AÑO
X. NÚMERO 9 ISSN
2444-1333
VERBEIA
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VERBEIA
JOURNAL OF ENGLISH
AND SPANISH STUDIES
REVISTA DE ESTUDIOS FILOLÓGICOS
FACULTAD
DE EDUCACIÓN
COMITÉ EDITORIAL. EDITORIAL BOARD
Editoras
Editors
Sonia Sánchez Martínez
(Universidad Camilo José Cela)
Isabel Morales
Jareño
(Universidad Camilo José Cela)
Emilio Cañadas Rodríguez
(Universidad Camilo José Cela)
Editor adjunto. Sección Literatura
Co-editor. Literature
Emilio Cañadas Rodríguez
(Universidad Camilo José Cela)
Editora adjunta. Sección Lingüística
Co-editor. Linguistics
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(Universidad Nacional de Educación a Distancia)
Editor adjunto. Sección Didáctica de la Lengua y la Literatura
Co-editor. Literature
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(Universidad Politécnica de Madrid)
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Editorial Board
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Betancort (Universidad Camilo José Cela, España)
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Guadalupe Dorado Escribano (Universidad Complutense de Madrid,
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M. Martín Castillejos (Universidad Politécnica de Madrid, España)
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Moraleda (Universidad Camilo José Cela, España)
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Camilo José Cela, España)
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Connecticut State University,
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Rigal (Universidad de Castilla-La
Mancha, España)
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Río (Universidad del País Vasco, España)
Gustavo
Sánchez Canales (Universidad Autónoma de Madrid, España)
Tunde
Szecsi (Florida Gulf
Coast University, Estados
Unidos)
Victoria
del Valle (Universidad Paderborn, Alemania)
Lazlo Varga (University
of West Hungary, Hungary)
ISSN 2444-1333
Verbeia®
Journal of English and Spanish Studies
Revista de Estudios
Filológicos
AÑO X. NÚMERO 9
ABRIL 2024
Lugar de edición: UNIVERSIDAD
CAMILO JOSÉ CELA
Facultad de
Educación y Salud
Urb. Villafranca del
Castillo
Calle Castillo de
Alarcón, 49
28692 Villanueva de
la Cañada
Madrid
editoraverbeia@ucjc.edu
linguisticaverbeia@ucjc.edu
didacticaverbeia@ucjc.edu
https://journals.ucjc.edu/VREF
/
COMITÉ CIENTÍFICO. SCIENTIFIC BOARD
Victoria Aarons (Trinity University,
Texas, Estados Unidos)
Samira Allani (Universidad Complutense de Madrid,
España)
Mariam Amengual Pizarro (Universitat de les Illes
Balears, España)
Marcelino Arrosagaray Auzqui (Universidad de Navarra,
España)
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Antonio Ballesteros (UNED, España)
Elena Bárcena Madera (UNED, España)
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Asunción Bernárdez Rodal (Universidad Complutense de Madrid, España)
Camino Bueno Alastuey (Universidad Pública de
Navarra, España)
Cristina Calle Martínez (Universidad Complutense de Madrid, España)
Blasina Cantizano Márquez (Universidad de Almería,
España)
Bernat Castany Prado (Universidad de Barcelona,
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(UNED, España)
Ignacio Ceballos Viro (UCJC, España)
Vicente Cervera Salinas (Universidad de Murcia, España)
Cheryl Chaffin (Cabrillo College,
Aptos, California, Estados Unidos)
Beatriz Chaves Yuste (Universidad Complutense de Madrid, España)
Avelino Corral Esteban (Universidad Autónoma de Madrid, España)
Isabel de la Cruz Cabanillas (Universidad de Alcalá de Henares, España)
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Óscar Curieses (Universidad de Alcalá de Henares,
España)
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Jorge Diego Sánchez (Universidad de Salamanca, España)
Antonio Díez Mediavilla (Universidad de Alicante, España)
María Díez Yañez ( Universidad Complutense de Madrid,
España)
Marcos Eymar (Universidad de Orleans, España)
José Francisco Fernández (Universidad de Almería, España)
Antonio Fernández Insuela (Universidad de Oviedo,
España)
Helen Freear-Papio (College
of the Holy
Cross, Massachusetts, Estados Unidos)
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Luis García Jambrina (Universidad de Salamanca,
España)
Jesús García Laborda (Universidad de Alcalá de Henares, España)
Ana Mª González Martín (Universidad del Atlántico
Medio, España)
Rebeca González Otero (Universidad Autónoma de Madrid, España)
Rosario González Pérez (Universidad Autónoma de Madrid, España)
Pilar González Vera (Universidad de Zaragoza, España)
Francisco Gutiérrez Carbajo (UNED, España)
Regina Gutiérrez Pérez (Universidad Pablo Olavide, España)
Carmen Herrero (Manchester Metropolitan Univertity, Reino Unido)
José Ramón Ibáñez Ibáñez (Universidad de Almería,
España)
Antonio Jesús Infante Sánchez (University of York, Reino Unido)
Yolanda Jiménez Martínez (UCJC, España)
María Jordano de la Torre (UNED, España)
Eva Elena Llergo Ojalvo (Universidad Nebrija, España)
Olga Luna Estévez (Universidad Alfonso X, España)
Juan José Magaña Redondo (UNED, España)
Carmen Maíz Arévalo (Universidad Complutense de Madrid, España)
Ricardo Marín Ruiz (Universidad de Castilla-La Mancha, España)
Andrea Martínez Celis (Universidad Rey Juan Carlos, España)
Salvador Montaner Villalba (Valencian International University, España)
Alfredo Moro Martín (Universidad de Cantabria, España)
María Pilar Nogués Bruno (Universidad de Zaragoza, España)
Juan Antonio Núñez (Universidad Autónoma de Madrid, España)
Jaime Olmedo Ramos (Universidad Complutense de Madrid, España)
Marta Ortiz Canseco (Universidad Internacional de La Rioja, España)
Diana de Paco (Universidad de Murcia, España)
Mariano de Paco (Universidad de Murcia, España)
Antonio Pareja Lora (Universidad Complutense de Madrid, España)
Azucena Penas (Universidad Autónoma de Madrid, España)
Emilio Javier Peral Vega (Universidad Complutense de Madrid, España)
José Antonio Pérez Bowie (Universidad de Salamanca, España)
Lourdes Pomposo Yanez (Universidad Politécnica de
Madrid, España)
Timothy Read (UNED, España)
Margarita Reiz (RESAD, España)
Pilar Rodríguez Arancón (UNED, España)
Gerardo Rodríguez-Salas (Universidad de Granada, España)
Santiago Rodríguez-Stracham (Universidad de
Valladolid, España)
Raúl Ruiz Cecilia (Universidad de Granada, España)
Silvia Sánchez Calderón (Universidad de Valladolid, España)
Virtudes Serrano (Asociación de Autores de Teatro, España)
Ricardo J. Sola Buil (Universidad Alcalá de Henares,
España)
Adolfo Sotelo Vázquez (Universidad de Barcelona, España)
Claudia Stoian (Politehnica
University of Timisoara, Rumanía)
Noa Talaván Zanón (UNED, España)
Leona Toker (The Hebrew University of Jerusalem, Israel)
Simone Trecca (Università degli Studi Roma Tre, Italia)
Carmen Valero Garcés (Universidad de Alcalá de Henares, España)
NÚMERO
9. Palabras preliminares
Queridos lectores, autores, miembros de los Comités Científico y
Editorial:
Nos llena de ilusión anunciar que
el volumen 10 (número 9) de la revista ya está disponible. Si de forma
habitual la publicación de un nuevo número implica una gran alegría y
satisfacción, y haber alcanzado un reto importante, en esta ocasión nuestra
alegría es doble. El motivo de esta alegría es haber llegado al décimo
aniversario desde el número 0 y haber crecido en todos los sentidos. Y es
motivo de alegría, en particular, contar con un comité editorial y científico
renovado, variado y comprometido, de calidad profesional y humana sin igual.
Gracias al trabajo y esfuerzo de todos los que forman parte de este equipo,
sale a la luz este número 9 cada vez con mayor visualización, recorrido y
relevancia. Se llega a este punto con grandes expectativas de futuro, ilusión y
proyectos de los que estamos orgullosos, y consiguiendo metas cada vez más
altas. Una vez más, gracias a todos los que hacéis posible Verbeia.
Esperamos que os guste el número que aquí os presentamos.
Isabel Morales, Editora de Verbeia.
Dear readers,
authors, and members of the Scientific
and Editorial Boards:
We are glad
to announce that Volume 10 (number 9) of the
journal is now available. If the publication
of a new issue usually implies great joy and satisfaction
and the achievement of a major challenge,
on this occasion,
our joy is
twofold. The reason for this
joy is that
we have reached
our tenth anniversary since the publication of number 0 and have grown in many
respects. It is, therefore, a source of joy
particularly to count on a renewed,
varied and committed
editorial and scientific board
of unparalleled professional and human quality. Thanks to the
work and effort of all those
who form part of this
team, this issue number 9 is coming out
with ever greater visibility, scope, and relevance. We have reached
this point with great expectations
for the future, enthusiasm, and projects of which we
are proud, and achieving ever higher goals.
Once again, thanks to all of
you who make
Verbeia possible. We
hope you like the issue we
present here.
Isabel Morales, Editor of Verbeia.
ÍNDICE
DIDÁCTICA
Cultura popular y religiosa en el
aula de ELE/2: un poema de Rafael Montesinos para conocer la Semana Santa
española
Popular and religious
culture in the ELE/2 classroom:
a poem by Rafael Montesinos
to learn about Spanish Holy
Week
Laura Arroyo
Martínez.........................................................................................................8
Cuento tradicional hispánico para
las aulas de ELE. Blancaflor
Hispanic folktale for SFL classrooms. Blancaflor
Pilar García Carcedo y Mar Santamaría García……………………………………………23
Las mujeres de Federico (2021) y la formación ético-literaria en el aula de Secundaria
Las mujeres de Federico (2021) and ethical-literary education in the
secondary school classroom
Celia García-Davó………………………………………………………………………………..………45
LITERATURA
Arqueología del testimonio: atender, leer y escribir
An Archaeology of Witness: Testifying,
Attending, Reading, and Writing
Cheryl Chaffin……………………………………………………………………………………...………63
Imagen especular: transcendiendo el lenguaje en la novela La hora de
la estrella de Clarice Lispector
Specularity: transcending language in Clarice Lispector’s A hora da estrela
Mª José Jorquera Hervás………………………………………………………………………………81
La teoría literaria de Bajtín en la novela El paseo, de Robert
Walser
Bakhtin's literary theory in Robert Walser's
novel The Walk
José Eduardo Morales Moreno y M. Almudena
Cantero Sandoval………………100
RESEÑAS
Gerardo Rodríguez Salas. Vivir sola es morir. El modernismo
comunitario de Katherine Mansfield. Albolote (Granada), Comares, 2023
Gerardo Rodríguez Salas. Live Alone Is Dying.
The Communitarian Modernism of Katherine Mansfield
Juan Miguel Santiago Mellado…………………………………………………………………….117
·
VERBEIA· JOURNAL
OF ENGLISH AND SPANISH STUDIES
· VERBEIA· REVISTA DE ESTUDIOS FILOLÓGICOS
DIDÁCTICA
VERBEIA JOURNAL OF ENGLISH AND SPANISH STUDIES
REVISTA DE ESTUDIOS FILOLÓGICOS
2024
ISSN 2444-1333
Año X, Número 9
Popular and religious
culture in the ELE/2 classroom:
a poem by Rafael Montesinos
to learn about Spanish Holy
Week
Laura
Arroyo Martínez
Universidad
Rey Juan Carlos
laura.arroyom@urjc.es
https://orcid.org/0000-0002-1020-7238
Recibido.
Received 20/02/2024
Aceptado.
Accepted 15/04/2024
Publicado.
Published 30/04/2024
ABSTRACT
Holy Week in Spain is a
religious festival that transcends faith to become an essential phenomenon in
understanding the popular culture of Spain and, in a very special way, the
Andalusian culture. Therefore, the silence regarding this issue in Spanish as a
foreign language manual is surprising. For this reason, a didactic practice to
approach Holy Week through the exploitation of the poem “Romancillo
de la Esperanza de Triana”, by Rafael Montesinos is presented here.
KEYWORDS: Spanish foreign language,
Culture, Holy Week, Popular literature
RESUMEN
La Semana Santa en España es una festividad religiosa
que traspasa la fe, para convertirse en un fenómeno imprescindible para
comprender la cultura popular española y, de manera muy especial, la cultura
andaluza. Por ello, sorprende el silencio que respecto a este tema se da en los
manuales de español como lengua extranjera. Para restaurar esta laguna, se
plantea aquí una práctica didáctica para acercar la Semana Santa a los alumnos
a través del poema “Romancillo de la Esperanza de Triana”, de Rafael Montesinos.
PALABRAS CLAVE: Español lengua extranjera,
Cultura, Semana Santa, Literatura popular
A Antonio
Huertas Morales,
en la
Universidad que recordamos
La importancia cultural de
la Semana Santa en la tradición histórica española es algo unánimemente
admitido. Además, dicha festividad es un símbolo muy reconocible de su
identidad colectiva, como señala la propia legislación. En el Real Decreto
384/2017 de 8 de abril, publicado en el Boletín Oficial del Estado núm. 86 de
11 de abril de 2017 fue declarada una manifestación representativa del
Patrimonio Cultural por considerarla como fenómeno plural que configura la
identidad de España.
Dentro de los elementos
tradicionales de esta celebración[1], la
preparación y el desarrollo de procesiones para poder mostrar devoción a los
pasos es muy antigua. Desde la Edad Media se encuentran formas literarias
teatralizadas, conocidas como autos sacramentales, que tenían como fin
evangelizar a una población que era analfabeta en su gran mayoría. Este germen
literario es la base de la posterior tradición procesional, cuyo origen data
del siglo XVI y que tiene como fundamento sacar la religión de la iglesia al
espacio público y acercarla al pueblo.
En la actualidad, hay
unanimidad por parte de los investigadores en enseñanza de lenguas extranjeras
en que es imprescindible trabajar la cultura en el aula para alcanzar una
adecuada competencia intercultural. Esta realidad “implica necesariamente un conocimiento
mínimo de las pautas de pensamiento, sentimiento y comportamiento sobreentendidas
y compartidas por todos los hablantes nativos de esa lengua”[2] (Navarro
Serrano 87).[3]
Esto se desarrolla en las
competencias señaladas en los tres textos que marcan la pauta en el diseño
curricular y la evaluación de los cursos de español como lengua extranjera en
el plano internacional como son el Marco Común Europeo de Referencia para
las Lenguas (MCER), el Plan curricular del Instituto Cervantes
(PCIC) y el American Council on the teaching of
foreing languages
(ACTFL), lo que permite comprender el respaldo a la enseñanza del español en
diversos países del mundo. Del mismo modo, en la investigación actual sobre
metodología de ELE se ha puesto de manifiesto que:
Los aprendices
[…] comprenden y reciben la cultura meta en un contexto de comunicación,
consiguiendo las competencias culturales necesarias para comunicarse con los
hablantes de una lengua meta en un contexto real de comunicación, consiguiendo
las competencias culturales necesarias para comunicarse con los hablantes de la
lengua meta. (Song 369)
Por lo que se ha expuesto
hasta el momento queda evidenciado que no se debe presentar la cultura y la
lengua de manera aislada, sino que, muy al contrario, los contenidos
pertenecientes a estas dos realidades se deben analizar y trasladar al aula de
forma cohesionada para mejorar la consecución de los objetivos de aprendizaje.
Así, dentro de la denominada ‘cultura con minúscula’, las fiestas populares,
como parte de la historia de los pueblos y de sus tradiciones, albergan un
notable interés didáctico.
Por tanto, estas fiestas
deben presentarse, explicarse y trabajarse en el aula de ELE/2, principalmente
por dos cuestiones: “en primer lugar, permitirá adquirir al alumnado un
conocimiento intercultural[4]
adecuado; en segundo lugar y como objetivo final, se conseguirá acabar con los
tópicos que hoy en día siguen existiendo sobre nuestra cultura”. (Arroyo
Martínez 660) Esta última cuestión, hoy en día, todavía sigue suponiendo un
problema real, puesto que el conocimiento general que personas de otras
nacionalidades poseen sobre las tradiciones y el folclore español es erróneo,
sesgado y, en muchos casos, se produce una minusvaloración de dicho patrimonio
cultural.
Antes de entrar en las consideraciones sobre la didáctica de la Semana
Santa en ELE, conviene indicar que esta tradición tiene cierto desarrollo en el
sistema educativo español (más allá del que se proporciona en la asignatura
optativa de Religión católica). Esto es así porque se entiende cada vez menos
como una celebración estrictamente religiosa, debido al crecimiento de la
secularización social y, cada vez más, como un fenómeno histórico y cultural.
Esta celebración se ha sabido adaptar con gran inteligencia a los tiempos
actuales. De este modo, como indica Ortiz Carmona (74), “al amparo del continuo
transitar de los siglos la fiesta se ha ido moldeando y modelando de manera
plena para hacerla partícipe del paso del tiempo”; lo que a su vez le ha
permitido mantener su vigencia frente a otras tradiciones estancas.[5] Así, se
encuentra atención didáctica a la Semana Santa en el mundo hispánico en todos
los niveles educativos, como es el caso de la Educación infantil (Pérez
González 2018), Primaria (González Gnecco 2018) o Secundaria y el Bachillerato
(Pérez González 2018). Del mismo modo, resulta conveniente revisar los
contenidos sobre la Semana Santa en titulaciones universitarias que abarquen
conceptos históricos, artísticos, musicales, antropológicos o religiosos.
Sin embargo y de manera contrastada, se puede afirmar que la situación en
el aula de ELE es muy diferente y dista de ser halagüeña. Al igual que ocurre
con otras fiestas populares, la Semana Santa se despacha en los manuales de ELE
con brevedad e imprecisión[6], lo
que produce confusión en los estudiantes, que completan su aprendizaje con una
visión pintoresca, a la vez que distorsionada de esta tradición.[7]
En este caso, además, se desaprovecha un importante caudal motivacional
para parte de los estudiantes, que reflexionan sobre cuestiones de
trascendencia y religiosidad, como parte constituyente de su identidad y que sí
estarían interesados en abordar cuestiones sobre el cristianismo como religión
histórica de los países de lengua española. Así, como afirma (Bachelor 181): “Encontrar maneras de incorporar las ideas
religiosas en el aula de L2 puede aportar los beneficios de una mayor
motivación por parte de los estudiantes en su rendimiento”.
Además, este acercamiento a temas religiosos es conveniente que se
plantee con un enfoque intercultural, mediante la realización de actividades
didáctica que permitan a los estudiantes reflexionar críticamente y contrastar
los elementos culturales de la religión mayoritaria en su país de origen o su
propia religión, en este caso con la cristiana, históricamente mayoritaria en
los países de la lengua meta que aprenden (el español). De este modo, por
ejemplo, pueden comparar las diferencias en la organización de los calendarios
anuales de celebraciones, los contrastes en la celebración de los ritos, los
diversos espacios de culto con sus respectivas arquitecturas, la extensión
geográfica de la población creyente de las diversas religiones, la gastronomía
asociada a las diversas celebraciones religiosas, la música propia de cada
culto etc. De esta manera, se fomentará el conocimiento, la comprensión y el
respecto por la diversidad religiosa en un mundo globalizado.
Pese a lo indicado, tras hacer un rastreo en la bibliografía académica y
didáctica sobre la Semana Santa en ELE, únicamente hemos encontrado una breve
investigación, cuyo núcleo es la presentación de una propuesta didáctica. Se
hace referencia al artículo “El español con pasión: aproximación a la Semana
Santa Española” (Luque Moya 2016), donde se redacta una propuesta gamificada, de gran originalidad e interés, sobre el
acercamiento a la Semana Santa.[8]
Por lo tanto, puede comprenderse que es necesario diseñar, programar y
ejecutar en el aula de ELE otras propuestas para incluir contenidos sobre la
Semana Santa. Con este objetivo, se describen a continuación los fundamentos de
la explotación didáctica que se ha diseñado, cuya justificación ha quedado
correctamente argumentada en las páginas anteriores.
Como se ha indicado con gran amplitud en la bibliografía académica, los
beneficios de emplear los textos literarios en el aula de ELE son muchos; ya no
solo para mostrar así una lengua más variada y rica, sino principalmente con la
intención de enseñar conocimientos pragmáticos, socioculturales y e
interculturales y, por ende, mejorar la competencia comunicativa de los
estudiantes. Así queda justificado, entre otras, en las investigaciones de
Peñas Ruiz (2021), Sáez Martínez (2011), Ocasar Ariza
(2009) o Acquaroni (2007).
Por lo indicado, aunque los textos literarios no se pueden incluir en
todas las programaciones didácticas para cursos de ELE, se reconoce su gran
utilidad dentro del aula de lengua extranjera. Como se ha argumentado, “los
textos literarios son un input para el alumno, pero mucho más para el
profesor, en cuanto que le posibilitan gran cantidad de actividades […], ya que
no se trata solo de los textos, sino también de los procedimientos”. (Molina
Gómez y Ferreira Lobens 673)
Por ello, la literatura puede ser un vehículo excelente para trabajar la
Semana Santa en el aula. Existe una amplia literatura religiosa en español y el
tema de la Semana Santa no se ha mantenido al margen. Durante el siglo XX
muchos escritores han pintado esta celebración en su obra, por distintas
razones y con variados estilos. Algunos de ellos son primeros nombres de las
letras españolas como Manuel Machado o Luis Cernuda.[9] A esto
hay que sumar un importante caudal de literatura popular de tradición oral
sobre el tema, que puede verse cristalizada, entre otras manifestaciones, en un
palo flamenco como es la saeta, donde se representa todo el fervor religioso
ante los pasos procesionales.
Para realizar esta propuesta didáctica se ha seleccionado un poema de
Rafael Montesinos, titulado “Romancillo de la Esperanza de Triana”. Antes de
adentrarnos en el texto es necesario aportar unas breves pinceladas sobre la
clasificación de la obra de su autor puesto que su nombre no es conocido en el
plano internacional, al tratarse de un poeta transversal de la poesía española.
Rafael Montesinos (1920-2005) se incluye “dentro de la primera
promoción de posguerra, situada en los 40, teniendo en cuenta los años que
ven la luz sus primeras publicaciones”. (Roblas Caride
92) Del mismo modo, aunque dentro de ella se le ha considerado tradicional
garcilasista, esta afirmación debe ser matizada, puesto que “esto es así sólo
por cuestiones accidentales […] y nunca por motivos estéticos, formales o
temáticos” (Roblas Caride 93).
Con independencia de la pertenencia del autor a un determinado grupo
poético, la religiosidad es un tema fundamental en su obra. En sus
composiciones líricas, como se indica en el Diccionario biográfico de la
Real Academia de la Historia, son recurrentes temas como “la melancolía
existencial, el amor como experiencia salvadora, la cercanía a las formas y
temas populares, la fe religiosa y, acentuada en su ancianidad, la reflexión
sobre el paso del tiempo y la proximidad de la muerte” (Delgado Romero y Guillen
Acosta). Se trata de un autor que ha legado una obra muy personal, reconocible
como propia frente a los moldes genéricos de una parte amplia de su generación.
Es, precisamente, sobre el sentimiento religioso producido por la
contemplación de la procesión de
la Esperanza de Triana sobre el
que versa este poema de carácter popular. Se trata de un tipo de poesía que
conocía y valoraba considerablemente Montesinos y que marca de manera notable
su propia producción. El poema seleccionado, además de una veta de poesía
popular, posee un fuerte componente intimista. Se trata de una “poesía que
evoca más que describe el susurro por encima del canto. Nada que ver con los
extremos de los rapsodas que exclaman las maravillas de la Semana Santa”
(Robles 19). La composición describe un viaje procesional por las propias
calles de Triana, en donde la Virgen es la protagonista y el poeta pretende
reconstruir la intensidad del propio sentimiento de la madre de Jesús.
En cuanto a esta propuesta, cabe explicar que elegir un poema para
trabajar la Semana Santa en el aula resulta apropiado porque, frente a lo que
ocurre con otros géneros literarios, “la exposición a los textos poéticos
genera una respuesta emocional muy favorecedora del proceso de aprendizaje,
alejándolo de las propuestas gramaticalistas
conservadoras, más frías y rutinarias” (Lanseros
Sánchez 2).
A renglón seguido se reproduce el poema sobre el que se desarrollará la
propuesta didáctica, para que se pueda comprender la propuesta de explotación
didáctica que se desarrolla en torno al mismo:
La Virgen duda,
llena de gracia,
si nazarena,
si sevillana.
Cirios tendidos,
túnicas blancas,
cien capirotes
sobre cien capas.
Ya por San Pablo
la Virgen pasa
(la Cruz de Guía,
por la Campana).
Si nazarena,
si sevillana.
Porque es ahora
Semana Santa,
bajo su palio
va por la plaza,
Entre varales
de sueño y plata
(gritan y rezan
rezan y cantan).
Si nazarena,
si sevillana.
Porque de Egipto
no se acordaba
u ahora se acuerda,
pasa callada
entre sus dudas
inauguradas
(dudas de Niña
Virgen mimada).
Si las Pirámides,
si la Giralda.
Por San Jacinto,
de madrugada,
lejos del Puente,
pasa callada
(hoy no se acuesta
nadie en Triana).
la Virgen duda
frente a su casa.
Si trianera,
si sevillana.
La propuesta didáctica que se desarrollará en las siguientes páginas está
diseñada para un curso de jóvenes o adultos de español general de nivel B2. Es
recomendable que los estudiantes muestren interés por la literatura y por las
diversas manifestaciones artísticas, por lo que se recomienda su implementación
con jóvenes o adultos instruidos, con un nivel cultural medio o alto en su
lengua materna. Este tipo de grupo tiene más posibilidades de mantener una alta
motivación durante el desarrollo de la propuesta puesto que los contenidos culturales
se encuentran dentro de horizonte de expectativas.
El contexto puede ser variado porque se puede desarrollar en un grupo
universitario (por ejemplo, en un grupo de estudiantes de movilidad
internacional), en una escuela oficial de idiomas, en un centro cultural o en
cualquier otra institución que aporte formación idiomática, ya sea esta reglada
o no reglada. Lo fundamental en este caso es el nivel lingüístico previo de los
estudiantes, así como su grado de alfabetización en la lengua materna que, como
se ha indicado, conviene que sea avanzado.
También, se debe cumplir otra condición necesaria en cursos de
orientación comunicativa en lengua extranjera: el número de estudiantes no debe
superar los quince, debido a cuestiones que afectan al correcto desarrollo de
la metodología de esta propuesta, así como al proceso de evaluación. La
correcta puesta en funcionamiento de ambos elementos conllevará un esfuerzo
personal notable para el docente, por lo que no resulta viable en grupos
excesivamente amplios.
El objetivo principal de esta propuesta
es que los estudiantes adquieran un conocimiento cultural e intercultural sobre
la Semana Santa que sea objetivo y ajustado a la realidad. Además, pretende
alcanzar una serie de objetivos específicos que se enuncian a
continuación:
· Identificar el vocabulario especializado
y comprender su significado.
· Identificar las principales tradiciones
religiosas de la Semana Santa y saber valorar su importancia cultural.
· Apreciar los textos literarios como
fuente artística y de conocimiento.
· Mejorar la competencia lectora.
· Mejorar la competencia escrita.
· Mejorar la capacidad comunicativa en las
destrezas orales.
· Cooperar y participar de forma activa en
las actividades grupales.
· Mostrar una actitud positiva ante las
actividades propuestas.
A continuación, enunciamos los
contenidos que se van a desarrollar en esta propuesta didáctica:
1. Contenidos conceptuales:
· Identifica el léxico específico
relacionado con la Semana Santa.
· Identifica las figuras retóricas básicas
de los textos literarios como usos especiales de la lengua.
· Analiza textos literarios sobre
temáticas asociadas a la propuesta didáctica.
· Relaciona los contenidos culturales
sobre la Semana Santa con otras tradiciones de la cultura hispánica y de sus
culturas maternas.
2. Contenidos procedimentales
· Planifica y organiza la correcta
resolución de las actividades.
· Busca información en fuentes adecuadas.
· Maneja y ordena adecuadamente la
información que recibe sobre la temática nazarena.
· Aplica los conocimientos lingüísticos y
culturales que ya posee para seguir aprendiendo.
· Compone textos orales y escritos propios
con las pautas que le indica el docente.
3. Contenidos actitudinales
· Es sensible y respeta el sentimiento
religioso de la comunidad de hablantes que celebran la Semana Santa.
· Aprecia el valor histórico y cultural de
las celebraciones de Semana Santa.
· Respecta las diversas ideas que se
exponen en el grupo durante las sesiones.
· Se interesa por las necesidades de los
compañeros con quienes trabaja.
· Acepta las críticas constructivas de
manera positiva.
La metodología que se va a aplicar en
esta propuesta es marcadamente comunicativa, con un enfoque orientado a la
realización de tareas. Para ello, se plantearán tres tipos de actividades:
actividades de prelectura, actividades basadas en el texto y actividades de
cierre. La propuesta didáctica gira en torno al poema seleccionado, pero este
será la base de una serie de tareas de ampliación y, por tanto, tendrá un
“efecto lanzadera” en el aprendizaje. A continuación, se explicará en qué
consiste cada grupo de actividades y se darán modelos de estas, que siempre
pueden ser adaptados por cada docente a las realidades concretas de sus aulas.
Las actividades de prelectura tienen
como objetivo principal “intervenir en la activación y construcción del
conocimiento previo del lector para facilitarle el acceso al texto. […] Además,
se ejercita a los estudiantes en la utilización de ciertas habilidades y
estrategias de lectura que les permitirán formular hipótesis sobre lo que van a
leer” (Ballester Bielsa 68). Por consiguiente, se emplean para evaluar qué
conocen previamente los estudiantes sobre la Semana Santa y sobre otras fiestas
hispánicas. Servirán también para poder corregir errores previos y desterrar
prejuicios para, posteriormente, empezar a trabajar desde una correcta base. A
continuación, se enuncian tres modelos de actividades de prelectura para esta
propuesta que se deben realizar de manera colectiva o grupal:
1. El profesor enseña una fotografía de un
paso de Semana Santa y realiza una lluvia de ideas para que los estudiantes
indiquen los conceptos que conocen sobre esta celebración.[10]
2. Se diseñan dos tipos de tarjetas: unas
con el nombre de fiestas hispánicas que pretenden enseñarse y otras con
fotografías representativas. Posteriormente se solicita a los estudiantes que
las unan. Después, deben pegar las fotografías en un mapa de España y de
Hispanoamérica. Así, además, relacionarán cada una con el país o la región
donde se celebra.[11]
Deberán hacer una sencilla búsqueda para conocer en qué consiste cada una de
las tradiciones.
3. Posteriormente, agrupados, debatirán
sobre cuál de estas tradiciones les interesa más y expondrán las razones de su
elección. Tendrán también que compararlas con las tradiciones religiosas de sus
respectivos países para indicar las diferencias y las semejanzas entre ambas.
4. Se pedirá a los grupos de trabajo que
busquen información sobre un aspecto concreto de la Semana Santa (la música, la
gastronomía, las cofradías etc.) y que preparen una breve exposición sobre la
información que han encontrado. [12]
En la fase central de la propuesta es
esencial el desarrollo de actividades que empleen el propio texto. Son en sí
mismas las que mejoran la competencia lectora y lingüística de los estudiantes;
optimizan la competencia literaria, sociocultural y propiamente cultura de
estos. Son, por consiguiente, el núcleo de la propuesta y, por tanto, las más
importantes para la consecución de los diversos aspectos pedagógicos. Como
ejemplos de estas actividades se encuentran los siguientes:
1. Señala en el texto las palabras
asociadas al campo semántico de la Semana Santa. Busca su significado en el
diccionario. Después, escribe, con tus propias palabras una definición del
concepto.
2. Se facilita un plano del barrio de
Triana a cada grupo de estudiantes. Se les pide que, con la información
facilitada por el poema, tracen un recorrido de la procesión de la Esperanza de
Triana. Se aconseja también que busquen información sobre otros recorridos de
otras ciudades que tengan interés por visitar.
3. Describe con tus propias palabras cómo
se describe el sentimiento de la Virgen. ¿Cómo indica el poeta que se siente?
¿Qué tipo de recursos literarios emplea para conseguir expresarlos? Busca una
composición lírica sobre la religión mayoritaria de tu país e indica la
coincidencia en la descripción de las emociones y, si la hay, en qué consiste.
4. ¿Qué es la Giralda de Sevilla? ¿Por qué
se nombra en el poema? ¿Por qué se nombran las pirámides y a Egipto?
5. ¿Cuáles son los versos condicionales del
poema? ¿Qué es un estribillo en un poema? ¿Cuáles son los elementos sobre los
que la Virgen debe elegir? ¿Qué sentido tiene dicha elección?
6. Resume en un breve texto el contenido
del poema.
Por último, las actividades de cierre
sirven para motivar a los estudiantes en el alcance de nuevos conocimientos
que, en sí mismos, son de ampliación. Sin embargo, esta parte no debe ser
entendida como algo optativo o secundario. Muy al contrario, resultan
importantes para consolidar los objetivos de la propuesta, así como para
ampliar las destrezas de los estudiantes y su motivación a la hora de seguir
investigando sobre el tema. Algunos de los modelos de actividades pueden ser
los siguientes:
1. Se les facilita a los estudiantes otros
poemas sobre la Semana Santa que previamente ha seleccionado el docente. A
nivel individual, cada estudiante podrá elegir el que más le atraiga. Deberán
saber identificar las diferencias entre el que han elegido ellos y el de Rafael
Montesinos. Harán un cuadro resumen con las diferencias temáticas, estilísticas
y literarias concretas y citarán versos a modo de ejemplo.
