).