2. Se dividirá la clase en grupos de
trabajo y cada uno de ellos tendrá que realizar una actividad sobre aspectos
culturales de la Semana Santa. Algunos ejemplos pueden ser: buscar una receta
de Semana Santa y explicar en qué consiste; explicar qué es una cofradía y cómo
se estructura y funciona; buscar imágenes de moda nazarena o de Semana Santa y
describir cómo es esa indumentaria y por qué; escuchar una saeta y explicar
cuál es la historia de este tipo de música y qué contenidos abarca etc. Es
decir, se trata de que realicen un trabajo en grupo de documentación y análisis
sobre temas culturales de esta festividad.
3. Se facilitará una lista de entre seis y
ocho palabras seleccionadas por el docente a cada estudiante. Se les pedirá que
escriban un poema o un relato de temática nazarena en el que se incluyan estas
palabras. De este modo, se fomentará también la redacción del discurso
literario, poco solicitado en el aula de ELE/2.
Esta propuesta didáctica no está pensada
para ser una unidad en sí misma. Es una parte de una unidad didáctica que debe
ser necesariamente más amplia. Está planteada para desarrollarse en seis horas
de clase, junto a tareas programadas para realizarse fuera del aula que
completen el proceso de aprendizaje. Para que los estudiantes no queden
desconectados del desarrollo de esta, no se recomienda que las sesiones tengan
más de una semana de diferencia. Es más, si este tiempo puede limitarse a dos o
tres días, sería lo más conveniente, para evitar que se produzca cierta
desconexión sobre la tarea.
La evaluación de esta propuesta
didáctica es formativa. Es decir, frente a la sumativa, pretende dar cuenta de
manera continua de los logros, así como de las carencias de cada estudiante a
lo largo de su proceso de aprendizaje. La evaluación formativa, junto con la
que opta por evaluar las competencias, posee amplios beneficios que han sido
desarrollados por la bibliografía especializada. En síntesis,
su intención principal es
desarrollar aprendizajes en contextos reales, significativos para el
estudiante, considerando fehacientemente a la evaluación como el estado de
actividad permanente, que debe estar presente en la vida cotidiana […] donde el
uso del feedback o retroalimentación ha demostrado
mejoras en los aprendizajes y resultados eficaces en el aspecto evaluativo
(Calderón Quino 100).
Dentro de este tipo de formación, al
tratarse de una propuesta integrada en el aula de lengua extranjera, se ha
optado por el modelo basado en el Porfolio Europeo de Lenguas (PEL) para
evaluar las tareas que realizan los estudiantes, así como el desarrollo de
estas. Este porfolio no se utilizará exclusivamente para esta propuesta
didáctica, sino que, por coherencia, será la base prioritaria de la evaluación
de todo el curso. Dentro de las opciones mediante las cuales se va a
desarrollar este portafolio, se seguirá el modelo ‘dossier’, que es el más
inteligible para los estudiantes y uno de los más sencillos de implementar.
Como se ha definido con acierto,
este documento permite ir recopilando
todas las actividades, fichas, tareas, proyectos, lecturas, prácticas y
documentos elaborados. Además, se puede entregar al alumno al finalizar el
curso para que compruebe la evolución de sus competencias. Constituye un
catálogo de actividades con las que puede documentar y justificar la
consecución de sus destrezas, así como evaluar el nivel o niveles (según
destreza) que ha consignado en el Pasaporte. Pueden compilarse tanto pruebas
escritas como orales (grabaciones en CD). (Montañez Mesas 98)
Por tanto, este sistema permite al
docente tener toda la información del trabajo realizado por el estudiante en el
aula al finalizar cada sesión de clase, así como el trabajo realizado a lo
largo de todo el curso. Esto facilita la consecución de una evaluación continua
real y el poder realizar una correcta retroalimentación a los estudiantes. Será
esta la base de la reflexión dentro de su proceso de enseñanza-aprendizaje y lo
que les permitirá avanzar en su proceso de aprendizaje.
El
presente trabajo ha tenido como principal objetivo poner en valor la
importancia de presentar la cultura popular de España e Hispanoamérica en el
aula de lengua extranjera. Como se ha puesto de manifiesto, aprender una lengua
es también aprender sus tradiciones populares, para poder mejorar la
competencia socio e intercultural de los aprendices de dicho idioma y, por
ende, ampliar sus posibilidades reales de comunicación.
Dada
la escasez de materiales que se han publicado para abordar la Semana Santa en
el aula de ELE, esta propuesta didáctica puede ser interesante para aquellos
docentes que quieran incluir contenidos sobre la tradición procesional
hispánica en sus aulas.
En
el momento presente, no podemos ofrecer resultados del análisis de su
implementación en el aula (al no haber tenido posibilidad de ponerla en
práctica). En el futuro, se espera poder realizar. Entonces, se evaluará y se
aportarán datos objetivos sobre los resultados alcanzados.
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VERBEIA JOURNAL OF ENGLISH AND SPANISH STUDIES
REVISTA DE ESTUDIOS FILOLÓGICOS
2024
ISSN 2444-1333
Año X, Número 9
Hispanic folktale for SFL classrooms. Blancaflor
María del Pilar
García Carcedo
Universidad
Complutense de Madrid
https://orcid.org/0000-0002-8151-4075
Mar Santamaría
García
Universidad de
Granada
Recibido.
Received 04/03/2024
Aceptado.
Accepted 25/03/2024
Publicado.
Published 30/04/2024
ABSTRACT
In these pages, the aim is to
highlight the central role that folktales should have in SFL classroom. Because
stories were never just for children, but also for adults, especially in a
learning environment in which pleasure is linked to adequate language
acquisition. On the other hand, the specific tales of the Hispanic tradition
are largely unknown nowadays, so we have selected the tale Blancaflor, la hija del diablo (Blancaflor,
the devil's daughter), so widespread in the past but forgotten in the 21st
century. For all these reasons, we present a web of folktales and a didactic
proposal based on this tale, with activities that can be adapted to different
levels of language acquisition of the students and a reflection from a gender
perspective. In short, the literary pleasure of reading and rewriting folktales
can be shared without age limits.
KEYWORDS: folktales, literature, Spanish Learning (SFL), gender
equality.
Cuento
tradicional hispánico para las aulas de ELE. Blancaflor
RESUMEN
En estas páginas, se
pretende destacar el papel central que deberían tener los cuentos tradicionales
en las aulas de ELE. Porque los cuentos no fueron nunca solo para niños, sino
también para adultos, sobre todo en un entorno de aprendizaje en el que el placer
va ligado a una adecuada adquisición del lenguaje. Por otra parte, los cuentos
específicos de la tradición hispánica son grandes desconocidos en la
actualidad, así que se ha seleccionado el cuento Blancaflor, la hija del diablo, tan difundido antiguamente como olvidado en
el siglo XXI. Por todo ello, se presenta una web de cuentos y una propuesta
didáctica basada en este cuento, con actividades que se pueden adaptar a
diferentes niveles de adquisición del lenguaje de los estudiantes y una
reflexión desde la perspectiva de género. En definitiva, el placer literario de
la lectura y reescritura de cuentos se puede compartir sin límites de edad.
PALABRAS CLAVE: cuentos
tradicionales, literatura, enseñanza de español (ELE), igualdad de género
1.
INTRODUCCIÓN
Los cuentos contienen una
explicación general del mundo, donde caben todo el mal y todo el bien, y donde
se encuentra siempre la senda para romper con los más terribles hechizos
(Calvino 11).
El folclore y los cuentos tradicionales
deberían tener un papel fundamental en las aulas de ELE, porque “La lengua y la
cultura forman un binomio conceptual fuerte”
como ya afirmaba Joaquín Díaz Corralejo (Santos Gargallo 247). Sin embargo, los
cuentos orales siguen siendo grandes desconocidos. Aparte de Cenicienta o La bella durmiente, ¿conocemos otras protagonistas hispánicas como Blancaflor?
¿Tenían las mujeres siempre un papel pasivo en los cuentos o nos quedan muchas
sorpresas por descubrir? ¿Son motivadores los cuentos maravillosos para las
aulas de ELE? Estas y otras muchas preguntas se irán respondiendo en estas
páginas.
Los cuentos de la tradición oral no
fueron nunca narrados solo para niños, sino más bien para todos, para jóvenes y
adultos; y constituyen tanto un rito de iniciación como un aprendizaje cultural
para descubrir cómo tomar decisiones en la vida, resolver dificultades y llegar
a los ansiados finales felices. Por todo ello, se considera esencial la idea de
aprovechar nuestra sabiduría popular como fuente de riqueza textual, que puede
convertirse en un complemento perfecto de la enseñanza de ELE. De hecho, en ese
entorno de aprendizaje, en el que el placer va siempre ligado a una adecuada
adquisición del lenguaje, es imprescindible recurrir a la literatura oral a
través de los cuentos. Si bien el aprendizaje de una lengua extranjera es
distinto del de la lengua materna, creo que debería ser lo más similar posible
y a través de procedimientos sugerentes como la narración de cuentos.
La primera pregunta por tanto es si se
recurre con frecuencia a los cuentos como material en las clases de ELE. Desgraciadamente,
parece que no se utilizan demasiado los cuentos de tradición oral en los
manuales de ELE; así, por ejemplo, se ha comprobado que aparecen solo en tres
de los dieciocho manuales analizados, según Kuek y
Morote (2015 265).
En nuestra propuesta se defiende que dichos cuentos no deberían recibir un
tratamiento anecdótico sino formar parte de la programación didáctica; así que
se pretende destacar el gran papel que debería tener la literatura, y
concretamente los cuentos tradicionales, en las aulas de ELE.
Por otra parte, los cuentos específicos
de la tradición hispánica desgraciadamente son hoy en día grandes desconocidos,
así que se ha seleccionado el cuento maravilloso Blancaflor, la hija del diablo, tan difundido antiguamente en España como
olvidado en la actualidad. El diablo y otros monstruos aparecen en los cuentos
y son necesarios,
porque, “cuando sentimos miedo la única forma de que no nos
aplaste, de que no nos consuma, es reconocerlo, nombrarlo”, opina una gran
recopiladora y cuentacuentos española, Ana Cristina [13] (Herreros 13). Además,
presentaremos una perspectiva de género que ha sido precedida por estudios de
especialistas como Bacchilega (1997), Gutiérrez
(2004), Harries (2003), Levorato
(2003) o Zipes (2014). Desde una reflexión sobre la
equidad, este cuento ofrece la ventaja del carácter activo de su heroína
femenina, que es la verdadera protagonista del relato y la única que consigue
superar todas las pruebas y salvarse a sí misma y al personaje masculino, como
se verá.
A continuación, se presenta una
propuesta didáctica basada en el mencionado cuento y acorde a los objetivos,
con actividades para B2 y C1, pero que se pueden adaptar a los diferentes
niveles de adquisición del lenguaje de los estudiantes; porque se ha querido
hacer una propuesta abierta. En definitiva, el placer literario de la lectura,
narración y reescritura de cuentos se puede compartir sin límites de edad o
nacionalidad, con innumerables beneficios para el proceso de aprendizaje. Los
objetivos principales de estas páginas por tanto incluyen estudiar las
posibilidades de explotación del cuento tradicional en las aulas de ELE y
plantear diversas propuestas para un uso de los cuentos hispánicos adecuado
dentro de dicho proceso de aprendizaje. Asimismo se
quiere presentar una web que hemos creado en el grupo ELLI (Educación literaria
y literatura infantil) de la Universidad Complutense: “Cajón de cuentos”:
https://cajoncuentos.wixsite.com/cajoncuentos. Una web que
puede resultar muy útil también para los profesores de ELE de todos los
niveles, puesto que no solo presenta antologías de cuentos, sino también
propuestas de actividades y creaciones digitales para trabajar con los cuentos
tradicionales.
2.
CUENTOS
TRADICIONALES EN LA ENSEÑANZA DEL ESPAÑOL
Desde un enfoque claramente
comunicativo, coincidimos con todos los especialistas que señalan que en el
aprendizaje de ELE hay que partir de “la asunción de que los alumnos aprenden
mejor una lengua mediante la comunicación misma, como sucede en la adquisición
de la primera lengua y en la adquisición de una L2 en un contexto natural (Oyewo 15-16). Además, como afirmaba Barthes: “el relato
está presente en todos los tiempos, en todos los lugares, en todas las
sociedades.; el relato comienza con la historia misma de la humanidad; no hay
ni ha habido jamás en parte alguna un pueblo sin relatos” (Barthes 65).
Así, los cuentos, al ser textos pequeños
con un principio y un final definido, son ideales para trabajarlos en las aulas
de ELE. Dada la versatilidad de las distintas versiones tradicionales, se
pueden adaptar a cualquier nivel: inicial, intermedio o avanzado. Constituyen
un recurso muy importante tanto para combatir los miedos o para la difusión de
una cultura como para trabajar la comprensión lectora y la expresión escrita.
Desde un punto de vista gramatical, los cuentos y las leyendas son un marco perfecto
para trabajar los tiempos verbales del pasado (pretérito indefinido y el
pretérito imperfecto); por no hablar del estilo directo e indirecto y los
conectores del discurso. Pero mucho más necesario entre los beneficios de los
cuentos para el aprendizaje nos parece la forma en que favorecen el desarrollo
de la empatía, de ponerse en el lugar de los otros, de identificarse con los
personajes de los relatos. La capacidad de leer el pensamiento de los otros,
según Jerome Bruner, depende, en última instancia, de que se comparta un fondo
común de mitos y leyendas populares (Bruner, 2003).
Asimismo es importante
recordar que leer, escuchar, hablar y
escribir, es decir las cuatro destrezas básicas, no pueden aprenderse por
separado, como se venía haciendo tradicionalmente, sino que deben integrarse
como ocurre en las situaciones reales de comunicación (Johnson y Morrow, 1982). Para ello, es especialmente adecuado un
género como el cuento, perteneciente a la literatura de tradición oral; por
eso, nuestra propuesta didáctica se ha basado en estas cuatro destrezas, como
se puede comprobar en la tabla que resume las actividades.
3.
CUENTO
HISPÁNICO: BLANCAFLOR, LA HIJA DEL DIABLO
Los
recopiladores de cuentos españoles no han adquirido una fama tan universal como
Perrault o los hermanos Grimm, y no porque no la tuvieran bien merecida. Desde
la recolección de los cuentos españoles por parte de Fernan
Caballero (Cecilia Böhl de Faber), Espinosa (1946),
Camarena (1995) y, sobre todo, gracias a la labor del gran recopilador más
reciente, Rodríguez Almodóvar (1983 y 2004), actualmente se siguen difundiendo
los cuentos más representativos de la tradición española:
En cualquiera de nuestras regiones, durante
siglos, y todavía –aunque cada vez menos– han subsistido preciosas versiones de
Blancanieves, de Cenicienta, de Pulgarcito, de Barbazul, de El príncipe durmiente (que no
princesa, en España), además de Blancaflor, La
Serpiente de siete cabezas y el castillo de Irás y no Volverás, Juanillo
el Oso, El Príncipe encantado, La mata de albahaca, Piel de piojo… y así
hasta doscientos cuentos, por lo menos, que nada deben a sus homólogos
extranjeros, sino que pertenecen desde siempre a nuestro patrimonio cultural
(R. Almodóvar 11).
Para esta propuesta, se ha
seleccionado el cuento maravilloso de Blancaflor, la hija
del diablo, que cuenta con numerosas versiones tradicionales en la
península, además de las revisiones de Rodríguez Almodóvar. Un antecedente muy
lejano puede encontrarse en el relato mitológico de Apuleyo (1985), ya en el
siglo II, titulado Historia de Psique y
Cupido, que realmente se puede considerar el padre de casi todos los
cuentos tradicionales, como se puede comprobar en los estudios comparativos de
García Carcedo (2020 y 2022). Asimismo, se ha estudiado la relación de este
cuento con el mito clásico de Jasón y Medea; en este mito, en su papel de
ayudante similar al de Blancaflor, Medea visita la
tienda del héroe Jasón y le proporciona ungüentos mágicos para superar sus
tareas, además de las instrucciones precisas para lograrlo. Para trabajar en
las aulas de ELE, se ha elegido comenzar con la versión de Blancaflor
de Myriam Sayalero (2018 8) en la antología Los
cuentos que nunca nos contaron, que narra así el origen del conflicto:
Hace mucho tiempo, cuando las estrellas que
ves aún no tenían nombre, un rey y una reina gobernaban con justicia y
generosidad en un reino lejano […] Al cumplir veinte años, el príncipe se
enteró del trato de su madre con el diablo y de que este había decidido
quedarse con su alma. El príncipe sabía que para recuperarla debía ir en busca
del diablo a su castillo (…) El príncipe caminó durante días, por fin se
encontró con una anciana y le pidió ayuda para llegar hasta el castillo. La
mujer le dijo que debía buscar el río que había cerca del castillo de Irás y No volverás donde vivía el diablo. En este río
se bañaban las tres hijas del diablo por lo que debía esconder la ropa de la
más pequeña, llamada Blancaflor, y no devolvérsela
hasta que ella prometiera ayudarle a recuperar su alma (Sayalero 8).
En otras versiones
populares del cuento, como la de Espinosa, el relato comienza directamente con
el viaje hacia el castillo, sin explicar nada del pacto previo con el diablo:
“Este era un muchacho que tenía una novia y riñó con ella. Y cuando riñó con su
novia dijo que se iba al Castillo de Irás
y no Volverás. Y se fue en busca del castillo…” (Blancaflor, Espinosa 123; versión
de Cuenca).
Efectivamente, la historia
comienza cuando el muchacho llega al Castillo
de irás y no volverás donde vive el diablo, y su hija Blancaflor
le ayuda durante toda la trama, convirtiéndose en la verdadera protagonista del
relato. El cuento tiene una estructura tripartita, empieza con tres difíciles
pruebas, continúa con una persecución del diablo y, solo en algunas versiones,
termina con el olvido del novio, que borra de su memoria a la mujer que le ha
salvado. En la primera parte, el diablo le exige al muchacho que complete tres
tareas imposibles, pero no es él, sino la heroína Blancaflor,
quien las cumplirá todas gracias a sus poderes mágicos. En la mayoría de las variantes, la primera
prueba consiste en sembrar el trigo y cocer el pan para llevárselo al diablo;
pero todo ello en el plazo de un solo día: “…se encontró con Blanca Flor y le
dice: No te apures por nada, que yo te lo arreglo. Y en un momento fue y sembró
el trigo, lo recogió y lo trilló, hizo el pan y se lo trajo. Y fue el mozo y le
entregó el pan al diablo pa medio día” (versión de
Espinosa 123).
En la segunda prueba, se
exige plantar sarmientos de vid, recolectar las uvas y hacer vino en ese mismo
plazo imposible. La tercera prueba es algo diferente, se trata de uno de los
famosos ritos de iniciación de los cuentos, en los que la protagonista tiene
que morir para resucitar después convertida en adulta. La propia Blancaflor le pide al muchacho que la mate, la meta en una
botella y la tire al agua, asegurándole que podrá renacer después. El caso es
que, en todas las versiones españolas de este maravilloso relato, nunca será el
hombre el que resuelva las pruebas del diablo, sino que es siempre la protagonista
femenina la que las logra superar, mientras se hace explícito que el hombre se echa a dormir sin hacer nada.
4.
PROPUESTA
DIDÁCTICA: BLANCAFLOR EN LAS AULAS
Esta propuesta
está pensada para niveles avanzados (desde B2 o C1), pero contiene actividades
abiertas y aptas para la adaptación en otras fases de la adquisición. Se va a
centrar en recursos motivadores como la lectura dramatizada y la escritura
creativa (más que en actividades gramaticales, por ejemplo). Se incluye, en
primer lugar, una tabla con el resumen de todas las actividades en base a las
cuatro destrezas básicas (leer, escribir, hablar, escuchar):
|
Actividad |
Texto |
Comprensión Oral |
Comp. Escrita |
Exp. Oral |
Expresión escrita |
|
Prelectura 1 Conocimiento previo |
¿Qué saben
sobre los cuentos tradicionales y cuáles conocen? |
Entender el
concepto de cuento tradicional |
Leer un
fragmento sobre la definición y los tipos de cuento |
Expresar de manera
individual sus conocimientos |
Pre-test sobre los cuentos |
|
Prelectura 2 Expectativas |
A partir del
título del cuento: Blancaflor, la hija del diablo |
Escuchar y
comprender las propuestas de los compañeros |
Comprender
el título y lo que se les pide en cuanto a expectativas. |
Expresar sus
expectativas |
Escribir en
dos frases cómo se imaginan el cuento |
|
Prelectura 3 Perspectiva de género |
Fragmento
sobre la protagonista principal del cuento.
Pregunta: ¿cuál suele ser el papel de las mujeres en los cuentos? |
Comprender
la descripción de la protagonista y las preguntas para el debate de género |
Leer un
breve resumen sobre el papel de las mujeres en los cuentos tradicionales |
Expresar sus
opiniones previas en el resumen. Hablar sobre
las pruebas del diablo |
Escribir una
prueba inventada imposible, como las que se imaginan que pondrá el diablo. |
|
Lectura dramatizada |
Fragmento de
la adaptación teatral del cuento |
Escuchar y
comprender los diálogos leídos por los compañeros |
Leer y
comprender sus diálogos |
Leer con
pausas y entonación adecuadas a su personaje |
Subrayar y
comentar los tiempos verbales del fragmento final. |
|
Lectura del
cuento (versión de Sayalero) Actividades
de poslectura Escritura creativa |
Cuento completo
en el anexo |
Escuchar el
cuento |
Leer y
comprender el cuento completo |
Leer en voz
alta sus finales alternativos para el cuento, desde la perspectiva femenina |
Escribir un
final para el cuento. Pensar si Blancaflor le
perdona el olvido (una carta en primera persona) |
|
Reescritura
digital Booktrailer del cuento |
Ejemplos de
booktrailer en la web “Cajón de cuentos” |
Comprender
los ejemplos de booktrailer de la
Universidad Complutense |
Leer
fragmentos de la web “Cajón de cuentos”. Sobre el cuento y los recopiladores |
Hablar con
el compañero/a para la preparación del proyecto |
Realizar por
parejas un proyecto de booktrailer sobre
Blancaflor |
|
Juego de la oca con Blancaflor Reflexión final |
Ejemplos de
juegos que recrean el cuento en la web “Cajón de cuentos” |
Comprender
el cuento y las
instrucciones del juego de Blancaflor realizado por
estudiantes de la Universidad Complutense. |
Leer las
instrucciones del juego |
Expresarse
durante el juego de la oca. |
Expresar por
escrito su opinión sobre el uso de las tecnologías en relación con los
cuentos |
|
Evaluación final colaborativa Narración
expresiva de un cuento |
Escoge cada
uno un cuento de la web “Cajón de cuentos” |
Escuchar y
valorar los cuentos narrados por sus compañeros |
Leer otros
ejemplos de la web de cuentos. Interiorizar
alguno para poder narrarlo |
Narrar este
u otro cuento con sus propias palabras y con expresividad (entonación,
pausas, voces…) |
Preparar un
esquema narrativo del cuento elegido. Votar sus
narradores favoritos |
Tabla resumen
de actividades (Propuesta didáctica)
4.1. La web “Cajón de cuentos”
Para la
elaboración de esta propuesta, se han utilizado algunas prácticas realizadas
con estudiantes de la Universidad Complutense, en las asignaturas de
“Literatura y educación” y “Lectura y escritura creativa” de la profesora
García Carcedo. Se han seleccionado solamente unos pocos ejemplos de dichas
reescrituras digitales del cuento; el resto de los resultados se han difundido
en la mencionada web “Cajón de cuentos”: https://cajoncuentos.wixsite.com/cajoncuentos, que nos
servirá de base para las actividades. Se recomienda al profesorado de ELE
profundizar en los recursos ofrecidos por esta web.
Fig. 1. Web
creada por el grupo ELLI de la Universidad Complutense
4.2. Actividades de prelectura. Expectativas y
perspectiva de género
Leer implica
todo un proceso interactivo que va desde los conocimientos previos del lector
hasta la información que ofrece el texto. Por eso, antes de comenzar en las
aulas la lectura dramatizada del cuento de Blancaflor,
se plantean en esta propuesta una serie de actividades de anticipación del
texto y activación de los conocimientos previos para motivar a los estudiantes.
Es evidente que cada tipo de texto despierta unas expectativas diferentes en
los lectores, que intervienen activamente en el proceso de lectura. Las
hipótesis que el lector se formula a partir del conocimiento previo del género
(en este caso cuento tradicional) o del título de la obra (Blancaflor, la hija del diablo), pueden mejorar la motivación, ayudar a
comprenderla y reorganizar las propias estructuras de conocimiento. Ese proceso
previo a la lectura es precisamente lo que se llama “prelectura”; una serie de
actividades que facilitan el acceso al texto, para desarrollar habilidades y
estrategias que intervienen en el proceso de lectura.
Teniendo en
cuenta que existen distintos tipos de actividades de prelectura, se tendrán en
consideración, en esta ocasión, las que contextualizan el texto antes de
presentarlo, creando un estado de interés sobre el tema. Para ello se
preguntará a los estudiantes qué saben sobre los cuentos tradicionales y cuáles
conocen. A continuación, se explica que hay tres tipos fundamentales de cuentos
tradicionales: los de costumbres, los de animales y los maravillosos, dando una
breve descripción de cada uno de ellos. A partir del título del cuento que nos
ocupa, los estudiantes deben intentar adivinar de qué tipo de cuento se trata y
por qué. Con la escasa información que tienen, se les pide que propongan cada
uno, o por parejas, un posible argumento, que poco o nada tendrá qué ver con el cuento; pero las hipótesis cumplen una vez
más la finalidad de generar expectativas y motivación entorno a la lectura y
siguientes actividades. Tienen que escribir en dos frases cómo se imaginan el
cuento y leer sus predicciones a sus compañeros.
A continuación, se les
amplía la información con un pequeño fragmento sobre la protagonista
principal del cuento:
Blancaflor, la tercera hija del diablo, no quería
salir del río, pues sabía que, en cuanto lo hiciese, debería regresar al
castillo transformada en paloma. Odiaba la tediosa rutina que les imponía su
padre, el diablo. Les prohibía leer, hablar, incluso pensar. Temeroso de perder
a sus hijas, las había confinado a una vida como palomas, solo que, en lugar de
estar prisioneras en una jaula, vivían encerradas en un castillo (Sayalero,
2018. En el anexo se incluye su versión completa del cuento de Blancaflor).
En este momento, se
entabla en el aula un debate sobre los cuentos desde una perspectiva de género.
Para ello, el profesor o profesora introduce el texto formulando
preguntas-clave a los estudiantes para que se sientan implicados ¿Creen que la
prohibición de “leer, hablar, incluso pensar” es solo cosa del diablo o les ha
pasado a otras mujeres? Se les pregunta cuál suele ser el papel de las mujeres
en las versiones más conocidas de los cuentos (sobre todo en las primeras
adaptaciones cinematográficas de Disney), si consideran que muestran equidad o
papeles pasivos para las protagonistas femeninas.
Existe
una corriente de pensamiento relativamente reciente (Beauvoir, 1998 o Solsona,
2020) que ha
acusado a algunos de los cuentos maravillosos más famosos, como Cenicienta o a La bella durmiente, de condenar a la mujer a un papel pasivo en la
sociedad, de esperar dormida a que sea un hombre quien la salve. En esta
propuesta didáctica con el cuento de Blancaflor, se trata de demostrar que las mujeres, sin
embargo, no estaban siempre marginadas en estos papeles pasivos o dedicadas a
sus labores en la tradición oral de los cuentos hispánicos. Y no es solo el
caso de este cuento, sino que se puede poner a los estudiantes al corriente de
que en muchas versiones antiguas de los cuentos los papeles de las
protagonistas femeninas eran mucho más activos. Se les presenta un breve texto
sobre el tema; todo ello se puede comprobar en la obra Cenicienta cumple cuatro mil años. Princesas activas en las versiones
comparadas de los cuentos (García Carcedo 2022). Así, por ejemplo, el
siguiente puede ser el texto para la lectura de los estudiantes (en un nivel
avanzado):
Versiones orales de los cuentos (equidad de
género):
En las caperucitas orales originales
(francesas) que se han podido rescatar, la protagonista se salva del lobo
gracias a su astucia, sin necesidad de la ayuda de ningún hombre, sea cazador o
leñador. En las diferentes versiones populares de La bella durmiente, se ha podido comprobar también que el cuento
era más extenso y complejo y tras el matrimonio de la hermosa durmiente, ella
tiene dos hijos, termina despertando y convirtiéndose en una protagonista
luchadora que se enfrenta a su suegra. En las versiones orales de La bella y la bestia, las bellas tienen
que pasar varias pruebas terribles para desencantar a sus enamorados, desde
disfrazarse de soldados o viajar a tierras muy lejanas, como en el cuento
noruego Al este del sol y al oeste de la
luna, hasta calzar zapatos de hierro[14] hasta
desgastarlos durante varios años. Todo lo cual nos reafirma en la idea de que
la tradición popular cuenta con las heroínas valientes que algunos
recopiladores y factorías de cine han querido hacer desaparecer o reducir a la
pasividad (García Carcedo, 2022, 562).
En las siguientes
actividades, los estudiantes descubrirán también el rol activo de Blancaflor, que tendrá que resolver las pruebas del diablo.
Pero, antes de la lectura, se les pedirá que anticipen qué tipo de pruebas
creen que pondrá el demonio, si creen que serán difíciles y que traten de
inventar una prueba imposible. Dicha prueba inventada se escribe en un papelito
y se introducen todos en una caja; a continuación cada
estudiante extrae una de las pruebas, la lee en voz alta y trata de explicar
cómo se podría realizar o justifica su imposibilidad.
4.3. Lectura dramatizada de la adaptación
teatral. Las pruebas del diablo
El cuento de Blancaflor, desgraciadamente, no está muy difundido en la
actualidad y no cuenta casi con ninguna adaptación, ni siquiera en el teatro
infantil; a pesar de que en el teatro contemporáneo para los más pequeños las
adaptaciones de diferentes cuentos tradicionales tienen una elevada presencia,
como han estudiado Ceballos y Llergo (2021). Preocupados por la desaparición de
este cuento en los escenarios contemporáneos, hemos decidido crear un guion
teatral basado en este relato, con el objetivo de dramatizar y difundir este
maravilloso cuento español que otorga todo el protagonismo y el mérito a su
mágica protagonista femenina.
A continuación se incluye solo un fragmento del comienzo de
esta adaptación teatral, con la primera prueba del diablo. Antes de la lectura
dramatizada y tras repartir los papeles entre los estudiantes, se les pedirá
que lean atentamente los diálogos de su personaje, subrayen las palabras clave
y pregunten lo que no entiendan. Se insistirá asimismo en la importancia de
aspectos como la trascendencia de las pausas, el valor de la entonación y otros
elementos suprasegmentales (elementos pragmáticos para los que se remite al
Plan curricular del Instituto Cervantes). Finalmente, cada uno leerá los diálogos de su
personaje expresivamente, teniendo en cuenta todas las consideraciones
anteriores:
EL DIABLO: ¡Ahí va la primera prueba! Ahora
tienes que ir a aquel cerro y lo tienes que labrar, removiendo bien la tierra.
Después, lo tienes que sembrar, echando las simientes de trigo y regándolo bien
todo. Inmediatamente has de conseguir que el trigo crezca y lo tienes que segar…
SIMPÁTICO JOVEN: Pero,
¡eso es una locura! ¿Cómo va a crecer el trigo inmediatamente? Cada cosa tiene
su momento y la naturaleza sigue su curso…
EL DIABLO: ¡No me interrumpas! Como iba
diciendo, tiene que ser de inmediato, y por último,
tras recoger el trigo, lo tienes que hacer pan. Todo ello en una sola mañana,
porque a mediodía quiero un pan, del trigo sembrado por ti, encima de la mesa.
(Y el diablo suelta una risa sarcástica y muy desagradable al ver la cara de
panoli que se le ha quedado al joven).
[Salió entonces el diablo y el joven se
acerca, con la cara desencajada por el miedo, a la hermosa Blancaflor,
que le esperaba junto a la fuente]
BLANCAFLOR: Dime, muchacho, ¿por qué tienes
tan mala cara? ¿qué te ha mandado mi padre?
SIMPÁTICO JOVEN 3: ¡Ay, qué desgracia! Me
ha dicho que todos los que lo intentaron antes que yo quedaron convertidos en piedra. Y me ha pedido cosas imposibles que
ni tú ni yo podemos hacer.
BLANCAFLOR: Habla por ti, que yo tengo
recursos y magia para todo.
SIMPÁTICO JOVEN: Tus palabras, Blancaflor, me devuelven la esperanza.
BLANCAFLOR: Yo te ayudo, claro que sí, no
te preocupes por nada. Toma este azadón, para que parezca que lo haces tú, y vete al cerro a dormir, que ya voy yo a
encargarme de todo (Adaptación teatral del cuento realizada por García
Carcedo, 2022).
En este breve fragmento
para la lectura dramatizada ya se anticipa el tono del cuento desde una
perspectiva de género. Porque es ella la que resuelve las tres pruebas
imposibles del diablo. Tras la lectura
dramatizada, los estudiantes pueden leer con calma la versión completa del
cuento revisada por Miriam Sayalero (2018), que se encuentra en el anexo final
de este artículo. Lo leen solo hasta la tercera prueba, dejando la persecución
final y el olvido para la actividad siguiente. Se incluye ahora solo la tercera
prueba que es un poco diferente, pero vuelve a demostrar que todo lo hace la
protagonista femenina:
-En el fondo del océano hay una
sortija que quiero regalarle a mi hija pequeña. Tráemela.
Una vez más el príncipe acudió a Blancaflor, pues era imposible que él solo encontrara
lo que pedía el diablo ¡Ni más ni menos que en el fondo del inmenso mar!
Pero esta vez Blancaflor se sumió en la
tristeza. Le había pedido la sortija de la memoria, y en cuanto
el diablo se la pusiese en el dedo corazón, todos aquellos que la conocían,
excepto su padre, se olvidarían de ella ¿Existía acaso un castigo
mayor? Blancaflor dejó caer una lágrima y
después emprendió el vuelo en busca de la sortija. Al menos debía
intentarlo. Voló hacia el océano y se sumergió en lo más profundo
(Sayalero, 2018).
En las aulas de los
niveles más elevados de ELE (C1 por ejemplo), se
aprovechará este mismo fragmento del cuento para trabajar los tiempos verbales.
Se les pedirá que lo relean, subrayen los verbos y digan en qué persona y
tiempos están. De todas formas, esta propuesta ha preferido no centrarse en los
ejercicios gramaticales sino en recursos tan motivadores como la lectura
dramatizada o la escritura creativa, para no abusar de una excesiva utilización
del texto y para poder disfrutar de los interesantes beneficios y riqueza
psicológica, cultural y simbólica de los cuentos tradicionales.
4.4. La persecución final y el olvido del novio
Volviendo a la
perspectiva de género, el protagonista masculino de esta historia no hace nada
para colaborar en la resolución de los conflictos, sino que se queda siempre
durmiendo mientras es ella siempre la que resuelve las difíciles pruebas; es
más, en lo poco que hace se equivoca, para esta persecución final escoge el
caballo erróneo desoyendo los consejos de la verdadera protagonista. Elige el
caballo “Viento” en vez del “Pensamiento”, que es mucho más rápido (obviamente,
porque el pensamiento es más rápido que el viento). Lo cual no deja de
constituir una hermosa simbología con los nombres de los caballos.
Se les
pregunta a los estudiantes si creen que el novio se va a olvidar de Blancaflor. Porque, efectivamente, después de toda la entrega y valentía que la
heroína ha demostrado, en muchas versiones, al final de la historia él la
olvida y pretende casarse con otra. Sin embargo, así termina felizmente el
cuento en la mencionada versión de Sayalero:
…Cuando Blancaflor
se dio cuenta de que su padre les seguía le dijo al príncipe: -Solo a lomos de Pensamiento hubiéramos podido escapar.
Ahora debemos enfrentarnos al monstruo que nos persigue, que no es otro que el
Diablo. Blancaflor extendió sus grandes alas mágicas
y empuñó la espada con sus poderosas garras y la clavó en la tierra con tanta
fuerza que esta se abrió en dos, creando una brecha tan grande que ni siquiera
el diablo la pudo saltar. Así fue como al fin pudieron alejarse del Castillo de Irás y No volverás (Véase
anexo).
Basándonos también en las
otras versiones, recordaremos a los estudiantes esa tercera parte del cuento en
la que el chico se olvida de Blancaflor a través de
otro fragmento de la ya mencionada adaptación teatral. En este caso, cuando el
desagradecido está a punto de casarse con otra, Blancaflor
tiene que aparecer y volverle a contar toda su historia para conseguir que él
la recuerde:
EL DESAGRADECIDO: En el Castillo de Irás y no Volverás el diablo
me ha obligado a realizar unas pruebas complicadísimas. Y, la verdad, no tengo
ni idea de cómo he podido resolver todas ellas. Tengo la sensación de que
alguien me ha ayudado, pero no consigo acordarme…
BLANCAFLOR: ¿Te acuerdas cuando te mandó
que fueras a sacarle el anillo de su tatarabuela del profundo lago? ¿Eres capaz
de olvidar que tuviste que meter toda mi sangre en la botella? ¿Qué derramaste
una gota y que por tu culpa me falta este dedo?
EL DESAGRADECIDO: Sí, sí, ahora me empiezo
a acordar de todo. Y de ti Blancaflor. ¡Cómo me he
podido olvidar! Soy un desagradecido, dios mío (García Carcedo, 2022)
A continuación, se pide a
los estudiantes que escriban un final para el relato en el que tienen que
pensar si Blancaflor le perdona el olvido y siguen
juntos o cuál es su propuesta. Lo pueden hacer con el formato de una carta en
primera persona firmada por la protagonista.
4.5.
Actividades
de poslectura. Reescritura creativa y digital
Escribir, y
realizar recreaciones digitales en línea es el mejor método para que los
estudiantes se acerquen a la literatura de una manera activa (Gª Carcedo, 2018, 2020 y 2020b), en este caso reescribiendo
un cuento tradicional. Parece un acierto el término Homo narrator: “Somos criaturas que
contamos cuentos, por lo que debería hablarse del Homo narrator, en lugar del mal llamado Homo sapiens. Lo narrativo es natural en
nosotros; es la manera que tenemos de organizar nuestros pensamientos e ideas”
(Vilarroya 22).
Por lo tanto,
como se ha explicado, se ha propuesto a los estudiantes que creen sus propios
finales para el cuento de Blancaflor; lo hacen por
parejas para favorecer la comunicación oral. Después presentarán sus versiones,
pero también se puede ir más allá y realizar recreaciones digitales del cuento
con distintas aplicaciones. Se presentan a continuación algunos ejemplos de
reescritura digital realizados por los estudiantes de la Universidad
Complutense; estos ejemplos se muestran a los estudiantes de ELE como modelo.
Después se les sugerirá que pueden contar sus propias versiones de Blancaflor en los formatos digitales que prefieran.
Entre los
resultados llevados a cabo en la Complutense, se elige en primer lugar la
creación de Booktrailers basados en
los cuentos tradicionales. Este recurso digital, especialmente motivador para
los estudiantes, consiste en un breve video en el que se resume la lectura y se
trata de promocionar esa obra para los espectadores. Dos ejemplos de Booktrailer creados por los estudiantes
de la asignatura de “Literatura y educación”. El primero se basa en otro cuento
hispánico que tiene relación con el de La
bella y la bestia, se ha incluido para conocer al menos otro de los cuentos
españoles:
-
Booktrailer[15] del cuento
tradicional hispánico "Angelina y el león": https://www.youtube.com/watch?v=aSZBLu1K_Zs. Se trata de
una dramatización del cuento realizada por los estudiantes y basada en la
adaptación teatral del mismo, “La bella valiente y el león”.
-
El segundo booktrailer se basa ya en nuestro cuento
de Blancaflor, la hija del diablo, y se puede
encontrar en la mencionada web Cajón de
cuentos:
-
Booktrailer de Blancaflor:
-
https://www.youtube.com/watch?v=w6MHHdTZjgs&t=1s. Realizado en
la asignatura de “Lectura y escritura creativa”. Las imágenes en blanco y negro
son de Ana Galindo Álvarez y la voz narradora es de la alumna Noelia López.
A
continuación, se pedirá a los estudiantes de ELE que realicen por parejas un
proyecto de booktrailer sobre Blancaflor.
-
El tercer ejemplo es más original y muy útil para
las aulas, ya que se trata de un juego de la oca basado en el cuento de Blancaflor. Incluimos el link
directo, aunque también se encuentra en la web “Cajón de cuentos”:
-
Blancaflor en Genially (https://view.genial.ly/637b789ccc6d330019f4f6db/interactive-content-las-aventuras-de-blancaflor. Al abrir el
juego de Genially, aparece un link
arriba a la izquierda que te lleva al video del cuento de Blancaflor
creado por las estudiantes Silvia de Toro, Yara Milani
y Silvia Sánchez. La idea es que los jugadores vean y escuchen el cuento y,
después, pueden jugar a la oca para ayudar a Blancaflor
y al príncipe a huir del Castillo de irás y no volverás.
Fig. 2. Juego
en línea creado por las estudiantes de la Universidad Complutense
Este juego
digital está creado para un nivel muy sencillo, pero también se puede proponer
a los estudiantes que creen ellos mismos booktrailer
o actividades en Genially
basadas en sus versiones del cuento tradicional. En definitiva, la experiencia
didáctica de reescritura digital solo ha querido añadir nuevas posibilidades y
estrategias de transformación textual para trabajar las competencias orales y
escritas de los estudiantes de ELE. Al acabar, se pedirá a los estudiantes que
evalúen estas últimas sesiones lúdico-digitales mediante una breve redacción en
la que expresen por escrito su opinión sobre el uso de las tecnologías para la
difusión de los cuentos tradicionales en el siglo XXI.
A modo de
evaluación final, se
les pide que lean este y otros cuentos en la web “Cajón de cuentos”, que elijan
uno y lo comprendan e interioricen suficientemente para, a continuación,
narrárselo a sus compañeros. A través de una evaluación grupal colaborativa, se
escogerá a los mejores narradores o narradoras de la clase[16].
Narrar es un acto intencionado con una fuerza pragmático-comunicativa muy
potente[1],
entre otras razones, porque narramos con una intención pragmática, y al escoger
el cuento tenemos un objetivo: “Aquello que un hablante pretendía al contar
(una historia) a tal oyente en tal circunstancia” (Bruner 44).
5. CONCLUSIÓN
Respondiendo a
la pregunta inicial sobre si tenían las mujeres siempre un papel pasivo en los
cuentos, se concluye que no, o al menos no siempre, porque ellas eran mucho más
activas de lo que los lectores actuales se imaginan. De hecho, una de las
conclusiones más importantes desde una perspectiva de género es que este cuento
lo protagoniza una mujer valiente que no responde a un estereotipo de pasividad,
sino que por el contrario es, como otras muchas protagonistas de los cuentos,
una heroína que tiene que pasar varias pruebas terribles para salvar al
protagonista masculino (que no hace otra cosa que esperar dormido). En definitiva, resulta necesario que los estudiantes de ELE conozcan
una parte de la tradición autóctona, con esos cuentos de mujeres empoderadas
que se narraban por la península ibérica desde tiempos lejanos, a los que
pertenece el relato de Blancaflor. El mundo de la cuentística tradicional
es mucho más amplio que lo que se ha difundido universalmente en la actualidad
a través de las películas de Disney; aparte de Cenicienta o La bella
durmiente, tenemos que conocer a otras muchas protagonistas sorprendentes
que pueden seguir sirviendo como modelos de conducta positivos en la actualidad.
Se ha presentado una propuesta didáctica para el aprendizaje del
español en los niveles superiores de B2 y C1, pero abierta a la adaptación para
otros niveles. Las actividades se han dividido en tres partes resumidas en la
tabla: prelectura, lectura dramatizada y poslectura.
Así, la propuesta ha comenzado con las actividades de prelectura que
intensifican la motivación hacia la lectura a través del juego con las
expectativas y la reflexión sobre los cuentos tradicionales; ha seguido con la
lectura dramatizada de un guion teatral basado en Blancaflor
preparado por la autora; y terminando con actividades de poslectura
centradas en el desarrollo de la imaginación a través de la reescritura
creativa y digital. Además, se ha reflexionado sobre si son
suficientemente motivadores los cuentos maravillosos para las aulas de ELE. Aparte de los beneficios inherentes de dichos relatos, se ha
comprobado que estos cuentos se pueden convertir en maravillosos modelos
tradicionales para motivar la reescritura literaria y la actualización o
incluso inversión de valores, como han hecho innumerables autores en todas las
épocas. Para ello, se han llevado a cabo las actividades de la tercera parte de
esta propuesta didáctica abierta, centradas en la re-escritura
creativa para las aulas de ELE. A continuación, se han mostrado ejemplos de escritura
digital realizados en la Complutense y recopilados en la web “Cajón de
cuentos”, con la idea de que los estudiantes puedan crear también booktrailer o juegos en línea (como la
oca de Blancaflor con la aplicación Genially). En
definitiva, se han cumplido los principales objetivos de potenciar la
utilización de cuentos tradicionales menos conocidos en las aulas de ELE.
Finalmente, nos ha parecido necesario incluir en el anexo de estas páginas una
maravillosa versión completa de este cuento que puede ser utilizada por otros
profesores y profesoras para adaptar esta propuesta.
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relatos, Silvia Niccolini (comp.), El análisis estructural. Centro Editor
de América Latina, 1977.
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Calvino, Ítalo. De fábula. Siruela,
1998.
Camarena, Julio y Chevalier, Max. Catálogo
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Díaz Corralejo, Joaquín.
“Aportaciones de la didáctica de las lenguas y las culturas”. Vademecum para la formación de profesores.
Enseñar Español como segunda lengua (L2)/Lengua
Extranjera (LE), Obra dirigida por I. Santos Gargallo,
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Espinosa, Aurelio. M. Cuentos populares españoles.
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Fernan Caballero (Cecilia). Cuentos de encantamiento
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García Carcedo, Pilar. Cenicienta cumple cuatro
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---. Entre brujas y
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---. “Más allá de La bella y la bestia: desde los
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Vallvey, Angela. Cuentos Clásicos Feministas. Arzalia,
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Vilarroya, Óscar. Somos lo
que nos contamos. Cómo los relatos construyen el mundo en el que vivimos
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Zipes,
Jack. El irresistible cuento de hadas.
Historia cultural y social de un género.
Fondo de Cultura Económica, 2014.
ANEXO: CUENTO COMPLETO
Blancaflor (un cuento de
la tradición española recopilado, entre muchos otros por Francesc Maspons en 1871), en Los
cuentos que nunca nos contaron de Myriam Sayalero (2018, 8):
Hace mucho tiempo, cuando las estrellas que ves aún no tenían
nombre, un rey
y una reina gobernaban con justicia y generosidad en un reino lejano. Sin
embargo, eran tremendamente desdichados. Deseaban un hijo que no llegaba. Con
el tiempo la reina perdió la esperanza. Angustiada por la desgracia que esto
traería al reino, decidió acudir al diablo. Se presentó ante él e intentó
disimular su desesperación, pero el astuto diablo olfateó enseguida su
sufrimiento y quiso aprovecharse de ella.
-Concebirás un hijo…-dijo el
diablo. Después guardó silencio antes de sentenciar-: Y cuando cumpla veinte
años, lo dejarás marchar […]
Al cumplir veinte años, el
príncipe caminó durante días. Cruzó valles, bosques y montañas, hasta que
divisó una rocosa fortaleza entre las nubes: era el castillo del diablo, el Castillo de irás y no volverás.
Cuando estuvo cerca se ocultó tras unos árboles que crecían en la orilla de un
río y esperó a que llegaran las tres hijas del diablo. Después de bañarse en un
remanso, salieron del agua las dos hijas mayores que, nada más vestirse, se
transformaron en palomas. El tiempo pasaba, pero la más pequeña seguía
bañándose.
Blancaflor, la tercera hija del diablo,
no quería salir del río, pues sabía que, en cuanto lo hiciese, debería regresar
al castillo transformada en paloma.
Odiaba la tediosa rutina que
les imponía su padre, el diablo. Les prohibía leer, hablar, incluso pensar.
Temeroso de perder a sus hijas, las había confinado a una vida como palomas,
solo que, en lugar de estar prisioneras en una jaula, vivían encerradas en un
castillo. Blancaflor se sentía muy desgraciada. El
único momento del día en que se sentía realmente feliz era cuando se bañaba en
el río.
Cuando su piel empezó a
arrugarse salió del agua. Una miríada de brillantes gotas resbalaba por su
piel. Caminó desnuda hacia el árbol que custodiaba su ropa, pero en su lugar
vio a un joven desconocido.
-Te daré tu ropa si prometes ayudarme
-dijo el príncipe.
Oculto su cuerpo tras los
arbustos, Blancaflor levantó la cabeza orgullosa. No
pensaba dejarse asustar. Quizá tenía ante sus ojos la oportunidad para escapar
que durante tantísimo tiempo había estado esperando.
-No eres tú quien pone las condiciones,
sino yo –repuso Blancaflor, de vuelta de sus
pensamientos-. Te aseguro que, de los dos, tú eres el más necesitado. Sígueme,
te llevaré al castillo de mi padre. Pero, a cambio, hablarás cuando yo te lo
pida.
El príncipe, sorprendido por la
entereza de la joven, aceptó sin dudar. Le entregó su ropa y, en cuanto se
vistió, como cada día, Blancaflor se convirtió al
instante en paloma.
El demonio no se sorprendió al ver al
príncipe. Ansioso por burlarse de él, planeó tres trabajos imposibles de
realizar.
-Este es tu primer trabajo –dijo-. Allana
esa ladera, árala, siembra el trigo, siégalo, muélelo y tráeme mañana mismo una
hogaza de pan.
En efecto, ese trabajo era
imposible de realizar. El príncipe lloró desconsolado. Blancaflor
escuchó su lamento y suspiró. Conocía bien cómo las gastaba su padre, pero esta
vez no iba a permitir que se saliera con la suya. Había decidido escapar de la
prisión en que vivía.
-Te prometí mi ayuda –dijo ella-, y yo
siempre cumplo mi palabra.
Después esperó a que el
príncipe se durmiera y se dirigió a la ladera. Con la magia de sus alas aró la
tierra y la sembró, sus garras segaron el trigo y sus plumas lo molieron.
Cuando el joven despertó, vio ante sus ojos una humeante hogaza de pan, que llevó
corriendo al diablo.
-No hubieras sido capaz ni de arar un
centímetro de esa ladera sin la ayuda de Blancaflor
–rugió el diablo.
Después, arrojando el pan al
fuego, añadió:
-Este es tu segundo trabajo: planta este
campo de vid y tráeme por la tarde una jarra de vino de sus uvas.
El príncipe ya sabía el juego
que se traía el diablo entre manos, así que acudió a Blancaflor
para pedirle ayuda. Ella revoloteó sobre él y le puso una jarra delante.
Blancaflor voló hasta un viñedo yermo y
seco. Invocó a las nubes, que trajeron agua, y al sol, que aceleró los días.
Después su vuelo mágico vendimió toda la cosecha, sus garras pisaron las uvas y
sus plumas fermentaron el vino que el príncipe llevó al diablo. Este enseguida
supo que Blancaflor le había ayudado de nuevo. Así
que el tercer trabajo que le impuso fue realmente difícil de cumplir, incluso
para ella.
-En el fondo del océano hay una sortija
que quiero regalarle a mi hija pequeña. Tráemela.
Una vez más el príncipe acudió
a Blancaflor, pues era imposible que él solo
encontrara lo que pedía el diablo ¡Ni más ni menos que en el fondo del inmenso
mar!
Pero esta vez Blancaflor
se sumió en la tristeza. Le había pedido la sortija de la memoria, y en cuanto
el diablo se la pusiese en el dedo corazón, todos aquellos que la conocían,
excepto su padre, se olvidarían de ella ¿Existía acaso un castigo mayor?
Blancaflor dejó caer una lágrima y
después emprendió el vuelo en busca de la sortija. Al menos debía intentarlo.
Voló hacia el océano y se sumergió en lo más profundo. Una vez encontró la
sortija se arrancó la pluma más larga del ala derecha.
Luego, el príncipe le dio el
anillo al diablo, pero cuando este fue a ponérselo a su hija descubrió que a
esta le faltaba el dedo anular de su mano derecha (el que correspondía a la
pluma arrancada).
-Entonces lo llevarás en tu mano izquierda
–bramó el diablo- Y el que te ame te olvidará solo cuando alguien lo abrace.
El plan de Blancaflor
había funcionado, al menos en parte. Ahora el joven era libre, solo le faltaba
cumplir su palara […] Aprovecharon para llegar hasta el establo, donde
encontraron dos caballos: Viento y Pensamiento.
Mientras Blancaflor
vigilaba que nadie los viera, pidió al joven que ensillara a Pensamiento.
El príncipe entró en el establo
y vio un caballo joven y fuerte. Era Viento. A su lado estaba Pensamiento, un
viejo y flaco caballo percherón. Convencido de que Blancaflor
se había confundido, ensilló al primer caballo, el llamado Viento. Esa noche,
mientras huían del castillo, la bestia se despertó con el ruido de sus pasos.
Entonces, el diablo, montado en
Pensamiento, les seguía de cerca (porque el pensamiento es más rápido que el
viento).
-Solo a lomos de Pensamiento hubiéramos
podido escapar. Ahora debemos enfrentarnos al monstruo que nos persigue, que no
es otro que el Diablo.
Blancaflor fue dejando caer semillas por
la cola del caballo, que se convirtieron en bolas de fuego que el diablo tuvo
que apagar. Después…Blancaflor extendió sus alas,
empuñó la espada con sus poderosas garras y la clavó en la tierra con tanta
fuerza que esta se abrió en dos, creando una brecha tan grande que el diablo no
la pudo saltar.
Así fue como al fin pudieron
alejarse del Castillo de Irás y No
volverás […] pero aún le quedaba un temor. Sabía que la última maldición de
su padre al ponerle la sortija en la mano izquierda se cumpliría y sería
olvidada en cuanto alguien abrazara al príncipe […] Sufre tanto por el olvido
al que la has condenado que prefiere vivir como una paloma encerrada.
En ese momento el príncipe lo
recordó todo, corrió en busca de Blancaflor y le
quitó de su mano izquierda la sortija del olvido. Volvió a arrojarla al océano,
de donde nunca debió haber salido. Desde entonces nadie que conociera a Blancaflor se olvidó jamás de ella, pues fue la reina más
inteligente y justa de todos los tiempos. Y también la única para burlar al
diablo y librarse de él.
VERBEIA JOURNAL OF ENGLISH AND SPANISH STUDIES
REVISTA DE ESTUDIOS FILOLÓGICOS
2024
ISSN 2444-1333
Año X, Número 9
Las mujeres de Federico (2021) and ethical-literary
education in the secondary school classroom
Celia García-Davó
Universidad de Alicante
celia.garciadavo@ua.es
https://orcid.org/0000-0003-3899-3311
Recibido.
Received 17/11/2022
Aceptado.
Accepted 16/04/2024
Publicado.
Published 30/04/2024
ABSTRACT
This paper analyses
the educational reasons why the
illustrated novel Las mujeres de Federico
(2021) should be included
in the secondary school reading itinerary and proposes the model of
ethical-literary education to work on
it in the classroom. With this study we
aim to offer
a concrete example of how literary reading
can serve to develop critical thinking and moral reasoning in students, educating them as competent readers and people who are aware of and committed
to our society.
KEYWORDS: Las
mujeres de Federico, literary education, ethics, morals, critical thinking.
Las mujeres de Federico (2021) y la formación
ético-literaria en el aula de Secundaria
RESUMEN
Este artículo analiza las razones educativas por las
que la novela ilustrada Las mujeres de Federico (2021) debería incluirse
en el itinerario lector de Secundaria y propone el modelo de la educación
ético-literaria para trabajarla en el aula. Con este estudio pretendemos
ofrecer un ejemplo concreto de cómo la lectura literaria puede servir para
desarrollar un pensamiento crítico y un razonamiento moral en los/las
estudiantes, educándolos como lectores competentes y personas conscientes y
comprometidas con nuestra sociedad.
PALABRAS CLAVE: Las mujeres de Federico, educación literaria, ética, moral,
pensamiento crítico.
1.
INTRODUCCIÓN
Al comienzo de este
escrito realizaremos un breve recorrido teórico por los principales modelos
didácticos de la enseñanza literaria. Seguidamente, profundizaremos en la
explicación del modelo de la educación ético-literaria —en el que se fundamenta
nuestra propuesta— y, para finalizar, justificaremos por qué la obra Las
mujeres de Federico (2021) debería incluirse en el aula de Secundaria. Para ello nos serviremos de
algunos ejemplos de actividades que podrían llevarse a cabo a partir de su
lectura.
La idea de este trabajo
surge de una experiencia docente propia al observar el comportamiento
desalentado o desalentador que la mayoría del alumnado adoptaba ante la lectura
literaria y la literatura en general, a las que consideraba aburridas e
innecesarias. El hecho de impartir clase en 2º de Bachillerato nos permitió,
por un lado, comprobar la dificultad de los/las estudiantes para asociar
contenidos relacionados con la historia y la literatura, y por otro, descubrir
cómo una gran parte de estos no conocía a los miembros de la Generación del 27,
incluyendo a Lorca y su producción. Algo preocupante y sorprendente teniendo en
cuenta que en la Comunidad Valenciana es materia obligatoria en el nivel de 4º
de ESO y que La casa de Bernarda Alba había formado parte de su
itinerario lector durante su etapa educativa. ¿Qué estaba fallando?, ¿la forma
de enseñar y transmitir ideas y contenidos?, ¿el desinterés del alumnado? Y si
era así, ¿cómo podíamos motivarlos/as?… Comenzamos a plantearnos estas y otras
cuestiones, cuyo intento de respuesta dio lugar a la configuración de este
estudio.
Del mismo modo, advertimos
que en las aulas —sobre todo en los niveles de la ESO— todavía están presentes
actitudes machistas, homófobas y racistas debidas, a nuestro parecer, a la
desinformación y a la falta de educación y concienciación del alumnado. Por
ello, para intentar paliar ambas problemáticas (la didáctica y la social),
ideamos este trabajo, que vincula el método de la educación ético-literaria y
la obra Las mujeres de Federico con un triple objetivo pedagógico:
despertar el interés en la lectura, formar lectores competentes que lleguen a
comprender y valorar la literatura y, a través de esta última, educar en
valores. El propósito principal de este artículo es ofrecer un ejemplo concreto
de cómo la lectura literaria puede servir para formar un pensamiento crítico y
personal en los alumnos/as, educándolos como lectores literarios competentes y
personas conscientes de nuestra sociedad.
Igualmente, a través de la
lectura de dicha novela, podríamos contribuir a que el alumnado de 4º de ESO
—tanto los/las estudiantes que van a continuar con su carrera educativa y que
retomarán al poeta en futuros niveles, como los/las que no— conociese lo
fundamental de Federico García Lorca por medio de los temas que este aborda en
su producción teatral y que se recogen en Las mujeres de Federico. En
nuestra opinión, el escritor granadino es un clásico de las letras hispánicas
que cuenta con una calidad estética que garantiza la formación lecto-literaria
y, simultáneamente, su trayectoria vital y la realidad descrita en sus obras
nos permiten abordar valores y conflictos humanos que nos sirven para
desarrollar el pensamiento ético y la interpretación crítica del alumnado.
2.
¿LA
LITERATURA SE ENSEÑA?: LA DIVERSIDAD METODOLÓGICA EN LA DIDÁCTICA
LITERARIA
a.
Algunas notas
sobre la evolución de la enseñanza literaria
Como apuntan Mendoza
(2008), Ballester (2015) y Colomer (2010), entre otros, la forma de enseñar y
concebir la literatura ha evolucionado a lo largo del tiempo. Tradicionalmente,
la enseñanza de esta materia ha sido concebida como “la progresión cronológica
de obras, autores y movimientos y su aprendizaje memorístico” (Ballester e
Ibarra 27), de ahí que una de las constantes de la docencia literaria haya sido
durante gran parte de los siglos XIX y XX —e incluso XXI— la equiparación entre
literatura e historia literaria, apuntada por Barthes (1996) hacia mediados de
la década de los sesenta.
A causa de ello, “las
producciones literarias en el sistema educativo han aparecido como escuetas
referencias de títulos, relacionadas con datos sobre la síntesis argumental,
con la correspondiente enumeración de abstractos rasgos descriptivos del estilo
y con sucintas alusiones a la valoración que el autor y la obra han merecido en
el contexto del sistema cultural” (Mendoza, “La educación literaria” s.p.). Si bien, a partir de los años 70 del pasado siglo
este modelo de enseñanza de la literatura entró en una profunda crisis al
considerarse socialmente obsoleto (Ballester 129). Este hecho se tradujo en la
irrupción de nuevas y muy diversas posturas, metodologías y prácticas
educativas en las décadas siguientes que defendían una forma diferente de
abordar la literatura.
Una de las soluciones
aportadas por los/las especialistas ante el conflicto derivado de la compleja
relación entre el alumnado y los textos literarios fue el conocido “comentario
de texto” en los años 70, que resalta la importancia de las obras en sí mismas
en lugar de su relación con un sistema literario preestablecido (Colomer s.p.). “Ya no se trataba de la transmisión del bagaje
literario de la comunidad y de la literatura como formación moral y estética,
sino de adquirir elementos de análisis que revelaran la construcción de la
obra” (Colomer s.p.). Pese al éxito del nuevo
instrumento[17],
numerosos docentes percibieron que este poseía diversas contradicciones. Si su
principal objetivo era establecer un modelo didáctico que reemplazara al
anterior, este método despojaba igualmente de la lectura propia y del papel
activo al alumnado, pues quedaba reducido a mero espectador del acto de
revelación protagonizado por el/la docente durante el transcurso de la clase
(Colomer s.p.). El descontento generalizado dio paso
—ya en los 80— al inicio de un nuevo periodo en la delimitación de la didáctica
de la literatura. En esta ocasión el
enfoque se traslada del texto al acto comunicativo de su producción y
recepción, es decir, a la relación que se establece entre el autor/a y el
lector/a. La literatura se entiende como un fenómeno de comunicación social,
dando especial relevancia a su papel en la formación del individuo (Colomer s.p.).
Otra de las posibles
salidas a la crisis de los 70 fue vincular la enseñanza de la literatura con el
valor epistemológico que esta disciplina posee, ya que, desde ella, se puede
interpretar la realidad y contribuir a la construcción sociocultural de los ciudadanos y ciudadanas (Colomer s.p.).
Múltiples estudiosos/as emplearon como consecuencia un nuevo término para hacer
referencia a la didáctica de la literatura, el de “educación literaria” —al que
nos acogemos a lo largo del trabajo—, considerándola como “la preparación para
saber participar con efectividad en el proceso de recepción y de actualización
interpretativa del discurso literario” (Mendoza, “La educación literaria” s.p.).
El objetivo era alejarse
de una práctica en la que el profesorado posee un rol de transmisor de
contenidos y el alumnado uno pasivo y memorístico, para lograr que los/as
estudiantes llegasen a ser lectores/as autosuficientes capaces de activar y
relacionar sus propios conocimientos.
En suma, el esfuerzo por
definir los procedimientos a la hora de enseñar literatura estuvo centrado
durante un gran periodo de tiempo en el tridente autor-obra-lector, y los
planteamientos basados en los dos primeros componentes (autor y obra) dominaron
tradicionalmente este campo (Ballester 135). Sin embargo, el interés por el
otro eje metodológico, el del lector/a, inauguró nuevos caminos que apuntaban
ya hacia la creación de lectores competentes y literarios formados para ser
capaces de leer, interpretar y apreciar la literatura. Personalmente,
consideramos que las diversas propuestas metodológicas pueden convivir en el
aula, debe ser el/la docente quien escoja en cada momento cuál es la opción más
acertada según el curso, nivel y especificidades del alumnado.
b.
La educación
literaria: fundamentos de la formación lecto-literaria
Como adelantábamos en el
epígrafe anterior, existe un modelo didáctico que defiende que la literatura no
“se enseña” sino que forma parte de la formación cultural del individuo. De
esta consideración deriva la idea de “formación literaria” o “lecto-literaria”
que, como señala A. Mendoza, “toma como eje principal la actividad del lector
en el proceso de recepción, integrando en él las relaciones entre los sistemas
sociales y culturales, los sistemas retóricos y las estrategias del discurso y
los sistemas de ritualización y simbolización de lo imaginario que incluye la
creación literaria” (“La educación literaria” s.p.).
Este nuevo enfoque, centrado en el alumnado/receptor, es la base de la
educación literaria, que pretende desarrollar la capacidad de interpretar y
configurar discursos literarios. A diferencia de lo que se proponía en métodos
didácticos tradicionales, en este, el/la estudiante pasa a tener un papel
activo en el proceso de enseñanza-aprendizaje, ya que interactúa directamente
con el texto. El propósito principal de este planteamiento es formar
lectores/as competentes que aprendan a valorar la literatura sin que
necesariamente haya que formarles como analistas textuales, algo en lo que se
insistía en épocas pasadas (Mendoza, “La educación literaria” s.p.).
Como apuntan Ballester e
Ibarra (30), la adquisición de “la competencia literaria” es el paso previo e
imprescindible para la educación literaria en la que el alumnado desembocará
tras un extenso trayecto de lecturas propuestas en su mayoría por el/la docente.
Si bien, antes de continuar debemos aclarar a qué nos referimos cuando hablamos
de “competencia literaria”, ya que a lo largo del trabajo aludiremos a ella en
varias ocasiones.
Dicho término fue acuñado
originariamente por Jonathan Culler (1979) y ha sido
estudiado y definido por múltiples investigadores/as como Van Dijk (1980),
Aguiar e Silva (1980), Fish (1989), Colomer (2010) o Ballester (2015), entre
otros. En nuestro caso, entendemos la competencia literaria como la capacidad
que posee el ser humano para crear y comprender textos literarios, pero esta no
sería una habilidad innata, sino que vendría determinada por condicionantes sociolingüísticos, históricos y estéticos (Ballester
142). Los/las jóvenes adquieren dicha competencia “en la medida en que la
comunicación literaria está presente en su entorno y es utilizada socialmente”
y eso “implica crear situaciones que permitan percibir la literatura como una
situación comunicativa real y como un hecho cultural compartido” (Colomer s.p.). Como docentes, debemos dotarles de unas habilidades
prácticas y de pensamiento crítico para que sean capaces de interpretar los
textos más allá de su significado explícito (Ballester 142).
Otro de los fundamentos en
los que se centra la educación literaria —y en el que se basa este estudio— es
el intertexto lector. Este contribuye a la formación
lecto-literaria en tanto que habilita a quien lee a percibir las relaciones y
asociaciones temáticas, culturales y/o formales entre una obra y otras. Es el
elemento de la competencia literaria que “integra, selecciona y activa
significativamente el conjunto de saberes, estrategias y recursos lingüísticoculturales para facilitar la lectura de
textos literarios” (Mendoza, El intertexto
97).
Figura 1. Fuente: Antonio Mendoza (El intertexto
28)
Al igual que Díez
Mediavilla consideramos que la didáctica de la literatura debería centrarse en
“enseñar a leer” mensajes literarios y, para ello, resulta necesario dotar a
los/las estudiantes de un intertexto lecto-literario
que garantice la capacidad de leer de forma eficaz textos de intención estética
(109). De esta forma, frente a las tradicionales funciones de presentador del
panorama historicista y de comentarista o analizador del texto, el papel esencial
del profesorado en este proceso educativo es el de mediador o crítico mediador,
puesto que la información que facilita al alumnado les ayuda a valorar las
creaciones literarias llegando a convertirles en “críticos noveles”. En este
sentido, la lectura guiada en clase posee una gran importancia, ya que les
permite avanzar en su interpretación personal que es, en última instancia, el
fin principal de este método didáctico. Debemos lograr que el estudiantado
alcance una formación literaria plena, a través del desarrollo de su actividad
de recepción, para que llegue a ser un lector competente capaz de interpretar y
construir significados propios en relación con los textos literarios. Todo ello
será clave a la hora de conseguir que el alumnado adquiera un pensamiento
crítico individual, que le permitirá reflexionar acerca de su vida y de su
relación con el entorno y la sociedad (Terol 30).
3.
LA
IMPORTANCIA DE LA EDUCACIÓN ÉTICO-LITERARIA EN SECUNDARIA
De acuerdo con los
presupuestos teóricos en los que se fundamenta la educación literaria, cuando
el alumnado se convierte en lector competente adquiere unas habilidades que le
permiten —de manera autónoma— comprender una obra literaria y alcanzar una independencia
reflexiva para poder valorar e interpretar su contenido. Al tiempo que “va
descubriendo el carácter connotativo del lenguaje literario va a ir aprendiendo
a comprender e interpretar aquellos textos que lee y es en este punto en el que
el desarrollo de la competencia literaria coincide
con el desarrollo del pensamiento crítico” (Llorens y Terol 103).
Según este planteamiento,
los textos literarios sirven como estímulo a la reflexión moral pues, a través
de ellos —y al igual que ocurre con la filosofía—, podemos reflexionar sobre
cómo se debería vivir gracias al encuentro que se produce entre las diferentes
vidas, personajes y situaciones del texto y los lectores/as. Esto permite al
alumnado “aumentar su horizonte de posibilidades y reflexionar acerca de sus
opciones de futuro” (Terol 29), lo que les facilita
“beneficiarse de la relación entre moral y estética” (Terol
32). Así se manifiesta la doble función asignada a la literatura, la
instructiva y la placentera (Mata 107).
Por este motivo, a la hora
de referirnos al modelo didáctico-literario en el que basamos nuestro trabajo
aludiremos al método de la “educación ético-literaria”, caracterizado por
centrarse tanto en el discurso como en la forma de los textos literarios. En
este caso, durante el proceso de lectura, el/la docente “tendrá que enseñar a
apreciar la literatura como fuente de cultura, diversidad, diálogo e
interpretación crítica” (Terol 30), entendiendo el
texto como algo más que un producto de análisis estilístico-formal.
Asimismo, debemos aclarar
que, aunque somos conscientes de que el fundamento de la literatura no es la
difusión de valores morales, consideramos que esta puede ser un instrumento
válido para llegar a ellos. Por esa razón, defendemos que
Un valor puede definirse,
describirse, reconocerse, analizarse, pero no puede donarse o inocularse o
traspasarse. Es decir, no se puede transmitir. Y menos aún a través de
discursos, normas o lecturas. Percibir valores en un texto literario no
significa que esos valores pasen de inmediato a formar parte de la conciencia
del lector. La literatura puede mostrar conductas virtuosas, pero no inculcar
en el lector una virtud. Es lo que se haga a partir de esas percepciones lo que
puede transformar a alguien. […] Leer no es, pues, una actividad que transmita
valores. […] Una obra literaria presenta comportamientos humanos que pueden
propiciar emociones, reflexiones íntimas y diálogos con otros, y esa actividad
puede ser el origen de un cambio o una decisión. Pero lo que ocurra después
depende siempre del lector, del sentido y el carácter de sus lecturas (Mata
109).
La labor del profesorado
resulta de suma importancia a la hora de formar lectores/as competentes, ya que
la mera lectura de un texto no garantiza la transformación moral de quien lee.
Solo desde el momento en que se posee un aprendizaje suficiente para comprender
e interpretar un discurso literario se estimularán las reflexiones éticas
derivadas del mismo. Una vez producido este acercamiento impulsado por el/la
docente, el alumnado/lector podrá involucrarse emocionalmente en las historias
o hechos narrados para, a partir de estos, generar relaciones y pensamientos
sobre su propia vida (Mata 111).
No debemos renunciar a lo
literario en beneficio de lo moral pese a que exista un vínculo evidente entre
literatura y ética. Si bien, es de sobra sabido que existen obras literarias de
alta calidad estética —como las de García Lorca— en las que se expresan
emociones y reflexiones profundas sobre conflictos humanos, lo que nos permite
trabajar ambos componentes en el aula. El profesorado ha de buscar y
seleccionar aquellos discursos en los que lo ético y lo estético confluyan
para, desde ahí, formar al alumnado como lectores competentes y ciudadanos
independientes de nuestra sociedad. Es fundamental reparar en la vinculación
directa que se produce entre la educación en valores y la selección de textos
como elemento esencial para garantizar el interés y la motivación de los/las
estudiantes, ya que los temas/valores que se extraen de las obras pueden
resultar especialmente atractivos y próximos al alumnado (Díez Mediavilla 114).
Es posible que, si en los textos escogidos se abordan cuestiones como la
igualdad, las relaciones amistosas o amorosas, el acoso escolar, la violencia
de género o asuntos relativos al colectivo LGTBI, entre otras, el lector/a
novel esté más atento a la lectura porque son temas que están presentes en su
realidad. Este hecho favorecería la doble finalidad didáctica de la educación
ético-literaria en tanto que, por un lado, se desarrolla el proceso de
integración del individuo en la sociedad al reflexionar acerca de dichos
temas/valores, y por otro, se asegura el éxito de la actividad lectora al
acercar a quien lee al mensaje desde una posición más comprometida (Díez
Mediavilla 114).
El conflicto en este caso
se produce a la hora de configurar un itinerario lector que cumpla con este
doble propósito. Los libros deben contar con una calidad estética que garantice
la formación lecto-literaria y al mismo tiempo han de abordar valores o conflictos
humanos que nos sirvan para desarrollar el pensamiento y la interpretación
crítica del alumnado. Al igual que Díez Mediavilla opinamos que los autores y
obras clásicos —es decir, los propios del canon literario— cumplen con el doble
objetivo propuesto porque en ellos se manifiesta tanto la función estética como
la ética. Por ese motivo, y a pesar de que existan otros muchos ejemplos
literarios válidos, estos sirven para formar la competencia literaria y el intertexto lector así como la
conciencia ética del alumnado, pues en la mayoría de ellos se tratan valores
universales que, pese a la distancia temporal, todavía pueden trasladarse a las
aulas.
¿Pero cómo debemos poner
en práctica la teoría ético-literaria expuesta en Secundaria? Existen
diferentes vías y recursos didácticos. Sin embargo, a nuestro parecer, una de
las formas más acertadas es a través de la lectura o tertulia literaria
dialógica en clase. Este método hace referencia al “proceso intersubjetivo de
leer y comprender un texto sobre el que las personas profundizan en sus
interpretaciones, reflexionan críticamente sobre el mismo y el contexto, e
intensifican su comprensión lectora a través de la interacción con otros
agentes, abriendo así posibilidades de transformación como persona lectora y
como persona en el mundo” (Valls et al. 72).
En nuestra opinión, la
lectura de un texto literario es un acto de comunicación y esta práctica nos
permite llevar a cabo un diálogo no solo con el texto sino con otros lectores.
Con este recurso se fomenta la comprensión lectora del alumnado por medio de
habilidades comunicativas producidas al dialogar igualitaria y colectivamente
sobre el discurso. Las interacciones y reflexiones que se dan lugar a partir de
la lectura —oral y guiada— contribuyen al aprendizaje y a la formación
lecto-literaria y ética de los/las estudiantes, ya que, para poder debatir
sobre algo, primero debes comprenderlo (Valls et al. 78). Además, al plantear
preguntas y recibir respuestas, se van abriendo nuevas posibilidades de sentido
sobre lo que se narra en el texto.
La lectura o tertulia
dialógica es también un buen medio para aumentar la motivación y la curiosidad
de los/las jóvenes si se relaciona adecuadamente con el recurso de la
investigación, porque el diálogo producido en clase acerca de un determinado
asunto puede conducir a una búsqueda posterior en Internet. Después, la
información obtenida podría compartirse en clase para colectivizar y por tanto
multiplicar el conocimiento (Valls et al. 80). De esta manera, el aprendizaje
literario, cultural y social se produce de forma conjunta a través de
interacciones dialógicas e indagaciones que dotan de un papel activo al
alumnado y se alejan del modelo didáctico literario tradicional. Según J. Mata,
Alentar esas prácticas de
diálogo en torno a los libros supone aceptar que a menudo hablar sobre el texto
puede resultar menos significativo que hablar a partir del texto. En el caso de
la lectura ética, en la que la atención a las opiniones de los otros, a sus
lecturas y sus sentidos, resulta crucial, la conversación que suscita un texto
puede ser más relevante que el texto mismo (118).
No obstante, el diálogo en
torno a los libros sigue teniendo los propósitos principales de formar
lectores/as competentes y de afianzar la educación literaria en favor de la
reflexión y la comprensión lecto-literaria.
En resumen, a lo largo de
este apartado hemos expuesto la pertinencia de la educación ético-literaria en
Secundaria, ya que permite abordar la lectura literaria como una experiencia
estética, pero también moral, a la vez que favorece el desarrollo del pensamiento
crítico del alumnado. Por otro lado, hemos presentado la tertulia literaria
dialógica como un buen recurso para desarrollar dicho modelo didáctico en el
aula porque sirve como base para fomentar la construcción de nuevos
conocimientos y significados literario-morales por parte de los alumnos/as. En
nuestro caso, proponemos ambos métodos para trabajar Las mujeres de Federico
(2021) en 4º de ESO, pero debemos profundizar también en las razones educativas
por las que esta obra debería incluirse en Secundaria.
4.
¿POR
QUÉ LAS MUJERES DE FEDERICO?
La labor docente de
seleccionar una lectura o configurar un itinerario lector es compleja, ya que
“hay que adecuarla a actividades muy variadas, desde la lectura individual y
libre hasta la narración oral o la lectura colectiva de textos, y hay que atender
también a las variaciones individuales de los gustos y habilidades lectoras”
(Colomer s.p.). Teniendo en cuenta estas dificultades
y los diferentes requisitos educativos que deben cumplirse —y tras un previo
proceso de búsqueda, lectura y análisis—, consideramos que la novela Las
mujeres de Federico (2021), escrita por Ana Bernal-Triviño e
ilustrada por Vanessa Borrell (Lady Desidia), es una obra adecuada para
trabajar en un curso como 4º de Secundaria.
El texto se vincula
directamente con los contenidos curriculares de dicho nivel (literatura del
siglo XX, Generación del 27, Guerra civil española, etc.). Además, otro de sus
rasgos destacables son las excelentes ilustraciones que se intercalan en el discurso,
que pueden atraer desde un primer momento la atención de los/las jóvenes,
alejados de los libros con imágenes desde su etapa infantil o juvenil. Esta
situación confronta con su cotidianidad, dado que cada vez están más habituados
a la cultura visual y de la inmediatez al recibir un bombardeo constante de
fotografías, colores y figuras en sus redes sociales, y el hecho de toparse con
un extenso discurso sin ningún elemento llamativo puede provocarles desinterés
o aburrimiento. Por otro lado, escogemos esta obra —aparte de por su sencillez,
expresividad y emotividad— porque creemos que puede contribuir a alcanzar el
doble propósito de formar al alumnado ética y literariamente, como trataremos
de demostrar a continuación.
Figura 2. Cubierta de Las mujeres de Federico (Fuente)
Esta novela puede
funcionar como lectura base o hipertexto al servirnos de puente hacia las
principales obras teatrales de Federico García Lorca: Mariana Pineda
(1925), La zapatera prodigiosa (1930), Bodas de sangre (1933), Amor
de don Perlimplín con Belisa en su jardín (1933),
Yerma (1934), Doña Rosita la soltera o el lenguaje de las flores
(1935) y La casa de Bernarda Alba (1936). En Las mujeres de Federico
se narra cómo las protagonistas que aparecen en dichas composiciones se reúnen
en el presente para reflexionar sobre sus vidas y solicitar a su autor que
cambie sus destinos. El contenido que se relata supone una unión entre historia
y literatura al estar cargado de referencias intertextuales relacionadas con la
vida y obra del escritor, pero también con el periodo histórico y sociocultural
de la España de su época. Con todo, no defendemos que esta novela deba
sustituir, por ejemplo, a la lectura habitual del texto de La casa de
Bernarda Alba, sino que aconsejamos al profesorado la configuración de un
corpus textual basado en dos tipos de discursos: una selección de Las
mujeres de Federico y fragmentos originales de los dramas de García Lorca.
A partir de las alusiones
a personajes y obras que se producen en el relato, podemos acudir a la
producción teatral del autor granadino y revisar desde la actualidad la
realidad que se describe en sus escritos para comprobar cuánto hemos
evolucionado (o no) como sociedad. Algunas de las actividades que proponemos
para incidir en estas cuestiones son, por ejemplo, las siguientes:
Actividad 1. En el momento en que se
haga referencia a la protagonista Mariana Pineda, el alumnado, dividido en
grupos, tendrá que indagar sobre quién fue el personaje real en el que se
inspira la obra de Lorca. También deberá buscar información sobre el argumento
de la composición teatral para realizar una puesta en común al respecto. El/la
docente preguntará cuál fue la causa de la muerte de Pineda para introducir a
los/las estudiantes en el tema de la libertad ideológica y de expresión.
Actividad 2. Lectura de un fragmento
—previamente seleccionado por el profesorado— de la ESTAMPA III de Mariana
Pineda. Tomando como punto de partida las referencias a la muerte de la
protagonista por su oposición al rey, el/la docente presentará el caso de Pablo
Hásel sobre el que deberán investigar los alumnos/as
en grupo en la prensa digital. Asimismo, habrán de buscar alguna de las letras
de sus canciones y/o declaraciones en Twitter por las que fue condenado. Cuando
conozcan el suceso se planteará un nuevo debate: ¿Puede cualquier persona
expresar lo que piensa, aunque incite al odio, sin que exista ningún tipo de
censura?, ¿qué opináis de Twitter, consideráis peligroso que existan perfiles
anónimos que acosen y amenacen a otros por pensar distinto u os resulta
indiferente al tratarse de una red social?, ¿deben establecerse límites al
respecto?, ¿debe permitirse a cualquier colectivo manifestarse sean cuales sean
sus ideales (ej.: los nazis) ?, etc. Esta serie de preguntas conducirán a la
presentación de la conocida “Ley Mordaza”. El objetivo de la actividad es hacer
reflexionar a los/as estudiantes sobre el tema de la libertad de expresión y
sobre sucesos reales cercanos a su presente para que desarrollen su pensamiento
crítico.
Por otra parte, las
protagonistas de las obras de Lorca representan la situación de muchas mujeres
de su época y sus historias sirven como ejemplo para descubrir qué ha
significado ser mujer a lo largo del tiempo. El alumnado puede llegar a
comprender a través de ellas la relación que existe entre literatura e historia
y, sobre todo, conocer y ser consciente de la desigualdad social que padecieron
—y padecen todavía— muchas mujeres por el simple hecho de su condición sexual.
Este libro nos permite abordar múltiples asuntos relacionados con la historia
de las mujeres (reclusión, sexualidad, maternidad, matrimonios concertados,
desigualdad, etc.) y de nuestro país (Generación del 27, Guerra civil, exilio
republicano, etc.), por lo que puede trabajarse desde un enfoque transversal
tanto en la materia de Lengua Castellana y Literatura como en la de Historia.
Asimismo, por medio de la
lectura del texto, descubrirán otras figuras femeninas fundamentales como son
las “Sinsombrero”, Clara Campoamor o Virginia Woolf,
entre otras, y podrán aproximarse también a otros personajes femeninos de la
literatura:
Actividad 3. Partiendo de la
referencia “La Celestina, la mejor maestra” (Bernal-Triviño y Lady Desidia
111), se preguntará cuál es la relación que existe entre el personaje de la
Conjuradora y Celestina. Partiendo de que los/as estudiantes leyeron La
Celestina en 3º ESO, el/la docente intentará recuperar contenidos para que
estos los asocien: ¿Recordáis este personaje?, ¿cuál era el argumento de la
obra?, etc. A continuación, puede hablarse de la historia de las brujas y
hechiceras en la literatura y de la caza de estas en la realidad, asunto que se
aborda en las páginas 113- 114 del libro. El objetivo de la actividad es que el
alumnado establezca relaciones intertextuales y construya nuevos conocimientos.
La interdisciplinariedad
del texto contribuye a la ruptura con la parcelación de los saberes escolares
permitiendo tratar desde diferentes perspectivas (literaria, histórica, ética y
de género) diversos temas y valores que han de trasladarse al entorno del aula:
la igualdad, la aceptación, la diversidad, el acoso escolar, la toxicidad
amorosa, la libertad (ideológica y sexual), la solidaridad, la culpa, etc. Si logramos que los/las estudiantes conecten lo que leen
con lo que experimentan en su cotidianidad, podrán extraer sus propias
conclusiones y valoraciones convirtiéndose, tras este proceso educativo, en
ciudadanos conscientes y responsables con sus propias decisiones. Con este
objetivo proponemos, a modo de ejemplo, las siguientes actividades:
Actividad 4. En la página 139 de la
novela aparece un fragmento de Bodas de sangre. Puede aprovecharse la
referencia para escuchar el recitado de Rafael Alberti sobre el diálogo
original entre Leonardo y Novia (Fuente). Tras esto, los y las
estudiantes tendrán que definir en grupos cómo es el amor entre los amantes
(¿es un amor sano?). A partir de ahí compararán las relaciones amorosas
del pasado con las de ahora. Esta actividad posee un doble propósito, por un
lado, que el alumnado reflexione sobre cómo debe ser el amor en pareja, y por
otro, que tomen un ejemplo de la forma en que debe recitarse un texto
dramático. También puede reproducirse parte de la representación teatral de Bodas
de sangre o de la película La novia (2015), o introducir la figura
Rafael Alberti y algunos de sus poemas.
Actividad 5. Tras la lectura las
páginas 184-187 del libro donde el personaje de Lorca explica lo duro que fue
para él tener que ocultar su condición sexual, el/la docente entablará un
debate con el alumnado: Es posible que varios/as de vosotros/as os sintáis
identificados con sus palabras o quizá conozcáis a alguien que podría estarlo.
¿Por qué creéis que, pese a los avances sociales, el hecho de reconocer que se
es homosexual todavía sigue siendo un tema tabú o incluso un delito en muchos
países?, ¿sabéis lo que significan las siglas LGTBI?, ¿pensáis que es necesaria
la celebración del Día del Orgullo LGTB?, ¿conocéis la Ley para la igualdad
real y efectiva de las personas trans y para la garantía de los derechos de las
personas LGTBI?, ¿la consideráis necesaria?, ¿por qué creéis que determinados
partidos políticos han intentado derogarla?, etc. El objetivo de la actividad
es que los alumnos/as conozcan, comprendan y respeten la diversidad sexual de
nuestra realidad.
La lectura de Las
mujeres de Federico puede interesar y motivar a los/las estudiantes al
abordar temas actuales que pueden conducirnos hacia ciertas reflexiones y
debates, lo que les permitiría desarrollar al mismo tiempo la competencia
literaria y su pensamiento crítico y moral. Como
docentes, debemos ser capaces de establecer un vínculo entre el lector/a y el
texto con el objetivo de que compruebe que ambos abordan los mismos conflictos.
Este será el primer paso para que el alumnado pueda llegar a comprender y
valorar una obra literaria.
A nuestro parecer, la
ficción es un buen punto de partida para hablar de la realidad y las historias
que cuenta esta novela son perfectas para trabajar en el aula numerosos valores
universales, así como para descubrir la figura de Lorca y acercarnos a su
producción teatral y poética, pues también se alude a esta última en el texto.
De ahí que desde la lectura de esta novela puedan abordarse otros géneros
literarios que resultan más complicados para el lector/a novel —como son el
teatro y la poesía— con la finalidad de que se familiaricen con estos y lleguen
a interesarse por su lectura. Algunas de las actividades que pueden realizarse
para profundizar en ambos géneros son, por ejemplo, las siguientes:
Actividad 6. Lectura en línea e
interpretación —primero individual y después grupal— del poema “Estampa del
cielo”, de Lorca, a partir de los versos originales incluidos en las páginas
176-177 del libro. Así, los y las estudiantes tendrán una primera toma de
contacto con la compleja poesía lorquiana y se presentará la faceta poética del
autor, ya que hasta el momento solo han conocido la teatral.
Actividad 7. El tema de la muerte se
incluye en Las mujeres de Federico a través de un halo de misterio
otorgado por la imagen de la luna y el ruido de las campanas (Bernal-Triviño y
Lady Desidia 143-144). El/la docente aprovechará dichas referencias para
aproximar al alumnado al universo lorquiano: ¿qué simbolizan ambos elementos?,
¿por qué se incluyen? Se introducen así los temas de lo trágico y lo simbólico
y su representación en la producción de García Lorca.
Actividad 8. A partir de la pregunta
“¿qué es el teatro?”, expresada por el personaje de la Criada (Bernal-Triviño y
Lady Desidia 176), el/la docente preguntará al alumnado qué es lo que conoce de
este género literario. El objetivo es recuperar el conocimiento que los/as
estudiantes poseen al respecto. Después, entre toda la clase se extraerán las
características de los textos dramáticos (estructura, acotaciones, diálogos,
etc.) observando los ejemplos de algún fragmento de la producción teatral
lorquiana.
Asimismo, sugerimos que
—una vez realizada la tertulia literaria dialógica— el/la docente reparta a
cada estudiante un cuestionario formado por enunciados como: “¿Qué situación
denuncian los personajes femeninos de la obra y qué vínculos se establecen entre
ellas?”, “En tu opinión, ¿cuáles son los temas principales del texto?, ¿crees
que tienen vigencia hoy en día?”, “Define con tus palabras qué es un texto
literario, pon algún ejemplo, y explica qué características lo diferencian de
uno no literario”, “¿Recurrirías a un texto literario en busca de soluciones o
consejos ante un problema real? Justifica tu respuesta”, etc. Los alumnos/as
tendrán que responder a cada una de las preguntas de manera escrita e
individual para demostrar que han comprendido e interiorizado el contenido
abordado durante las sesiones de lectura. Esta actividad puede ser utilizada
por el/la docente para evaluar tanto su comprensión lectora como el desarrollo
de su competencia literaria.
Por último, proponemos una
actividad final de poslectura que consiste en la
redacción de un final alternativo para las protagonistas de la obra, teniendo
en cuenta que ellas se reúnen con el objetivo de pedirle a su autor que cambie
sus destinos. Los estudiantes, sabiendo ya los argumentos de las principales piezas
teatrales de Lorca, deberán escoger individualmente la que más les interese y
configurar un final diferente para esta a partir de la siguiente pregunta:
“¿Cómo habrían podido acabar las historias de estas mujeres en la actualidad?”.
Los objetivos de la actividad son dos: establecer una relación entre escritura
y literatura; y desarrollar la capacidad de reflexión, imaginación y expresión
del alumnado.
Como se ha intentado
demostrar a lo largo de este apartado, Las mujeres de Federico es una
excelente forma de crear el intertexto lector de
los/as jóvenes en tanto que les sirve como un paso previo para la lectura de un
clásico como es García Lorca, que posiblemente volverán a tratar en cursos
posteriores. Así comenzamos a formar lectores literarios competentes capaces de
reconocer similitudes y entablar vínculos entre autores, textos y periodos
históricos concretos. Desde nuestro punto de vista, este libro cumple un triple
objetivo didáctico: contribuye a la formación del lector literario, ayuda a la
construcción de su pensamiento crítico y despierta su conciencia ética. Si
sabemos acercar y trabajar adecuadamente la obra con el alumnado de 4º de
Secundaria puede servirnos para fomentar su interés por la literatura, por la
historia y por la lectura en general.
5.
CONCLUSIONES
Las posibilidades
didácticas que derivan de la lectura de Las mujeres de Federico desde el
punto de vista ético y literario son notables, lo que justificaría su presencia
en un itinerario lector que aspirase a proporcionar una adecuada educación
literaria y moral al alumnado.
Opinamos que esta novela
es un excelente hipertexto que puede contribuir al desarrollo del intertexto lector. A partir de ella, el/la docente podrá
aproximar a sus estudiantes a la figura, época y producción de Federico García
Lorca —entendiendo su literatura como paradigma de calidad estética y de
compromiso—, pero también le permitirá trabajar en el aula diversos temas y
posturas éticas que fomentan la tolerancia y el respeto ante la diversidad, así
como otros contenidos relativos a la historia y la literatura que consideramos
verdaderamente significativos en el proceso de aprendizaje del alumnado, ya que
contribuyen a desarrollar su pensamiento crítico y su competencia literaria.
A lo largo del estudio
hemos tratado de probar que es posible abordar una lectura literaria actual de
manera innovadora, tomando como punto de partida un enfoque transversal y
multidisciplinar y asumiendo el modelo didáctico de la educación ético-literaria
en detrimento del método tradicional de enseñanza literaria. Igualmente,
defendemos la priorización de la lectura oral en el aula y el fomento de la
reflexión y la construcción compartida de conocimientos a través de las
búsquedas en línea y de las tertulias dialógicas en clase. Creemos que hoy en
día la función del profesor/a como guía o mediador en las aulas resulta
fundamental, pues sería el encargado de ofrecer las pautas básicas para que el
alumnado se aleje, de manera autónoma y progresiva, de textos literarios
sencillos —Las mujeres de Federico, por ejemplo—, y pueda leer y
comprender obras más complejas como la producción original de García Lorca.
En definitiva, este
trabajo se ha pensado siguiendo una serie de objetivos educativos específicos
que pueden resumirse en los siguientes: dotar de una participación activa al
alumnado/lector en su proceso de enseñanza-aprendizaje; inculcarle el placer por
la lectura, siendo esta una de las claves de la educación literaria; crearle un
hábito lector; motivarle haciéndole ver que comparte con los textos literarios
conflictos y realidades comunes; y principalmente, formar a los/las estudiantes
como lectores/as competentes e individuos comprometidos con su sociedad.
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· VERBEIA· JOURNAL OF ENGLISH AND
SPANISH STUDIES · VERBEIA·
REVISTA DE ESTUDIOS FILOLÓGICOS
LITERATURA
VERBEIA JOURNAL OF ENGLISH AND SPANISH STUDIES
REVISTA DE ESTUDIOS FILOLÓGICOS
2024
ISSN 2444-1333
Año X, Número 9
An Archaeology
of Witness: Testifying, Attending, Reading,
and Writing
Cheryl Chaffin
Cabrillo College. California (USA)
https://orcid.org/0009-0007-3299-1506
Recibido.
Received 17/02/2024
Aceptado.
Accepted 17/04/2024
Publicado.
Published 30/04/2024
ABSTRACT
Primo Levi’s experience in If This Is a Man included the change
of his body
through adversity while he remembered and recorded the names
and stories of those he encountered on his downward
journey into Auschwitz. In post-war decades he witnessed his life
and mind in context of the camps
and in his place of the middle to
late Italian and global twentieth
century. This article, turning to phenomenological and Buddhist thought, explores how readers may
develop a practice of witness in reading
traumatic literature. In the work of
phenomenologist Maurice Merleau-Ponty witness as perception and attention is inherent
to the body
through observation and participation expressed in the senses and the rational and intuitive intelligences. Buddhism focuses on shared
human suffering and addresses
how we respond
to each other’s
pain. Finally, writers of traumatic
literature and their readers are inextricably and ethically linked in the process of
witness.
KEYWORDS: witness, literature, Primo Levi, phenomenology,
Buddhism
Arqueología del testimonio: atender, leer
y escribir
RESUMEN
La experiencia de Primo Levi en If
this is a Man ponía en
relieve el cambio que sufría su cuerpo por culpa de la adversidad al mismo
tiempo que recordaba y registraba los nombres e historias de todos aquellos que
conoció en su terrible camino hacia Auschwitz. Durante varias décadas de posguerra
dio testimonio de su propia vida y de su mente en el contexto de los
campamentos y de los lugares en lo que estuvo desde mediados hasta finales del
siglo XX en Italia y alrededor del mundo. En este artículo, volviendo al
pensamiento fenomenológico y budista, se explora cómo los lectores pueden ser
testigos de la literatura traumática. En la obra del fenomenólogo Maurice
Merleau-Ponty éste da testimonio como forma de percepción y atención,
convirtiéndose en algo intrínseco al cuerpo por medio de la observación y la
participación expresadas a través de los sentidos y en las inteligencias
racionales e intuitivas. El budismo se centra en el sufrimiento humano
compartido y aborda la forma en la que respondemos al dolor ajeno. Por último,
los escritores de la literatura traumática y sus lectores están éticamente
vinculados al proceso de dar testimonio.
PALABRAS CLAVE: testimonio,
literatura, Primo Levi, fenomenología, budismo
1.
INTRODUCTION
A practice of being in witness through writing and through reading has always been urgent
and perhaps there is an even
more pressing urgency for this type of
living in our contemporary world of digital mediation and isolation. Jamil Zaki, Professor of Psychology
and Director of the Stanford Social Neuroscience Laboratory, in The War for Kindness writes “the modern
world has made kindness harder.” More people live in cities than ever before
and, “we see more people than ever before, but know fewer of them.”[18]
Interactions with unknown others are increasingly virtual. Online interactions
make it easy to espouse political and social views that are then liked and
encouraged by others, all behind a screen of anonymity, a space apart. Empathy,
he argues, is a skill we can build and we do so in
relationship with self and with others. Empathy, I also suggest, is one facet
of a space of witness if we consider witness as a relationship with self,
others, and the world. Reading, as Zaki sees it, constitutes an “untethering,”
leaving your world for the context of another’s.[19]
A reader witnesses a writer’s traumatic story. Readers then participate
in history by their responses to that story in their
engagement with literature. Here I focus less on witness
as located in a person and
more on witnessing as an action, a practice,
of reading, yes, but more so of living.
Witness(ing) in this conceptualization is then a practice
both active and passive. It is active when
readers are conscious that they perform
an act of
witness as they read and, later, discuss a book. Readers are enabled to allow the
practice of witnessing to affect
their approach to life and their
responses to others.[20]
Witnessing is passive in that it is always
present in the reader; it neither
appears nor disappears at random; rather, it is
consistently present and available when readers develop the practice of
being in witness—a state of being
that resides within and that a reader is
conscious of cultivating (witness becomes a practice, a habit, or, even,
an ability that is nourished
with attention). In reference to witness
(as a concept, an act, and
a practice), I employ various verb forms
to suggest that witness does
not start and stop when readers engage
literature that details traumatic situations. These verb forms are: infinitive—to witness; indictive
present—witness; and, present participle—witnessing. Through my exploration, I argue that witness is phenomenological, a practice of being in the
body and recognizing that faculties of perception and mind are in training
to offer presence to others
as they relate their experiences, in this case through the transmission
of written story. Of course,
the practice of witness, which
is intersubjective, may also find
application in formal oral telling, in informal conversation,
in listening, and in simply
being attentively present to other
human beings.
Language is not
requisite to witnessing. Silence is a form of
witness, which for all intents
and purposes is presence, the
attention of the whole being
to what and who presents itself.
Such attention requires discipline achieved through thinking, contemplating, reflecting, and not needing anything
but being present to (something;
someone) without the filter of
the self and its desires and motivations. This is a lifetime practice.
Practice in
relation to witness signals incompletion or partiality. Humans, if they so choose,
are always engaged in witness as a teaching, a learning that is
without end, and they can become more adept at it over
time. The nature of human experience is such that
new experiences continue to
arise, so in that arising humans continue to learn and to
practice in body and mind (phenomenologically, then) what they
have learned.
For these reasons,
for the very
warp and weft of practice itself,
I’ve turned to phenomenology in a brief encyclopedic analysis of witness
(to witness, witnessing) in order to explore it as occurring always in the (a) body (a singular body but that
body is also
in relation to another who tells
the story of his body’s
experience). In Primo Levi’s
case, he experienced the camps as an assault
on body and mind, as a physical experience as well as a psychological, spiritual, and philosophical
one. His awareness of witness
arose as he revised the first edition
of his book
If This Is a Man (Se questo è un uomo) for a second publication
run with Einaudi in 1957 and 1958. In a chapter written expressly for the
second edition, “Initiation,” Levi names witness as a survivor’s act in which he is engaged both
within the camp and in the moment of
writing, “even in this place one can survive, and therefore one must want
to survive, to tell the
story, to bear witness; and that to survive
we must force
ourselves to save at least the
skeleton, the scaffolding, the form of civilization.”[21]
Robert Gordon refers to the multiple forms
and genres in which Primo
Levi wrote—trial depositions
and statements, reports, speeches, newspaper columns, poems, anthologies, translations, science-fiction and fantasy, novels and stories about work, resistance,
and science—and writes that in Levi’s hands testimony “is best thought
of as malleable and fluid
in form, and as one all the more profoundly
engaged with truths historical, moral and
imaginative.”[22]
In the spirit of this
malleability, I want to read Levi’s
work, focusing on If This Is a Man, with attention to Buddhist
teachings in which the notion of
witness—as an observer to and an observation of experience without
reaction—is integral to a reading of
trauma and the reflection of the author,
as in Levi’s case, upon the meaning of
that trauma. The Buddhist teachings referenced here address the practice
of being with, being present
to, habits of contemplation, compassion, and, when extended to literature, a considered and thoughtful
response to a writer’s
narrative and his address to readers.
Such “witness teachings”—found within both
western and eastern philosophical
writings—may help to awaken
reader response to trauma
narrative and analysis. I focus
here on Primo Levi’s work as offered in his autobiographical account of Auschwitz because I have taught his
first book If This Is a Man for fifteen years in my college critical
thinking courses. There are myriad literary accounts of trauma, written of the Shoah, yes, but also of
multiple kinds of political, social, historical, and personal trauma. Literature,
in large part, is a repository of trauma—regardless of its genre,
geography, or time period. Levi had his own unique
experience of the camps during
the Second World War and, like any writer,
he wrote directly from that experience
and the memories it left. Over
his lifetime, he coupled his literary
production with historical research on the war
and Auschwitz. He never stopped
learning and he knew that his writing
of the camps
offered one man’s experience of traumatic truth.
In fact, he began the first chapter
of his final book The Drowned and the Saved (I sommersi e i salvati, 1987) acknowledging memory’s limitations, “Human memory is a wonderful but fallible instrument.”[23]
As a reader, writer, professor of literature,
and a human being in relation
with others, I have absorbed the witness teachings explored here. They manifest in how I interact with students, how I research and write academic articles, how I raise a child, among other things.
I hope that this essay will illuminate
ways of thinking
about reading, responding to, and holding traumatic stories—acts of witness—so
that we are moved and changed and, further, that our living
reflects those changes.
2.
TAKING UP WITH PRIMO LEVI
Over nearly two decades
of teaching and writing on Primo Levi’s first-person experience as a Holocaust survivor and the primary narrative that evolved of that
experience, If This Is
a Man, have
brought this reader-writer to reflect on the
complexity of being witness to
one’s own experience, which for Levi in that first book included
the change and adaptation of his
compromised body through violent adversity while he also remembered and recorded the names
and stories of others whom he met on a journey downward, as he described his plummet into
Auschwitz. Over several post-war decades Levi witnessed his life
and mind in relationship to Auschwitz and his place in the middle and later half of
an Italian and an increasingly global twentieth century. Levi achieved a growing understanding of witness in his role as a survivor, in his work as a writer testifying to the
lives of others who had
experienced war and internment with him, as well as in observation of chemical phenomena in various laboratory environments through university education and his profession as a chemist. This writer
watches, observes, notes, analyzes,
compares, commits details to memory, and, eventually, puts life on the
page through the
interpretative voice and sensibility
which the act and practice of witness supports.
Domenico Scarpa in “Il terzo incomodo: un invito a frequentare Primo
Levi” (“The Third Wheel: An Invitation to Take
Up with Primo Levi”) describes Levi’s
dual role: the victim who suffers the
event that is Auschwitz with the fullness of
his own person
and that of the witness who
with a superhuman effort of physical,
moral, and cognitive survival succeeds
in retaining an outward gaze, objective
and scientific with respect to the
event in which he finds himself implicated.[24]
The third role of the witness
that Levi performs, Scarpa argues, is in relationship to his readers whom
he demands participate in his story and ask
themselves what they would have
done in the same circumstances.[25]
Primo Levi wanted us,
his readers, to read his
work with an attitude of
ongoing curiosity and inquiry. He informs us in an essay
entitled “The Path of a Jewish
Writer” (1984), that his first “is
not a book purely of testimony.”
He attests to intertwined themes: an effort to
understand how the events could
have happened, a scientific study of human behavior (his and others) under extreme circumstances, the painful and daily comparison with life as a free person, the appearances
of literary reminiscences from Dante’s Inferno, which, he notes, were sometimes intentional, other times unconscious and spontaneous, and his evocation of the
Bible.[26]
His writing, as both artifact and living document in readers’ hands, remains outside the boundaries
of time. Levi’s work, that started
with the arrest, deportation, and detention of the
author and includes the details of
eleven months in the Lager of Auschwitz, represents an autobiographical history of the
mind, body, intelligence, and personal experience
that follows a period of dictatorship,
political turmoil, war, and subsequent civil peace. The body
of his work
as a whole represents the composition of a singular life and at the same time a life shared with
the other. However, Levi wrote in his “Premise” to The Mirror Maker: Stories and Essays that he was an ordinary
person except for the war
and the internment at
Auschwitz; his was a quotidian life—of work, laboratory,
and family, in his birth city, Turin,
where he lived until his death.
“I’m a normal man with a good memory
who fell into a maelstrom and got out of
it more by luck than by
virtue, and who from that time on has preserved a certain curiosity about maelstroms large and small, metaphorical and actual.”[27]
To read Levi’s work,
written from 1946 to 1987, is to
read his life in narrative form. As a receiving reader, one notes that his life was
not ordinary, especially accounting for his birth
two years before Benito Mussolini came to power and his
young life under institutionalized fascism. The Racial Decree of 1938 imposed restrictions on Jewish employment,
businesses, property, schooling, works of art and literature, publishing, sports, and music. Further, in the post-war period he was a survivor of genocide. With
or without the writing, he was not a “normal” person in any sense
of the word,
given the maelstrom he experienced and from which he returned
and the maelstroms that continued to compel him
in his thinking and writing for the
remainder of his life. He was
instead a person with a life formed
completely by the history of
Europe and of the European Jews
of the twentieth
century.
3.
READING AS WITNESS
Witness is an acquired
relationship with the world. It
is both an
intellectual and emotional act. Eastern and Western philosophies
suggest that it can be cultivated as a practice of attention that
includes seeing and listening as well as contemplating and responding. The first- person
witness has often experienced traumatic events (cumulative events of physical and emotional violence) and, consequently, has been permanently changed by these experiences.
The change undergone by one
who has witnessed may be, given one’s
skills and resources, the impetus to
a life-long practice of artistic and intellectual expression. In Levi’s’ case, such an expressive response evolved in literary writing, as well as journalistic and commemorative writing. Witness importantly occurs in the process of
reading as well as writing. Such engaged
reading may germinate in turn a sustained writing practice and production over a reader’s lifetime that becomes
a response to reading-witness.
The
lexical notion of witness exists within a framework of juridical and religious law. The word testimony
came into use in the fifteenth century
as proof or demonstration of some fact, evidence,
or piece of evidence, and in legal testimony as a sworn statement by a witness. In Latin, testimonium connotes evidence,
proof, or attestation. In early Christianity, the word witness was
developed from a Greek or pre-Greek
word, martyr, and came to signify a person who
bears testimony to faith and would
willingly suffer death rather than
renounce their religious faith. The apostle Peter declared in the tenth chapter of
Acts that those disciples who ate and drank with Christ were
chosen to be witnesses, commanded to preach, testify,
and bear witness in converting others to the gospel.[28]
Thus, early Christians testified to their faith
and worked to bring “the good
news” to others.
In The
Guardians of Memory Valentina Pisanty, Professor
of Semiotics at the University of Bergamo, defines witness testimony as an
original perceptual act (a witness sees an event, or is informed about it by
someone who was present) and a subsequent communicative act (the witness
recounts what he or she has seen or heard), where the later holds only by
virtue of the former.[29]
In a court of law, she notes, the definition of witness narrows to one who has
seen directly and first-hand, and, as such, is called to speak of that witness
experience, which may become evidence in a trial. Annette Wieviorka
in The Era of the Witness (2006) [L’ère
du témoin] writing
with a historian’s view of witness argues that the advent of public testimony
of large traumatic events began with the Eichmann Trial in 1961. She asserts,
“Testimony appeals to the heart and not to the mind. It elicits compassion,
pity, indignation, even rebellion. The one who testifies signs a ‘compassionate
pact’ with the one who receives the testimony, just as someone who writes an
autobiography signs what Phillipe Lejeune calls an ‘autobiographical pact’ with
the reader.”[30]
Individual psychological subjectivities then risk translation into political
categories. Wieviorka argues that individual stories
of traumatic events atomize larger historical events, that stories in their
subjectivity may erode the history as a researched, more objective telling of
events. Yet, I argue, testimony strongly appeals to the reader-listener’s
intellect, particularly when reading comprises a space of reflection that
permits ethical consideration of a story and its facts (facts oftentimes, as with
literature of the Shoah and other narrative accounts of extreme violence, have
been newly established in the text itself). Wieviorka
notes a shift in the evolution of testimony. As events are told they move from
private to public, becoming part of a collective and political realm; they are
transformed into stories and critical arguments in the process. History is not
exclusively representational—a recounting of events and facts and their
connections; history is also a telling of human experience from an autobiographical
and, thus, an intimate viewpoint.[31]
From the personal nature of literature, more
specifically from writing and subsequent witnessing, Wieviorka’s
concerns arise. She details that in the immediate post-war years personal,
individual memories, confined within close, family-like groups, had been
generated from the moment the events took place. But these memories, which held
the possibility of becoming narratives, were not part of the cultural
mainstream and had thus little political meaning. To acquire political weight
events must enter into public discourse and memory.
Before the memory of the Hurbn
[destruction] could penetrate the public sphere, the political climate would
have to change. Testimony would have to become relevant beyond its personal
[private] meanings. Its importance would have to be recognized by society. This
would take place with the Eichmann trial, but the price would be alterations in
the content and meaning of this memory.[32]
Shared memory becomes something other than private memory; it is transformed in
the sharing exchange. An implied concern is that truth-value is lost; the
closeness to facts becomes diluted through narrative retelling and the repeated
conjuring of memory in efforts to share with others, who very may well become
readers.
The term poetry of witness, introduced by poet and human rights activist Carolyn Forché in “Reading the Living Archives,” descended
from literature of the Shoah and suggests that such
poetry has been complicated by philosophical, religious, linguistic, and psychoanalytic understandings of “witness.” Forché posits witness as a mode of reading
rather than writing, of readerly
encounter with literature of that-which-happened.
In ethical reading the reader engages
narrative as evidence in which
“language is a life-form....This evidence continues to mark human consciousness.”
In the aftermath of this evidence,
we read “the mark or
trace of extremity.”[33]
The reader is marked by
the encounter with the evidentiary
text, which is the experience and its aftermath rather
than a representation of it. Forché’s
sense of witness, grounded in Emmanuel Levinas’s ontological argument for infinite responsibility to the other as reflective of self, is
experiential in its crossing from writer
to reader. It stresses relationship
and ethicality in reading through responsibility and attention to the
other’s experience, to the living
material of language and the energy of
story that stays inside and changes the reader.
This conceptualization of witness eliminates
representation as a screen or barrier between
the writer and the reader and makes the text
the direct experience of trauma. Trauma is then read
in its fragmented language; yet, that fragmentation must still be signed
and signaled, in punctuation,
diction, and tone.
Pisanty in The
Guardians of Memory offers a check on witness as an experience
of the sacred
or divine that is then transferred
to the reader
or listener through the linguistic
act. She argues for the scientific
method when considering the validity of witness
narratives. She might disagree with Forché
and Levinas’ approach to narrative as primarily presence or actuality
over representation in language, and she expresses her concerns
with an almost
biblical mimicry, “the word is
the thing, as if it drew
directly on the substrate of
events it speaks of…without
fractures or intermediate elaboration: a natural sign, a revelation, an intuition that goes beyond logical-discursive
thinking.” The danger is that
“through the witness’s physical presence, those who were not
there can annul the distance between
past and present and are thrown, teleported so to speak, into
the heart of the event.”[34]
Reverence for a writer’s story and words, its infallible
and all-encompassing memory,
risks a non-critical space where the
reader jettisons
interpretative rationality and skepticism
for the writer’s witness
as absolute and full truth, as if
the reader were “teleported…into the heart
of the event.”
Let’s hold Pisanty’s concern for the quasi-sacred
nature of testimony with Forche’s supposition that fractures—and fragments, questions, aphorisms—appear in lines across the page and within the words
that compose those lines. The
interior state of fragmentation that arises in and through traumatic occurrences resides in the language, meditated
by body, which encompasses mind, that has suffered. Not as sacred or divine but as reflected in the physical manifestation
of an art form, in this case, prose and print. Such elevation of testimony may
lead a reader into false reality, the sense of a preferential meta-channel that
through contact with testimony gives access to moments of ascetic ecstasy or
profound insight, as Pisanty contends.[35]
Yet, and still, language in its representation carries the affective residues
and ethical compromises of traumatic experience.
Within the context of reading and teaching
Levi’s work, as well as other works of traumatic recounting, I take Pisanty’s concerns seriously. Crucial to creating dialogue
with and among students is space to process, discuss, and share narratives of
trauma, allowing varied critical and emotional responses. Some students have
their own trauma that arises in reading traumatic histories and contemporary
events. It is incumbent on teachers to surface and discuss this complex range
of response that includes, sometimes all at once, repulsion, fear, empathy,
anger, sadness, critical curiosity, and respect. These spaces permit students
to enter thoughtfully and with courage into their writing in response to a
traumatic text. Readers are in critical relationship with a text and its story
over an extended period of time. Reading, and writing
in response, is a [radical] reflective exercise, that develops with practice
and time.[36]
4.
PHENOMENOLOGICAL AND INTERSUBJECTIVE
Human beings translate meaning, in part, through the
body. In the mid-twentieth century Maurice
Merleau-Ponty, influenced by
the work of Edmund Husserl and Martin Heidegger, furthered
his thinking on a phenomenology of perception, focused on the
body as a locus of knowledge. Knowing from a phenomenological view is located
in the body through sensory engagement—sight, hearing, smell, touch, exposure to the elements
and in the natural world, through physical proximity and distance, and emotional responses to the environment. Witnessing moves through periods of time and space in acts of reading
and writing. Humans live in a world of created, living,
dying, regenerating, and transmogrifying things. Partly, we inherit
that world in reading. We receive
historical accounts of human activity and thought across culture, through historical time, and over borders drawn
through the dividing work of
conquering nations and through territorial wars and
disputes—often cultural, religious,
and economic in nature. Writing is a response to witness. We
write because we are witness to personal experience, to the experiential
spaces of fellow beings and we share and relate stories with others. The
work of writing
traumatic experience and the engagement of reading such
experience then converge symbiotically in the practice of witness
as relational and co-extensive.
For Merleau-Ponty the human relationship with history is a dynamic
inquiry into the present rather
that an attempt
to solve contemporary problems. He writes in “The Crisis of Understanding,” “Perhaps history will eliminate, together with false solutions to the
human problem, certain valid acquisitions as well. It does
not locate its errors precisely in a total system. It does
not accumulate truths; it works
on a question that is confusedly
posed and is not sheltered from
regressions and setbacks.”[37]
He continues that in each distinct time period humans encounter their problems unique to that
time and its conditions. History then is
not an answer,
a lesson, a resolution, or a solution. “Historical epochs become ordered around a questioning of human possibility, of which each
has its formula.”[38]
In reading literature of trauma, we are reading the failures
of humans to maintain collaborative
social spaces and witnessing
the progression of violence into
daily human life, to the point
that meaningful life and all that
supports it has been destroyed. This knowledge has to necessarily inform any exploration
of possibilities. Violence annihilates the first person
and it reduces collective life. The writer-witness
reconstitutes a participatory
self in writing. Speaking and writing from this destruction
the writer creates a collaborative pact with their
readers; thus, the writer regains
self and relations with a wider community
and public.
Kelly Oliver in Witnessing: Beyond Recognition focuses on subject position and
agency of the “inner witness,” a concept introduced by Dori Laub, researcher of
trauma psychosis and Clinical Professor of Psychiatry at Yale University School
of Medicine.[39]
Violence intends to destroy the experience of an expressively unique self.[40]
“Oppression and domination succeed by undermining, damaging, or annihilating. .
. the inner witness necessary for the process of witnessing to support itself.
. . . Dialogue with others makes dialogue with oneself possible. In order to think, talk, and act as an agent, the inner
witness must be in place.”[41]
The self in this formation is the
inner witness, the one who sees, notes, absorbs, processes, reflects, and
through writing, in this case, shares with others. The inner witness is
relational with self and then in dialogical relation with others through the
act of writing. As the structure of witnessing is dialogic, the self must be
constituted in address to and response from others. Witness creates a
conversation with the inner observer in remembering and reconstituting self. It
is then essentially relational, and compositional when it occurs in written
language. Because it is relational and compositional it is ethical in its
request for response, and in its desire to return to shared human life.
Forché conceives that “the poem’s
witness is not a recounting, is not mimetic
narrative, it is not political confessionalism
and it is not simply an
act of memory.”[42]
The poem then bears witness
as a political and ethical act. The poem
stands in for experience, not simply representing
but constituting it in the act
and form of witness. Language carries trauma, delivers the energy of
witness and its residues. Writing is not simply
representation but reality. The
self that has been violated constitutes
itself again in language. In seeking out another, the
writer finds the reader who
helps make experience real, who makes experience exist again relationally.
Language is the wound.
The language may be fragmented and varying, pocked with “questions, aphorisms, broken passages of lyric
prose or poetry, quotations, dialogue, brief and lucid passages that may or
may not resemble what previously had been written.”[43]
Language as the material
container through which the wound is
felt, experienced, and expressed becomes, through the writer,
the reader’s wound. The reader
assumes in reading the transference of this wound.
The wound infiltrates thought and informs actions. A writer and their readers live the
knowledge of this wound and allow themselves to be moved and changed by its existence.
The wound need not be appropriated
as the reader’s very own suffering,
but carried or held in such
a way that the reader recognizes
suffering as a human condition
that requests response. Language and conversation are spaces of the
self’s formation and its knowing. After grave trauma, the self gradually
reenters the world, creating a life in and through ethical relationships with others.
Levi’s title If This Is a Man is an unfinished
and, hence, dependent conditional clause that awaits its
independent partner to become complete. The fragmentation of the title
leaves the readers with a possible question and a possible statement. The reader dwells
in the midst of an incomplete and anticipatory fragment awaiting some possibility,
some whole, and some type of
completion. The content of the
text is
determined partly by the author’s desire to detail in narrative intersubjective
relations with those he encountered during the deportation process and once at
the camp, as well as the writer’s need from and mandate to his readers. The
relationships that Levi recounts are themselves unfinished, truncated in their
midst by disappearances and murder, by acts of genocide. At certain moments,
there is deep regret for not knowing something at the time in relation to the
future that would come. The deprivation of the prisoner’s life is implied as
Levi remembers a moment of food among friends. “I see the spaghetti which we
had just cooked. Vanda, Luciana, Franco and I, at the
sorting-camp when we suddenly heard that news that we would leave for here the
following day; and we were eating it (it was so good, yellow, filling), and we
stopped, fools, stupid as were were—if we had only known! And if it happened
again…Absurd. If there is one thing sure in this world it is certainly this:
that it will not happen to us a second time.”[44]
This is the space of death, of zero reoccurrences. There is regret in a
momentary glance backwards and the absurdity of hope and a future. The work of
ethical reading lies ahead for
readers at the outset of Levi’s
narrative account, which, to echo Forché’s understanding of a poetry of witness,
saturates the reader in broken connections, fragmentations, regrets, questions, and “lucid passages that
may or may
not resemble what previously had been written.”[45]
The reader’s engagement
with and response to history in narrative form is a practice of
ongoing, lived witness taken into
body and mind, seeded with an
exploration of curiosity, contemplation, and desire for what
is possible in our relations with
each other and the world in which
we live. The human quality of narrative becomes integral to our knowledge,
to who we
are and how we live and conduct ourselves in the world. This thought
is expressed in Merleau-Ponty’s Phenomenology of Perception (PP)
as well, where intersubjectivity becomes a space of simultaneous
individual and general experience of
being human. “My life must have
a significance which I do not constitute; there must strictly
speaking be an intersubjectivity; each one of us
must be both anonymous in the sense of absolutely
individual and absolutely general. Our being in the
world is the concrete bearer of this double
anonymity. Provided that this is
so, there can be situations,
a sense of history, and a historical truth.”[46]
Sense [sens] also constitutes
a wakefulness that elicits response in each reader.
Michael Berman in “Merleau-Ponty
and Nagarjuna: Enlightenment,
Ethics, and Politics” writes that
both for second century Indian Buddhist monk Nagarjuna and for Maurice Merleau-Ponty freedom
is “the total emersion into the
existence of the lived body
within the context of its
essential or originary sociality. It is the
recognition and acceptance of the fundamental interconnectedness of oneself with not
only the world environment, but also the
people who coinhabit it. Our
existence is ethical at an originary
level.”[47]
Emersion
connotes a movement outward;
we merge toward others, taking part in the world through
our lived body and our lived
experience. Human life recognizes itself in relational connections; it goes toward
understanding among selves, and the ethics that arise
from it are rooted in lived life. An energy
of infusion characterizes the knowledge of individual consciousness paired with a “general” or shared experience of being human, similar to ideas of interdependence
and mutual co-existence explored
in Buddhist philosophy. Such an infusion
acknowledges both the individual distinctness and collective nature of each human life.
Pathologist Neil Theise
argues in Notes on
Complexity that on cellular and molecular levels humans are not separate but
rather a holarchy or conglomeration of energetic forms
that overlap, intersect, and respond, or fail to
respond, to one another. “Thus,
the world is made of
potentials, of possibles akin to Kauffman’s adjacent
possible. Then our minds consider
the world, and as we choose the
moment to gaze and the perspective
from which to gaze, the
world takes form.”[48]
Thich Nhat Hanh conveys “mind” in Buddhism as a
space of physical, emotional, and intellectual processing and activity.[49]
“Every object of the mind is itself mind.” The objects of mind are dharmas,
often grouped into five categories or the five aggregates,
1. bodily and physical forms;
2. feelings;
3. perceptions;
4. mental functionings;
and,
5. consciousness
Consciousness in this framework contains all
other categories and forms the basis of their existence. We meditate upon these
five aggregates to perceive the interdependence of all things. A table is not
simply a table but contains traces of forest, sky, iron in the nails, the
carpenter, his ancestors, sun and rain. We understand
that we are not separate from one another and from things, and that the seeming
“object” of knowledge is also the “subject” of knowledge.[50]
In this formation, action is a form of witness. To be steeped in witness as an
approach to living is to move with compassion, the recognition of impermanence
and the fleeting and rare nature of our existence on the earth. History then is
not a thing to be studied at every moment or even a memory or a story. It is a
space of existing with beings through time. The only way this kind of existing
could happen is through compassion, both in the midst of
knowledge and unknowledge, which if we are not respectful could be a kind of
ignorance. Such knowledge releases us from obscuration of mind and from
suffering that comes of a sense of isolation.
Merleau-Ponty posits that to engage
an activity is to recover
it from the
up until now un-engaged. It is
to bring from the experienced
and the imagined the newness of
somethingness. It is to make
something—however abstract—exist in the world to
self and for others. Yet, the
unreflected is not the non-reflected.
“To reflect is to recover
the unreflected.” The “un” awaits its actualization. Radical reflection is reflection
that attempts to understand itself.[51]
It asks: “What do I know?” rather than stating
that it knows
nothing.[52]
This approach to knowledge provides
a productive space of writing, energized by curiosity and wonder. To begin
with what I know is more powerfully enabling to expression than
feeling I know nothing. Yet, the witness
submerges herself in humility. She writes
from a place of uncertainty. She starts with the
world of perception, which includes feelings, which includes thoughts, which involves, of course,
experiences filtered in and
through the body. Places in space are not objective positions in relation to the
objective position of the body; they
inscribe around us the variable reach of our intentions
and our gestures.[53]
In fact, as scientists such as Neil Theise suggest, we are place. We are already
inscribed at a cellular and
symbiotic level with that which
we observe. Observation is a mode of
participation. The body is in relation
to space, adjusting itself to it and being
shaped by spaces and our desires and needs within spaces.
Reflection creates a relationship with the past that
reverberates in the present moment. Thus, in reflection that past, even
a past, materializes. It may also be that
a past exists but we do not
yet have any particular relationship to it. Relationship
happens not only in physical or mental visitation but in thought, image, memory, sensation, and feeling. The movement towards
the “un-reflected fund,” a fund available
or prohibited us on the
basis of conditions, desire, and action, is a creative space. Creation is our
relationship with this fund as it
emerges into and gets processed in our consciousness. This is a space where
narrative assumes form and alights. Every perceptual act appears as taken from an
overall adhesion to the world.
The manifold is not yet
disassociated; the
perceptual act is totally absorbed, not separate from, the world and our
interaction in and with it. Perception is an action;
it is also
material on which we reflect and to which we
respond, what Merleau-Ponty
considers radical
reflection in that it attempts to
understand itself.[54]
Perception is always in relationship to the world;
as such, the body and consciousness of the human being
is inseparable from this world. A Buddhist
teacher and thinker might frame
Merleau-Ponty’s notion of adhesion
as co-dependent arising.[55]
Entwining his philosophical inquiries with those of
René Descartes, he reminds us
that the early philosopher did not claim
“I think, therefore I am separate and distinct,” rather he stated, “I think, therefore I am.”[56]
A phenomenological formation
could be: I think, therefore I adhere. In finding my (a) self in adhesion with the
world, I think and realize my relations
within the world. It is
in reflection that we draw on
the un-reflected fund available to realize self
and our individual life in this shared world,
in being in and drawing from, in mutual adhesion, and the availability of knowing that
comes through being—in a body that is
in the world and interacts with the world and that
becomes a primary mode of knowing.
5.
WRITING AND RECEPTIVITY
Writing is a space of receptivity that
reader-writers cultivate as a practice. Practice becomes participation so that
as a reader-witness each of us carries this interdependence into our writing.
Creation then is a contemplative process. Lydia Davis writes of the materials
of writing as co-extensive with the body. “The journal or writer’s notebook: a
partial, externalized form of his or her mind. Just as, if we take notes on our
reading, either in or out of our notebook, so that we don’t forget what we have
read, then these notes become an externalized form of our memory.”[57]
The most immediate, perhaps metacognitive, practice of witness is found in
watching the body-self in a task while in simultaneity focusing on the task at
hand. Watching becomes knowledge of the coupling of feeling, or sensation, and
physical movement through space-time. At this subtle level observation is thinking. Observation is a form of
meditation. Writing engages itself in relationship with the physical world.
Davis admonishes that readers “Keep in touch with the
physical world. There is a lot of emphasis on sex and violence—two forms of
physicality—in our culture. That is partly the result of lazy, unimaginative
writing…But maybe it is also a crude substitute for the physicality that has in
general been lost from our daily life. Imagine how physical life used to be.”[58]
We are in our bodies while engaging physical movement. Witnessing, we notice
how we move from task to task. Writing comes from the body, from this sensate
place. We recognize the world’s realness as we describe our physical, mental,
intellectual, historical, political, and social spaces and times.
Phenomenology postulates the possibility of others, in part,
through their culture productions. What is created of
a first person, individual
“I” perspective becomes a work that speaks
to the “we,”
the collective and cultural
life of a society or societies.
The part participates in the whole. “Others can be evident because I am not transparent for myself, and because my subjectivity
draws its body along behind
itself.”[59]
We do not think of our
perspectival views as independent of each other, as grounded and affirmed in an individual self. They slip into each other and are gathered together in the thing.[60]
One perspective slides into another;
perspectives are thus clustered in a single world in which all participate as anonymous subjects of perception. The perceptual occurs for Merleau-Ponty within a context of freedom;
however, we recognize perception is not free when
it is curtailed
and quarantined by absolute
power structures. In terms of traumatic
literature, perspectives become possible in their conjuring, their shared presences,
the need to speak a story
and to make others witnesses so that you are un-alone and then together. The writer needs
his readers who are, for him,
his co-witnesses: “The dependent and indeclinable subject.”[61]
Witness is an
action, as well as a fact, a listening, a willingness and willfulness, an intention to
see and hear, to think and meditate.
Witness encourages interdependence between writer and reader and among readers. We become each
other’s indeclinable, unavoidable
and certain, subjects.
“Evidentness, like perception, is a fact.”[62]
Levi in If This Is a Man gives his readers facts;
he makes fact evident; he imparts them as evidence in narrative form. Facts take
on a life of their own;
rather than fragments of information
they bloom as dark, hopeful, despairing narratives connected by names and events
and feelings, descriptions,
perceptions, physical spaces, and memories that arose of
the camp’s created environment and its extreme conditions. These stories manifest
energetically in a world of compromised humanness, historical and contemporary humanness; these imparted facts reach into
the present, connecting writer and reader through time and space, and asserting themselves into our dangerously close future.
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VERBEIA JOURNAL OF ENGLISH AND SPANISH STUDIES
REVISTA DE ESTUDIOS FILOLÓGICOS
2024
ISSN 2444-1333
Año X, Número 9
Specularity: transcending
language in Clarice Lispector’s
A hora da estrela
Mª José Jorquera Hervás
University of
Virginia (USA)
https://orcid.org/0009-0001-7485-9972
Recibido.
Received 28/02/2023
Aceptado.
Accepted 18/02/2024
Publicado.
Published 30/04/2024
ABSTRACT
The events that
take place in Clarice Lispector’s
A hora da estrela (1977) seem
to be metaphorically reflected in a mirror. In this study, then,
I identify the mirror as the trope
through which we read Lispector’s
novel, and its film adaptation by Suzana
Amaral (1986), to observe how
the ambivalence of meanings is
articulated. By analyzing a selection of images in the
film production, I examine their correspondence in the novel and how they mirror each
other, to offer conclusions at a semantic level that may reveal
complex historical and political issues. Some of the
questions addressed in this study are: How does the transfer of medium, from
literature to visual arts, add meaning
to the narrative? How does this
approach contribute to the conversation
between post-structuralism
and Brazilian literary movements of social and cultural commitment? How can the idea of specularity
problematize Lispector’s
role as an intellectual?
KEYWORDS: language, cinema, post-structuralism,
specularity, intellectual
Imagen especular:
transcendiendo el lenguaje en la novela La hora de la estrella de Clarice Lispector
RESUMEN
Los sucesos que acontecen en la narrativa de La hora
de la estrella (1977) parecen reflejados metafóricamente en un espejo. Así,
en este estudio se identificará el espejo como el tropo que recorre la novela
de Clarice Lispector y la película homónima, dirigida
por Suzana Amaral (1986), para observar cómo se
articula la ambivalencia de significados que desprende. Partiendo de una
selección de imágenes extraídas de la producción fílmica, se examinará su
correspondencia con la novela y se analizará el plano semántico del juego de
reflejos que brindan el texto audiovisual y el narrativo. Algunas de las
preguntas que se abordan en este estudio, por tanto, son: ¿cómo el cambio de
medio, de la literatura al cine, transforma la dinámica de la imagen especular?
¿Cómo contribuye este enfoque a marcar un punto de confluencia entre el postestructuralismo y las tendencias literarias brasileñas
de compromiso social y cultural? ¿Cómo puede la imagen especular
problematizar el papel de intelectual de Clarice Lispector?
PALABRAS CLAVE: lenguaje, cine, postestructuralismo, imagen
especular, intelectual
Escena primera de la película. Una oficina
abarrotada de cajas y archivos. Un espacio lúgubre y asfixiante. Una joven
escribe a máquina. Un intervalo de siete segundos entre tecla y tecla. Se
detiene, y se huele el sudor corporal de un día de trabajo. En la habitación
contigua, unos hombres discuten acerca del dinero. Uno de ellos, enfurecido,
pide responsabilidad por las manchas sobre los documentos de la mecanógrafa. Ni
siquiera conoce su identidad. Esta aparece en su puesto de trabajo, comiendo un
perrito caliente sobre la máquina de escribir. Se mira las manos, sucias de
grasa. Por mandato, acude al baño a lavarse. Al encender una minúscula
bombilla, apenas puede verse reflejada en el espejo, viejo y desgastado. Se
acaricia la cara con detenimiento. Un estado de confusión.
La novela La hora de la estrella
(1977) condensa una narrativa compleja cuya historia se puede contar a partir
de trece títulos. Tal y como sucede con las otras novelas y cuentos de Clarice Lispector (1920-1977), la crítica postestructuralista se ha
centrado en la relación entre el lenguaje y la búsqueda de afirmación
existencialista del sujeto. Hélène Cixous (1990)
explora la otredad que encierra la escritura de Lispector
para rescatar los espacios que escapan al lector, pues se presentan «unreadable or invisible by means of
being subtle» (144). Earl
E. Fitz (2001) amplía esta visión y dedica, mediante una postura derridiana, una investigación a la filosofía del lenguaje
en relación con el sujeto, exponiendo la problemática de la palabra, que no
(re)presenta de manera fiel la realidad: «To recognize this crucial parallel between Derridean theory and Lispector's sense of writing goes
a long way toward revealing the nature of
the distinctive ambiguity, or “undecidability”, that marks her narratives» (7). Este ensayo
establece un diálogo con la crítica que ha estudiado la problemática de la
referencialidad del lenguaje en Clarice Lispector,
partiendo de la idea de la «indecidibilidad» de la expresión del lenguaje
verbal, para privilegiar, en cambio, el significado que se articula a partir de
una imagen especular en su narrativa.
Los sucesos que acontecen en la narrativa de La
hora de la estrella parecen reflejados metafóricamente en un espejo. Así,
en este estudio se identifica el espejo como el tropo que recorre la novela de
Clarice Lispector y la película homónima, dirigida
por Suzana Amaral (1986), para observar cómo se
articula la ambivalencia de significados que desprende. Partiendo de una
selección de imágenes extraídas de la producción fílmica, se examina su
correspondencia con la novela y se analiza el plano semántico del juego de
reflejos que brindan el texto audiovisual y el narrativo. Algunas de las
preguntas que se abordan en este estudio, por tanto, son: ¿cómo el cambio de
medio, de la literatura al cine, transforma la dinámica de la imagen especular?
¿Revela la película ciertos aspectos de la imagen especular y el lenguaje que
no son tan evidentes en la novela? ¿Cómo contribuye este enfoque a marcar un
punto de confluencia entre el postestructuralismo y
las tendencias literarias brasileñas de compromiso social y cultural? ¿Cómo
puede esta imagen especular problematizar el papel de intelectual de Clarice Lispector?
La ambivalencia de significados que
desencadena la imagen especular en la obra de Clarice Lispector
no solo sirve para ahondar en la fragmentación del sujeto y su afirmación en
relación con la alteridad. Permite, además, reevaluar su trabajo como un
diálogo con las tendencias de un nutrido grupo de intelectuales brasileños del
siglo XX, entre los que destacan Antonio Candido,
Roberto Schwarz, Oswald de Andrade o los hermanos Augusto y Haroldo de Campos,
quienes intentan dar respuesta a las contradicciones acusadas en la identidad
brasileña en el contexto de la modernidad[63].
Bajo el citado enfoque, imagen especular, espejo, reflejo, dualidad,
ambivalencia y mirada son algunos de los términos que empleo con el
mismo propósito. Ellos sirven de eje narrativo para señalar resonancias de la
compleja relación entre el sujeto y la sociedad, manifestadas a través de la
clase, el género, la cultura, el deseo, el consumismo y la tecnología.
Desde las primeras páginas de La hora de
la estrella notamos una ansiedad del propio narrador por contar este
relato: «Las palabras son sonidos traspasados de sombras que se entrecruzan
desiguales, estalactitas, encaje, música de órgano transfigurada.
Mal puedo pedir palabras a esa red vibrante y rica [...] Juro que este libro
está construido sin palabras. Es una fotografía muda. Este libro es un
silencio» (Lispector 18, énfasis mío). El interés que
muestra Jacques Derrida en torno a la compleja relación entre lenguaje y
realidad hace preciso aproximarse a la «indecidibilidad» del texto. Derrida atribuye este concepto a una característica inherente de
la literatura: «Literature is
the site of undecidability, there where it is
impossible for the reader to
decide between the fictional, the invented, the dreamt
event, and the fantasied event [...] and the event present
as ‘real’. » (Dick and Wolfreys 302). Por otra parte,
observamos que el Modernismo brasileño también supo nutrirse de una idea
similar a instancias de nuevas formas de expresión artística. Tal es el caso de
la ansiedad que muestra el Arte Concreto[64]
de usar un canal comunicativo capaz de reflejar mejor la complejidad del
contexto brasileño. Como notaron los artistas de este movimiento, y las ideas
expuestas por Roberto Schwarz (1992) articularían, el lenguaje ―especialmente en Brasil― está constantemente fuera
de lugar, no representa, por lo que es necesario deconstruirlo y emplear
medios diferentes para expresar lo que no es posible solo con el lenguaje. Por
ello se entiende que, para los concretistas, el arte
visual o la música sirvieran como medios no verbales más ajustados de
representación, pues captan mejor la naturaleza híbrida y cambiante de la
realidad. El énfasis en la forma visual o espacial responde a una necesidad de
mostrar la evolución critica de formas de un producto lógico-discursivo
obsoleto. Los concretistas hallaron en los modelos de
escritura china o cuneiforme la fórmula para expresar un lenguaje que se halla
en constante metamorfosis. Se requiere entonces una participación más activa en
el nivel perceptual del lector que fusione «what is shown (visual aspect) and what is denoted (normal meaning)»; por ello, el ideograma aporta esa fusión de
códigos verbales y visuales, «their evocative visual
appeal and their multiple semantic levels» (Haroldo de
Campos, Poetic Function
and Ideogram 304).
Siguiendo esta línea de pensamiento, el cine,
por su parte, aporta la ventaja de llegar con inmediatez a la imagen visual, la
cual permite una trascendencia de las fronteras lingüísticas, abriendo nuevas
posibilidades de significado con respecto al texto. El cine puede servir para
reflejar mejor la ansiedad por decir lo que no se puede decir: «¿Será verdad
que la acción supera a la palabra?» (Lispector 19).
Si bien no ofrece solución al dilema que plantean los deconstruccionistas, pues
la imagen inevitablemente se presta a distorsiones por la apertura de
significado, si es pertinente estudiar las imágenes para observar cómo ayudan a
crear el significado, y qué revelan las nuevas orientaciones. Al
reflexionar sobre la especificidad del medio cinemático, Derrida (1994) observa
que es
foreign to the word
[...] is the form in which discourse
is put into
play, inscribed or situated [...] We can find in film
the means to rethink or
refound all the relations between
the word and silent art [...] If the advent of
cinema allowed for something completely new, it was the
possibility of another way of
playing with the hierarchies. (13-14)
En un medio como el cine, además, la imagen
especular es inherente, al producirse un efecto reflectante. La imagen se
recrea a través de la mirada del espectador, interactuando con los
cuerpos y las sensaciones que percibe, pues el cine es «about
creating an affect, an event,
a moment which lodges itself under
the skin of the spectator» (Rutherford IV).
La historia revela que el espejo es uno de
los objetos del mundo material que más curiosidad ha suscitado en la mitología,
el psicoanálisis y literatura; Narciso y Eco, Lacan, Carroll o Borges han dado
cuenta de ello. A través de un viaje de siglos y, civilizaciones, Sabine Melchior-Bonnet, en su ensayo filosófico The Mirror: A History (2001), observa la fascinación que siempre ha
suscitado el reflejo, para trazar una genealogía de los procesos de auto-identificación. Partiendo de
la conceptualización lacaniana del estadio del espejo[65],
Melchior-Bonnet coincide en que en el espejo radica
la matriz simbólica del yo. El espejo está ligado a la búsqueda humana
de la identidad:
To see oneself in the mirror, to
identify oneself, requires a mental operation by which the
subject is capable of objectivizing
himself, of separating what is outside from
what is inside.
This operation can be successful if the
subject recognizes the reflection as his own likeness
and can say, ‘I am the other of that
other.’ The relationship of the self to
self and the familiarity of the self cannot
be directed established and
remains trapped in the reciprocity of seeing and being
seen. (4-5)
Según esta autora, el proceso de auto-identificación conlleva una
capacidad de auto-reconocimiento realizable a través
de la concienciación del sujeto. Tanto en la novela como en la película La
hora de la estrella, la narración presenta una joven cuya identidad sufre
un proceso de (trans)formación como resultado de un cambio de entorno. Macabéa es una chica procedente del sertão
de Alagoas, región brasileña marcada por la extrema pobreza, y llegada al
centro económico del país, Río de Janeiro, descubre su realidad marginal. Al
observarse en el espejo de su realidad, se produce un traumatismo por la autoconciencia
del rezago y subdesarrollo y su dependencia de formas más avanzadas
económicamente de vida. Los estudios de críticos brasileños como Antonio Candido[66]
revelan una necesidad de conciliar esta tensa oposición económico-social y
cultural entre el rezago regional de la periferia y la rica producción de los
centros desarrollados de las principales metrópolis.
La narrativa de La hora de la estrella
refleja cómo las diferencias socioculturales en Brasil originan identidades en
conflicto u oposición. El relato lo anticipa en las primeras páginas: «Sí, no
tengo clase social, marginal como soy. La clase alta me tiene por un monstruo
extravagante, la media me ve con la desconfianza de que pueda desequilibrarla,
la clase baja nunca se me acerca» (Lispector 20). Al
sumergirse en el relato, el lector conoce a los dos protagonistas de un extraño
idilio que toma lugar, Macabéa y Olímpico. De esta
historia se desprende un curioso juego especular. A pesar de que ambos proceden
de la misma clase, pues sabemos que «el muchacho y ella se miraron en medio de
la lluvia y se reconocieron como dos nordestinos, animales de la misma especie
que se adivinan» (Lispector 42), pronto las
pretensiones de él levantarán una barrera entre los dos cuando se vea reflejado
en ella: «Olímpico de Jesús era obrero en una fábrica metalúrgica y ella
advirtió que él no decía “obrero” sino “metalúrgico”. Macabéa
estaba contenta de la posición social de él porque también tenía a orgullo el
ser mecanógrafa, aunque ganase un salario por debajo del mínimo» (Lispector 44).
Se da una notable relación de esta pareja con
el dinero y las aspiraciones. El cambio de actitud en Olímpico se produce
cuando él, viéndose reflejado en Macabéa, se da
cuenta de que ésta no le puede ofrecer posibilidad de prosperar económicamente.
Las intenciones ocultas de Olímpico se revelan en una serie de escenas en la
película. Sabemos por la novela que Olímpico se retrata como un futuro político
que va a arreglar los problemas del país; sin embargo, la imagen en la película
descubre a quién tiene como audiencia: solo una señora que allí se encontraba
sentada. Su voz, como la de Macabéa, no es escuchada,
y sus aspiraciones se quedan en un mero espejismo. La relación condicionada por
el dinero se refleja en otra escena en que la joven debe pagarle la diferencia
del café con leche, si este cuesta más. Al finalizar
su corto y amargo romance, Olímpico expresa su alegría pues la relación le
costó poco. Ambos son de la misma clase, si bien Macabéa
conserva su ingenuidad, mientras que Olímpico ha desarrollado un instinto de
supervivencia a la pobreza. Sentados en el zoo frente a los animales, Macabéa le pregunta por el significado de la palabra mimetismo,
mostrándole hábilmente el espejo de su naturaleza, oportunista.
El compromiso social de la narrativa de
Clarice Lispector se hace patente no solo en La
hora de la estrella, sino en otros textos de Lispector
como sus crónicas, donde la mirada proyecta la pobreza urbana de Río de
Janeiro. Marta Peixoto (2002) ha identificado cómo
este tema recurrente –la marginalidad– pasa a ocupar el centro de la escena[67].
Esta identidad, si bien itinerante, no abandona su clase social, nacida y
criada en la región pobre del norte, estableciéndose en una comunidad pobre de
Río de Janeiro: «Throughout the
twentieth century, poor people in Rio lived in tenement houses, on improvised
plots of lands in the suburbs,
and in favelas on the
hillsides and on the borders of
flood-prone lands» (Peixoto 107). La hora de la estrella presenta una
vida, la del margen, desde lo irrepresentable de la misma. Estos
aspectos indican la necesidad de una reevaluación de la obra de Lispector, la cual se ha estudiado, sobre todo, desde
aproximaciones filosóficas o existencialistas. La hora de la estrella da
cuenta de la realidad y da muestras del compromiso social que el intelectual
debe tener en la sociedad. ¿Estamos ante una intelectual tradicional o, es
posible que se haya subestimado el papel de la autora como intelectual
orgánica de la sociedad, siguiendo la concepción gramsciana[68],
donde cada clase social genera su grupo de intelectuales, a favor de la clase
oprimida?
La nordestinense Macabéa llega a Río y se muda a un apartamento-habitación
que comparte con otras cuatro chicas. El habitáculo, ni mucho menos lujoso, es
bastante significativo, pues sirve de espejo-microcosmos de la comunidad pobre
brasileña: «Pero qué lugar. Las ratas gordas de la calle de Acre […] De los
veranos sofocantes de la calurosa calle de Acre solo percibía el sudor, un
sudor que olía mal. Ese sudor me parece de origen muy feo. No sé si tenía la
tuberculosis [...]» (Lispector 30-1). Mientras el narrador
en la novela trata de relatar fidedignamente la situación de las mujeres, la
imagen visual de la película no solo capta, sino que potencia la precariedad
del entorno: hacinadas, las cinco comparten el asfixiante espacio, privadas de
su propia intimidad. Así como sus compañeras ―menos pudorosas― se desvisten unas delante de las otras, Macabéa conserva aún la vieja costumbre que le enseñó su
tía de cambiarse envuelta en las sábanas. Seguidamente, Macabéa
hace sus necesidades en un jarrito que guarda bajo su cama mientras saborea un
trozo de pollo sobrante ―escenas
que apelan a costumbres y una relación con el cuerpo diferentes, con su idiosincrasia
particular, del campo en contraste con la ciudad―.
Aun con todo, Macabéa
trata de embellecer este espacio-microcosmos de una realidad social. La joven
es además aficionada a escuchar una radio-reloj que guarda debajo de su
almohada. Este aparato supone una nueva ventana al mundo para la joven
analfabeta que, invadida por su curiosidad por saber más, hace de este aparato
su religión. Por las imágenes del film se observa como
rutinariamente la despierta de su sueño y, como despertándola de un letargo de
adormecimiento, escucha atentamente las breves retransmisiones sobre asuntos de
cultura. Observamos por las imágenes que Macabéa
comienza a cuestionarse la realidad que hasta entonces conocía, hasta el punto
de obsesionarse con ello. El sonido del reloj destila una obsesión por medir el
tiempo, por ser más consciente de su realidad ―o contrariamente, ¿estar sujeta a esa realidad?―. Es así como la imagen visual
nos brinda más nítidamente la entrada a una epistemología urbano-moderna a la
que se precipita Macabéa, una transición entre formas
de relacionarse con el mundo, de conocerlo.
No es esta la única resonancia de los medios
de masas. Al llegar a Río, Macabéa se fascina por los
medios de masas como el cine. La película muestra escenas donde el sujeto
marginal interactúa con la tecnología fruto del progreso de la modernidad. Macabéa quiere experimentar la tecnología hasta el punto de
que subirse al metro en su día libre constituye su pasatiempo favorito. Las
imágenes de rapidez del tren, la velocidad propia de la tecnología, parecen el
antagonismo de la naturaleza de la joven, caracterizada por la pasividad. La
fascinación por el tren es particularmente notable a juzgar por las imágenes en
que la muchacha se queda observándolo. El tren permite viajar, y así como es
vehículo que puede tomar dos direcciones, por una parte, remite al deseo de
escapar de su realidad, pero también le recuerda su pasado marginal.
Estas escenas revelan, por tanto, el
contraste social dentro de Brasil, por una parte, y la fascinación por la
ingesta de la tecnología en el contexto de la modernidad. La velocidad
cinematográfica de estas escenas remite de cierta manera a la estética y tono marinettiano que emplea de Andrade en sus manifiestos,
donde exhorta a unir la inocencia y la ciencia: «La fijación del progreso por
medio de catálogos y televisores. Sólo la maquinaria» (de Andrade, Manifiesto
Antropófago 3), «Sólo brasileños de nuestra época. Lo necesario en química,
en mecánica, en economía y en balística. Todo digerido» (De Andrade y De Sa
Rego, Pau-Brasil 187). En este sentido, la puesta en escena de Suzana Amaral dialoga con el dinamismo y ritmo acelerado
que captaron las pantallas cinematográficas durante las primeras décadas del
siglo XX con el fenómeno del cine mudo. La ausencia de diálogo que acompaña a
estas imágenes es imprescindible para apreciar el estilo rítmico de la vida
moderna, pues, como indica Patrick Duffey (2002), «ofrece
una manera de comprender lo fragmentario del mundo moderno [...
] y resulta imposible disfrutar de estos momentos porque el ser humano
no puede, simultáneamente, sentir el momento y ser intelectualmente consciente
de esta sensación» (420).
Una de las dinámicas especulares más
interesantes tiene que ver con este posicionamiento de la identidad marginal.
Oswald de Andrade en su Manifesto
Antropofágico de 1928 anuncia la necesidad de descansar en la figura del
marginado para reflejar los cambios que sufre el país. Este eco se ve
escenificado en el momento en que Olímpico alza en brazos a Macabéa
y, dándole vueltas, pareciera que ésta vuela, mientras se escucha el sonido del
tren, remitiendo ―imagen
más sonido― a un
avión. El contraste de las imágenes cargadas de miseria frente a los avances
tecnológicos de la modernidad produce un impacto solo realizable a través del
cine, por el efecto óptico de la inmediata secuencia de imágenes. Así, la
figura marginal se invierte y se pone al frente.
La directora Suzana
Amaral sitúa a Macabéa como metáfora del país, según
la visión que recoge Heladio Colín Molina: «Macabéa
es Brasil. [...] Intenté situarla fuera de la realidad, porque ella es una gran
metáfora, un logotipo. El final es el encuentro de una nordestina inmigrante,
con toda la carga de infortunio y subdesarrollo mental» (3). Sin embargo, es de
notar que Clarice Lispector parece precisamente
problematizar la tendencia de los intelectuales brasileños de transformar las
figuras marginadas en metáforas de la nación. En este sentido, es interesante
interpretar el gesto de Lispector de usar un narrador
en la novela para señalar el papel del intelectual; es un intento de buscar
otra forma de incorporar o reconocer la marginalidad dentro de la literatura
brasileña.
El posicionamiento de la identidad marginal
se da así dentro de la composición narrativa del texto, y mediante la lectura,
la página también sirve de espejo. Como se ha señalado, la problemática de la
referencialidad del lenguaje es la más investigada por la crítica[69].
Conviene en este punto subrayar la diferencia entre las dos identidades
principales de La hora de la estrella (1977) por una parte, la del
narrador-personaje, y por otra, aquella de la protagonista de la historia
narrada. La importancia de esta aclaración reside en el espacio que ocupan
ambas individualidades, para los propósitos de este estudio. En la novela, la
voz del narrador es la de un hombre que cuenta la historia de una mujer. Los
pasajes en los que el narrador ve a la mujer mirarse en un espejo, a él le
parece que, en lugar del rostro de ella, el espejo refleja el suyo propio: «Veo
a la nordestina mirándose en el espejo y –un toque de tambor– en el espejo
aparece mi cara cansada y barbuda. Hasta ese extremo nos intercambiamos» (Lispector 23). Marta Peixoto
(1994) explica esta dinámica en términos de mímesis entre narrador y
personaje, dándose un proceso de mediación hacia la creación del
personaje.
El narrador aporta uno de los desdoblamientos
más ricos de la obra y merece mención por el gran debate que ha suscitado entre
las teóricas feministas de la diferencia que defienden una écriture
féminine. Hélène Cixous,
Luce Irigaray o Julia Kristeva exploran esta premisa
filosófica, según la cual el cuerpo de mujer se escribe en el texto,
como liberación frente al otro. Este argumento ha sido validado por sus
defensoras para crear una escritura propia en la que el sujeto de la mujer se
reconoce en un espacio propio que escapa de la mirada del (falo)gocentrismo. Renate Kroll (2004) advierte de esta dualidad
en la escritura de Lispector. A través de una lengua
propia –écriture féminine–
el sujeto femenino experimenta la doble transformación de deconstrucción (del
orden simbólico, a través de la lucha contra la lógica dada) y (re)construcción
de su identidad lingüística. Como sostiene Hélène Cixous
y apoya Renate Kroll, la escritura abierta que presenta la obra de
Clarice Lispector, habilita tanto la «ruptura con el logocentrismo», diluyendo las «“leyes del padre”, a favor
de un “sí mismo” (femenino)», a la vez que deconstruye el «sentido y la
identidad, pero, sobre todo, la deconstrucción del sujeto» (Kroll, Selfaffirmation 15).
A pesar de que otros autores como Carlos Mendes de Sousa[70]
interesantemente han notado la naturaleza híbrida inherente al
narrador-escritor según el modelo de desterritorialización que propone
Gilles Deleuze, para Paulo de Medeiros es más interesante reflexionar acerca de
esta escritura en relación con la cuestión de la nación:
Lispector writes A hora da estrela
as an allegory of the nation
and makes Macabéa into a figure of Brazil as a woman. Perhaps her choice
of a male narrator, who invents Macabéa
but who in turn, of course,
is invented by Lispector herself
[...] is foremost a way for Lispector
to show how,
in the writing of A hora da estrela, she incorporates those male-scripted models from the
past and reinvents them in the process.
(148-149)
En efecto, si Macabéa
no posee un lenguaje propio, se produce una paradoja por la necesidad de
expresarse, haciéndola presa de ese lenguaje y dificultando escapar de este
orden. Mientras que, según observa la crítica, su narrador(a) goza del citado
espacio a través de la escritura, muy a diferencia, Macabéa
carece de un espacio en el que escribirse. Como observa Kroll, «la
lengua de Macabéa no necesita ser mejorada puesto que
Macabéa tampoco sabe cómo podría mejorarse la
realidad. Expresar lo marginal con las palabras de otro significa preparación,
colonización [...] Su realidad no encaja en ningún sistema, ninguna lengua,
ningún orden y, de este modo, Macabéa queda en cierta
manera detrás del texto» (19). En varias ocasiones confiesa tener miedo de las
palabras, y los demás tratan de no usar palabras malsonantes por no herirla. La
protagonista queda excluida de este orden; sin embargo, su cuerpo necesita expresar
lo que le sucede. En la película, pese a desconocer las intenciones deshonestas
de su compañera de traicionarle con su pareja, Macabéa
somatiza la situación y sufre de mareos, sin poder explicar que le ocurre,
mostrando una permanente tristeza en la expresión facial.
Dada su infructuosa relación con el lenguaje,
y como se trata de ilustrar en este estudio, las imágenes de espejos
conllevan una carga semántica adicional a la trama narrada. La profesión que
ejerce Macabéa en Río es, peculiarmente, mecanógrafa;
usa la palabra escrita, pero no deja de ser un gesto corporal mediante el cual
reproduce el contenido sin entenderlo. La calidad de su trabajo es muy baja,
copia letra por letra pues teme equivocarse por desconocer el significado de
las palabras, «además de manchar siempre el papel» (Lispector
25). Esta imagen remite al discurso del colonialismo interno en términos de Homi Bhabha[71],
por el cual el sujeto colonizado, en el proceso de mimicry
o de imitar al colonizador, adoptando sus hábitos culturales, ideas y valores,
nunca da como resultado una reproducción exacta, sino una copia borrosa, que
escapa a su control y que resulta amenazador para el colonizador, y cuya
ambivalencia señala la grieta en los procesos de colonialismo y pone en tela de
juicio su autoridad.
Sus supervisores, descontentos, recalcan la
suciedad del papel, que a la vez es espejo de su cuerpo: «y empezaba a verse la
línea negra que había debajo» (Lispector 35). Ambos
producen rechazo. Hay un paralelismo entre el papel, el cuerpo y los cristales
y espejos. En la película aparecen cristales sucios, empañados, proyectando la
lluvia y los rayos de tormenta simultáneamente con el reflejo de su expresión
afligida, o como cuenta el narrador, espejos opacos y oscurecidos que «no
reflejaba ninguna imagen» (Lispector 26). Jenijoy La Belle en su estudio Herself
Beheld: The Literature of the
Looking Glass (1998)
examina más de cerca cómo el espejo desvela una imagen independiente ofreciendo
múltiples distorsiones del sujeto:
Both looking into mirrors
and reading/writing are attempts to create
the self without another person literally present. In the reflection or in the book, there
is another presence. Once you objectify yourself into a mirror or
onto a page, then that image has a separate reality [...] Mirrors
are “like walls” because there is
no way actually to get into
the mirror. And even if the
book in question is one you
have written yourself, the words
have an otherness
to them, both physical (the page is not
part of your
body) and linguistic (you did not
invent the words) (155)
La película muestra lo inalcanzable de la
imagen de Macabéa en el espejo, y tanto Olímpico como
sus supervisores la llaman ciega. No puede reconocerse porque es un
sujeto fragmentado. Macabéa carece de cultura moderna
o urbana ―ella posee
otra cultura― aunque
la sola palabra le produce una terrible curiosidad y siempre se disculpa por
todo. En la película se muestra su aflicción por los errores ortográficos, por
no conocer las normas en el metro, por no leer el contrato de alquiler, por todo.
Esto podría ser un indicativo de la
preocupación compartida con otros intelectuales como Antonio Candido (1995) que reflexionan acerca de la relación entre
analfabetismo y literatura. El analfabetismo no solo constituye un detrimento
para el desarrollo y el bienestar social, sino que además es uno de los mayores
enemigos de la difusión de la cultura –del poder moderno– por lo que sería
necesario educar a una masa subdesarrollada. En este contexto, la tensa
relación que mantiene Macabéa con el trabajo está
cargada de significado. La muchacha se encuentra siempre al borde del despido:
«Bien, puede que no la despida ahora mismo, tal vez sea dentro de un tiempo» (Lispector 25). A pesar de ser prácticamente analfabeta, en
su trabajo como mecanógrafa ocupa una posición clave en la transmisión del
mensaje. Su escritura distorsionada provoca que esta pieza fundamental sea un eslabón
roto en el proceso comunicativo, haciendo peligrar el lenguaje, orden o
sistema. Macabéa supone mano de obra barata y no
cualificada, y sin embargo se da una relación de interdependencia; por una
parte, ella es necesaria para sus jefes, por la otra, ella depende del dinero
de fin de mes. Aunque en la novela se reitera que ella es prescindible, la
película muestra que esta muchacha es necesaria para continuar la cadena de
producción.
Se podría trazar un paralelismo entre esta
circunstancia y la idea de la circularidad del subdesarrollo que argumenta
Roberto Schwarz: el rezago es una consecuencia histórica, una creación del
capitalismo de la modernidad, y ambos se basan en una relación de
interdependencia; así, Brasil depende del retraso, y el retraso a su vez
depende del capitalismo. Aunque no es un caso particular –ya que toda la
modernidad dependió del sistema esclavista, incluso aunque no se practicara en
sus territorios– Schwarz explora las contradicciones que presentaron las ideas
que llevaron a la modernización del Brasil, y acusa el desajuste entre las
ideas del liberalismo europeo y la experiencia de un país cuya economía se
basaba en el esclavismo, resultando en el desarrollo desigual de un capitalismo
de interdependencia.[72]
Esta dependencia del rezago se vuelve a
insinuar en las escenas de la película en que todos le preguntan a Macabéa por qué no trabaja un día –enfatizándose en sus
rostros extrañeza de que alguien de su clase pueda tener un día libre–. Macabéa entonces decide ir a los grandes almacenes para
compararse una barra de labios. Allí, se observa como una dependienta le indica
que no puede probar el producto directamente en los labios, una vez más, ajena
a la norma social. Esta imagen no solo remite a la privación de satisfacción,
sino la negación del deseo que ella anhela. La imagen visual amplifica
especialmente el efecto especular del deseo en la narrativa de La hora de la
estrella, como se analizará a continuación. Observaremos que el deseo se
proyecta en una sexualidad no vivida, en la comida, en la corporalidad y en el
consumismo.
Al reflexionar acerca de cómo el cambio de
medio de la novela al cine añade significado por medio de un juego especular,
es interesante considerar el trabajo que Laura Mulvey
ha realizado en el campo de estudios fílmicos, y que Roberta Sassatelli (2011) recoge en su entrevista[73]:
«What we watch on the
screen could and should be interpreted as bearing a latent, and partly hidden, meaning, reflecting the profound concerns
of the culture it emerges from, thus eliciting emotions, pleasure and pain» (123). El cine proporciona un vehículo más explícito
o directo a través del cual es posible materializar la fantasía, lo imaginario
y, en definitiva, las respuestas del inconsciente. Este es un argumento que Mulvey desarrolla en torno a sus estudios cinematográficos
empleando un enfoque psicoanalítico-lacaniano. A pesar de que Mulvey parte de una perspectiva orientada a las relaciones
jerarquizadas de género para explicar cómo funciona la dinámica del espectador
para con el otro-objeto en el cine clásico hollywoodiense, sus
contribuciones merecen una revisión en el presente trabajo por el interés en la
mirada.
La sexualidad en Clarice Lispector
es un aspecto que la crítica no ha explorado ampliamente. Al abordar la
dinámica especular del deseo, uno de los aspectos que más aprovechamiento
tienen del trabajo de Mulvey es la criticada matriz
heterosexual de la relación espectador-otro. Las escenas de la película
muestran a Macabéa disfrutando de su almuerzo
rutinario, un perrito caliente. Según la teoría del deseo visual, el modelo
lacaniano de topología articula el lenguaje visual del alimento como falo
imaginario en la psique del espectador. El instinto sexual dicotómico
voyerismo/exhibicionismo de la teoría freudiana sobre la masculinidad y la
feminidad designados metafóricamente sujeto activo y pasivo, respectivamente,
se refleja en dos escenas de la película. En la primera, Macabéa
se encuentra comiendo con Gloria mientras el camarero las observa complaciente,
a juzgar por su rostro de satisfacción. En otra escena aparece Macabéa comiendo sola, mientras un hombre la observa
ininterrumpidamente con suma atención. Se aprecia como Macabéa
comienza a inquietarse por esa misteriosa presencia que penetra en ella con su mirada
oculta tras unas gafas de sol. Seguramente se pregunta cómo un hombre le presta
tanta atención. A los pocos segundos, el hombre saca su bastón y la duda queda
desvelada: es invidente. El plano cinematográfico se centra en la expresión
facial de Macabéa quien, tras el desengaño, expresa
la decepción de ser consciente de no poder ser deseada.
Si, como se ha examinado ya, Olímpico es el
reflejo de Macabéa en un nivel social, Gloria es su
doble deseado. Se da en este personaje una intersección de clase y raza que
atrae a ambos nordestinos. Esta mujer reúne todos los atributos que Macabéa necesitaría para ser deseada por Olímpico, quien
considera a Gloria con clase porque «poseía en su sangre un buen caldo
portugués y además se la veía elegante cuando se cimbreaba al caminar, a causa
de su sangre africana escondida. A pesar de ser blanca, tenía en sí la fuerza
de lo mulato. Se oxigenaba hasta el amarillo huevo sus cabellos crespos [...]
pero aún oxigenada era rubia» (Lispector 57). Gloria
es la experiencia; Macabéa, la inocencia. Gloria
tiene citas a ciegas con los hombres; a Macabéa,
en cuanto la ven, la repudian. Para educarse en embellecer su físico,
pasa largas horas frente a los escaparates de las tiendas, observándose
reflejada en el cristal, a la vez que observa con deseo al maniquí del interior
–espejo de sí, pues es otro ser inanimado–.
Reyes Caballo-Márquez (2008) ha notado, sin
embargo, que el discurso corporal que construye Suzana
Amaral rompe con la transmisión del constructo de la feminidad basada en la
función propagandística de la mercantilización y transformación del cuerpo en
la sociedad de consumo. La adaptación performativa que hace Suzana
Amaral de la feminidad de Macabéa es para
Caballo-Márquez una subversión intencionada, para mostrar la absurdidad de un
modelo de feminidad al que la mujer nordestinense,
como subalterna, no tiene acceso:
la forma de representar a Macabéa
en la película le habla a gritos a la tradición cinematográfica de
representación de la mujer y de la feminidad: Macabéa
rompe todos los estereotipos femeninos, y mediante su comportamiento
«animalesco», «pre-cultural», nos dice que el cuerpo
femenino construido en Hollywood es un cuerpo insertado en los centros: el
cuerpo femenino de la periferia, sin embargo, aunque intente hacer use de los
artefactos comodificadores, siempre termina siendo
una representación grotesca de la feminidad: es por eso que, cuando Macabéa se pinta los labios, estos se convierten en algo
grotesco para el público de clase media. (11-12)
Estos artefactos se le revelan a Macabéa a través de su compañera Gloria y, virgen a las
impresiones del amor, Macabéa siente deseos de
explorar la sexualidad, pero la inadaptabilidad a su nuevo mundo actúa de
barrera. A medida que se va familiarizando con su novio, se va formando en ella
un ímpetu por expresarse eróticamente y una necesidad que sobrepasa sus
inhibiciones. Al no poder usar el lenguaje, los reclamos de una sexualidad y el
anhelo de ser deseado por el otro se observan en sus gestos, como cuando mira
con deseo a dos hombres desconocidos mientras aprietan su cuerpo entre los
suyos en el abarrotado vagón de tren. La falta del otro se puede inducir, sobre
todo, de la escena en que se ve a Macabéa acostada en
su cama, retorciéndose suavemente. La ambivalencia de que este episodio señala
un acto de masturbación o el desasosiego por una pesadilla se refuerza por la
falta de claridad de la imagen y la distancia del plano.
Aun escapando de la connotación sexual,
aunque estrechamente relacionado con el deseo, su idealización del amor radica
en una intertextualidad de los cuentos de hadas que promueven las falsas
expectativas e ilusión, construidas por un sistema patriarcal. El amor se
revela como una relación contractual, de la sociedad y de los medios
económicos. Los sueños y aspiraciones de Macabéa son
producto de una ilusión alimentada a través del reflejo de lo que ve a su
alrededor, como ya se ha mencionado anteriormente en su ideal de belleza y el
consumismo. La narración recoge la extraña esperanza que alberga la joven Macabéa de ser conquistada por un apuesto hombre,
extranjero, adinerado, y exitoso. Este hombre no solo representa simbólicamente
todo lo que desea y a lo que aspira la nordestinense,
sino que es el otro al que ella es sometida por la sociedad, a través
del mecanismo del engaño del constructo.
El trabajo de Gayatri Spivak, «Can the subaltern speak?» (1994), aporta significación al presente
estudio pues entre los argumentos de su agenda está el articular una teoría de
intereses basada en la relación entre el deseo, el poder y la subjetividad,
conceptos presentes en la obra de Clarice Lispector.
Aludiendo a la reflexión marxista de Althusser, Spivak
concluye que la narrativa histórica desvela no sólo la construcción de
categorías estables y esencialistas en oposición, sino también, y por tanto, la inaccesibilidad al poder hegemónico:
The reproduction of labour power requires
not only a reproduction of its skills, but
also at the same time, a reproduction of its submission
to the ruling
ideology for the workers, and a reproduction of the ability to
manipulate the ruling ideology correctly for the
agents of exploitation and repression, so that they, too,
will provide for the domination
of the ruling
class “in and by words” [par la parole]. (68)
En el pensamiento de la teórica postcolonial,
es necesario emplear la crítica deconstruccionista de Derrida para analizar
toda la producción de textos y discursos y subvertir la hegemonía. Pero ¿con
qué medios podría contar Macabéa para deconstruir el
lenguaje y el sistema de claves, cuando no es sujeto sino objeto?
¿Cabría entonces considerar el papel de Clarice Lispector
como mediador de la marginalidad? De ser así, llegaríamos a las mismas
conclusiones problemáticas que plantea Spivak: la
identidad marginal siempre va a estar mediada, bien a través del intelectual, o
la figura del narrador que le da voz, e incluso, a través del propio medio en
el que se refleja, ya sea la página o la pantalla de cine. Por otra parte, como
observamos en la obra de Bhabha, esas voces
marginales que reproducen el discurso hegemónico indirectamente se
autorizan para crear(se) desde su propio espacio, configurando una alteridad
que amenaza el poder establecido.
Antes de concluir este estudio, cabe también
reflexionar acerca del trágico y simbólico final de la narrativa de La hora
de la estrella (1986). En la escena final, Macabéa
encarna la inocencia optimista que no advierte del engaño del espejo que
predecía escapar de la marginalidad. Llevada por una fe ciega en el constructo
social y la esperanza de pertenecer a la modernidad, se arroja a una mera
ilusión. El acto de morir en La hora de la estrella ha suscitado cuanto
menos un debate acerca de si el sacrificio de Macabéa
constituye heroísmo o victimización. Marta
Peixoto (1994) señala que «Although
in Lispector's fiction the ritual sacrifices, the charged commerce
between victimizer and victim, narrator and double [...] are essential acts that set her
narratives in motion.» (99). Para la directora Suzana
Amaral, «El personaje de Macabea [...] es una antiheroína,
en el sentido de que los héroes hacen la historia, y los brasileños no la
hacen, la sufren, no actúan, reaccionan» (Colin 3). Ambas interpretaciones parecen
reforzar la idea de la mediación de la marginalidad a través de productos
artísticos. Se puede concluir, por tanto, que el intento del narrador como
intelectual de acercar la identidad marginal a una posición con cierto grado de
privilegio en la sociedad, sin ser engullida por el progreso, el capital o las
diferencias sociales, deviene en una imagen especular, cuanto menos, reveladora
y problematizadora.
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VERBEIA JOURNAL OF ENGLISH AND SPANISH STUDIES
REVISTA DE ESTUDIOS FILOLÓGICOS
2024
ISSN 2444-1333
Año X, Número 9
Bakhtin's
literary theory in Robert Walser's novel
The
Walk
José Eduardo
Morales Moreno
UDIMA
https://orcid.org/0000-0002-4847-5801
M. Almudena Cantero Sandoval
UNIR
https://orcid.org/0000-0002-8701-3044
Recibido.
Received 24/03/2023
Aceptado.
Accepted 15/04/2024
Publicado.
Published 30/04/2024
ABSTRACT
This article applies several of Mikhail M.
Bakhtin's concepts to Robert Walser's novel The Walk. First, the basic
narratological features of the work are presented, using the notions of Gerard
Genette and Tzvetan Todorov. Next, the content is analysed
through the approaches formulated by Bakhtin about the author, the narrator and the hero; the processes of creation and writing
in a metaliterary reading of the novel and the precautions that the reader must
adopt in the face of the narrator are also referred to; furthermore, the
spatial-temporal relations that articulate the work are pointed out. Finally,
it offers an overall interpretation and resolution of the work.
KEYWORDS: Bakhtin, literary theory, Robert Walser, narratology
La teoría literaria de Bajtín
en la novela
El paseo, de Robert Walser
RESUMEN
En este artículo se aplican diversos conceptos de Mijail M. Bajtín a la novela El paseo de Robert Walser. En un primer momento se presentan los
rasgos narratológicos básicos de la obra, utilizando las nociones de Gerard
Genette y Tzvetan Todorov. A continuación, se analiza el contenido a través de
los planteamientos formulados por Bajtín a propósito del autor, del narrador y
del héroe; asimismo, se refieren los procesos de creación y de escritura en una
lectura metaliteraria de la novela y las precauciones que debe adoptar el
lector ante el narrador; además, se señalan las relaciones espaciotemporales
que articulan la obra. Por último, se ofrece una interpretación y resolución
global de la obra.
PALABRAS CLAVE: Bajtín,
teoría literaria, Robert Walser, narratología.
1.
INTRODUCCIÓN
El presente trabajo tiene
por objeto aplicar algunos de los conceptos planteados y desarrollados por
Bajtín en sus obras Hacia una filosofía
del acto ético (De los borradores y otros escritos) y Yo también soy (Fragmentos sobre el otro) a la novela corta El paseo de Robert Walser (citamos
siguiendo la edición de Siruela, 2000).
En esta novela el narrador se sitúa en el nivel narrativo de
la diégesis o intradiégesis (Genette 238), de forma
que el nivel extradiegético se limita al acto narrativo productor del relato
“en tanto que primera instancia que origina la diégesis” (Yvancos
249). El relato permanece mayoritariamente en ese nivel diegético (en
ocasiones, como veremos, vuelve al nivel de la enunciación), desde el cual el
narrador homodiegético (Genette 252) cuenta la historia y en el que la
focalización corresponde al narrador-personaje, desde cuya perspectiva
asistimos al desarrollo de la fábula, entendida en un sentido aristotélico (Tomachevski 182-183). Se trata, pues, de una focalización
interna, esto es, “el foco de emisión se sitúa en el interior de la historia” (Yvancos 246); una focalización, en tanto que interna,
sincrónica, restringida al presente de la historia, si bien hay analepsis a las
que haremos referencia.
En esta focalización interna confluye, consecuentemente, la
posición espacial de narrador y de personaje y, lógicamente, dada la
identificación narrador/personaje, concurren en el narrador los sistemas
ideológicos, psicológicos y fraseológicos del personaje a los que se refiere
Boris Uspensky: “El autor [el narrador] puede
fundirse con el personaje, asumiendo, momentáneamente, sus sistemas
ideológicos, fraseológicos y psicológicos; consecuentemente, el punto de vista
adoptado por el autor se manifestará en todos los planos correspondientes” (Uspensky 58). Se trata, pues, de los niveles psicológico e
ideológico de la focalización.
Puesto que se produce en este punto la identificación
narrador = personaje (Todorov 183), el lector solo conocerá aquello
que el narrador sabe, piensa y dice, pues este forma parte —en este caso como
protagonista— de la historia que cuenta —y estamos, pues, ante una autodiégesis—, con una enunciación en primera persona que,
en determinadas ocasiones (pp. 12, 24, 34-35, 37, 62, etc.), se convierte en
una enunciación en tercera persona debido a que el narrador, en su escritura
lúdica, se mira a sí mismo como si fuera otro distinto del autor, al que
frecuentemente se refiere para elogiar o reprochar.
Esta apreciación, de la
que después trataremos, nos obliga a distinguir, con Bajtín, al autor-artista
del autor-narrador (Hacia 72): el contexto estético unificador del
autor-artista abarca los contextos valorativos que implican los diversos
personajes que desfilan por El paseo,
mientras que el autor-narrador es miembro de la arquitectónica construida por
el autor-artista: cada momento de la obra es la reacción de ese autor-artista
tanto al objeto como a la reacción del héroe (en este caso, del autor-narrador)
al objeto, de modo que en la obra de arte se produce una reacción global al
héroe como un todo que se caracteriza en cuanto a sus partes por sus
manifestaciones aisladas. A nuestro héroe, el paseante, habremos de
caracterizarlo, no solo por sus acciones, sino ante todo por sus palabras, pues
casi todo lo que hace, al margen de pasear,
es decir y pensar.
De esta manera, El paseo avanza en función de las
reacciones que hemos indicado: por ejemplo, cuando el paseante ve la escena de
unos perros y unos niños (p. 21), tal visión le suscita el recuerdo de otra
“escena infantil en el teatro del camino rural” (p. 22), lo que le provoca la
reacción consistente en divagar acerca de los niños, y ese discurso sobre los
niños tiene, como reacción, la manifestación del odio del paseante hacia los
coches debido a que estos ponen en peligro a los niños que juegan en el camino;
además, como consecuencia de lo anterior manifiesta desprecio hacia los
ocupantes de los vehículos por una razón que enlaza con su propia actividad de
pasear: “porque no comprendo ni comprenderé nunca que pueda ser un placer pasar
así corriendo ante todas las creaciones y objetos que muestra nuestra hermosa
Tierra” (p. 23). Así, unos acontecimientos generan recuerdos que constituyen
analepsis y que, a su vez, determinan asociaciones y pensamientos nuevos y
encadenados.
2.
CARACTERIZACIÓN GLOBAL DEL HÉROE
Para acceder a una
caracterización global del héroe tendremos que tener en cuenta todas los rasgos
que manifiesta a lo largo de la obra y, en este sentido, hay que señalar que el
paseante se presenta a sí mismo como un personaje bueno, con un estilo “quizá un tanto demasiado solemne y
arrogante”, con un estado de ánimo alegre, “romántico-extravagante”, jovial,
gozoso; se trata de un narrador que en determinadas ocasiones miente al lector,
aunque acabe reconociendo su engaño (en la página 21 nos dice que pasea por el
parque cuando, en realidad, se trata de una zona “medio rural, medio
suburbial”; en las páginas 38, 43 y 50 el narrador deshace progresivamente el
engaño o “burdo error”: no va a pagar impuestos, sino a hacer una declaración
sobre sus impuestos). Sin embargo, más allá de estos rasgos parciales del
héroe, hay ciertos datos que se van mostrando a lo largo de la obra, y que se
evidencian al final, que nos muestran a un personaje malo: durante su paseo, son varias las referencias que hace a los
niños, a las niñas y a la infancia (pp. 21-23, 32, 60, 62, 68, 69, 76, 77), y
en algunos de esos casos las palabras del autor tienen connotaciones bastante
negativas, como ocurre singularmente en la página 69, cuando la visión de una
trabajadora le trae el recuerdo de “las pulidas y malcriadas hijitas o hijas de
alta cuna”, con respecto a las cuales dice:
Yo mismo soy amante y venerador de tan
adorables, en extremo cuidadas, delicadas plantas femeninas de belleza de luna.
Uno de esos encantadores pececitos podría ordenarme lo que quisiera, y le
obedecería ciegamente. ¡Oh, qué bella es la belleza y qué arrebatador el
arrebato! (p. 69).
Esta afirmación del
autor-narrador contrasta con la confesión que hace en las últimas páginas:
Vinieron a mi
mente todas las faltas cometidas, infidelidad, odio, terquedad, falsedad,
fraude, maldad y toda clase de violentas y feas intervenciones. Pasión
desbocada, salvajes deseos, y cómo había incluso hecho daño a algunas personas,
cómo había sido injusto. Como un escenario lleno de dramáticas escenas se me
revelaba la vida pasada, y hube de asombrarme involuntariamente ante mis
numerosas debilidades, ante toda la desatención y dureza que había mostrado
(pp. 77-78).
Vemos así que, frente a
estas “faltas cometidas” de las que habla en pasado, como si ya no formasen
parte de su actualidad, se erigen las palabras sobre las “hijitas o hijas de
alta cuna”, que casi revelan instintos pederastas del paseante. Nosotros, en cuanto
lectores, tenemos conciencia de lo parcial e incompleta que resulta esta
caracterización que hace el paseante de sí mismo, de modo que hemos de buscar
caracterizaciones del héroe realizadas por otros personajes para salir de esa
relación yo-yo y entrar en la relación yo-otro, que es la única que puede
ofrecernos una conclusión del héroe y su mundo. En este sentido, son pocas las
manifestaciones de otros personajes que caractericen al paseante, por ejemplo la descripción que de nuestro héroe hace el banquero
cuando le abona mil francos por orden de unas “bondadosas y filantrópicas
señoras”:
[...] Se ve que el fuerte alborozo se
extiende en este instante por sus rasgos. Sus ojos brillan; su boca tiene en
este momento un algo sonriente con lo que quizá hacía mucho que no había reído,
porque apremiantes preocupaciones cotidianas de carácter odioso le prohibían
hacerlo, y porque desde hacía largo tiempo quizá se encontraba la mayoría de
las veces de apesadumbrado humor, ya
que toda clase de malos y tristes
pensamientos ensombrecían su frente. [...] un pobre poeta sin éxito (porque
eso es lo que es usted, ¿no?) (pp. 15-16; la cursiva es nuestra).
El banquero nos ofrece una
serie de rasgos característicos del paseante que este no podía ofrecernos, en
la medida en que forman parte del excedente de visión del banquero, que está
condicionado por el carácter singular e irremplazable de su lugar en el mundo.
Desde luego, el narrador en ningún momento nos informa de ese “apesadumbrado
humor” y de todos esos “malos y tristes pensamientos” de los que habla el
banquero: lo único que sabemos por las informaciones que el paseante nos da es
que su estado anímico es alegre, jovial, simpático, jubiloso, y así se
mantendrá a lo largo de todo el día que dura el paseo, salvo en dos ocasiones:
cuando se cruza con otro personaje, Tomzack, y cuando
llega la noche y, con ella, el final del paseo. De Tomzack
solo sabemos lo que nos dice el paseante: “Su fúnebre y horripilante presencia,
su carácter trágico y monstruoso, me insufló terror y apartó de mí toda
expectativa buena, bella y luminosa y toda jovialidad y alegría (...)” (pp. 31
y 32).
Este es el único personaje
con connotaciones negativas —aparte del paseante— que aparece en la obra, y no
hemos, por tanto, de pasar por alto el hecho de que se acabe refiriendo a él
como “amigo Tomzack”, si bien no sabemos qué tipo de
relación existía entre los dos personajes, tan solo que el paseante lo conocía
“por desgracia demasiado bien”. Quizá sea significativo que el paseante se
refiera a él como “desdichado”, porque al final de la obra el propio paseante
reconoce su desdicha y, por tanto, él también es desdichado, de suerte que este
Tomzack podría ser el propio paseante: de hecho, tras
el encuentro lo considera un fantasma: “Sin volverme a mirar al fantasma” (p.
32).
A su vez, el autor-artista
ve y sabe más que todos los personajes, de suerte que todos los momentos que
concluyen la totalidad arquitectónica están en ese excedente de visión del
autor-artista respecto de cada uno de sus personajes, como señala Bajtín (Yo
32), y ello porque, al expresar al héroe y su vida, el autor expresa también su
actitud creadora hacia el héroe, siendo este el momento propiamente estético de
la forma, que viene fundamentada desde el interior del otro que es el autor
como su reacción creativa ante el héroe y su vida.
Por tanto, como venimos viendo, en esta obra
el héroe está representado por dos valores que entran en conflicto: bueno y malo, que confluyen en el héroe como único centro de irradiación
del acto y de la actividad de afirmación de todo valor y reconocimiento. No obstante esta apreciación inicial, debemos tener en cuenta
que Bajtín señala que el único centro axiológico de la arquitectónica “no es el
hombre como un contenido idéntico a sí mismo, sino como una realidad real
amorosamente afirmada” (Hacia 69). Precisamente, el narrador de El paseo afirma en un momento
determinado:
Yo ya no era yo, era otro, y precisamente
por eso otra vez yo. A la dulce luz del amor, reconocí o creí deber reconocer
que quizá el hombre interior sea el único que en verdad existe. Me aferró la
idea: “¿Dónde estaríamos los pobres hombres si no existiera la Tierra fiel?
¿Qué tendríamos si no tuviéramos esta belleza y bondad? ¿Dónde estaría yo si no
pudiera estar aquí? Aquí lo tengo todo, y en otra parte no tendría nada” (p.
59).
En esta afirmación están
implicadas varias de las cuestiones que trata Bajtín: el sujeto y el objeto, el
amor, el problema espacial y los valores.
3.
SUJETO Y OBJETO
En primer lugar, en tales
palabras se contienen la oposición yo/otro y las tres relaciones que se
establecen entre ambos términos: yo-para-mí, otro-para-mí y yo-para-otro, que
constituyen los tres puntos arquitectónicos principales del mundo real del acto
ético y que encontramos en otras partes de la obra. Algunos ejemplos son:
Yo-para-mí:
[...] basta [...] con que yo mismo sepa lo
que soy, y con que sea yo mismo el que mejor informado esté sobre mi persona
(p. 16); enseguida me daré a mí mismo un repaso, como pronto se apreciará. Ya
se verá de qué modo [...] tratarme a mí mismo con delicadeza (p. 20).
Otro-para-mí:
Todo lo que veía me daba la agradable
impresión de cordialidad, bondad y juventud (p. 9).
Yo-para-otro:
Me avergüenzo sinceramente de no hacer más
que pasear mientras tantos otros se desloman y trabajan (p. 20); se ruega
humildemente al autor guardarse de burlas y sarcasmos, en realidad superfluos.
Se le insta a mantenerse serio, y ojalá lo haya entendido de una vez por todas
(p. 12).
En el último ejemplo el
autor lleva a cabo una objetivación de sí mismo (con el consiguiente
distanciamiento con respecto a la primera persona que narra) mediante la cual
convierte a su persona en objeto, en otro,
y ello porque el otro se encuentra
para él incluido en el objeto que es el mundo y que se contrapone al yo-para-mí, que es el sujeto único de
todo tipo de actividad. La objetivación se lleva a cabo mediante el pensamiento
o la imaginación, que sitúa el cuerpo plenamente en el mundo exterior como si fuera objeto entre otros
objetos, con la peculiaridad de que el héroe, cuando se objetiva, no se ve a sí
mismo, sino que se vivencia intrínsecamente, como ocurre en la percepción real.
A esto hemos de añadir la
objetivación del propio lector: son numerosas las ocasiones en las que el
autor-narrador se dirige al lector (pp. 18, 23-24, 28, 31, 39, 63, 64, 76), y
este, al quedar configurado textualmente, se convierte en otro y, por tanto, en objeto.
Este acto de objetivación,
tal como lo concibe Bajtín (Yo 56) que el narrador hace de sí mismo se
repite a lo largo de la obra:
Hacia las doce y
media [...] el señor autor comerá [...] (p. 24);
[...] pero el
hombre aquí paseante se acuerda a tiempo de que no se encuentra en tan
agotadora marcha... Tiene que confesarse honradamente que su sed no es ni
enorme ni abundante, ya que hasta ahora sólo ha tenido que cubrir tramos
relativamente pequeños (p. 34);
Uno cree poder
decirle [...] porque uno cree que es usted una persona (p. 37);
Con ocasión de
esto hay que indicar cuánto desearía el paseante poder volver a ser en un abrir
y cerrar de ojos un niño y un alumno travieso y desobediente (p. 62).
De este modo, la actividad
intrínseca del héroe, su yo, se opone
al mundo externo, en el que, en los casos de objetivación citados, se incluye
también el propio ser extrínseco del narrador que, a su vez, es consciente de
la dicotomía interno/externo, y así lo explicita en un momento determinado de
la obra:
[...] yo me había convertido en un
interior, y paseaba como por un interior; todo lo exterior se volvió sueño, lo
hasta entonces comprendido, incomprensible (p. 59).
4.
CUERPO
INTERIOR Y CUERPO EXTERIOR
Esta apreciación nos lleva
a abordar la oposición cuerpo interior/cuerpo exterior de la que se ocupa
Bajtín (Yo 66 ss.). El cuerpo del héroe es su cuerpo interior, esto es,
su cuerpo en cuanto momento de su autoconciencia, y representa el conjunto de
sensaciones orgánicas, necesidades y deseos unificados en torno a un centro
interno. Tales sensaciones y necesidades se ponen de manifiesto a lo largo de El paseo: alegría, jovialidad,
romanticismo, extravagancia, optimismo, amor, deseo de volver a la infancia,
cambio de humor, arrobamiento, éxtasis, júbilo, etc. Se trata de tonos
volitivos y emocionales relacionados para el paseante con su cuerpo y que se
refieren a estados y potencialidades intrínsecas, tales como el gozo, la pasión
y la alegría, así como el amor, que es una nueva actitud emocional y volitiva
hacia el otro a la que en varias ocasiones se refiere el narrador: el paseante
“no puede llevar consigo ninguna clase de sensible amor propio y sensibilidad”,
lo que conecta con la consideración de Bajtín de que es imposible experimentar
el amor hacia sí mismo: es una actitud en la que se traspone el enfoque
intrínsecamente valorativo hacia el otro. Este modo de representación del héroe
supone “el último recuento de su conciencia y autoconsciencia” (Problemas
74), entendido este como la asimilación de los rasgos de la realidad como
objetos de la propia consciencia, de forma que asistimos no al proceso de
expresión del héroe, sino al proceso de reconocimiento.
El cuerpo del otro es el
cuerpo exterior, cuyo valor se actualiza en virtud de una contemplación
intuitiva: este cuerpo del otro le es dado al héroe directamente, pues sus
reacciones (a las que, no lo olvidemos, reacciona el autor) emocionales y
volitivas ante ese cuerpo exterior son inmediatas. Pensemos, por ejemplo, en la
entrada en escena del Profesor Meili: nada más verlo,
el héroe está en condiciones de describirlo, pues su visión le produce esas
reacciones emocionales y volitivas de una forma inmediata (pp. 10-11).
El aspecto del cuerpo
exterior se relaciona con la problemática de las apariencias, a la que el
narrador se refiere en cuatro ocasiones para desmentir lo que los otros creen
que él es por su apariencia:
[...] basta [...] con que yo mismo sepa lo
que soy, y con que sea yo mismo el que mejor informado esté sobre mi persona. A
menudo las apariencias engañan, y lo mejor es [...] dejar el juicio sobre una
persona a esa misma persona. Nadie puede conocer tan bien como él mismo a un
hombre que ha visto y vivido tanto (pp. 16-17);
[...] al diablo con el ansia miserable de
parecer más de lo que se es (p. 19);
Se ve cuánto tengo que hacer y cómo este en
apariencia tan holgazán y agradable paseo está lleno de ocupaciones prácticas
profesionales [...] (p. 38);
[...] lo que nadie creería del en
apariencia frívolo caminante (p. 54).
Sin embargo, esa
apariencia externa del protagonista que nosotros, los lectores, percibimos se
erige en la llamada por Bajtín “primera tarea artística”, es decir, el
autor-artista transfiere al autor-narrador a un mismo plano con los demás
personajes, puesto que los lectores percibimos a todos los personajes, incluido
el héroe, en un mismo plano plástico y pictórico, en la medida en que todos los
personajes de la obra son otros para
los lectores. Es por ello que hace falta un enfoque
emocional y volitivo de la imagen de autor-narrador “para insuflarle vida e
incluirla en la unidad externa de la plasticidad del mundo pictórico” (Yo
43). Se trata, en definitiva, de la reconstrucción de la arquitectónica, que
necesita del otro y de sus reacciones a la manifestación externa del héroe.
Así, sirva de ejemplo el
ya citado discurso del banquero, en el que este ejecuta ese enfoque emocional y
volitivo sobre el héroe (p. 15), pero también todas las intervenciones de los
demás personajes: desde el momento en que establecen un diálogo, aunque sea
mínimo, con el autor-narrador, lo incluyen en la unidad arquitectónica y lo
completan: la exactriz, por ejemplo, le dirige al paseante apenas unas palabras
(“-Más bien tiene que alegrarme -dijo la hermosa mujer en tono cálido-; pero en
lo que respecta a su suposición tengo que defraudarle. Nunca he sido actriz”
[p. 26], y “-Tanto mejor -dijo la mujer con agradables gesto y voz” [p. 27]),
pero estas son suficientes como para que el paseante tenga que reconocer el
engaño al que sometió al lector al anticiparle que pronto se encontraría con
una exactriz (p. 24), cuando ya sabía que no era actriz y, aun así, sigue
sosteniendo que la mujer es una exactriz en virtud del siguiente razonamiento:
a) El narrador dice que la
mujer que se va a encontrar había sido actriz.
b) La mujer le dice que
nunca ha sido actriz.
c) El narrador concluye
que “ya no era una gran y famosa actriz”.
d) Como ya no es actriz,
es exactriz.
Algo parecido ocurre con
la siguiente mujer que se encuentra: la cantante (p. 35), anunciada “hace una
hora” (p. 24). Esta cantante es una “colegiala” (recordemos el tema de los
niños y la infancia) a la que el narrador elogia y halaga hasta el extremo (pp.
36-37), lo que no extrañaría al lector si este no descubriera páginas después
el peculiar gusto del autor por las “muchachas” (pp. 69, 76 y 77).
Otro personaje que habla
al paseante es el señor director de la Oficina de Impuestos (p. 52), que se
limita a decirle, tras escuchar su declaración: “¡Pero siempre se le ve
paseando!”, información que, aunque escasa, nos dice mucho acerca del paseante
y que, junto con otras referencias que encontramos en la obra relativas al
proceso de creación y escritura, nos ofrecen el concepto que el autor-narrador
tiene de la escritura y nos permiten hacer una lectura metaliteraria de la
obra.
5.
PROCESO
DE CREACIÓN Y ESCRITURA
En este sentido, los
paseos del narrador le suministran a este el material necesario para su
escritura, y vinculado al hecho de pasear está el de pensar: mientras pasea, al
narrador se le ocurren “mil ideas aprovechables y útiles” (p. 52) que “en casa
elaboro con celo y diligencia” (es decir, el paseo como momento de la inuentio y el
trabajo en casa como momento de la dispositio y la elocutio). La vinculación entre pasear y pensar es
recurrente en la obra: en la página 30 dice el narrador que “me ocupaban toda
clase de pensamientos más o menos bellos y agradables, porque al pasear, muchas
ocurrencias, relámpagos y luces de magnesio se mezclan y se encuentran con
naturalidad para ser cuidadosamente elaboradas”; en la página 54 leemos que
“secreta y misteriosamente, siguen al paseante toda clase de hermosos y sutiles
pensamientos de paseo”. La conexión paseo/escritura queda evidenciada cuando el
narrador pasa ante la sastrería y piensa:
Todo esto lo escribiré después en una obra
de teatro o en una especie de fantasía que titularé El paseo. Concretamente,
esta tienda de sombreros de señora no podrá faltar en modo alguno. De lo
contrario la obra perdería un elevado estímulo pictórico, y sabré evitar esa
falta, rehuirla y hacerla imposible (p. 28).
Durante su paseo, como
vemos, el autor-narrador selecciona los objetos (objetos en el sentido bajtiniano: el mundo que se opone al sujeto) que van a
formar parte de su relato y que, en cuanto objetos, facilitan ese enfoque
volitivo y emocional señalado y que es necesario para incluir al héroe en la
unidad externa de la plasticidad del mundo pictórico.
Sin embargo, en el relato
quedan claramente delimitados los momentos que pertenecen al paseo y los que
pertenecen a la escritura en función de las marcas de la enunciación. La obra
se inicia en el nivel de la enunciación: “Declaro que”, esto es, el nivel
extradiegético (Genette 238), para entrar inmediatamente a continuación en el
enunciado, en el nivel diegético o intradiegético (Genette 238): “una hermosa
mañana [...] abandoné el cuarto [...]”, y a lo largo de la obra son frecuentes
las salidas al nivel de la enunciación, de modo que se pone de manifiesto el
proceso de creación, con lo que ello implica de distanciamiento, y a lo que
coadyuvan las múltiples referencias e interpelaciones del autor-narrador al
lector.
Algunos ejemplos de la
enunciación:
Quiero y puedo, y espero que se me permita
[...] añadir (p. 17).
[...] me avergüenzo sinceramente de no
hacer más que pasear mientras tantos otros se desloman y trabajan.
Naturalmente, yo me deslomaré y trabajaré quizá a una hora en la que todos
estos trabajadores libren y descansen (p. 20).
Creo firmemente en ello, y así me arriesgo
a hacer la humilde notificación de que [...] (p. 27).
Aquí tengo que volver a orientarme una vez
más. Presupongo que la nueva disposición y reagrupamiento me saldrán tan bien
como a cualquier mariscal de campo [...] (p. 29).
[...] ¿cuándo llegaré [...] al convite de
mi señora Aebi? Temo que aún tarde bastante, porque
hay que despejar cuantiosos impedimentos (p. 30).
[...] quizá me adorne [...] (p. 32).
Declaro [...] (p. 60).
Si no estoy enfermo, sino sano y despierto,
lo que espero y de lo que no quiero dudar [...] (p. 61).
Y algunos ejemplos de la
interpelación al lector:
Si tú, querido, ponderado lector, te tomas
la molestia de avanzar minuciosamente con el escritor e inventor de estas
líneas por el luminoso y amable mundo matinal, no con apresuramiento, sino más
bien cómoda, objetiva, llana, prudente y tranquilamente, ambos llegaremos ante
la ya citada panadería... (p. 18).
¿Tendrán la bondad de permitirme ahora, muy
estimados señores, benefactores y lectores, aceptando con benevolencia este
estilo quizá un tanto demasiado solemne y arrogante? (pp. 23-24).
Cuento, como he dicho, con la más refinada
comprensión por parte del lector, al que temo con sinceridad. Esta mísera
confesión de cobardía es comprensible. Así les ha ocurrido incluso a los
autores más osados. (p. 28).
Acaso no es cierto, querido lector, que el
nombre solo suena ya a cosas horribles y tristes. (p. 31).
Ruego al lector que me perdone. Como ya he
tenido que disculparme varias veces, he alcanzado cierta práctica en la cortés
petición-de-disculpas... Son acaloramientos intelectuales que es preciso
evitar. Está claro. (p. 63).
Quizá nunca un autor haya pensado en el
lector de manera constante, tan tierna y gentilmente como yo (p. 64).
Quizá dos o tres lectores pongan un tanto
en duda la veracidad de este cartel, diciéndose que no se puede creer una cosa
así. (p. 76).
6.
LA
DUDA Y LA INCREDULIDAD: LAS PRECAUCIONES DEL LECTOR
Esta duda e incredulidad
de los lectores ante el contenido del cartel (pp. 73-76) podemos relacionarla
con la duda y la incredulidad de la muchacha del final: “Imaginé [...] cómo
hace cierto tiempo le pregunté algo, cómo bajó los bonitos ojos en la duda y en
la incredulidad y después, cómo dijo “no” cuando le pregunté si creía en mi
amor sincero, mi cariño, entrega y ternura”.
¿Hay alguna relación entre
los lectores y la muchacha? El autor-narrador supone la incredulidad de ambos,
y decimos que supone porque con respecto a los lectores dice quizá, y con respecto a la muchacha, imaginé. Esta suposición del
autor-narrador no es la única de la obra: a lo largo de su paseo/obra, son
muchas las cosas que el héroe supone, como ocurre, por ejemplo, en la página
60: “Seguro que la hermosa casita estaba habitada por una mujercita o abuelita
sola; olía a eso, y tenía también ese aspecto”, una suposición que, como
enseguida descubrimos, no es acertada: “el supuesto de que una anciana
madrecita habitara en la casa no lo tenía yo sin duda por cierto y firme, y no
podía aceptarlo” (p. 61).
Son las suposiciones, los
errores y los engaños del autor los que mueven al lector a adoptar precauciones
a la hora de le lectura: a esgrimir la duda y la incredulidad, y todo ello
unido al cambio de tono que se produce en las últimas páginas del libro, cuando
desde el bosque de alisos el narrador observa a la clase de niños y niñas junto
al lago, para terminar pensando en la muchacha. Es
entonces cuando cobran sentido, por ejemplo, las palabras del banquero: “desde
hacía largo tiempo quizá se encontraba la mayoría de las veces de apesadumbrado
humor, ya que toda clase de malos y tristes pensamientos ensombrecían su
frente” (p. 15), pero aún estas palabras quedan en un ámbito de ambigüedad,
pues también el banquero utiliza el adverbio quizá, dejándolo todo en el terreno de la duda.
Y es que, en este paseo,
pocas cosas hay seguras. El narrador no se limita a describir lo que ve
(personas, animales, vegetales y cosas), sino que en muchos casos intercala sus
pensamientos en medio de las descripciones, de forma que solo el lector atento
advertirá qué parte del discurso del narrador pertenece a la esfera de lo
pensado, no de lo visto. Sirva como ejemplo la escena de la casa señorial (pp.
65-66), donde a la realidad contemplada por el narrador se añade un pensamiento
sobre la hermosura de la noche en ese espacio, pero se trata de un pensamiento
que se desarrolla hasta el punto de que en el jardín hay una “bella y noble”
mujer que canta una pieza en el piano y, por tanto, el jardín “tendrá que tener” un piano. Tras exponer este pensamiento,
dice el narrador: “Pero no era medianoche”, estableciendo así el contraste
entre la “realidad” y la “ficción” y mostrando el paso que se da para salir de
la “ficción” y entrar en la “realidad”: “no era ni caballeresco medievo ni el
año mil quinientos o mil setecientos, sino claro día y día laborable [...]”.
A propósito del lector
atento, el propio narrador se refiere a él. Cuando hace una enumeración
bastante amplia de los diversos objetos que va viendo en su paseo (pp. 71-72),
concluye diciendo: “Si se quisiera contar, no se acabaría nunca
antes de que estuviera fielmente contado. Las personas inteligentes se
percatarán y darán cuenta de esto”. Esta afirmación recuerda inevitablemente a
un relato de Borges: Funes el memorioso,
donde se dice que Funes “dos o tres veces había
reconstruido un día entero; no había dudado nunca, pero cada reconstrucción
había requerido un día entero”, y ello porque Funes reconstruía fielmente el
día completo. Nuestro héroe es consciente de tal implicación, por lo que tiene
que optar por seleccionar el material que desea contar, y lo cuenta “por orden”
(p. 71), pero un orden que es tal para él en función de su situación espacial a
lo largo del paseo, pues es evidente que el orden sería distinto para cualquier
otro personaje.
7.
RELACIONES
ESPACIOTEMPORALES
Por otro lado,
Bajtín se refiere, a propósito de la temporalidad, a dos acontecimientos que no
se pueden experimentar en cuanto propios debido a la ausencia de un enfoque
valorativo: el nacimiento y la muerte. Pues bien: a la muerte se refiere el
narrador como un acontecimiento que desearía experimentar, lo que, según
Bajtín, no es posible.
Estar muerto
aquí y ser enterrado sin llamar la atención en la fresca tierra del bosque,
tendría que ser dulce. ¡Ah, si se pudiera sentir y gozar de la Muerte en la
Muerte! Quizá sea así. Sería hermoso tener en el bosque una tumba pequeña y
tranquila. Quizá oyera el canto de los pájaros y el susurrar del bosque sobre
mí. Lo desearía. (p. 34).
Hemos dicho que el centro
de la arquitectónica es el hombre concreto como una realidad amorosamente
afirmada (Bajtín, Hacia 70). En este caso, el centro es el
autor-narrador y en torno a él cobran sentido valorativo todas las relaciones
espaciotemporales (Hacia 71). En la obra, el desarrollo espacial va
ligado al avance temporal, y ambos dependen del héroe: la acción se inicia por
la mañana, cuando el paseante sale de su habitación y, a través de las
escaleras, llega a la calle, donde inicia su paseo, y concluye “cuando todo
estaba oscuro”, cuando el paseante llega al lago, junto al bosquecillo de
alisos. Esos son los espacios y tiempos en los que se inicia y finaliza El paseo; entre ambos se sucede una gran
diversidad de espacios de los que el autor-narrador da debida cuenta, no así
del tiempo, que solo queda indicado en tres ocasiones: en la página 35 aparece
la cantante y el paseante nos dice que la anunció “hace una hora”; en la página
39 el paseante llega a casa de la Señora Aebi,
justamente a las 12:30h, como ya había anunciado con anterioridad varias veces;
en la página 57, el narrador dice que “intuía ya algo de comienzo de suave
pendiente vespertina”.
En todos los casos, el
tiempo queda establecido con respecto al héroe, al igual que ocurre con el
espacio: la plaza, la librería, el banco, la panadería, la fundición, la zona
medio suburbial y medio rural, etc., son espacios que concurren en el héroe y que
únicamente tienen sentido en relación con él, puesto que solo aparecen en la
obra debido a que el recorrido del paseo los pone ante la vista del paseante,
como ocurre con esa enumeración extensa, pero no exhaustiva, a la que hemos
hecho referencia.
8.
LOS
ESTADOS ANÍMICOS
El desarrollo
espaciotemporal está en estrecha relación con la variación de los tonos
volitivos y emocionales del cuerpo interior del héroe. Por la mañana, cuando
sale a la calle, su estado anímico es alegre y jovial, romántico-extravagante, y así se mantiene su humor hasta que se
encuentra con Tomzack (p. 31), personaje cuyo “nombre
solo suena ya a cosas horribles y tristes”, un encuentro que determina un
momentáneo cambio de estado en el interior del paseante: “su fúnebre y
horripilante presencia [...] me insufló terror y apartó de mí toda expectativa
buena, bella y luminosa y toda jovialidad y alegría”. Este terror se disuelve
cuando el paseante se aleja de Tomzack y se adentra
en el bosque (pp. 32-34), donde de nuevo le invade una sensación de felicidad
vinculada al espacio silencioso y tranquilo.
Estos estados y su transición se incardinan en la línea defendida por
Henry Bergson, para quien el cambio solamente reside “en el paso de un estado
al siguiente: de cada estado, tomado aparte, deseo creer que permanece lo que
es durante el tiempo que se produce” (439), de suerte que se supedita la
existencia de la duración del estado al hecho de que se produzca una variación
de estado.
El paseante llega al
éxtasis cuando oye cantar a la muchacha (p. 35), y el resto del paseo mantendrá
su estado de alegría y gozo, que le son, por así decirlo, suministrados por los
objetos que contempla y, sobre todo, por los recuerdos que tales objetos le
traen a la memoria, como ocurre singularmente con la segunda de las dos casas
(pp. 59-60), que le trae recuerdos de su infancia, uno de los temas recurrentes
en la obra, y que le lleva a suponer que en la casa vive una ancianita, como ya
indicamos. Su estado anímico se mantiene en esa situación casi todo el tiempo,
salvo por dos excepciones: cuando habla sobre los automóviles y el peligro que
suponen para los niños (p. 23) y cuando habla del nogal que alguien podría
cortar por dinero (p. 62), ocasiones en las que el humor del paseante se
convierte en enfado e ira, si bien no tanto como cuando se encuentra con Tomzack. Por lo demás, se produce un cambio definitivo al
final del paseo, cuando el héroe piensa en dos figuras: una, el hombre viejo;
otra, la muchacha.
Cuando piensa en el hombre
viejo se siente débil y agotado, igual que ese hombre viejo
estaba pálido, moribundo y agotado, y
surge la duda de si ese hombre viejo es el propio paseante, pues lo había visto
hacía unos días “tendido en un bosque”, y esa es la situación en la que el
paseante se va a encontrar inmediatamente: “Sentí la necesidad de tumbarme”, y
se tumba en el mismo bosque de alisos en el que está, de manera que tanto el
viejo como el paseante se presentan agotados y tumbados en un bosque. Además,
este hombre viejo también podría ser Tomzack, pues
este suscitó terror en el paseante y la “angustiosa visión” del hombre viejo
“había asustado profundamente” a nuestro héroe, que, de esta forma, podría ser
tanto el hombre viejo como Tomzack. Quizá ahora cobre
sentido lo que dijo el paseante: “Yo ya no era yo, era otro, y precisamente por
eso otra vez yo” (p. 59).
Es significativo el hecho
de que el paseante recoja flores mientras piensa en la muchacha y en las faltas
que ha cometido, unas flores que acaban cayéndosele de las manos cuando se da
cuenta de que las recogía para depositarlas sobre su desdicha, como si de una
tumba se tratase, y esa desdicha es
el último estado anímico que experimenta el paseante y con el que se cierra la
obra, justo cuando ya “todo estaba
oscuro”.
Nótese, por fin, que hay
una referencia a la tumba y a los deseos del paseante de morir en las páginas
33-34:
Oh, con gusto, si ha de ser, quiero acabar y morir. Un recuerdo me hará
feliz aun en la tumba, y una gratitud me animará en la Muerte; una acción de
gracias por los goces, por la alegría, por el éxtasis; una acción de gracias
por la vida y una alegría por la alegría. [...] Estar muerto aquí, y ser
enterrado sin llamar la atención en la fresca tierra del bosque, tendría que
ser dulce [...].
La tierra fresca del
bosque también está presente en esta escena, pues cuando el paseante comienza a
recoger flores empieza a llover “suave y calmadamente”. Por otro lado, para Tomzack “no habría [...] una tumba con flores” (p. 32).
9.
CONCLUSIÓN
La interpretación que
hemos planteado de la novela El paseo
de Waltzer a partir de los conceptos de Bajtín nos
lleva a una imbricación necesaria entre lo ético y lo estético. De hecho, la
relación entre la vida y el arte es esencial para Bajtín, quien entiende que se
deben unificar en lo que denomina “unidad responsable”, en el sentido de que
“yo debo responder con mi vida por aquello que he vivido y comprendido en el
arte, para que todo lo vivido y comprendido no permanezca sin acción en la
vida” (Estética 11).
Como señala Huerta Calvo,
“el ser resulta imposible de concebir fuera de las relaciones que lo vinculan
al otro, necesario para la percepción de uno mismo” (Huerta 148), pues solo en
el otro halla una visión y una experiencia completa de su propio ser, como le
ocurre al narrador-personaje a lo largo de su paseo, en el que el encuentro con
otros personajes conforma y modifica su ser interior, sus estados anímicos y
volitivos, y permite al lector tener un conocimiento más completo gracias a la
inclusión de puntos de vista diferentes a los del narrador.
Este narrador cumple de
forma plena la caracterización que ofrece Bajtín sobre el personaje, que
muestra “muchas muecas, facetas casuales, gestos falsos, acciones inesperadas”
(Estética 14), y ya en el primer párrafo de la obra hace una advertencia
que pone al lector sobre aviso acerca de su carácter: “Me gusta ocultar mis
sentimientos a los ojos de mis congéneres”, lo cual tiene que ver con el hecho
de que “la vida social es un espacio de relatividad, donde el sentido, los
valores y los referentes cambian, dependiendo de la situación existencial
concreta” (García 52).
Este gusto del narrador
por la ocultación tiene que ver con la imagen que desea proyectar en los otros
personajes, a través de los cuales construye tanto su identidad como su
apariencia de identidad, en un juego de construcción y confusión que se desarrolla
a lo largo de todo el paseo y que, paradójicamente, arroja luz cuando se hace
de noche, momento en que, por segunda y única vez en todo el recorrido,
desaparece su estado anímico fingido (yo-otro) y emerge el verdadero (yo-yo).
OBRAS CITADAS
Bajtín, Mikhail Mikhaĭlovich. Estética
de la creación verbal. Siglo
XXI, 1982.
---. Hacia una
filosofía del acto ético: y otros escritos. Anthropos
Editorial, 1998.
---.
Problemas de la poética de Dostoievski.
Fondo de Cultura Económica, 2005.
---.
Yo también soy (Fragmentos sobre el otro).
Taurus, 2000.
Bergson, Henry. “La evolución creadora.” Obras
escogidas, Aguilar, 1963, pp. 433-755.
Borges, Jorge Luis.
“Funes el memorioso.” Ficciones,
Alianza Editorial, 2002, pp. 123-136.
García, José Alejos.
“Identidad Y Alteridad En Bajtín.” Acta Poética, vol. 27, no. 1, Ene.
2006, doi:10.19130/iifl.ap.2006.1.189.
Genette, Genette. Figures III. Seuil, 1972.
Huerta, Javier. "La teoría
literaria de Mijail Bajtín (Apuntes y textos para su
introducción en España)." Dicenda: Cuadernos de
filología hispánica 1 (1982): 143-158.
Todorov, Tzvetan. “Las categorías
del relato literario.” Análisis estructural del relato, Ediciones
Coyoacán, 1996, pp. 161-197.
Tomachevski, Boris. Teoría de la Literatura. Akal,
1982.
Uspensky, Boris, A poetics of composition: the
structure of the artistic text and typology of a compositional form.
University of California Press, 1983.
Walser, Robert. El paseo. Siruela, 2000.
Yvancos, José María Pozuelo. La teoría del lenguaje
literario. Cátedra, 1994.
·
VERBEIA· JOURNAL
OF ENGLISH AND SPANISH STUDIES
· VERBEIA· REVISTA DE ESTUDIOS FILOLÓGICOS
RESEÑAS
VERBEIA JOURNAL OF ENGLISH AND SPANISH STUDIES
REVISTA DE ESTUDIOS FILOLÓGICOS
2024
ISSN 2444-1333
Año X, Número 9
Gerardo Rodríguez
Salas. Vivir sola es morir. El modernismo comunitario de Katherine Mansfield.
Albolote (Granada), Comares, 2023
Gerardo Rodríguez Salas. Live Alone Is Dying. The Communitarian
Modernism of Katherine
Mansfield
Juan Miguel
Santiago Mellado
Women Legacy Proyect
IES Mariano
Quintanilla
https://orcid.org/0009-0001-2044-3453
Recibido.
Received 13/02/2024
Aceptado.
Accepted 07/03/2024
Publicado.
Published 30/04/2024
“No, no; ninguno compartía los sentimientos que a ella la animaban, pero
todos eran encantadores… ¡Todos! Le gustaba tenerlos allí, sentados a su mesa,
dándoles manjares exquisitos y buenos vinos. Y la alegraba tanto su presencia,
que hubiese querido decirles lo simpáticos que eran, y lo decorativo que a su
juicio resultaba el grupo en el que cada uno parecía servir para hacer resaltar
al otro, como los personajes de una comedia de Anton
Chejov.” (Mansfield, Felicidad, 195).
Berta Young, la protagonista de
“Felicidad”, identifica así –en el corazón del relato– la urdimbre de
afinidades afectivas que mantiene en tensión ese tejido sofisticado que va
confeccionando la prosa de Katherine Mansfield. A pesar de sus treinta año –así
comienza–, o quizás por eso, por haber alcanzado “la edad del desconsuelo”[74]–esa
en la que ceden las barreras y te van ocurriendo una a una todas esas cosas que
antes sólo le ocurrían a los demás–, Berta tiene acceso a voluptuosos instantes
de felicidad consciente, ese sentimiento que, en manos de otro autor,
funcionaría invariablemente como disolvente de la materia literaria y que, sin
embargo, Mansfield utiliza aquí como aglutinante. ¿Si no fuera por las
demás –parece insinuar–, dónde iba a arraigar una su mundo interior? Vivir
sola es morir. El modernismo comunitario de Katherine Mansfield, rastrea el impulso comunitario
que desborda las escenas y los relatos de la autora neozelandesa, y ofrece al
lector una aproximación analítica a su vida y su obra desde la perspectiva de
los estudios modernistas comunitarios.
Gerardo Rodríguez Salas, poeta y profesor titular de Literatura Inglesa
en la Universidad de Granada, divide la obra en un capítulo teórico y tres
desarrollos prácticos, precedidos de una breve introducción. En ésta, se
presenta a Mansfield como una personalidad poliédrica que adolece de la misma
enfermedad[75] que
sus propios personajes: “la imposibilidad de establecer vínculos
afectivos por medio de una comunicación fluida, a pesar de su rico mundo
interior, al que el público lector accede por medio de la introspección
psicológica” (Rodríguez Salas, Vivir sola es morir, XIII). Es importante
subrayar este rasgo identitario porque es la brecha que el modelo comunitario
desplegado en los siguientes capítulos pretende salvar: señalar cómo los
sujetos característicos de la literatura modernista, ensimismados y solipsistas,
son capaces de tender vínculos de arraigo neto operando dentro de comunidades
refractarias a la espontaneidad y la autenticidad. No me resisto a recoger aquí
las palabras con que Pietro Citati –en otro lugar–
formula esta antinomia nuclear con la plasticidad que le caracteriza:
“No fue la pureza o la humildad, como creyó más tarde, su musa, sino la
distancia. Incluso cuando compartía los pensamientos y sentimientos de sus
personajes, jamás penetró en ellos, no atravesó las paredes que la separaban de
ellos. Entre ella y la representación, entre nosotros y el cuento, queda
siempre la leve, implacable, inflexible lámina de vidrio que constituye
el primer secreto de su grandeza” (Citati, 46).
El capítulo que lleva por título “Hacia un modernismo comunitario”
define el marco teórico en el que se va a mover el trabajo. Por un lado,
subraya la impugnación del canon literario emprendida por los nuevos
estudios modernistas que desde la última década del siglo XX vienen
cuestionando esa visión del modernismo como un movimiento elitista y
desconectado de la realidad, poblado de seres solitarios, asociales, de una
introspección patológica (Georg Lukács, “The Ideology of Modernism”,
1963). Por otro lado, la propuesta de Rodríguez Salas se nutre de la reflexión
crítica que en torno a la subjetividad han practicado en las últimas décadas
filósofos como: Nancy, Blanchot, Bataille,
Derrida; pero también, Althusser, Zizek, Eagleton, Agamben o Badiou. Así,
bajo la premisa de que es necesaria una redefinición del sujeto
modernista, se pretende reactivar la virtualidad política que estas ficciones
han conservado durante décadas en estado de aparente latencia[76].
Para ello, se proponen dos aproximaciones o modelos de comunidad: el modelo de
sentido común o comunidad operativa –aquella que “naturaliza” la
identidad comunitaria, sustancialista y materialista–, y el modelo alternativo
o comunidad inoperativa –aquella que no sólo “problematiza” la
identificación comunitaria subrayando su naturaleza ficcional
sino que postula una comunidad que preserva las singularidades de sus miembro
instituyendo un nuevo espacio liminal–. Cabe introducir aquí, a modo de cautela
interpretativa, que en ambos modelos se problematiza la estructura social, un
determinado reparto de lo sensible (Ranciere), una
dialéctica de lo público y lo privado que tiene genuinas connotaciones
políticas. Aunque el autor no explora esa dimensión explícitamente, la elección
del término “asociaciones afectivas” para acabar de perfilar el concepto de
comunidad que manejará en los siguientes capítulos parece llevar implícita una
política de los afectos.
En el segundo capítulo, titulado “Amantes”, pone el foco en las
diferentes formas que adquiere un tipo determinado de comunidad, la comunidad
de amantes –teorizado por Maurice Blanchot en
diálogo con Jean Luc-Nancy y Bataille– en la obra de
Mansfield. Se ocupa de diferentes relatos[77] protagonizados por parejas
cuya asociación afectiva no encuentra acomodo o no es capaz de anidar en
la matriz social que sí las acoge como individualidades. Así, los personajes
femeninos tienden al repliegue, a custodiar su intimidad dentro de los límites
de la privacidad, frente a la incomunicación se reservan ese derecho que
acuñaron Warren y Brandeis a finales del siglo XIX:
el derecho a la privacidad, “the right to be left
alone”. Rodriguez Salas se ocupa de esos
“diálogos utópicos” que se despliegan en el interior de sus mentes y que
subvierten, de este modo indirecto, el modelo social que no les da un lugar.
En “Círculos literarios y artísticos”, tercer capítulo, se
aproxima a esa comunidad de individualidades que conformó el grupo de Bloomsbury y a su modelo de amistad literaria, artística,
intelectual o cultural. En este apartado, la autoconciencia artística de todos
y cada uno de sus miembros parece que fagocita la dimensión humana de su
identidad. A lo largo del mismo, van intercalándose extractos de las cartas de
la autora con relatos paradigmáticos del estilo y la intuición de Mansfield,
como el que inaugura esta reseña: “Felicidad”. Podría decirse que una
suerte de hedonismo simbólico articula, lubrica, y alienta este segundo modelo
comunitario, donde la identidad tiene la misma función que una máscara en una
comedia.
El tercer modelo comunitario se encuentra analizado en el capítulo
cuarto: “Intimidad fraternal”. En este tercer tipo de comunidad, o asociación
afectiva, la muerte es la protagonista. Leslie, hermano de Mansfield que
pierde la vida en la Primera Guerra Mundial, se convertirá en un tropo
literario para la autora. En buena parte de sus textos, la ausencia adquiere
corporeidad y se materializa como una fantasmagoría que cuestiona el mundo de
los “vivos”. Es como si los personajes protagonistas de relatos como “El viento
sopla” o “Fiesta en el jardín” dijeran algo así como: yo sé que aquí hay un
lugar en otra parte. Este último capítulo se abre a la espiritualidad, una
espiritualidad en la que los muertos profanan el mundo de los vivos. Leyéndolo
da la sensación de que un panteísmo fraternal atraviesa la prosa de Mansfield,
inaugurando así un modelo comunitario que se abre, o mejor, coquetea con el
misticismo.
Para finalizar. El también poeta –y connaisseur–
Gabriel Ferrater identifica un esquema básico común en el relato breve
en lengua inglesa de la primera mitad del siglo XX, a saber: “un incidente,
impremeditado y generalmente trivial, lleva al protagonista del cuento a tomar
conciencia de cierto aspecto de su vida emotiva, que hasta entonces le resultaba
inadvertido” (Ferrater, Noticias de libros, 31). Estéticamente
–puntualiza–, reproduce un estilo que Katherine Mansfield y E. M. Forster desarrollaron a partir de Chejov. Esta especie de
epifanía laica acontecería tarde o temprano en su propuesta narrativa. La
singularidad de la obra de Mansfield, sin embargo -y siguiendo este impulso
comunitario-, no estaría tanto en su carácter epifánico
sino en la asombrosa sencillez con que la autora arma una trama particular de
espacio y tiempo, poblada de personajes que articulan una extraña comunidad, y
cómo ésta posibilita la aparición irrepetible de una lejanía, por cercana que
esta pueda parecer. Eso que Walter Benjamin preservó
en la palabra aura.
(…) ¿No es la vida…
–balbuceó–, no es la vida…? –pero se sentía incapaz de explicar lo que la vida
era. No importaba. Laurie la había comprendido.
–Lo es, querida– dijo él.
(Mansfield,
“Fiesta en el jardín”, 354).
Como nos señala el autor, la novedad de la obra reseñada radica en la
original aproximación que propone a la obra de Katherine Mansfield desde esta
perspectiva comunitaria, y que culmina un trabajo de décadas dedicado de manera
sistemática a la figura de la escritora. Pero, además, supone una apuesta por
redimensionar a esta autora dentro del panorama académico español reivindicando
su lugar en el canon junto a escritores consolidados como sus contemporáneos T.
S. Eliot, Virginia Woolf o James Joyce.
OBRAS CITADAS
Blachot, M. La comunidad inconfesable, Madrid, Arena libros, 2002.
Citati, P. La vida breve de Katherine Mansfield, Barcelona, Gatopardo,
2016.
Ferrater, G. Noticias de libros. Barcelona, Península, 2012.
Mansfield, K. Cuentos completos. Barcelona, Alba, 1999.
Lukács, G. “The Ideology of Modernism”, en The Meaning of Contemporary Realism, London, Verso, 1985.
Rodríguez Salas, G. Vivir sola es morir. El modernismo comunitario de Katherine Mansfield. Albolote (Granada): Comares, 2023.
Smiley, J. La edad del desconsuelo. Madrid, Sexto piso, 2019.
· VERBEIA· JOURNAL OF ENGLISH AND
SPANISH STUDIES · VERBEIA·
REVISTA DE ESTUDIOS FILOLÓGICOS
[1] Aunque el texto
literario base de la propuesta didáctica describe el recorrido de una profesión
en el barrio sevillano de Triana, la Semana Santa posee otros elementos
culturales de carácter musical, gastronómico, orfebre, de vestuario etc. que
son también propios y que poseen un gran atractivo.
[2] Una de las críticas que puede realizarse sobre esta
propuesta es la que parte de la premisa de que los estudiantes no tienen que
comprender las tradiciones de Semana Santa para mejorar su competencia
comunicativa y desenvolverse en los países donde se celebra. Evidentemente, si
se aspira a un conocimiento instrumental de una lengua, no es necesario; pero
si se pretende realmente comprender profundamente una cultura, sí lo es, al
igual que ocurre con otras tantas tradiciones. De no hacerlo, muchos de nuestras
fiestas y representaciones públicas terminarían despojadas de toda
interpretación.
[3] Como señala el Observatorio del pluralismo religioso
en España, organismo que depende del Ministerio de Justicia, el peso de la
religión católica en la sociedad ha descendido considerablemente en los últimos
años. Los datos estadísticos publicados por esta institución en el año 2021 son
los siguientes: el 41,6% de la población se reconoce católica no practicante,
el 19,7%, católica practicante, el 13%, ateo, el 11,1%, indiferente, el 10,1%,
agnóstico, el 2,6%, creyente de otra religión y el 1,9%, no contesta. Aunque
estos datos arrojan que hay una tenencia hacia el laicismo en España, esta
propuesta tiene pleno sentido, porque la Semana Santa no se entiende en esta
propuesta con vinculación de fe, es decir, no presenta ningún tipo de
aportación ideológica, sino como elemento cultural.
[4] Se encuentra en prensa una investigación de revisión
bibliográfica sobre el concepto de interculturalidad donde se explica que se
puede interpretar en dos direcciones: “una, centrada en la convivencia y el
reconocimiento de la diferencia cultural que tiene como objetivo mejorar la
convivencia entre las culturas nacional e inmigrante –en el caso de la
educación– y otra, centrada en los problemas de comunicación y la gestión de la
diversidad, cuyo fin esencial es conocer las diferencias culturales en torno a
la comunicación –la comunicación intercultural–.” (Jiménez-Ramírez, en prensa).
Es necesario indicar que estos enfoques no son excluyentes entre ellos, sino
que puede abordarse conjuntamente, puesto que el conocimiento real y profundo
de la cultura meta permite minimizar de manera sobresaliente los
comportamientos inadecuados o los diversos problemas de comunicación que pueden
surgir por el choque intercultural.
[5] Es innegable que la evolución de las tradiciones de S.
Santa, así como de otras celebraciones religiosas, es polémico y se encuentran
posiciones enfrentadas en relación con el proceso de modernización de temas
relacionados con la Iglesia católica.
[6] Esta afirmación surge tras el rastreo de materiales
sobre la Semana Santa publicados en manuales de ELE publicados en los diez
últimos años. Por lo tanto, queda respaldada.
[7] Esta limitación no afecta únicamente a la Semana
Santa, sino que, por extensión, se puede ampliar al conjunto de festividades
del mundo hispánico, que se didactizan, en ciertas ocasiones, de manera parcial
e inadecuada.
[8] Mediante esta aseveración no se niega que existan
actividades en páginas web para docentes o en manuales de manera aislada, pero
la bibliografía académica es absolutamente residual.
[9] Aunque para elaborar esta propuesta se ha elegido un
poema concreto, es recomendable que los diferentes docentes amplíen la lista de
composiciones para trabajar en el aula y, además, incluyan autores de diversas
nacionalidades cuya lengua literaria sea el español.
[10] También puede servir para conocer si algún estudiante
ha tenido la experiencia de haber contemplado algún tipo de celebración de
Semana Santa en España o Hispanoamérica.
[11] La celebración de la Semana Santa en Hispanoamérica es
muy rica puesto que adquiere tintes del mestizaje entre las culturas
prehispánicas y la tradición católica poscolonial. De este modo, entre los
ejemplos más significativos se encuentran: la Pasión de Jesucristo de
Iztapalapa (México), profesión del Santo Entierro de Cristo (El Salvador),
profesiones de Semana Santa en Popayán (Colombia), autos sacramentales
dedicados a la Resurrección de Cristo (Guatemala), la quema de Judas
(Venezuela) o el arrastre de caudas (Ecuador), entre otras.
[12] El enfoque de esta propuesta es claramente
panhispanista por lo que en esta actividad pueden investigar sobre una
tradición de cualquier región española, así como de cualquier país hispanoamericano.
[13] Herreros ha contribuido generosamente a la perpetuación del folclore español, con obras como sus Cuentos populares del Mediterráneo (2007) o este Libro de Monstruos españoles (2008); en el que recupera monstruos como los basajaun, los culebros, las lamias, los oricuernos, los dragones o el nuberu de las tormentas. Dice que los “cuelebres” se arrastran por el suelo y por ello están muy cerca de la morada del Diablo de nuestro cuento. E insiste en que no hay que tener “miedo al miedo”, este es “un miedo de adultos, pues los niños saben muy bien la tranquilidad que da escuchar un cuento de miedo, compartir la inquietud sobre el monstruo, saber que no están solos” (Herreros 13).
[14] Los zapatos no solo son importantes en el relato de Cenicienta, sino que aparecen en muchos otros cuentos con un papel claramente simbólico: “…mandó hacer unos zapatos de hierro y, así que se los hicieron, una noche desapareció del palacio…” (R. Almodóvar, 2011, vol. I: 81 y 86). Se trata de versiones sobre todo en las de los cuentos de La bella y la bestia o de Caperucita) en las que las muchachas tienen que calzar zapatos de materiales muy duros, generalmente de hierro, y emprender largos viajes hasta que estos zapatos se vayan rompiendo, en nuestra opinión, como símbolo de fidelidad y constancia (García Carcedo, 2022, 573).
[15] Booktrailer
realizado por: Noelia Alcalde, Sara Díaz, Alba
Escamilla, Andrea Canorea, Sara de la Cuesta, Maria Bellisco, Alexis Cando,
Paloma Díaz, Laura Burgueño, Paz Benítez, Rocío Bermúdez, Cristina Ballesteros
y Karen Bueno Castro. https://www.youtube.com/watch?v=aSZBLu1K_Zs.
[16] En esta línea, por ejemplo Ítalo Calvino recoge cómo el recopilador siciliano Pitré describe a su “narradora-modelo”: “su antigua gracia, franqueza y desenvoltura. Quien las lee no encuentra sino la palabra fría y desnuda, pero el relato (de la Messia), más que en las palabras, consiste en el inquieto movimiento de los ojos, en el agitarse de los brazos, en los gestos de toda su persona…ya con voz débil, excitada, temerosa, dulce o estridente, evocando la voz de los personajes y las situaciones en que se hallan (…)sin esos ademanes el cuento pierde la mitad de su fuerza y eficacia” (Pitré, en Calvino 46).
[17] Hoy en día los estudios sobre el comentario de texto de Lázaro y Correa (1994) o Díez Borque (1998) son considerados “clásicos” en el ámbito de la enseñanza literaria.
[18]Zaki, The War for Kindness, 7.
[19] Ibid, 93.
[20] Here I intend others as both the writer, for whom readers perform the act of witnessing, and other human beings, both within and outside our sphere of experience and with whom we have human life in common.
[21] Levi, If This Is a Man in The Complete Works, 37.
[22] Gordon, Auschwitz
Testimonies, 4.
[23] Levi, The Drowned and the Saved in The Complete Works, 2420.
[24] Scarpa, “Il terzo incomodo,” 20.
[25] Ibid, 21. Translation mine.
[26] Levi, “The Path of a Jewish Writer,” in The Complete Works, 2644.
[27] Levi, The Mirror Maker: Stories and Essays, 4.
[28] Acts
10:40-43. The Greek form of apostles, “Apostolos”
(Απόστολος), signifies a
messenger, an envoy, a person sent forth. The apostles carried Jesus’s
teachings into the world as an act of witness.
[29] Pisanty, The Guardians of Memory, 269.
[30] Wieviorka, The Era of the Witness, 143.
[31] This transition of the historical into narrative form is not unproblematic for Wieviorka, as a portion of her argument in The Era of Witness concerns the personalization of history or the narrativizing tendency of historical presentation.
[32] Wieviorka, The Era of the Witness, 55.
[33] Forché, "Reading the Living
Archives," 167.
[34] Pisanty, The Guardians of Memory, 96.
[35] Ibid, 97.
[36] See below for Maurice Merleau-Ponty’s definition of the term radical reflection.
[37] Merleau-Ponty, Maurice
Merleau-Ponty: Basic Writings, 340.
[38] Ibid, 341.
[39] See Testimony: Crisis of Witnessing in Literature, Psychoanalysis, and History by Shoshana Felman and Dori Laub, Routledge, 1992.
[40] Levi writes in The Drowned and the Saved (in The Complete Works) of “useless violence,” “an end in itself, designed solely to create pain; sometimes for a purpose but always redundant and always disproportionate to that purpose,” 2486.
[41] Oliver, Witnessing,
87.
[42] Forché, "Reading the Living Archives,” 162.
[43] Ibid, 167.
[44] Levi, If This Is
a Man in The Complete Works, 70.
[45] Forché, 167.
[46] Merleau-Ponty, Phenomenology
of Perception, 474.
[47] Berman, Merleau-Ponty and Buddhism,
220.
[48] Theise, Notes on Complexity, 86. [Stuart
Kaufmann is a polymathic physician and theoretical biologist who has explored
the biological implications of complexity. He defines the adjacent possible as
radical emergence. The biosphere is creating its own future possibilities of
becoming that emerge evolutionary niche areas as species occur. A single species will give rise to the evolution of other new
species.]
[49] Thich Nhat Hanh (1926-2022) was a Vietnamese Buddhist monk, writer, scholar, activist, and teacher nominated by Martin Luther King for the Nobel Peace Prize in 1967. For more about his life and work see https://plumvillage.org/about/thich-nhat-hanh/biography.
[50] Hanh, The Miracle
of Mindfulness, 46.
[51] Merleau-Ponty, Phenomenology
of Perception, 251.
[52] Ibid, 421.
[53] Ibid, 144.
[54] Ibid, 251.
[55] Pratītyasamutpāda states that all things (dharmas or phenomena) arise in
dependence upon, or in relations with, other things.
[56] Merleau-Ponty, Phenomenology
of Perception, 421.
[57] Davis, Essays One,
216.
[58] Merleau-Ponty, Phenomenology
of Perception, 253.
[59] Merleau-Ponty, Phenomenology of Perception, 368.
[60] Ibid, 369.
[61] Ibid, 420.
[62] Ibid, 415.
[63] La crítica sitúa a Clarice Lispector en la tercera fase del modernismo, la generación brasileña del 45.
[64] Ver Augusto de Campos, Haroldo de Campos, y Decio Pignatari. «Pilot Plan for Concrete Poetry» (1958)
[65] Concepto revisado en su ensayo de 1949 «The Mirror Stage as Formative of the Function of the I as Revealed in Psychoanalytic Experience».
[66] En «Literature and Underdevelopment» (1995), Antonio Candido utiliza el término «trauma» para referirse al proceso problemático bajo el cual las regiones rurales de América Latina, arraigadas en la tradición, reciben presión directamente de las áreas urbanas, las cuales están expuestas a mayor dinamismo social y llevan a cabo un papel expansionista.
[67] Marta Peixoto recoge las obras A
paixão segundo G.H. y A bela e a fera, ou a ferida grande demais
(Pazos Alonso y Williams, 2002).
[68] Ver Antonio Gramsci, La formación de los intelectuales (1926-1937).
[69] Ver Cixous (1990), Peixoto (1994), Mendes de Sousa (2000), Pazos Alonso y Williams (2001) y Wasserman (2007), entre otros.
[70] Paulo de Medeiros recoge la siguiente cita de Carlos Mendes de Sousa en Clarice Lispector: Figuras da escrita (2000): ‘For Clarice Lispector, the territory of language had come to be a sought after horizon arising from the tension between the de-territorialising effect and the establishment of a space within the very limits of the language to which it actually wants to belong. In the tension between the existence of the space confined by geographical references and the search for the potentially wide-open space that subsumes all the creative energy is the fact that she is foreigner trying not to be one and being one at the same time. [...] This is Deleuze’s endlessly repeated concept: the art of literature is being a foreigner in your own language.’ (32-33).
[71] Ver «Of Mimicry and Man: The Ambivalence of Colonial Discourse» (1984).
[72] En «Misplaced Ideas» (1992), Roberto Schwarz explica el origen de esta dependencia mediante una epistemología histórica que muestra como el mecanismo global de los procesos de colonización y liberalismo han influido en la historiografía política latinoamericana.
[73] Roberta Sassatelli ha publicado, entre otros títulos, Consumer Culture. History, Theory, Politics (2007).
[74]La californiana Jane Smiley, alumna aventajada de esa tradición que arranca en Chejov, sumerge al lector en la corriente de conciencia del odontólogo Dave en La edad del desconsuelo, quien entre ondodoncias y novocaína confiesa: “Tengo treinta y cinco años y creo que he alcanzado la edad del desconsuelo. Otros llegan antes. Casi nadie llega mucho después. No creo que sea por los años en sí, ni por la desintegración del cuerpo. (…) Es por lo que sabemos, ahora que -a nuestro pesar- hemos dejado de pensar en ello. No es sólo que sepamos que el amor se acaba, que nos roban a los hijos, que nuestros padres mueren sintiendo que sus vidas no han valido la pena. (…) Es más bien que las barreras entre nuestras propias circunstancias y las del resto del mundo se han derrumbado a pesar de todo, a pesar de toda la educación recibida” (Smiley, La edad del desconsuelo, 44-45).
[75] “Una existencia marcada por una
enfermedad atroz, una enfermedad del alma, de la personalidad, de la manera de
ser o como se prefiera llamar a esa parte de nosotros mismos que nos representa
-que dejamos que nos represente- ante los demás”, este es el diagnóstico
que ofrece Ana María Moix en su Introducción a los Cuentos completos
(1999: p.13).
[76] “La historia de los textos filosóficos acerca de la comunidad en los años 80 merecería ser escrita con precisión, por que es, entre otras pero más que otras, reveladora de un movimiento profundo de pensamiento en Europa en esta época (…) donde el motivo de la “comunidad”, en lugar de aclararse, parece hundirse en una oscuridad (sobre todo en el momento en que escribo estas líneas: mitad de octubre de 2001)”. (Postfacio de Jean-Luc Nancy a la edición española de La comunidad inconfesable, Blanchot, p.97),
[77] “Algo infantil pero muy natural”
(1914), “Psicología” (1920), “La gorra negra” (1917).